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Andrés Ferrari
No pasa nada, no pasa nada
(Crónica de
una TV. Anunciada)
“Te mantienen dopado con religión
y sexo y TV”
(John
Lennon)
En
la contratapa de Clarín Espectáculos del 30
de diciembre pasado se colocó como “lo peor de
la Semana” que la televisión no haya cubierto
adecuadamente el “Cacerolazo” el viernes 28 que terminó
derivando en la renuncia de Rodríguez Saa: “El cacerolazo que la TV no vio. Canales de noticias todos y cada uno:
explotó el cacerolazo del viernes por la noche y las
señales informativas transmitían el sorteo de la lotería.
Se tomaron más de veinte minutos en mostrar a la multitud
que se reunió en la Plaza de Mayo y en algunos las
tomas parecían tan extrañas como las de la Guerra
del Golfo. Y los que no sacaron ningún numerito, no
tenían nada que ver”.
Pero en verdad había sido cubierto por un medio televisivo: Crónica
TV. Y quién registró las imágenes – y mucho más
tarde, por otra parte - a la Guerra del Golfo fue
TN, el Canal de noticias de Clarín.
Claro que al diario de “La tele” más le conviene
obviar ese dato, y poner a todos en la misma bolsa.
Pero muchas manifestaciones han pasado desde aquélla
y “el canal de la gente” tuvo muchas oportunidades
que no repetir dicho “error”.
Pero lo que sucede es que para la TV “No pasa nada”.
Ningún
canal de la TV abierta ha modificado su programación
a partir de todos los sucesos desde el 19 de diciembre
pasado. Cuando hay cacerolazos, si registran “algo”
es sólo hasta medianoche, hora que la gente sana se
va dormir. Alguna vez, un programa “especial” por
Azul de “análisis” o sino las payasadas de Chiche
Gelburng. Alguna vez, América, resumió una de esas
jornadas de protesta pero, claro, después del fútbol.
Telefé parece que añora la época dorada de Grande
Pá y Chiquititas, cuando era posible compatibilizar
sus suculentas cuentas dolarizadas con rating e inocentes
declaraciones de amor y felicidad transformaban la
angustia de quienes iban sintiendo el rigor del “modelo
correcto” con esperanza celestial: es el que menos
se da por enterado. La Tele considera su cuota
cubierta con las caritas de “buena y sensible por
el sufrimiento ajeno” de “Mónica y César”. Claro
que en el reparto de tiempo de Telenoche, ocupa
más –por ejemplo- la escultura al “cacerolazo” que
el cacerolazo mismo. Y para ayudar a levantar el ánimo,
nada mejor que extensas notas sobre fútbol y el emocionante
triunfo en la Davis. Cuando el tema se toca, más tiempo
se dedica a reflejar – eso sí, con mucha, mucha, compasión
– el sufrimiento de una tal Doña X o “la abuela
Y”.
La escasez de información queda más manifiesta por el hecho de que el
20 de diciembre, día de la renuncia de De la Rúa,
los canales de aire – con Telefé a la cabeza – fueron
hasta reacios para levantar la programación habitual.
Y el viernes pasado, América y La Tele llegaron recién
sobre el final, final, a la.... CADENA NACIONAL!!!
Más importante les pareció la previa de “Argentinos
vs Racing” y “El Sodero de mi vida”. Claro que tiene
justificación: no serán ellos tan inocentes de perder
precioso tiempo de alto dólar/segundo con discursos
presidenciales, más cuando ellos tienen el discurso
a bajar – más allá de lo que un Presidente- y
se consideran - hasta que realmente así sea – grandes
sociólogos.
Porque
“la sociología barata” es la otra cara del “No
pasa nada” televisivo: no sólo que la programación
no se modificó, sino que los mismos programas superficiales
y groseros que se fueron imponiendo a lo largo de
la década pasada siguen en pie, siendo pasarelas para
que vedettes, actores –y más bien de segunda -,
modelos, gente del espectáculo en general y “la nueva
gente de la televisión” realice las manifestaciones
más pueriles, rudimentarias, ordinarias, etc sobre
la realidad, y encima como pretendidos “análisis”.
Esto claro, cuando salen de las agresiones mutuas
y escenas vulgares propias desde hace tiempo. ¿No
se merece “la gente” que la TV tanto “quiere, defiende
y se preocupa”, más que esta insoportable sucesión
de profanidades a la inteligencia humana?
Para información, quienes aún no se encuentran entre los 15 millones
de argentinos por debajo de la línea de pobreza, se
puede apelar al recurso de Crónica TV (dejando
de lado su particular estilo) que – más allá de un
llamativo faltazo para cubrir el primer cacerolazo
a Duhalde –no sólo ha sido una garantía para transmitir
lo que está pasando, sino que además tiene una ventaja
adicional: INFORMA; NO OPINA. ¿Cuántos hechos sociales
debieron ser cubiertos por los demás canales porque
Crónica los estaba mostrando? Es más: Crónica
TV es una manifestación de que existe una gran
diferencia entre lo que “la gente dice” y lo que quienes
están ante las cámaras de la TV abierta dicen que
es lo que la gente dice.
La
TV abierta tan propensa a la opiniología bien podría
invitar a algunos de los cientos de docentes e investigadores
de la Universidades Nacionales o del Conicet,
por ejemplo, en temas sociales o a economistas que
no son fundamentalistas del mercado – como habitualmente
aparecen en la pantalla- porque un cambio de sociedad
no implica sólo un cambio de Presidentes y “de
políticos”. Bien podría levantar esa programación
denigrante y suplantarla por una que muestre verdaderamente
“lo que pasa”. ¿O no se enteraron que existe una masiva
estructura del Club del Trueque? ¿O cómo se están
constituyendo la Asambleas Vecinales? ¿O que hubo
una gran encuentro en Porto Alegre contra la globalización
neoliberal que la Argentina tan irresponsablemente
abrazó? ¿No les parece interesante mostrar cómo es
que realmente sobrevive medio país? ¿Ya que envían
a tantas figuras de la TV a mostrar cómo es la “joda”
en las playas Top, o las costumbres banales en países
exóticos, o ver si consiguen poner en ridículo alguna
estrella de Hollywood, aprovechar mostrar cómo son
las reglas sociales en esos países (la estructura
tributaria, los derechos del consumidor, etc.)?
Quizás que así como la vulgaridad tan repetida en la tele dice “los
pueblos tienen los gobernantes que se merecen” (¿y
eso qué quiere decir?, ¿para qué sirve ese comentario?),
también tienen “la tele que se merecen”. Sólo
que si ésta tele algo puede hacer, por mínimo
que fuese, para evitar el no pasa nada, entonces se
evaporaría ese tufillo que se siente de complicidad.
“Niños
de la televisión muertos,
viviendo,
viviendo, sin nacer”
(The Doors).

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