PRIMERA BOLETINA  FEMINISTA
Lanzamiento oficial: 26 de agosto del 2001
San José de Costarrica

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Los monólogos de la vagina

de Eve Ensler

Traducción y adaptación: Susana Moscatel / Erick Merino

México V3.5 - 28-IX-2000

LOS MONÓLOGOS DE LA VAGINA
· Introducción

· Pelos
· Si tu vagina se vistiera, ¿qué se pondría?
· Si tu vagina pudiera hablar, ¿qué diría?
· La Inundación
· El Taller de la Vagina
· Feliz dato vaginal - Clítoris
· Por qué le gustaba verla
· Datos no muy felices
· Mi vagina era mi aldea
· Mi vagina furiosa
· La Paparrucha en el País de las Maravillas
·¿A qué huele tu vagina?
· Reconquistando el coño
· A una niña de 6 años se le preguntó
· La mujer que amaba hacer felices a otras vaginas
· Yo estaba ahí

INTRODUCCIÓN
MUJER 1
Apuesto a que están preocupados.

MUJER 2
Nosotras estábamos preocupadas.

MUJER 3
Nos preocupaban las vaginas.

MUJER 1
Nos preocupaba lo que pensábamos acerca de las vaginas, y aún más nos preocupa el hecho de que no pensamos en ellas. Estábamos preocupadas por nuestras propias vaginas. Ellas necesitaban el contexto de otras vaginas -- ser parte de una cultura, de una comunidad de vaginas. Hay tantos secretos y tanto misterio en torno a ellas, que acaban siendo como el triángulo de las Bermudas. Nadie se vuelve a reportar desde allá.

MUJER 2
Para empezar, ni siquiera es tan fácil encontrar a tu vagina. Hay mujeres que pasan semanas, meses y a veces hasta años sin ni siquiera voltearla a ver. Entrevistamos a un ejecutiva, a una directora de empresa, y dijo que estaba muy ocupada; y que no tenía tiempo. "Ver tu propia vagina", dijo, "es un trabajo que te toma todo el día. Te tienes que acostar recargada en tu espalda y para llegar hasta allá abajo, debes acomodarte frente a un espejo qué esté fijo - y que sea, de preferencia, de cuerpo completo. Tienes que lograr la posición perfecta, con la iluminación perfecta - pero aun así, de alguna manera, se meten sombras por el ángulo en el que estás en relación al espejo. Acabas toda enrollada con el cuello estirado hacia arriba y con la espalda reventada. Para entonces, ya estás exhausta". Ella dijo que no tenía tiempo para eso. Que estaba ocupada.

MUJER 3
Así fueron las entrevistas de la vagina, que después se convirtieron en los monólogos de la vagina. Más de doscientas mujeres fueron entrevistadas. Mujeres viejas, mujeres jóvenes, mujeres casadas, mujeres solteras, lesbianas, maestras de universidad, actrices, empresarias, sexoservidoras, negras, latinas, asiáticas, indígenas, caucásicas, judías, menonitas: bueno... Al principio estas mujeres no estaban muy dispuestas a hablar. Les daba un poco de pena. Pero una vez que comenzaban, ya no podías pararlas. En privado, a las mujeres les encanta hablar de sus vaginas. Para ellas es algo muy excitante, en gran parte, por que nunca nadie les había preguntado antes.

MUJER 1
Hay que empezar por la palabra "vagina". En el mejor de los casos, suena como a una infección, o quizás como un instrumento médico: "Enfermera, ¡apúrese, tráigame la vagina!" "Vagina." "Vagina." No importa cuantas veces digas la palabra. Nunca va a sonar como a algo que quieras decir. Es una palabra realmente ridícula, y nada sexy. Si la usas durante el sexo, tratando de ser propia y prudente - "¿Cariño, me podrías acariciar la vagina?" - le das en la torre a todo el acto.

MUJER 2
Nos preocupaban las vaginas, los nombres que les damos, y los que no.

