SERGIO JAUBERT   | volver |   

 SERGIO JAUBERT DICE SER EL CREADOR DEL SISTEMA DE IDENTIFICACIÓN DE PERSONAS POR RETRATO HABLADO

 

Era 1960 y llovía. La gente caminaba por el centro de la Ciudad de México al ritmo del apuro que la azuzaba para llegar temprano a sus casas. Los comercios ya cerraban y el atardecer aceleraba las imágenes de las calles que se apagaban en medio del griterío.

Don Natán y su esposa ya habían bajado la persiana metálica que protegía  su tienda de ropa. Los empleados se habían marchado y, a las ocho de la noche, sólo quedaban ellos, haciendo cuentas.

Cuando, de pronto, se abrió la puertita de la persiana y vieron que entró un sujeto bajito. Un tipo pálido, orejón, de rostro triangular, según se supo después. Ojeroso, con aspecto de vago. Natán le preguntó qué necesitaba y el hombre respondió que unas camisas. El dueño de la tienda percibió algo extraño, así es que le dijo que el local ya estaba cerrado y que mejor regresara al día siguiente; con mucho gusto lo iban a atender. El sujeto insistió y cuando Natán volteo para acercarse al estante donde estaban las prendas que le pedían, el tipo sin dudar le dio un balazo en la nuca.

Entonces su esposa corrió desesperada hacia la puerta, para pedir auxilio, pero el delincuente la acribilló por la espalda. Una y otra vez le disparó, hasta que la mujer ya no se movía. El tipo arrastró el cuerpo de la señora unos metros más adentro del local, sacó todo el dinero que había en la caja, tomó algunas camisas, salió a la calle y se perdió en la multitud de la noche, mientras la gente ni siquiera miraba.

A la mañana siguiente, cuando los empleados llegaron otra vez a trabajar, se encontraron con que ninguno de los dueños estaba ahí para abrirles. Entonces, preocupados, llamaron a la policía que, cuando llegó al lugar, se encontró con el horrible cuadro. El cadáver de la mujer había empezado a sufrir el desmoronamiento de la muerte. Y don Natán... don Natán no estaba muerto. El balazo en la nuca lo había dejado cuadraplégico, pero todavía estaba con vida.

La noticia salió en los periódicos al día siguiente.

Por su lado, Sergio Jaubert era un joven ambicioso que había ido ya unas quince o veinte veces a la jefatura de policía, ofreciendo sus servicios como retratista. Decía que podía darles el rostro de personas que ellos buscaban y de quienes no tenían fotografías. Pero se burlaban de él: “me decían que brujerías, no  —recuerda—. Así es que cuando me enteré de este caso volví a ir y les dije que yo podía ayudar a resolver el crimen. Me tomaron del brazo porque sospecharon de mi. Ya entonces yo era alto y guapo, con la mirada inteligente”, dice.

Entonces, lo llevaron con  Rafael Rocha Cordero, el jefe del Servicio Secreto. Se le quedó viendo y le preguntó si él sabía quién era el criminal. “Yo le contesté que era casi como si supiera; que yo podía hacer una descripción gráfica muy completa y precisa.  Y me llevaron con una patrulla nueva y con la custodia de dos motocicletas al hospital donde agonizaba el tal Natán. ¡No te me vayas a morir justo ahora!, le decía yo. El hombre, balbuceante, me contó lo que había pasado. Y vagamente me describió a aquel sujeto que había matado a su esposa y también a él, aunque todavía no estuviera muerto. Porque ientras me regresaban a las oficinas de la policía, don Natán murió”.

Cuando Jaubert llegó al Servicio Secreto, ya había una nube de periodistas. Al día siguiente el dibujo del maleante que él había hecho salió en la portada de muchos periódicos. Así nació el retrato hablado, según él.

“Me sentí muy importante —dice—, porque a los grandes pintores de este país nadie les publicaba sus obras en las primeras planas de los periódicos, ni a Diego Rivera, ni a Orozco. A mi sí. Un maestro de Bellas Artes y nada más... a partir de entonces empecé a formar mi carrera como criminólogo”.

