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de Falcinelli Damián Pablo
Despertares
Era un lugar extraño: árboles, bancos y muy solitario. Caminaba
sin pensar. Me senté en el césped a observar los gorriones
como chapoteaban en la tierra floja.
Detrás de mí una brisa que estremecía mis oídos. Entre esa
brisa y una nebulosa aparece una mujer, me toma de los hombros
y me dice:
-Mariano...
Me doy vuelta y la observo, era tan bella como nunca había
visto otra.
-si soy yo... contesté... pero ¿cómo sabes mi nombre?
-no importa, lo importante es que te encontré.
No sabia donde estabas, quien era ella, casi ni siquiera quien
era yo.
De repente empecé a sentir un movimiento en el cuerpo, cuando
entre en mí y abrí los ojos. Era mi hermano preguntando por
un gamulán perdido. Le conteste que no sabia que me deje tranquilo
por que estaba ocupado y que no sabia del gamulán.
La incertidumbre y las ganas de volver a ver aquella mujer
eran inmensas. El techo era cada vez menos nítido.
De pronto me encontré con ella en un bar, aproveche y le pregunte
su nombre y me dijo que se llamaba Clara.
No sabía por qué estaba en ese bar, cómo habíamos llegado,
pero yo quería decirle tantas cosas que no me salía nada.
Copas van, copa vienen, actos de seducción, vulgaridades...;
era el momento, la tenia cerca, sus labios cerca de los míos.
Mi cuerpo empezó a moverse nuevamente, en una décima mi odio
subió enormemente hasta que abrí los ojos. Era mi madre, me
despertó y me dijo:
-hay una tal Clara al teléfono para vos ¿qué le digo?.

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