MUJER 3
En Polanco le dicen osito. Una mujer de allá dijo que su mamá le decía -"No uses chones debajo de tu piyama, mi niña, por que si no, ¿cómo vas a ventilar a tu osito?"-

MUJER 1
En Lomas de Sotelo le llaman la bodeguita.

MUJER 2
Y en Bosques de Las Lomas, la llaman, pero no viene.

MUJER 3
También se les conoce como la pepa, la pucha, la paloma, la papaya, el peluche, la panela, la pepita, la panocha.

MUJER 1
Sapo, sope, funda, canoa, virginia.

MUJER 2
Paparrucha, el de enfrente, bújero, garaje.

MUJER 3
El nomeniegues

MUJER 1
Bizcocho, bollo, dona, concha

MUJER 2
Araña, maraña, nidito, payaso, cajeta

MUJER 3
Almeja, cuEve, ojal, tuhollito, huequito

MUJER 1
En la televisión le dicen tu pase de entrada.

MUJER 2
En Mérida le han dicho el panucho.

MUJER 3
Y El tápatelo chula en Tapachula.

MUJER 1,2 y 3
Nos preocupan las vaginas.

[INTRODUCCIÓN - "Pelos"]
Algunos de estos monólogos están basados en los relatos de una mujer, algunos otros se basan en los relatos de muchas mujeres que tocan el mismo tema; y en algunas ocasiones, una buena idea se convierte en un escándalo. Hay un tema muy delicado que fue recurrente en todas las entrevistas que realizamos, y este monólogo nació a partir de la historia de una sola mujer.

El tema en cuestión es:

PELOS
No puedes amar a una vagina si no amas a los pelos. Mucha gente no ama a los pelos. Mi primer y único esposo odiaba los pelos. Dijo que estaban enmarañados y sucios e hizo que me rasurara la vagina. Se veía inflamada y expuesta como una niñita. Esto lo excitaba. Cuando me hacía el amor, mi vagina se sentía como se ha de sentir una barba. Se sentía bien al frotarla y a la vez doloroso. Como cuando te rascas un piquete de mosco. La sentía como si se me estuviera quemando y me salió una erupción de puntitos rojos lacerados. Me rehusé a rasurármela de nuevo. Entonces mi esposo me puso el cuerno. Fuimos a terapia de pareja, y él dijo que se acostaba con otra porque yo no lo satisfacía sexualmente, que yo me negaba a rasurarme la vagina. La terapeuta tenía acento alemán y suspiraba (suspiro) entre frases (suspiro) para demostrar su apego emocional. Me preguntó por qué no quería darle placer a mi esposo y le contesté que era una situación muy extraña. Qué cuando yo no tenía pelo ahí, me sentía pequeñita y no podía dejar de a hablar con voz de bebé, además la piel se me irritaba, y ni siquiera el Caladril me ayudaba. Ella me dijo que el matrimonio se trataba de ponerse de acuerdo y siempre llegar a justos medios.

Le pregunté que si el rasurarme la vagina conseguiría que mi esposo dejara de engañarme. Le pregunté que si ella ya había atendido muchos casos como éste. Y me dijo que las preguntas sólo diluían el proceso; que necesitaba echarle ganas y me aseguró que sería un buen comienzo.

Esa vez, cuando llegamos a la casa, a mi esposo le tocó rasurarme la vagina. Se lo ganó. Fue su premio por ir a terapia. Pasó el rastrillo algunas veces y quedó un poco de sangre en la tina. Él estaba tan feliz por poderme rasurar que ni cuenta se dio. Después, cuando mi esposo se apretaba contra mi, pude sentir como se me clavaba su punzante filo en mi desnuda e hinchada vagina. No había protección, no estaba mullidito.

Me di cuenta de que hay una razón para que los pelos estén ahí - son la hoja alrededor de la flor, el pasto alrededor de la casa. Tienes que amar a los pelos para poder amar a la vagina. No puedes escoger las partes que te gustan. Y de todas maneras, mi esposo nunca me dejo de poner el cuerno.

