El Hornero

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EL HORNERO

MATERIAL DE DIFUSIÓN DE LA
EMISORA EDUCATIVA "El HORNERO"
Nº XVIII - 2000

Esta revista ha sido preparada especialmente para ser remitida por E Mail a los interesados en el trabajo de nuestra emisora u obtenerla en las siguientes páginas web: www.interdia.org/hornero  ó  www.RADIOHORNERO.itgo.com  


ORDEN COMO ESTÁN PRESENTADOS LOS TEMAS
PRIMERA PARTE DE LA REVISTA

NOTA DE LA REDACCIÓN
Si Ud. está interesado en leer con más comodidad, recomendamos copiar con ampliación los artículos que desee. Lea los artículos con las pausas, tiempos y circunstancias características de los buenos lectores.
Si desea hacer comentarios, ampliar los temas o tiene inquietud de brindar otros conocimientos, lo invitamos a que nos escriba. Si lo hace manuscrito, hágalo con letra de imprenta o reconocible.
Agradecemos a quienes han remitido notas por las distintas vías. Todas han sido respondidas en el orden que fueron llegando. Los pedidos de ampliación y nuevos artículos han quedado en estudio de factibilidad. 
LA DIRECCIÓN
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BREVE RESEÑA DE LA EMISORA:
Inició sus transmisiones el 27 de noviembre de 1983 con objetivos tendientes a "EDUCAR AL NÚCLEO FAMILIAR" siendo la familia la célula básica y orientadora de las nuevas generaciones. Fue distinguida en distintas oportunidades, como también sus componentes, con Diploma de Honor en los Congresos Nacionales e Internacionales "El Niño y la Televisión" y la "Liga Pro Comportamiento Humano", por aportar sana comunicación para el niño y la familia, y Mención de Honor "Premio Rosa de Plata 1998" -Inscripta en el Comité Federal de Radiodifusión con los Nos. 232/89 - 1212/94 y en CNC Nº 447/97 S.C. - 
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COMUNICACIONES

TEMARIO 
· JORNADAS DE COMUNICACIÓN
· PUBLICIDAD COMPARATIVA
· TELEVISIÓN Y CALIDAD
· COMO MIRAMOS LA TELE
· VOCES DE PROXIMIDAD
· LA RADIO Y LA IMAGINACIÓN
· PREPARANDO AL CONOCIMIENTO
· FUNDAMENTOS DEL LENGUAJE
· JOVENES. COMUNICACIÓN E IDENTIDAD
· PREPARÁNDOSE PARA LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
· INTERNET Y LA CULTURA DEL CONSUMO

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El comercio electrónico 
INTERNET Y LA CULTURA DEL CONSUMO

por Oribe Irigoyen Fuente: Copyright Revista LA ONDA digital laonda@adinet.com.uy

Afirman algunos optimistas de la cibernética que en la gente ocurrió un cambio sustantivo: pasando de ser objeto de la ideología del consumo a convertirse en sujeto de una cultura del consumo. Así lo expresa, por ejemplo, Alejandro Piscitelli en su libro Post-televisión ( 1998 ), trayendo como testigo principal a Joan Costa del Centro de Investigación y Aplicaciones de la Comunicación Corporativa ( CIACC ). 
Se trata de la aparición y crecimiento de una nueva clase de consumidores informados y críticos (tesis de Joan Costa), comprobable en el Norte desarrollado, incipiente pero en real ascenso en el Sur rioplatense, que muestra rasgos distintivos: lee las fórmulas, va más allá de las fechas de vencimiento de los productos, compara la composición y variaciones de las mercancías locales e importadas, descree de las marcas, cada vez le importa menos lo que dice la publicidad y m s lo que los productos son o hacen. 
