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El
sentido de estudiar economía
La
gran economista Keynesiana, Joan Robinson, manifestó: el
sentido de estudiar economía no es adquirir un set de respuestas
prefabricadas a preguntas económicas, sino aprender a evitar
ser engañado por los economistas. Esta frase es indudablemente
cierta para nuestro país. Al fin y al cabo, ¿no fueron ellos,
acaso, quienes le «explicaron» al resto de la sociedad lo
bien que vivirían si dejasen su bienestar en manos de la
economía? Es decir, ¿no fueron ellos quienes crearon «el
mito del mercado»? Hoy, tras diez años de que la sociedad
le tomaron la palabra a los economistas, cada argentino
deberá evaluar si hizo bien o mal. Pero no hay que ser muy
inteligente para adivinar cuál sería la respuesta del 95%
de los argentinos que viven con un ingreso inferior a los
$2.000 mensuales o se encuentran subempleado o directamente
desempleado. Claro que los economistas no sólo no se hacen
cargo, sino que además, continúan escribiendo, opinando,
y, lo que es lo más peligroso, «sugiriendo políticas». Por
eso, hay que tener cuidado. En particular, porque se da
la casualidad que «debaten» diciendo todos lo mismo, siempre.
Por
suerte, para nosotros, la calidad de la sutileza no forma
parte del repertorio del economista, por lo que, aún sin
necesidad de saber lo más mínimo de economía, es fácil percibir
desde qué lugar opinan. Por ejemplo, Calvo manifestó el
año pasado en Ámbito Financiero que hay políticos
que no entienden que hoy George Soros es más importante
para el país que la CGT. ¡Justo!, el que acaba de vender
casi todo lo que tenía, y se desligó de la Argentina. O,
sino, está el caso del autoproclamado «fundamentalista fiscal»
Sturzenegger que no duda en librar a los economistas de
responsabilidad por las vergonzosas condiciones en las cuales
viven casi medio país: «el mercado no tiene la culpa.
No es su función resolver estos temas, sino del Estado.
Y si la pobreza aumentó, es porque el Estado fracasó en
lo que tenía que hacer». Claro, que aún hoy él dice
que el Estado no tiene que hacer nada. Por otro lado, uno
supondría que a un «fundamentalista fiscal» lo que más le
interesaría son ingresos públicos robustos, lo que llevaría
a pensar que el que más tiene más pague. Pero no es un comentario
que se le escucha. Entonces, hay que bajar el gasto público.
Pero cómo nunca dice el que se le paga a los parasitarios
rentistas en concepto de la deuda pública, sólo queda por
bajar el otro, el social. Y esto a pesar de que el rubro
más importante en el presupuesto es el destinado al pago
de intereses.
También
hay economistas que no dudan en utilizar argumentos tan
burdos que dan vergüenza ajena. Por ejemplo, Pedro Pou ha
escrito en Clarín que la experiencia de la convertibilidad
ha sido una de las más exitosas de la experiencia económica
contemporánea....la tasa de inflación se ha sido 0,3% anual,
un séptimo de la inflación norteamericana, mientras que
la tasa de crecimiento anual del producto bruto ha sido
6%, contra un crecimiento de 3,8% en los Estados Unidos.
¿Significa eso que la Argentina es hoy la principal
economía del mundo? También Daniel Artana nos induce
en el mismo camino. Aunque acepta que no «todo» fue tan
«hiper-exitoso», como afirma Pou, hace no obstante, una
importante aclaración: «los informes del Banco Mundial,
entre otros, demuestran que los países que más equidad lograron
fueron los que llegaron más lejos con sus reformas económicas.
La Argentina cometió errores en la secuencia de las reformas
y el problema es precisamente lo que no se hizo». Es
decir, la parte «exitosa» fue por las reformas; la parte
«no-exitosa», por las no-reformas. Por lo tanto, hay que
implementar las «no-reformas» para seguir el camino «exitoso».
Lo más curioso de los economistas
es que creyendo tanto en la actividad privada, es
decir, en la búsqueda egoísta del beneficio personal, tengan
capacidad para pensar en el bienestar de todos. Es
más, muchas veces, como invitados en los medios, opinan
incluso ¡GRATIS! ¿De dónde conseguirán el pan para su mesa?
O sino, ¿cuál la función «social» del «economista»? El
Cronista nos da la respuesta, cuando manifestó el año
pasado que la tarea del Ministro de Economía «hasta el
final de su mandato es desgastar a la opinión pública
con sus continuas apelaciones al ajuste y dejarla preparada
para lo que tendrá que hacer el próximo gobierno». Pero
¡ojo!: ajuste es una cosa; ajuste para todos es otra. Por
eso, Carlos Rodríguez manifestó en El Cronista cuando
el nuevo gobierno hablaba de un aumento de impuestos, en
especial de Ganancias: «No coincido con
la medida de aplicar una cuota excepcional de Ganancias
para los ricos porque sería discriminatorio contra los empresarios
que trabajan y están ganando buenos sueldos, y no modificaría
la situación de los ricos que viven de dividendos. Además,
no estamos en un país en el cual se necesite pedirles plata
a los ricos, eso sucede cuando uno está en guerra. Por eso,
creo que la secuencia que debería seguir es: primero, reducir
al máximo el gasto público, después, generalizar el IVA
y reducir las transferencias a las provincias y, en última
instancia, modificar Ganancias».