MUJER 1
A todas las mujeres se les hicieron las siguientes preguntas.

MUJER 2
Si tu vagina se vistiera, ¿qué se pondría?

MUJER 3
una boina
una chamarra de piel
medias de seda
un mink
una boa de plumas rosas
un esmoquin de hombre
jeans

MUJER 1
algo muy pegado
esmeraldas
un vestido de noche
lentejuelas

MUJER 2
sólo Armani

MUJER 1
un tutú
calzones negros transparentes
un vestido escotado

MUJER 2
algo que pueda meter en la lavadora

MUJER 3
un antifaz
una piyama de terciopelo morado
angora
un moño rojo
armiños y perlas

MUJER 1
un sombrerito de leopardo
un kimono de seda
pants
un tatuaje

MUJER 2
un aparato que de electroshocks para alejar a los extraños indeseables

MUJER 3
tacones
encaje y botas militares
plumas, ramitas y conchitas moradas
algodón

MUJER 1
un babero

MUJER 2
un bikini

MUJER 3
un impermeable

MUJER 2
Si tu vagina pudiera hablar, ¿qué diría? Dos palabras.

MUJER 3
Más despacito

MUJER 1
¿Eres tú?

MUJER 2
aliméntame
yo quiero
Mmm Mmnnnn
oh sí

MUJER 3
Otra vez
no, por acá

MUJER 1
lámeme ya
no te vayas
que aventada

MUJER 2
Ahora me cumples
más, por favor
abrázame bien

MUJER 3
Vente a jugar
No pares
Más, más
¿me recuerdas?
Entra, bienvenido
Todavía no
Ay mami
sí sí
hazme temblar

MUJER 1
Entra bajo tu propio riesgo

MUJER 2
Ay dios
Gracias dios
aquí estoy
vamos, vamos
¿qué esperas?

MUJER 1
no te rindas
Bonjour
¿ya acabaste?
muchas gracias

MUJER 2
¿y Marco?
está mejor
Sí, ahí, ahí.

[Introducción - "La Inundación"]
Se entrevistó a un grupo de mujeres de 65 a 75 años de edad. Estas pláticas fueron las más intensas porque probablemente nunca antes les habían hecho preguntas acerca de sus vaginas. Una mujer que tenía 72 años jamás había visto su propia vagina. Ella se la lavaba en la regadera y en la tina, pero nunca conscientemente. Nunca había tenido un orgasmo. A los 72 años entró a terapia, y con la ayuda de su terapeuta, una tarde se fue solita a su casa, prendió unas velas, se metió a la tina, puso algo de música, y ella misma se puso a trabajar allá abajo. Dijo que le tomó más de una hora, por que sufría de artritis, pero cuando finalmente encontró su clítoris, dijo que lloró. Éste monologo es para ella.

LA INUNDACIÓN
¿Allá abajo? No he ido ahí desde 1953. No, en verdad no tuvo nada que ver con Ruíz Cortines. No, no, allá abajo es un sótano. Es húmedo y frío. Para nada querrás ir allá abajo. Créeme. Te daría asco. Te sofocas. Es extremadamente nauseabundo. El aroma de lo enmohecido y la humedad pegajosa y todo eso. !Guácala! Y esos olores insoportables se impregnan en tu ropa.

No, no tuve ningún accidente ahí. No explotó, ni le prendieron fuego, ni nada. No fue algo tan dramático. O sea... quiero decir, olvídelo. No, olvídelo. No le puedo hablar a usted de esto. ¿Qué anda haciendo una linda muchacha como usted por ahí platicando con ancianitas acerca de su cosita? Cuando yo era una niña, no solíamos hacer este tipo de cosas. ¿Qué? ¡Ay por Dios! Pues te lo cuento.

Había un muchachito, Víctor Romero. Era guapo -- bueno, al menos yo lo pensaba. Y alto, como yo, realmente me encantaba. Y me pidió que saliéramos a dar la vuelta en su coche...