Esta tesis de Joan Costa, en confrontación con los argumentos de Jean Baudrillard (La transparencia del mal, 1991) acerca de la presente era del vacío y el simulacro, se apoya en un análisis crítico de la publicidad que considera obsoleta y golpeando en el vacío, con su psicología conductista y determinista por medio de imágenes de sexo y éxito para vender productos. Donde importa la imagen bronceada y apolínea del producto y no sus cualidades. 
Pero lo más sustancioso de la tesis es que propone a la Web (la famosas www o World Wide Web, expresión gráfica de Internet) como un nuevo soporte intelectual, a través de la pantalla. Aunque se asegura que todavía el 99% de la información del mundo está encerrada en el papel, se propone a los bits como sucesores excluyentes en la multimilenaria trayectoria de cambios de soportes de comunicación, en que la arcilla sustituyó a la piedra y cambió por el papiro, el pergamino, el papel - oh!, Gutenberg - y el celuloide. 
Hace más de quince años que la pantalla de la computadora se fue convirtiendo en un nuevo soporte gráfico con aspiraciones de hegemonía del conocimiento. Primero, los bits no derrotaron al papel - habrá que ver si lo logran - pero sí superaron las técnicas de impresión tradicionales a través de la impresora laser casera. Segundo, Internet y su Web, al principio solo confinada al texto y el blanco y negro, terminó por estallar en nuevas formas expresivas, textos, imágenes, colores y sonidos unidos a la distancia, múltiples formas de enseñar, aprender, entretener, aburrir, pero también negociar, vender y comprar... y si la economía entra en danza, la cosa es decisiva - oh!, Marx -. Ya la pantalla no era solamente un soporte gráfico, era multimediático. 
Cuando a Internet y su Web, red de redes con cerca de 30 millones de m quinas y 90 millones de usuarios en 1998, se les revistió con un sistema de hipermedia o interfaz gráfica (aporte de Tim Berners-Lee y Robert Caillou de CERN), que simplificó al máximo la relación cliente/servidor, la conversión de todo lo legible en una gigantesca trama de conexiones fue cosa hecha. Y la pantalla podía aspirar en serio a la hegemonía del conocimiento. 
Porque de ese modo el contenido de los documentos sería independiente de las plataformas - fueran ‚ éstas Windows, Mac o Unix - y de los programas específicos que los generaron - cualquier persona desde cualquier parte podría ver lo que hace cualquiera otra desde otra máquina.
Pero, asimismo, el contenido de los archivos sería multimediático - sonido, animación, gráficas, fotos fijas, imágenes, etc - y cualquier elemento de ellos podría estar relacionado con cualquier otro en cualquiera parte del mundo. 
Toda experiencia humana puede ser narrada, textualizada, visualizada, musicalizada, tratada en forma multimediática. Y como quien no quiere la cosa, las 3 w podían ser fuente de negocios... u séase, el comercio, eso que el hombre aprendió a hacer mejor, podía ser electrónico. 