En la síntesis curricular que Sergio Carbajal Jaubert entrega cuando se presenta, dice que nació en Saltillo —una ciudad en el interior mexicano—, pero no precisa el año. Dice que estudió medicina, derecho, criminología y criminalística, pero no especifica las entidades en la que cursó esos estudios.  En ese papel, Jaubert asegura además ser el creador del Retrato Hablado y haber colaborado con organismos como el FBI, Scotland Yard, INTERPOL y la Policía Nacional Francesa.

“Y aparezco en varios libros como un hombre destacado de esa disciplina —alardea—. Claro que a mi no me importa, pero es la verdad”.

Si no le importara, no lo diría.

Lo que pasa es que yo recomiendo mucho hablar bien de uno mismo. Porque es necesario ser aceptado. Es muy bueno, se siente uno muy bien cuando habla de sí mismo.

No todo el mundo.

Eso depende del grado de cultura o evolución que tenga cada quien. Las personas muy inteligentes, no tomamos eso muy en cuenta, lo vivimos con cierto sentido del humor.

Según lo que usted dice la modestia es una actitud primitiva.

Sí, y de bastante vanidad.

Lo que parece es que usted busca justificaciones para ser vanidoso.

(sonrie) puede ser.

¿Cuantos años tiene?

Como sesenta y tantos.

Nunca pensé que fuera usted coqueto.

Sí, lo soy, aunque no lo necesito porque yo tengo un atractivo natural.

¿Y a qué se debe su coquetería?

A que debe quererse uno cada día más, sino, ¿quién más lo va a hacer? Hice un ejercicio de auto-hipnosis para olvidar mi edad pero los demás me la recuerdan permanentemente.  Nací alrededor de 1938... ¿por qué te ríes?

Porque siempre me causa mucha gracia que alguien no diga su edad. Y, normalmente, los hombres más.

Es que los viejos sólo pueden dar lástima o dinero. Pero viejo no es el que ha vivido muchos años, sino aquel  que no tiene entusiasmo por la vida.

Suena filosóficamente bien pero...

Fisiológicamente no, ya lo sé.

¿Los rostros hablan?

Todo lo dicen.

¿Qué dicen?

Cuentan la historia de la gente. En la cara de la gente se van grabando las experiencias, las emociones.  Se puede ver la infancia y también el futuro de una persona.

¿Entonces la gente no tiene misterio?

Sí, si tienen. Porque, afortunadamente, sigue existiendo la intuición.

¿En qué difiere lo que usted hace de cualquier técnica adivinatoria?

En que las técnicas adivinatorias están relacionadas a la interpretación de cuestiones mágicas, esotéricas, astrológicas, misteriosas, chamanismo, brujería, espiritismo. Considero que no cabe preguntarle eso a un técnico o un científico.

¿Cómo se llama lo que usted hace?

Fisonomismo.

¿Y dónde se aprende?

En mi escuela (sonríe).

¿En qué otra parte? Dijo usted que es una ciencia.

Que yo sepa no existen escuelas de fisonomistas. Pero yo he tenido miles de alumnos.

¿Y dónde lo aprendió usted?

Yo soy creador de un sistema que se conoce como retrato hablado. Al empezar la década del sesenta descubro este procedimiento...

No me dijo dónde estudió...

Le decía que a comienzos de los 60 empezamos a utilizar la técnica del retrato hablado, para localizar a personas que se buscan...

¿Por qué la gente cree que el retrato hablado es mucho más antiguo?

Porque los delitos son más antiguos.

No estamos hablando de la maldad de los hombres, sino del hecho de dibujar a una persona de quien no se tiene una fotografía pero sí una descripción.

Hubo algunos intentos, durante décadas, de tratar de establecer algún procedimiento... de hecho, algunos científicos lo hicieron, pero de manera escrita.  Pero luego, de manera formal, lo puse en marcha yo en 1960. Luego hay variantes como el retrato robot o el identikit. Yo hice el primer retrato hablado.

