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de López Eric Fabián
Bar de mi ciudad
Naciste en los barrios de la gran aldea
bajo la prodigiosa mirada
de la rancia estirpe de nobles y plebeyos.
Tu humilde cuna se meció con la suave melodía
del organillo orillero y las cálida caricias
de las callosas manos del humilde arrabal.
En las heridas maderas de tus cuadradas mesas,
estudiantes trasnochados y ambiciosos catedráticos,
esparcieron ilusiones y sueños de invisibles fortunas.
Junto a ellos, fulleros, quinieleros y políticos conocieron,
sobre el paño verde de tu sabiduría
el aprendizaje orillero del difícil ruedo de la calle.
Tu sencillo solar, enclavado entre legendarios adoquines
y refinado asfalto,
se ilumina con el canto tradicional del truco, codillo, pase inglés y monte
En el paño verde de tus billares, entre tiza y taco,
perduran las hazañas de los Navarra y los Correa,
como un homenaje a tu alma inmortal.
Bar de mi ciudad ¡...
Historia viviente del ayer!...
Promesa permanente de amistad popular!...
El paso del tiempo arrasó con la gran aldea
Y junto a ella murieron taitas y percantas, acompañados de tradicionales
solares del Buenos Aires tanguero.
A pesar de todo, mientras la tenue luz de un candil
Ilumine tu estañado mostrador, siempre sobrevivirá el espíritu inmortal
Del compadrito porteño derramando su amplia y generosa humildad.
Homenaje a la República de la Boca
Las serpenteantes aguas del Riachuelo
horadaron la tosca de tus orillas
perfilando los límites de tu barriada.
En tu predio singular, las calles
Olavaria, Caminito, Brandsen y Almirante Brown
tejieron la maravillosa trama de tu espíritu popular.
Rudos marineros, sacrificados estibadores y eficientes artesanos
fomentaron tu famosa estirpe soberana
dando paso al nacimiento del sutil reino xeneize.
La geometría de la Vuelta de Rocha, adornada por viejas embarcaciones,
trasluce a través de las artísticas de Quinquela Martín,
la policromía poética de tu sensible idiosincrasia.
Los antiguos conventillos y las modernas construcciones,
delatan la presencia inconfundible del progreso ciudadano
armoniosamente integrado con las costumbres de inmigrantes y criollos.
El cielo celeste y blanco, conjugado con el azul y oro,
eclosiona con particular virulencia en la famosa Bombonera
definiendo la incomparable pasión y lealtad de tu pueblo sin par.
"San José de Flores"
Entronizada cuando la Patria nada,
fuiste parada obligada
de las antiguas carretas coloniales.
Al reparo acogedor, de los portales de tu longeva parroquia,
restauraron sus sufridos cuerpos,
curtidos boyeros, fatigados arrieros y sudorosos jinetes.
En la profunda huella, forjada por los bueyes,
nacieron los cimientos de tus calles y avenidas,
adornadas con jacarandaes, tilos, aromos y tipas.
En tu sensible arrabal,
bajo el influjo de angostos, corralones, enramados patios y románticos zaguanes,
floreció el maravilloso linaje del sentimiento ciudadano.
Entre el suave aroma de las glicinas, cautivante perfume de jazmines
y misterioso ámbar de las rosas,
estableciste el ambiente sentimental del incomparable amor.
Al influjo de la misa de once,
tu tradicional Rivadavia se constituyó en
la senda romántica de tus jóvenes descendientes.
Gabino Ezeiza, Marcó del Pont, Locatelli, Roberto Escalada
Distéfano, Libertad Lamarque y tantos otros,
conjuraron el inconfundible verso de tu sabiduría barrial.
Los carnavales de antaño y los bailongos de los sábados,
esparcieron alegría y felicidad
entre las almas de tus radicalizados habitantes.
Tus bares y confiterías dotadas de íntimos reservados,
sirvieron de mudos testigos
a sutiles promesas de amor.
Tu futuro, sujeto a la alquimia del destino,
se halla asegurado con el rico contenido histórico y cultural,
De tus finas y sensibles alforjas.
San José de Flores ...!
barrio sencillo y audaz...
poblado por gente humilde y cordial...

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