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CULTURA

INDICE DE TEMAS CULTURALES



CAPITAL SOCIAL Y CULTURA 
CLAVES OLVIDADAS DEL DESARROLLO DE BERNARDO KLIKSBERG 

Autor: Juan José Taccone Director INTAL fuente PNUD

PROLOGO 
"Capital social y cultura: claves olvidadas del desarrollo" refleja la preocupación de su autor por examinar y redefinir al desarrollo desde una perspectiva que se despega del pensamiento económico convencional. Sin dejar de valorar el aporte de la teoría económica y la necesidad de herramientas técnicas en pos de un crecimiento económico sostenido, cuestiona su posición de privilegio dentro del proceso de desarrollo en detrimento de otros factores. A partir de aquí, el autor invita a ampliar el horizonte del desarrollo, invita a repensarlo como un proceso donde crecimiento económico sostenido y equitativo y progreso social respetuoso de lo diverso van de la mano y se potencian, con el fin de ampliar las oportunidades de los seres humanos, que es el verdadero fin del desarrollo. 
"Cultura y capital social son, justamente, esas "claves olvidadas", esas "palancas formidables" para el desarrollo, como el mismo Kliksberg las califica. La primera, la cultura, subyace en todas las dimensiones, en todos los planos de una sociedad. Definida como "maneras de vivir juntos" por la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo de la UNESCO, la cultura es ese conjunto de valores, costumbres, ideas y muchos otros elementos compartidos que conforman la identidad de las personas. La cultura como "factor decisivo de cohesión social", según el mismo autor, es la base que da sustento al capital social. 
El capital social, concepto de reciente aparición en el campo de las ciencias sociales, es objeto de especial consideración en este trabajo. Sin detenerse demasiado en la conceptualización teórica del término, valiéndose para ello de investigaciones producidas por estudiosos del tema, el autor se concentra en la presencia y acción efectiva de este factor y su aporte a los fines del desarrollo. Tres experiencias concretas situadas en América Latina ilustran la relevancia del capital social para la obtención de resultados de desarrollo, como el mejoramiento de la calidad de vida de sectores desfavorecidos. Aunque no se le escapa al autor que la realidad presenta dificultades, obstáculos y limitaciones para la aplicación de capital social y la extensión de estas experiencias, también asegura que, junto a la cultura, son agentes activos de desarrollo económico y social y constituyen una propuesta viable y que produce resultados efectivos. 
Existe una brecha entre cultura y desarrollo. Existe descreimiento en cuanto a las posibilidades del capital social de aportar al desarrollo. Kliksberg confronta estos temas, los debate y, sin alejarse de la realidad, presenta argumentos contundentes que no dejan dudas acerca del potencial de la cultura y el capital social y de los efectos positivos que se logran al darles la oportunidad de contribuir al desarrollo. No se olvida que nuevas estrategias de desarrollo que consideren estos elementos no resultarán fáciles de diseñar. Pero valdrá la pena el esfuerzo. Políticas que integren estos aspectos a los ya conocidos tendrán más posibilidades de alcanzar resultados exitosos porque, como dice Enrique V. Iglesias, oportunamente citado por Kliksberg, "hay múltiples aspectos de la cultura de cada pueblo que pueden favorecer a su desarrollo económico y social, es preciso descubrirlos, potenciarlos y apoyarse en ellos, y hacer esto con seriedad significa replantear la agenda del desarrollo de una manera que a la postre resultará más eficaz, porque tomará en cuenta potencialidades de la realidad que son de su esencia y, que hasta ahora, han sido generalmente ignoradas". 
El trabajo de Kliksberg es una invitación a resituar la cultura y lo cultural en un lugar destacado dentro del proceso de desarrollo. Sin embargo, el autor no pierde de vista que aunque la cultura es un instrumento privilegiado para alcanzar mayores niveles de progreso económico y social, no es un mero instrumento. El desarrollo cultural es un fin en sí mismo "por que da sentido a nuestra existencia", según la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo de la UNESCO. No solamente enriquece espiritual e históricamente a las sociedades sino que contribuye a afirmar la identidad, a elevar la autoestima, a cultivar valores y transmitirlos, a generar respeto por las instituciones y a integrar la familia y la sociedad civil. Por todo esto, Kliksberg concluye su trabajo proponiendo la incorporación efectiva de la cultura a la agenda del desarrollo a través de una acción concertada entre el Estado y la sociedad civil. 
La evolución de estos conceptos en el actual contexto mundial puede encontrar un espacio propicio en el marco de los procesos de integración regional existentes en América Latina y el Caribe. Estos procesos están desarrollando, cada vez con mayor profundidad, espacios de concertación y coordinación de políticas que exceden los ámbitos nacionales. El impulso de las iniciativas conjuntas que se gestan en el marco de la integración regional funciona como instrumento movilizador de la implantación de políticas nacionales en diversos campos temáticos y ofrece la oportunidad de enriquecimiento recíproco de experiencias entre los países que participan en dichas iniciativas. La creciente incorporación de diversos actores sociales a la formulación y gestión de las iniciativas integracionistas en la región otorga al tema del capital social un rol protagónico en el futuro en materia de diseño e implantación de políticas por parte de los gobiernos involucrados en tales iniciativas. 
El trabajo que se presenta a continuación fue realizado por el señor Bernardo Kliksberg, Coordinador del Instituto Interamericano para el Desarrollo Social del Departamento de Integración y Programas Regionales del Banco Interamericano de Desarrollo (INDES/BID) y fue expuesto en ocasión del Foro de Política sobre "Cultura, Desarrollo e Integración" organizado por el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (INTAL) del Banco Interamericano de Desarrollo, el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la República Argentina y la Fundación El Libro. El evento se llevó a cabo los días 20 y 21 de abril de 2000 durante la Feria Internacional del Libro, Buenos Aires, Argentina. 

