Darío Loperfido      | volver |


Al momento de realizar esta entrevista, Lopérfido era Secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Años despúes, ocupó el mismo cargo pero a nivel nacional, mientras Fernando De la Rúa era Presidente de Argentina.

 

¿Es verdad que usted hace todo lo que dicen?

Sí (sonríe), debe ser verdad. Por algo lo dicen.

¿Todo, todo? ¿Mire que se dicen muchas cosas?

Tendrías que detallarme.

Me refiero a las cosas buenas y a las malas.

Bueno, no sé si todas.

(En el suelo, detrás de su escritorio, Darío Eduardo Lopérfido, Secretario de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, tiene un equipo de música que nunca se apaga. Sentado en un típico despacho de funcionario, espacioso, bandera argentina, sillones de cuero, habla con voz más bien potente de sus obras de gobierno)

(“Es verdad que me ocupo de muchas actividades. Si vos te fijas en el cronograma de eventos culturales de la ciudad que publican los diarios, la mayoría son organizados por esta secretaría. Y en ese sentido no puedo menos que sentirme orgulloso. Sobre todo en una función como la mía, en la que uno vive buscando la aprobación de los demás todo el tiempo.)

Es decir, trabajar todo el tiempo buscando el consenso ajeno.

Por lo menos para lograr los márgenes de aceptación lo más amplios posibles. De lo contrario, tu trabajo se convierte en algo inútil. También es cierto que es imposible pensar en que todo el mundo esté de acuerdo con lo que hago. Pero, si todos estuvieran en desacuerdo, también sería un problema. Por más sensación de acierto que yo tenga. Debería tener cuidado de no caer en la situación soberbia de creer que las personas a las que no les guste lo que yo hago están todas equivocadas.

¿Y Cuántas horas de análisis le lleva dirimir esta cuestión?

No, no hago análisis. Es que tengo un temperamento tranquilo. Fijate que ni siquiera tiendo a ponerme demasiado contento cuando algo sale bien. Cada vez que termina alguna de las cosas que tenemos programadas, mis colaboradores me preguntan: “¿Che, estás contento?”. Y yo siempre contesto: No, estoy conforme.

¡Qué jodido, Lopérfido!

       Es que me pongo contento cuando me pasan otras cosas: cuando me voy de vacaciones, cuando gana River, cuando me enamoro, estoy contento. Con el trabajo estoy conforme. Y cuando alguien me critica porque no le gusta lo que hice, tampoco me hago mucha mala sangre. En una función como esta, si no te mantenés más o menos equilibrado, se vuelve desagradable.

El benjamín del gabinete

¿Qué dicen sus padres del hijo funcionario famoso?

Se sienten medio raros. Si bien cuando era director de centro cultural Ricardo Rojas tenía una vida más o menos pública, lo de la fama es algo más reciente.  Me parece que todos estamos medio desacomodados con esto. El primer desacomodado soy yo. Y me siento muy raro cuando estoy en circunstancias extralaborales, cuando voy a comer a un restaurante y la gente se me acerca y me dice: “mire, lo vi en las revistas, a mi me gusta lo que está haciendo”.

¿Nunca nadie se acerca para decirle “mire es una porquería lo que usted está haciendo”?.

Sí, pero con un poco de oficio trato de aguantármela. Sin embargo para mis viejos, esto de tener un hijo famoso, es mucho más agradable. Mi papá tiene todo un circuito armado entre sus amigos que leen distintos diarios y junta todos los recortes que salen sobre mi o lo que yo hago. Tiene una carpeta impresionante.

(Darío Lopérfido empezó su vida laboral trabajando como periodista en Radio Belgrano, ahora Radio Libertad. Más tarde pasó por Radio Argentina, y también por Rock & Pop, haciendo las mañanas del domingo durante tres años. Llegó a La Red y, en la época en que Utilísima salía por Telefé y lo conducían Patricia Miccio y Mora Furtado, un Lopérfido más joven y más desacartonado, aún sin ese gesto adusto que ahora siempre lleva, aparecía dos veces por semana en pantalla haciendo una columna de espectáculos.)

¿Sus compañeros del gabinete municipal conocen este dato?

No lo sé. No se trata de algo que yo oculte. No se puede ocultar algo que tenía 14 puntos de rating.

¿Usted es un buen funcionario?

Sí, estoy absolutamente convencido. Y estoy muy orgulloso de tener el mismo auto que tenía cuando empecé la función pública. Por otro lado me parece que hay una buena valoración de lo que yo hago por parte de la gente.

En los pasillos de la municipalidad se comenta que algunos de los secretarios hablan de usted como de “el nene del gabinete”, de un modo despectivo.

      Es verdad que soy el más chico, pero tengo una relación muy cariñosa con el resto de los secretarios. A los 34 años tengo siempre tengo muy claro cuando debo aprender de los que tienen más experiencia. Por lo demás, de muchos me considero amigo personal. Y es cierto que hay bromas sobre mi edad, pero nada más que eso.

¿Cómo es su relación con María Gabriela Epumer?

Bárbara. Yo creo que lo mejor de nuestra pareja es la distinta índole de nuestras ocupaciones. Pero, a su vez, a mi me interesa mucho su mundo, su ambiente. Y a ella le interesa mucho el mío. Nos vemos poco, producto de nuestros horarios cruzados, así es que muchas veces pasan tres o cuatro días que no nos encontramos. Insisto, me parece bueno que si bien los dos tenemos que ver con el ámbito de la cultura, llevemos vidas muy distintas.