La
semana pasada, Buor coincidió: «el punto principal es
que la Argentina es un país de riesgo alto como consecuencia
de una situación fiscal débil. Pero no se resuelve expropiando
(!!!), cobrando una tasa impositiva, que es la forma que
está sugiriendo Economía. Uno interpreta la medida como
que la única idea que hay para cerrar el bache fiscal es
ajustar por el lado de los impuestos. Más si se hace por
el lado del capital, cuyo costo en la Argentina ya es muy
alto......Lo único que es rentable es reducir el gasto público
vía reducción del empleo salarial y los subsidios. El inversor
está husmeando en los mercados los diferentes datos de los
activos y de la economía, pero si le dicen que le cobrarán
un impuesto obviamente se moverá hacia otro lugar. Esto
sucede porque el agente económico sabe que ante un problema
de bache fiscal, la regla que se utiliza es el ajuste vía
aumento de impuestos» Es decir, el déficit fiscal es
lo «peor»; no obstante, a simpáticamente altas tasas de
interés, es racional que el racional y eficiente agente
económico (privado) haga patria prestándole al Estado. Claro
que si le cobran un impuesto por otro lado, se «irá». Entonces
como ya no se le puede cobrar a otro, porque él se quedo
con todo en estos diez años, que el Estado gaste menos,
en todo menos en el pago de intereses. Por eso es que El
Cronista el 9 de mayo pasado llamó de «viraje del voluntarismo
al realismo» que el Gobierno procure cumplir con el FMI
bajando gasto público, en lugar del «mítico impuestazo»
(porque sólo afectó a menos del 10% de los argentinos),
y el día siguiente manifestó en su editorial que «parece
una maldición que en la Argentina no pasen seis meses sin
que se estén discutiendo cambios en la estructura tributaria»,
cuando se enteró que el Gobierno pretendía extender
el, «mítico», impuestazo a los plazos fijos. No es tan
importante, parece, el déficit fiscal.
Sin
embargo, la mayor parte de los «economistas» no duda en
responsabilizar al Estado, de todo. En especial porque tiene
ese «no se qué», que le generan un incontrolable impulso
a gastar y gastar. Así no, dice, por ejemplo, el «economista»
Cachanosky, y mediante un profundamente original título
declara en El Cronista del 11 de mayo pasado: «La
incertidumbre fiscal impide crear riqueza». Y qué, nos
dice, genera esta incertidumbre fiscal: «los mamarrachos
impositivos». Claro que Cachanosky, en otra elección
altamente original, tomó como parámetro de comparación de
«creación de riqueza» a EEUU, donde el IVA es la mitad que
aquí y las ganancias especulativas bursátiles están fuertemente
tasadas, y no exentas como aquí. Pero, bueno, decir, esas
son cosas para «los economistas» «irresponsabilidades»,
que generan «inestabilidad en los mercados», y que por lo
tanto, a pesar de alabar «la libertad» - a punto tal de
enojarse con Fidel -, acá manifiestan que es una «misión
imposible» conseguir «que todo aquel que no tuviera soluciones
concretas para proponer se abstuviese de opinar» (editorial
de El Cronista, 16/07/2000).
Ahora,
si las leyes del «mercado» son tan naturales, tan supremas,
tan dominantes, entonces, ¿por qué es necesario que
haya tanta opinión de «los economistas»?
Documentos enviados
(solicítelos):
N°01."Dolarización = Calavera no chilla"
N°02."En el largo plazo estamos todos muertos...pero no
al mismo tiempo".
N°03."Por qué nos tiene que importar que estén nuestros
próceres en nuestros billetes".
N°04."Crisis financiera: algunos comentarios".
N°05."Argentina 1989-1999: El suicido de un país".
N°06."Mercado del bien y mal estar".
N°07."Por qué Keynes en el 2000".
N°08." ¡UFFAAA! Los perdedores no quieren perder"
N°09."¿Yo rico?"
N°10."El sentido de estudiar economía"
N°11."Bases analíticas para determinar una propuesta progresista"
N°12."Las reglas claras"
N°13. "La verdadera elocuencia"
N°14. "Más mercado para el empleaducho"
N°15. "¡Santos intereses! ¿Dementes al Vaticano?"
N°16. "Despacito, despacito, despacito"
N°17. "Hanke no se enganche"
N°18. "¿Lo sabía Doña Rosa?"
N°19. "Mafalda pide un respiro; Manolito no se lo da"
N°20. "Lo que mata es la sensibilidad"
N°21. "¡Viva la convertibilidad!; ¡Abajo sus efectos (sobre
mí)!"
N°22. "Locos por la convertibilidad".
N°23. "¿Qué es ¡Andrés Ferrari !?"
N°24. "El trueque hace la felicidad"
N°25. "Marcaaplazo fijo"
N°26. "¡Solito?, ¡In-sólito!"
N°27. "Candoroso interés"
N°28. "¡Tres-tro-esma!; ¡Tres-tro-esma!"

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