INDICE 
I. EL NUEVO DEBATE SOBRE EL DESARROLLO
II. LA CRISIS DEL PENSAMIENTO ECONOMICO CONVENCIONAL 

I. EL NUEVO DEBATE SOBRE EL DESARROLLO 
A fines del siglo XX la humanidad cuenta con inmensas fuerzas productivas. Las revoluciones tecnológicas en curso han alterado sustancialmente sus capacidades potenciales de generar bienes y servicios. Los avances simultáneos en campos como la informática, la biotecnología, la robótica, la microelectrónica, las telecomunicaciones, la ciencia de los materiales y otras áreas, han determinado rupturas cualitativas en las posibilidades usuales de producción, ampliándolas extensamente, y con un horizonte de continuo crecimiento hacia adelante. Sin embargo, 1.300 millones de personas carecen de lo más mínimo y viven en pobreza extrema con menos de un dólar de ingresos al día, 3.000 millones se hallan en pobreza, teniendo que subsistir con menos de dos dólares diarios, 1.300 millones de personas carecen de agua potable, 3.000 millones no tienen instalaciones sanitarias básicas, y 2.000 millones no reciben electricidad. 
Alcanzar la deseada meta del desarrollo económico y social es más viable que nunca en términos de tecnologías y potencial productivo pero, al mismo tiempo, el objetivo se halla muy distante de amplias poblaciones en diversos continentes, entre ellos, en América Latina. 
La "aldea global" en que se ha convertido el planeta, en donde las interrelaciones entre los países y los mercados se multiplican continuamente, parece caracterizarse por una explosión de complejidad, direcciones contradictorias de evolución, y altas dosis de incertidumbre. Exploradores de las fronteras de las nuevas realidades, como Prygogine [1988], Premio Nobel de Química, ha señalado que la mayor parte de las estructuras de la realidad actual, son "estructuras disipativas de final abierto", es difícil predecir en qué sentido evolucionarán, y las lógicas tradicionales son impotentes para explicar su curso. Morín [1991] resalta que en lugar del "fin de la historia", vaticinado por algunos que alegaron que al desaparecer el mundo bipolar, la historia sería previsible y hasta "aburrida", lo que tenemos ante nuestros ojos es que "de aquí en adelante el futuro se llama incertidumbre". La historia en curso está marcada por severas contradicciones. Así, al mismo tiempo, por ejemplo, que el conocimiento tecnológico disponible ha multiplicado las capacidades de dominar la naturaleza, el ser humano está creando desequilibrios ecológicos de gran magnitud, poniendo en peligro aspectos básicos del ecosistema, y su propia supervivencia. Mientras que las capacidades productivas han llevado la producción mundial a más de US$ 25 trillones, las polarizaciones sociales se han incrementando fuertemente y, según los informes de las Naciones Unidas (1998), 358 personas son poseedoras de una riqueza acumulada superior a la del 45% de la población mundial. Las disparidades alcanzan los aspectos más elementales de la vida cotidiana. 
Los acelerados progresos en medicina, han permitido una extensión considerable en la esperanza de vida pero, mientras en las 26 naciones más ricas la misma alcanzaba en 1997, a 78 años de edad, en los 46 países más pobres era, en dicho año, de 53 años. La idea del progreso indefinido está siendo suplantada por visiones que asignan un rol mayor a las complejidades, las contradicciones, y las incertidumbres y buscan soluciones a partir de integrar las mismas a las perspectivas de análisis de la realidad.[0] 
En este marco general, hay un nuevo debate en activa ebullición en el campo del desarrollo. Buscando caminos más efectivos, en un mundo donde la vida cotidiana de amplios sectores está agobiada por carencias agudas, y donde se estima que una tercera parte de la población activa mundial se halla afectada por serios problemas de desocupación y subocupación, el debate está revisando supuestos no convalidados por los hechos, y abriéndose hacia variables a las que se asignaba escaso peso en las últimas décadas. 
Hay una revalorización en el nuevo debate de aspectos no incluidos en el pensamiento económico convencional. Se ha instalado una potente área de análisis en vertiginoso crecimiento que gira en derredor de la idea de "capital social". Uno de los focos de ese área, a su vez con su propia especificidad, es el reexamen de las relaciones entre cultura y desarrollo. Como señala Arizpe [1998], "la cultura ha pasado a ser el último aspecto inexplorado, de los esfuerzos que se despliegan a nivel internacional, para fomentar el desarrollo económico". Iglesias [1997], subraya que se abre en este reexamen de las relaciones entre cultura y desarrollo, un vasto campo de gran potencial. Resalta "hay múltiples aspectos en la cultura de cada pueblo que pueden favorecer a su desarrollo económico y social, es preciso descubrirlos, potenciarlos y apoyarse en ellos, y hacer esto con seriedad significa replantear la agenda del desarrollo de una manera que a la postre resultará más eficaz, porque tomará en cuenta potencialidades de la realidad que son de su esencia y, que hasta ahora, han sido generalmente ignoradas". 
Ubicado en este contexto bullente en reclamos por rediscutir la visión convencional del desarrollo, e integrar nuevas dimensiones, este trabajo procura poner a foco un tema relevante del nuevo debate, las posibilidades del capital social y de la cultura, de aportar al desarrollo económico y social. Particularmente, el trabajo se centra en sus posibles contribuciones a América Latina, una región con graves problemas en los campos de la pobreza (afecta a vastos sectores de la población) y de la inequidad (es considerado el Continente más desigual del Planeta). Seguramente la integración de estos planos complejizará aún mucho más la búsqueda de estrategias y diseños adecuados. Pero esa es la idea. Las políticas basadas en diseños que marginan aspectos como los mencionados, han demostrado muy profundas limitaciones. 
El trabajo se propone cumplir su propósito a través de varios momentos sucesivos de análisis. En primer lugar se presentan aspectos de la crisis del pensamiento económico convencional. La nueva atención prestada a capital social y cultura, se inscribe en esa crisis. En segundo término se explora la idea de capital social. El énfasis se pone, en este caso, no en la discusión teórica, sino en la presencia concreta del mismo en realidades actuales. En tercer término, con apoyo en los desarrollos anteriores, se ingresa a observar "el capital social en acción" en realidades latinoamericanas. Se indaga a través de experiencias concretas de la región, cómo el capital social y la cultura constituyen potentes instrumentos de construcción histórica. Por último, se formulan algunas reflexiones sobre posibles aportes de la cultura al desarrollo latinoamericano. 