¿Qué siente cuando investiga un crimen?

Hace usted muy buenas preguntas, para que haya una buena entrevista tiene que haber un buen entrevistador.

No me adule, solo contésteme, por favor.

(Lanza una carcajada grandilocuente) bueno, no siempre siento lo mismo. Cuando hago un asesino serial, por ejemplo, siento el gran deseo de descubrir quien es. A veces siento un gusto y una alegría muy grande. A pesar de que sea una tragedia la  historia que esté investigando.

¿Cuánto dinero cobra usted?

Generalmente nada. Y a veces sí fijo un monto de honorarios, pero luego no me los pagan. Yo he llegado a cobrar bastante, hasta 40 mil dólares. También depende de si tenemos el relato de algunos testigos o sólo podemos construir el retrato basándonos en una serie de indicios, muestras de cabello o piel del presunto delincuente. Depende del material que sean las partículas que encontramos en esos rastros de cabello o de piel. Por ejemplo podemos saber de la case social de esa persona de a cuerdo a la calidad de fijador para cabello que encontramos en un solo pelo en la escena del crimen. Ya los chinos han investigado la relación que podía haber entre la fisonomía y la conducta de las personas. Aristóteles decía que podemos conocer a las personas por el parecido que tiene con diferentes animales y las conductas que éstos desarrollan. Una vez me tocó investigar el caso de una mujer que había sido asesinada junto a su esposo a quien le habían dado batazos en la cabeza. Y la mujer tenía residuos de cabello y piel del criminal en las uñas, evidentemente porque había tratado de defenderse.

Usted habla como regodeándose cuando relata un crimen. Parece algo morboso.

El crimen es una conducta natural, instintiva de todos los seres humanos.

Pero, definitivamente, explorar algunos instintos puede resultar morboso.

Yo prefiero llamarle curiosidad.

Ve cómo sigue buscando justificaciones. De veras parece usted morboso.

Es pura curiosidad científica. Si uno ve que hay una persona tirada en la calle con un grupo de gente rodeándola, nos acercamos a ver. No para auxiliarla, nada más para ver. Eso es morbo. Las notas rojas son morbo. Uno pierde el morbo con el tiempo.

¿Eso quiere decir que la gente se acerca a un trabajo que lo relacione con actividades delictivas por morbo, aunque después lo pierda?

Quiere decir que ver un crimen no es lo mismo para una persona común y corriente que para un investigador. Yo veo al crimen como una conducta antisocial que obedece a instintos primitivos que tenemos todos los seres humanos.

¿De qué vive usted?

De las clases que doy en mi escuela, de la columna semanal que tengo en el periódico Milenio, de mis cuadros —porque soy pintor—, de las conferencias que doy en distintos lugares. Y no soy presumido, pero la camioneta que traigo cuesta 400 mil pesos (aproximadamente 43 mil dólares), viajo mucho, vivo en una zona residencial...

¿Por qué es tan exhibicionista?

Supongo que porque tengo mucha distancia de la nariz a la boca. Eso nos pasa a las personas que tenemos esta característica física, nos gusta ser protagonistas, nos gusta mucho hacernos publicidad... tan vez no me he medido. También... mire las cosas que me pregunta: “¿usted, de qué vive?”. Ah... y se me olvidó decirle que además hago diagnósticos de personalidad. La gente me busca para que yo le diga cómo es. Entonces les digo que están muy bien, que son muy buenas, se van contentas... y me pagan por eso.

¿Nos paramos frente a ese espejo? ¿Qué ve?

 Veo (me mira a los ojos)... un tipo muy interesante

Sergio, no juegue. Véase a usted mismo.

Ah... tengo una nariz... muy bonita... con las fosas nasales finas y los ojos un poco hundidos

¿Y eso qué significa?

Que no he dormido bien los últimos días y que el tiempo no pasa solo.

¿Setenta y cuántos años, me dijo?