Ese mismo ámbito cultural en el que muchos actores están disconformes con su trabajo, como secretario de cultura.

Sí, tuve algunas críticas.

Se lo acusa de hacer una gestión...

“Megalómana”.

Sí, es decir con delirios de grandeza, y de organizar eventos multitudinarios, teniendo más en cuenta la asistencia del público antes que el desarrollo de los artistas.

       Lo que pasa es que yo no creo en esa dicotomía. No me parece que lo que sea bueno para el común de la gente sea malo para los artistas. Por otro lado, no mentí a nadie. Antes de asumir dije que mi propósito era ensanchar las bases de participación de la gente en mi gestión de cultura. Me molestan las gestiones en las que sólo tienen cabida unos pocos. Eso va en contra de mi ideología. Es como cuando estas acostumbrado a compartir la mesa con tu familia: el primero, el segundo plato, el postre, la televisión. Pero un día llegan unos familiares del interior y se van a quedar dos meses. Los primeros días está todo bien. Pero después empieza a molestar tener menos espacio en la mesa y tener que compartir todo. En este caso se producen efectos similares.

¿O sea que usted acusa de egoístas a los artistas que se quejan?

No, no fui yo. Fueron los editorialistas de los diarios La Nación y Página 12 los que los acusaron de “elitistas”. Y por otro lado no es cierto que yo tenga una mala relación con los artistas. Es apenas un sector el que envío un comunicado en esos términos, porque no le gustó Buenos Aires no Duerme. Tengo buena relación con los músicos...

Bueno... su novia es la guitarrista de Charly García.

      Sí (se ríe), pero también me llevo bien con los tangueros. Y esa buena relación con cada uno de los sectores de la cultura es producto de que fuimos encargándonos de las necesidades de cada grupo. El rol de un funcionario es el de un solucionador de problemas.

¿Le falta mucho para encargarse de la situación calamitosa los conservatorios municipales?

Bueno, para el de arte dramático hemos procurado un edificio nuevo, llevándolo a donde antes funcionaba el museo del cine porque para este estamos armando otro lugar.

La situación calamitosa no incluía sólo a los edificios.

Es que en el conservatorio de música fueron otros los aspectos que atendimos, los académicos.  Pero hablé del edificio de la calle Sarmiento porque a ese tuvimos que ir a apuntalarlo en cuando asumimos. Se estaba cayendo un balcón. Y respecto del conservatorio de música, yo tengo un proyecto bastante ambicioso: formar una universidad vinculada a la música y ligada al teatro Colón.

(Como un nene caprichoso al que no le gusta la comida, Darío Lopérfido tiene una dieta reducida: milanesas, papas fritas, ravioles y helado. Leche con Nesquik y Coca Cola. “Y muchas veces -cuenta- la pasó muy mal cuando me invitan a comer. Porque no puedo rechazar una comida que alguien preparó especialmente y pedir milanesas. Entonces, con mucho pesar, me la aguanto.”)

¿Alguna otra cosa en su lista de debilidades?

Soy un poco abúlico.

¿Falto de voluntad?

Como desganado, pero eso me pasa cuando me aburro. Soy una persona terriblemente desagradable cuando me aburro. Casi un maleducado. Y, si bien no es una constante en mi vida, tengo momentos de malhumor.

Ya que no se pone contento, está por lo menos conforme con esta herencia de María Sanez Quesada en la Secretaria de Cultura?. Se dice que es lo que más deseaba en la vida.

Eso no es verdad. Lo que más deseaba ser en la vida era ser un buen guitarrista de rock.

Ah... como su novia. La otra mitad perdida de la que hablaba Platón.

Sí. Nunca soñé con ser secretario de cultura.

Extraña mutación la de un alma rockera a la de un político.

Lo que pasa es que la política siempre me interesó. Cuando tenía como 18 años me afilié al partido radical, porque necesitaba hacer mi pequeño aporte a la lucha contra la dictadura. Nunca pensé en cargos políticos, sin embargo, acá estoy.

¿Cuál es el sueldo de Secretario de Cultura?

Siete mil cien pesos.

Ah... por eso usted hablaba de dos platos y postre en la comida. Bueno, supongo que le alcanza para pagar el alquiler de su casa en San Telmo.

(Sonríe, incómodo) Es un buen sueldo. Me daría vergüenza decir que la plata no me alcanza, sobre todo en un país donde hay mucha gente que gana ochocientos, seiscientos y otros no tienen trabajo.

Y donde hace quince minutos los jubilados –que cobran 148 pesos- cortaron la Avenida de Mayo, frente al balcón de su oficina.

Sí, los vi.

¿Y qué sintió?

Me cuesta mucho soportarlo. Y estando en la actividad política mucho más. En ese sentido yo soy muy crítico del menemismo. Y aunque nada tenga que ver con eso, por estar en la función pública, en algún punto, me siento responsable.

¿Le gustaría ser jefe de gobierno?

No.

Mire que esto queda grabado y si dentro de un tiempo se le ocurre postularse voy a venir a recordarle sus dichos.

Es que de veras no me gustan los primeros planos. Pero si, supongo, que si De la Rua me convoca para trabajar en el gobierno nacional, me gustaría estar con él.

      ¿Usted está dando por hecho que Fernando De La Rua será el próximo presidente?

Me parece el hombre más indicado.

¿Y si eso no sucede?

      Volveré a la actividad privada, que también me gusta y la extraño.-

 

-(1998)-

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