II. LA CRISIS DEL PENSAMIENTO ECONOMICO CONVENCIONAL 
Se hallan en plena actividad, actualmente, diversas líneas de discusión sobre los supuestos económicos que han orientado el desarrollo en las últimas décadas. El debate en curso no aparece como un debate hacia el interior de la academia, en donde diversas escuelas de pensamiento o personalidades defienden determinados enfoques surgidos de su propia especulación. Está fuertemente influido por las dificultades del pensamiento convencional en la realidad. Lo han dinamizado y urgido procesos como los severos problemas experimentados por las economías del Sudeste asiático, las graves crisis observables en economías en transición, como la rusa, las inestabilidades pronunciadas en los mercados financieros internacionales, los desajustes y las polarizaciones sociales en regiones como América Latina, y otros. Aparece gracias a los importantes avances en la medición de los fenómenos económicos y sociales, como un debate en donde la especulación infinita a partir de las propias premisas, característica de décadas anteriores, es reemplazado por análisis que arrancan de la vasta evidencia empírica que está generando el instrumental cuantitativo y estadístico. 
Una primera característica de la crisis en curso es el llamado, cada vez más amplio, a respetar la complejidad de la realidad. Se previene contra la "soberbia epistemológica" conque el pensamiento económico convencional trabajó múltiples problemas, pretendiendo capturarlos y resolverlos a partir de marcos de referencia basados en grupos de variables limitadas, de índole casi exclusivamente económico, que no dejaban espacio a variables de otras procedencias. Stiglitz [abril de 1998] reclama que "un principio del consenso emergente es que un mayor grado de humildad es necesario". Aboga por un nuevo consenso, post Washington, ante las dificultades surgidas en la realidad. Señala a América Latina como uno de los casos que evidencia las dificultades. Afirma: "yo argumentaría que la experiencia latinoamericana sugiere que deberíamos reexaminar, rehacer y ampliar, los conocimientos acerca de la economía de desarrollo que se toman como verdad, mientras planificamos la próxima serie de reformas". 
Otro aspecto sobresaliente de la nueva discusión sobre el desarrollo, es la apelación cada vez más generalizada a superar los enfoques reduccionistas y buscar, para captar la complejidad, perspectivas integradoras de variables múltiples. Iglesias [1997] advierte: "El desarrollo sólo puede encararse en forma integral; los enfoques monistas sencillamente no funcionan". Stiglitz [octubre de 1998] destaca que se ha visto al desarrollo como un "problema técnico que requiere soluciones técnicas", y esa visión ha chocado con la realidad que va mucho mas allá de ella. Señala que "un evento definidor ha sido que muchos países han seguido los dictados de liberalización, estabilización y privatización, las premisas centrales del llamado Consenso de Washington y, sin embargo, no han crecido. Las soluciones técnicas no son evidentemente suficientes". 
Un tema resaltante de la discusión abierta es el énfasis en no confundir los medios con los fines, desvío en el que se sugiere, se ha caído con frecuencia. Los objetivos finales del desarrollo tienen que ver con la ampliación de las oportunidades reales de los seres humanos, de desenvolver sus potencialidades. Una sociedad progresa efectivamente cuando los indicadores claves, como años que la gente vive, calidad de su vida, y desarrollo de su potencial avanzan. Las metas técnicas son absolutamente respetables y relevantes, pero son medios al servicio de esos objetivos finalistas. Si se produce un proceso de sustitución silenciosa de los fines reales por los medios, se puede perder de vista el horizonte hacia el cual se debería avanzar, y equivocar los métodos para medir avance. La elevación del Producto Bruto per cápita, por ejemplo, aparece en la nueva perspectiva como un objetivo importante y deseable, pero sin dejar de tener nunca en cuenta que es un medio al servicio de fines mayores, como los índices de nutrición, salud, educación, libertad, y otros. Sus mediciones no reflejan por tanto, necesariamente, lo que está sucediendo en relación a dichas metas. Sen [1998] analiza detalladamente esta visión general en el caso de los recursos humanos. Señala que constituye un progreso considerable el nuevo énfasis puesto en los mismos, pero que debe entenderse que el ser humano no es sólo un medio del desarrollo, sino, su fin último. Esa visión no debe perderse de vista. 
Subraya "Si en última instancia considerásemos al desarrollo como la ampliación de la capacidad de la población para realizar actividades elegidas libremente y valoradas, sería del todo inapropiado ensalzar a los seres humanos como instrumentos del desarrollo económico. Hay una gran diferencia entre los medios y los fines". 