Ay no te puedo contar esto. No puedo hacerlo, ¿cómo voy a hablar de eso? Una sabe que está allá abajo. Como un sótano. A veces oyes ruidos que vienen desde ahí. Puedes escuchar la tubería y también a las cosillas que se quedan atrapadas, animalitos y cosas, a veces se moja, y en ocasiones alguien tiene que venir a destapar la cañería. Independientemente de eso, la puerta se mantiene cerrada. Te olvidas de ello. Quiero decir que es parte de la casa, pero la parte que no ves, o no te pones a pensar en ella. Sin embargo, tiene que estar, porque todas las casas necesitan un sótano. De otro modo la recámara estaría en la cisterna.

Ay Víctor, Víctor Romero. Claro. Víctor era muy atractivo. Un muy buen partido. Así es como le decíamos en mi época. Estábamos en su coche nuevo, un MG blanco. Me acuerdo que me puse a pensar que mis piernas eran demasiado largas para el asiento. Soy de piernas largas. Y se estaban golpeando contra el tablero. Yo estaba viendo mis rodillas cuando de repente me dio un beso sorpresa "de esos de arrebato y dominio como en las películas". Me excité, y me excité tanto que entonces hubo una inundación allá abajo. No la podía controlar. Era como un impulso pasional, y este río de vida se desbordaba fuera de mi, pasando directamente a través de mis calzones, justo al asiento nuevo de su coche, de su MG nuevo. No era pipí y apestaba -- bueno, francamente a mi no me olió a nada, pero Víctor me señaló, él me dijo que apestaba a leche cortada y que estaba manchando el asiento de su coche. También dijo que yo era "una chica rara y apestosa". Yo quería explicarle que su beso me tomó por sorpresa, que normalmente yo no era así. Traté de limpiar la inundación con mi vestido. Era un vestido amarillo primaveral nuevecito, y se veía horrible por lo mojado de la inundación. Víctor me llevó a mi casa sin decir ni una palabra más y cuando salí y cerré la puerta de su coche, cerré el local para siempre. Bajo llave, jamás abriría sus puertas de nuevo. Salí con otros después de eso, pero la idea de la inundación me ponía demasiado nerviosa. Y nunca volví a acercarme de nuevo.

Y ya de más grande, empecé a tener sueños, unos sueños rarísimos. Ay pero si son bien mensos. ¿Por qué? Andrés García. No sé porqué. Durante el día, él nunca me emocionó, pero en mis sueños... siempre estábamos Andrés y yo, Andrés y yo, Andrés y yo. En general siempre era el mismo sueño. Estábamos saliendo. Andrés y yo. Estábamos en un restaurante como esos que ves en los hoteles de la Zona Rosa, enormes y con candiles y cosas y miles de meseros con chalecos. Andrés me daba un prendedor de florecitas, y yo me lo ponía en el saco. Reíamos. Siempre nos reíamos Andrés y yo, risas y más risas. Nos comíamos un cóctel de camarones. Camarones gigantes, unos camarones fabulosos. Y nos reíamos más. Estábamos muy felices juntos, entonces me volteaba a ver a los ojos y en medio del restaurante me jalaba hacia él -- y justo cuando me iba a besar, todo el restaurante empezaba a temblar, y por abajo de la mesa salían pichones volando -- no tengo ni idea de lo que estaban haciendo esos pichones allá abajo -- y la inundación salía directamente de ahí. Y emanaba de mí. Y emanaba y emanaba. Dentro de eso habían pescaditos y barquitos y todo el restaurante se inundaba con mi desbordamiento. Andrés, horrorizado, se veía terriblemente decepcionado de mí por lo que yo había vuelto a hacer. Él estaba ahí parado, en medio de eso, con la inundación hasta la mitad de la cintura, viendo a sus amigos, a Jorge Rivero y a Jorge Luke, que pasaban flotando, vestidos de esmoquin, alejándose de nosotros.

