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de Pardo Saguier María Eugenia
Las Místicas Fuerzas
Las místicas fuerzas, el hollín, las sagradas
puertas del porvenir aún me esperan entreabiertas,
desearía permanecer despierta azotando con la fuerza
que en mi cuerpo despierta las oscuras marquesinas
de la ciudad prohibida que todos añoran.
La mirada tenue no es sagaz, no abriga,
no despliega ni vence, no sorprende...
Encontraré algún día la sonrisa clandestina que dibuje
auroras donde la noche despliegue su tinta,
bailaré a pesar que las nubes me inviten al repliegue.
El poder de la brisa estará en la mirada que el cielo infinito me entregue.
Entonces, muy a su pesar, la tempestad verá que en mí las estrellas convergen...
Vengo a Habitar la Morada ...
Vengo a habitar la morada de las diosas,
con mi néctar como única aurora.
En mi viaje recorro, despacio, las frías
ciudades que hoy me abandonan.
Me alejo de las tempestades perpetuas,
del servil oleaje de los planetas
que nada me aportan sino sus propias
rudezas.
Vengo a cambiar las noches y a levitar perpleja
ante los castillos que son mis metas;
vengo a comprobar las siluetas que, entre tanto,
me aguardan reservándose estrellas
que en mi noche nueva acudirán
con sus velos a cocer mis ropajes,
envolviéndome con su polvo las más bellas.
Descansaré cuando haya lavado en su agua
los pétalos de mis rosas sedientas.
Entretanto, sigo en viaje; la morada de las diosas
me espera.

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