Stiglitz [octubre de 1998] enfatiza que la confusión medios-fines ha sido frecuente en la aplicación del Consenso de Washington: "se ha tomado la privatización y la liberalización comercial como fines en sí mismos más que como medios para alcanzar un crecimiento sostenible, equitativo y democrático. Se ha focalizado demasiado en la estabilidad de los precios, más que en el crecimiento y la estabilidad de la producción. Se ha fallado en reconocer que el fortalecimiento de las instituciones financieras es tan importante para la estabilidad económica, como controlar el déficit presupuestario y aumentar la oferta de dinero. Se ha centrado en la privatización, pero se ha puesto demasiada poca atención a la infraestructura institucional, que es necesaria para hacer que los mercados funcionen y, especialmente, a la importancia de la competición". 
A partir de estas percepciones sobre la estrechez del enfoque meramente técnico y la necesidad de delimitar fines y medios, se plantean visiones ampliatorias de los objetivos que debería perseguir el desarrollo. Junto al crecimiento económico, surge la necesidad de lograr desarrollo social, mejorar la equidad, fortalecer la democracia, y preservar los equilibrios medioambientales. El Consenso de los Presidentes de América en Santiago (1998), reflejó este orden de preocupaciones incluyendo, en su plan de acción, puntos que exceden a los abordajes convencionales como, entre otros: el énfasis en la promoción de la educación, la preservación y profundización de la democracia, la justicia y los derechos humanos, la lucha contra la pobreza y la discriminación, el fortalecimiento de los mercados financieros, y la cooperación regional en asuntos ambientales. 
Se resalta en las críticas al pensamiento económico convencional cómo las limitaciones de su marco de análisis, han creado serias insuficiencias de operación. Variables excluidas o marginadas como, entre otras, las políticas, y las institucionales, tienen alto peso en la realidad y van a incidir fuertemente creando escenarios no previstos. Quejarse de ellas como "intrusos indeseables" no conduce a ningún camino útil. Pareciera que lo que corresponde no es reclamarle a la realidad, sino revisar el esquema conceptual con el que se está analizando, para darles su debido lugar. 
Alessina y Peroti [1994], entre otros, plantean la necesidad de ingresar en un examen en profundidad de las intersecciones entre política y economía. Destacan: "... la economía sola no puede explicar integralmente la enorme variabilidad entre los países en el crecimiento y más generalmente los resultados económicos y las alternativas de política. Las elecciones de políticas económicas no son hechas por planificadores sociales que viven sólo entre documentos académicos. Más bien, la política económica es el resultado de luchas políticas dentro de estructuras institucionales". 
Sen analiza, al respecto, cómo las realidades políticas son determinantes en las hambrunas masivas que han afligido a amplios grupos humanos en el presente siglo. Según sus investigaciones [1981], las hambrunas no tienen que ver necesariamente con escaseces de recursos alimenticios. Se vinculan más con factores como las disparidades de precios relativos, los bajos salarios, y las maniobras especulatorias. El cuadro de condiciones políticas pesa fuertemente al respecto. Examinando las correlaciones entre hambrunas masivas y tipo de régimen político, determina [1998] que "ningún país dotado de un sistema de elecciones multipartidistas, con partidos de oposición capaces de expresarse como tales, de una prensa capacitada para informar y poner en tela de juicio la política gubernamental sin temor a ser censurada, ha sido escenario de hambrunas realmente importantes". En esos países funcionan poderosos "incentivos políticos" para que se tomen decisiones que eviten la hambruna. En cambio, observa que las hambrunas de mayores proporciones han tenido lugar en: "territorios colonizados y gobernados por autoridades imperialistas extranjeras, dictaduras militares de corte moderno, bajo el control de potentados autoritarios, o regímenes de partido único donde no se tolera la disidencia política". 
"Las instituciones cuentan", es el título de un reciente trabajo del Banco Mundial sobre la materia [1998]. El mismo, desarrolla en detalle la visión de que todo el tema de las instituciones debe ser incorporado al análisis de las realidades económicas y el diseño de políticas. Entiende, como tales, al conjunto de reglas formales e informales y sus mecanismos de ejecución que inciden sobre el comportamiento de los individuos y las organizaciones de una sociedad. Entre las formales se hallan las constituciones, leyes, regulaciones, contratos, etc. Entre las informales están la ética, la confianza, los preceptos religiosos y otros códigos implícitos. Una de las debilidades del Consenso de Washington habría sido, según el Banco Mundial, la no inclusión de las mismas entre las políticas que recomienda. Señala al respecto: "Con una sola excepción (la protección de los derechos de propiedad), las prescripciones de política del Consenso de Washington ignoran el rol potencial que los cambios en las instituciones pueden jugar en acelerar el desarrollo económico y social". 
Un amplio número de investigaciones recientes da cuenta de correlaciones estadísticas significativas entre buen funcionamiento de instituciones básicas, como los mecanismos anticorrupción, la calidad de las instituciones públicas, la credibilidad, y otras, y los avances en crecimiento, desarrollo social y equidad. 
