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de Verzi Salvador
Odabaires
Despierto cada día
con la alegría de saber
que voy a verte.
Ansioso por recorrer tu cuerpo
de punta a punta, de norte a sur,
mujer-ciudad-mujer.
Imagino el periplo diario, comenzar
por tu larga cabellera de río plata
que baña las costas de tus hombros.
Estacionar en tus ojos verde Lezama,
verde Rosedal, verde Saavedra,
y allí, remontarme tomado de la cola
de un barrilete dominguero
y observar desde arriba tu geografía
de altos edificios, parques, cortadas,
bares, teatros y casas bajas.
Un pelotazo de un picado
me hace colear, y caigo serpenteando
por las barrancas de Belgrano,
me inunda tu perfume agreste y leonino de río.
Por tus pómulos me dejo caer
y me estaciono en tus labios rojos,
rojo noche Palermo, Corrientes, Recoleta.
Doy una vuelta a la manzana de tu cuello
y me deslizo suave por las curvas
de tus calles, silueta laberíntica,
me pierdo en Parque Chas,
entonces me tomo fuerte de tu mano
y vuelo a cien por Libertador,
y a veinte por San Telmo y Madero.
Cayendo la tarde me gusta recorrerla
con Gardel por el Abasto,
mitad shoping, mitad conventillo,
mitad muzzarella, mitad anchoa.
Luego sentarme con Borges a leer poesías.
Entrada la noche, bife y tinto por medio
charlar con Piazzola del chiquilín que lustra.
Y terminar en la madrugada con vos,
encaramarme en la erección del obelisco
y penetrar tus ocultas catabumbas.
En síntesis,
y por si no te queda claro,
estoy perdidamente enamorado de vos
mi mujer-ciudad-mujer,
¡Qué iluso!. Ojalá fueses solo mía
pero te amo tanto
que me permito y te permito
compartirte con tantos otros locos
que como yo te aman y te desean
y sé que a vos, mujer al fin,
te gusta y te enloquece
saberte tan amada.

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