Veintiséis... veo las cejas muy cerca de los ojos... propio de personas muy inteligentes.  Tengo la frente muy amplia... eso quiere decir que tengo lucidez, mucha capacidad mental. Bueno, eso depende de la raza. De lo contrario, los yucatecos todos serían unos sabios porque la mayoría tiene la cabeza casi cuadrada. Y unas arrugas que cruzan la frente, propias de las personas reflexivas y (otra vez me mira) tú tuviste la perdida de un ser muy querido.

Está adivinando. Muchas personas de 30 años perdieron un ser querido. ¿qué más ve en usted?

Es que es mi costumbre analizar a la gente...  bueno... tengo también dos arrugas verticales entre las cejas, son las de la concentración. Y ya te dije que las cejas están pegadas a los ojos. En cuanto más separadas, menos concentración tienes. El carácter más cambiante.

¿Qué hay de los ojos?

No tiene espacios blancos debajo del iris. Y eso es bueno. Porque cuando eso pasa significa que esa persona no tiene buena salud o que se  encuentra en peligro, que esta expuesto a sufrimientos.

¿Y qué pasa con una persona muy joven, que no tiene tantos pliegues en la cara?

No, porque ya desde que uno nace hay ciertos rasgos característicos. Pero, es cierto, después de los 40 años a uno se le dibujan en la cara ya todos los aspectos de su personalidad.  Por ejemplo éstas líneas verticales a los lados de la boca son las de la inconformidad. Y éstas se marcan con el tiempo.

¿Por qué será que su rostro no dice nada malo?

Qué bueno, ¿no?. Es más, fíjate que cuando la gente tiene el lóbulo de la oreja como lo tengo yo, despejado del rostro y colgando un poco, significa estar aferrado a valores morales.

¿Qué hay que ver en la cara de la gente?

La expresión. 

¿En qué parte del rostro vive la verdad?

En la mirada.

Mirar tanto la cara de la gente, ¿no desvía los ojos del corazón?

Si usted quiere decir que el análisis frío de un rostro le resta importancia a los sentimientos, no estoy de acuerdo. Porque los sentimientos se reflejan en los gestos, en la mirada. La gente se atreve a mentir y fingir con mucha facilidad. Pero si somos bien observadores, se puede descubrir.

¿Y en qué parte está el miedo?

También en la mirada. Pero, fundamentalmente, yo lo puedo sentir. Puedo sentir cuando alguien tiene miedo. Una vez le preguntaron a un maestro del fisonomismo, cómo se podía conocer a una persona. Y él respondió que a través de la luz que esa persona irradia. Una luz que no puede verse, desde luego. Se trata de cosas que uno siente. La presencia de alguna gente es muy pesada, como si nada mas estuvieran hechos de carne y hueso, como si no tuvieran alma. Uno puede sentirlo. En cambio hay personas muy sutiles. Cuando ese maestro dijo “por la luz que irradian”, tenía razón.

¿Entonces la esencia de la gente se ve en algo que no tiene nada que ver con el rostro? ¿cómo se mide esa luz?

Bueno, hay cámaras de fotografía especiales que registran este tipo de luz, de energía. Pero, decir que algo no está absolutamente comprobado de modo científico y usar eso para decir que no es verdad, no me parece justo.

¿Qué —de todo lo que me dijo— es cierto?

De todo lo que dije, es cierto que las personas emitimos determinada frecuencia. Como si fuéramos seres eléctricos o magnéticos. Y que eso se puede percibir.

Vamos de nuevo: ¿qué es cierto de todo lo que dijo?

Todo... excepto lo que no es.

¿Entonces por qué le voy a creer?

Porque eres un hombre de buena fe.

En primer lugar, eso usted no lo sabe. Pero, además, le he pedido que no me adule, que sólo conteste.

Ajá... pero si crees en lo que yo digo, quiere decir es que eres bastante observador.  Yo agradezco más la critica que la adulación... pero... tus preguntas son muy interesantes.

Parece que no va a darse por vencido en su táctica de adulación.

Me gustaría analizar tu rostro, para ver si coincidimos...

Mejor después.

 


 

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