En las reformulaciones en curso del pensamiento económico convencional ha ingresado, como un tema central, el del capital humano. Mejorar el perfil de la población de un país es un fin en sí mismo, como resaltaba Sen. Al mismo tiempo, constituye una vía fundamental para alcanzar productividad, progreso tecnológico y competitividad en los escenarios económicos de fin de siglo. En ellos el papel del capital humano en la producción es decisivo. En estructuras productivas, cada vez más basadas en conocimiento, como las presentes y prospectivas, los niveles de calificación promedio de una sociedad van a ser determinantes en sus posibilidades de generar, absorber y difundir tecnologías avanzadas. La educación hace una diferencia crucial según las mediciones disponibles, tanto para la vida de las personas, el desenvolvimiento de las familias, la productividad de las empresas, y los resultados económicos macro de un país. Es, como se la ha denominado, una estrategia "ganadora" con beneficios para todos. La nutrición y la salud son a su vez, desde ya, condiciones de base para el desenvolvimiento del capital humano. 
En este cuadro de conjunto, donde las dificultades de la realidad han impulsado una crisis y un proceso de reenfoque profundo del pensamiento económico, se inscribe la integración activa a los análisis del capital social y de la cultura. Una ola de investigaciones de los últimos años indica, con datos de campo a su favor, cómo diversos componentes no visibles del funcionamiento cotidiano de una sociedad, que tienen que ver con la situación de su tejido social básico, inciden silenciosamente en las posibilidades de crecimiento y desarrollo. Denominados capital social, serán explorados en la sección siguiente. Empiezan a influir en el diseño de políticas en algunos países avanzados, han comenzado a formar parte de la elaboración de los proyectos de desarrollo, e instituciones de cooperación internacional, están incluyendo los progresos en capital social, en los criterios de medición del grado de éxito de los proyectos. 
Al centro del capital social se hallan múltiples elementos del campo de la cultura. Como lo destaca Arizpe [1998], tienen todo orden de implicancias prácticas y han sido marginados por el pensamiento convencional. Destaca: "La teoría y la política del desarrollo deben incorporar los conceptos de cooperación, confianza, etnicidad, identidad, comunidad y amistad, ya que estos elementos constituyen el tejido social en que se basan la política y la economía. En muchos lugares, el enfoque limitado del mercado basado en la competencia y la utilidad está alterando el delicado equilibrio de estos factores y, por lo tanto, agravando las tensiones culturales y el sentimiento de incertidumbre". 
El capital social y la cultura han comenzado a instalarse en el centro del debate sobre el desarrollo, no como adiciones complementarias a un modelo de alto vigor que se perfecciona un poco más con ellos. Todo el modelo está sufriendo severas dificultades por sus distancias con los hechos, y las críticas procedentes de diversos orígenes se encaminan de un modo u otro a "recuperar la realidad" con miras a producir, en definitiva, políticas con mejores chances respecto a las metas finales. En ese encuadre, el ingreso al debate de los mismos forma parte del esfuerzo por darle realidad a toda la reflexión sobre el desarrollo. 
El replanteo del modelo no se está haciendo solamente a través de la inclusión de diversas variables ausentes. Está en discusión un aspecto subyacente más profundo, la lógica de las interrelaciones. Una parte significativa del nuevo debate está concentrado en el análisis de cómo se han subestimado los encadenamientos recíprocos entre las diversas dimensiones, y cómo ello ha generado errores de consideración en la preparación de políticas. Alessina y Peroti [1994], por ejemplo, subrayan sobre una interrelación clave: "... la desigualdad en los ingresos es un determinando importante de la inestabilidad política. Los países con un ingreso más desigualmente distribuido son políticamente más inestables. A su vez la inestabilidad política tiene efectos adversos sobre el crecimiento". 
Las áreas económica, política y social están inextricablemente ligadas. Lo que suceda en cada una de ellas va a condicionar severamente las otras. La visión puramente economicista del desarrollo puede tropezar, en cualquier momento, con bloqueos muy serios que surgen de las otras áreas, y así se ha dado en la realidad. 
Hay en curso, en ese marco, una reevaluación integral de las relaciones entre crecimiento económico y desarrollo social. En la visión convencional se suponía que, alcanzando tasas significativas de crecimiento económico, el mismo se "derramaría" hacia los sectores más desfavorecidos y los sacaría de la pobreza. El crecimiento sería, al mismo tiempo, desarrollo social. Las experiencias concretas han indicado que las relaciones entre desarrollo económico y desarrollo social son de carácter mucho más complejo. El seguimiento de la experiencia de numerosos países, efectuado por las Naciones Unidas a través de sus informes de Desarrollo Humano, no encuentra corroboración para los supuestos del llamado modelo de derrame. 
No basta el crecimiento para solucionar la pobreza. Siendo absolutamente imprescindible, el mismo puede quedar estacionado en ciertos sectores de la sociedad, y no llegar a los estratos sumergidos. Pueden incluso darse tasas significativas de crecimiento y, al mismo tiempo, continuar en vigencia agudas carencias para amplios sectores de la población. Migdley [1995] señala que esa forma de crecimiento ha caracterizado a muchas naciones desarrolladas y en desarrollo en los últimos años, y la denomina "desarrollo distorsionado". El crecimiento, constata, no ha sido acompañado en ellas por un mejor acceso a protección de salud, educación, servicios públicos y otros factores que contribuyen al bienestar social. Se plantea entonces que, junto a los esfuerzos que es desde ya necesario realizar por el crecimiento, deben practicarse activas políticas de desarrollo social, y debe mejorarse la equidad. Formarán parte de dichas políticas inversiones, mantenidas en el tiempo y considerables, en educación y salud, extensión de los servicios de agua potable, instalaciones sanitarias y energía eléctrica, protección a la familia, y otras. Para que el crecimiento signifique bienestar colectivo, debe haber simultáneamente desarrollo social. 
El análisis de las interrelaciones entre ambos está yendo, incluso, más lejos. Se resalta que son interdependientes. Wolfensohn [1996], Presidente del Banco Mundial, ha planteado al respecto: "Sin desarrollo social paralelo no habrá desarrollo económico satisfactorio". 
Efectivamente, el desarrollo social fortalece el capital humano, potencia el capital social, y genera estabilidad política, bases esenciales para un crecimiento sano y sostenido. Touraine [1997] sugiere que es necesario pasar a una nueva manera de razonar el tema: "Queda así planteado el principio central de una nueva política social: en vez de compensar los efectos de la lógica económica, esta debe concebirse como condición indispensable del desarrollo económico". 
La visión que aparece es la de que no es viable el desarrollo social sin crecimiento económico pero el mismo, a su vez, no tendrá carácter sustentable si no está apoyado en un intenso crecimiento social. 
Otro eje analizado son las relaciones entre grado de democracia y desarrollo social. Wickrama y Mulford [1996], entre otros, han examinado las correlaciones estadísticas respectivas. Sus datos indican que cuando aumenta la participación democrática, y se dispersa el poder político entre el conjunto de la población, mejoran los indicadores de desarrollo social. Los gobiernos tienden a responder más cercanamente a las necesidades de la mayoría de la población. 
Sumando factores, Wolfensohn [1998] sugiere la imprescindibilidad de ir más allá de los enfoques unilaterales: 
· "Debemos ir más allá de la estabilización financiera. Debemos abordar los problemas del crecimiento con equidad a largo plazo, base de la prosperidad y el progreso humano. Debemos prestar especial atención a los cambios institucionales y estructurales necesarios para la recuperación económica y el desarrollo sostenible. Debemos ocuparnos de los problemas sociales. 
· Debemos hacer todo eso. Porque si no tenemos la capacidad de hacer frente a las emergencias sociales, si no contamos con planes a más largo plazo para establecer instituciones sólidas, si no logramos una mayor equidad y justicia social, no habrá estabilidad política. Y sin estabilidad política, por muchos recursos que consigamos acumular para programas económicos, no habrá estabilidad financiera". 
Como se observa, en la imagen transmitida, la estabilidad financiera no es posible sin estabilidad política. Ella a su vez está muy ligada a los grados de equidad y justicia social. El frente a abordar es muy amplio. Es necesario atacar, al mismo tiempo que los problemas económicos y financieros, los sociales, y avanzar en las transformaciones institucionales. 
El capital social y la cultura son componentes claves de estas interacciones. Las personas, las familias, los grupos, son capital social y cultura por esencia. Son portadores de actitudes de cooperación, valores, tradiciones, visiones de la realidad, que son su identidad misma. Si ello es ignorado, salteado, deteriorado, se inutilizarán importantes capacidades aplicables al desarrollo, y se desatarán poderosas resistencias. Si, por el contrario, se reconoce, explora, valora, y potencia su aporte, puede ser muy relevante y propiciar círculos virtuosos con las otras dimensiones del desarrollo. 
La crisis de la reflexión convencional sobre el desarrollo en marcha está abriendo, entre otras, la oportunidad de cruzar activamente capital social, cultura, y desarrollo. Hasta hace poco la corriente principal de trabajo sobre desarrollo prestaba limitada atención a lo que sucedía en dichos campos. A su vez, en ellos, muchas indagaciones se realizaban al margen de posibles conexiones con el proceso de desarrollo. La crisis, que busca ampliar el marco de comprensión para poder superar la estrechez evidenciada por el marco usual, crea un vasto espacio para superar los aislamientos. En la sección siguiente se intenta avanzar en esa dirección, explorando algunos de las múltiples interrelaciones posibles. 

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