Ya no tengo esos sueños. Se acabaron desde que me sacaron todo lo de allá abajo. Me quitaron el útero, los tubos, todo el paquetito. El doctor pensó que estaba siendo chistoso. Me dijo - "si no puedes usarlo, pues hay que sacarlo" - Pero descubrí que, de hecho, se trataba de cáncer. Todo lo que estaba a su alrededor se tenía que tirar. De cualquier forma, ¿quién lo necesita? Le dan más importancia que la que tiene. Me he dedicado a otras cosas. Hago arreglos florales y soy voluntaria del Hospital Inglés.

Me preguntas que si se vistiera que - "¿qué se pondría?" - ¿Qué tipo de pregunta es esa? ¿Qué se pondría? Se pondría un enorme letrero:

CLAUSURADO POR INUNDACIONES
Qué -"¿qué diría?"- Ya te lo dije. No es así, no es como una persona que habla. Hace mucho tiempo que dejó de hablar. Es un lugar. Un sitio al que no vas. Está clausurado, está allí abajo, hasta abajo de tu casa.

¿Feliz? Me hiciste hablar. Lograste sacármelo. Lograste que una viejita hablara de su cosita. ¿Te sientes mejor ahora?

(Da la espalda, voltea de nuevo)

Sabes, de hecho tú eres la primera persona a la que le cuento esto y me siento un poco mejor.

[Introducción - "El Taller de la Vagina"]

Sabemos de varias mujeres, entre 30 y 40 años, que tuvieron su primer orgasmo en el mismo lugar. Platicando con ellas surgió el nombre de una persona que las ayudó a encontrar y así poder amar a su centro. Todo esto ocurrió en un taller en NuEve York, que creó una maravillosa mujer llamada Betty Dodson. Si alguna de ustedes esta interesada, búsquenla.

EL TALLER DE LA VAGINA
(acento de alta sociedad)

"Mi vagina es una conchita rosa, una frágil, tierna y redonda conchita que se abre y se cierra, se cierra y se abre. Mi vagina es una flor, un tulipán excéntrico, con el centro agudo y profundo y con un aroma delicado, y sus pétalos son tersos, pero firmes".

Esto no lo sabía antes. Lo aprendí en el Taller de la Vagina. Lo aprendí a través de una mujer que estaba a cargo del Taller de la Vagina, una mujer que cree en las vaginas, que realmente ve a las vaginas, y que ayuda a otras mujeres a ver sus propias vaginas, al verles las vaginas a otras mujeres.

En la primera sesión, la mujer que está a cargo del Taller de la Vagina nos pidió que hiciéramos un dibujo de nuestra "hermosa y fabulosa vagina sin igual" Así la llamó esa mujer. Quería saber como cada una de nosotras veía a su "hermosa y fabulosa vagina sin igual". Una mujer que estaba embarazada dibujó una enorme boca roja que gritaba, y de la cual caían monedas. Otra mujer, muy pero muy delgada, dibujó un platón de servicio, con unos dibujos de talavera. Yo dibujé un enorme punto negro con líneas onduladas alrededor. El punto era igual que un hoyo negro en el espacio, y las líneas onduladas se suponía que eran personas o cosas, o simplemente los típicos átomos que se pierden por ahí adentro. Siempre imaginé a mi vagina como una aspiradora anatómica que succiona partículas y objetos de su entorno al azar.

Yo no usaba términos ni "prácticos" ni "biológicos" al pensar en mi vagina. Simplemente, no la veía como parte de mí.

En el taller nos pidieron que viéramos a nuestras vaginas con unos espejitos de mano. Y entonces, tras una cuidadosa exploración, teníamos que presentar un reporte verbal al grupo acerca de lo que habíamos visto. Y déjame decirte, que hasta éste momento, todo lo que yo sabía acerca de mi vagina lo había basado en rumores o inventos. Realmente nunca había visto la cosa esa. Nunca se me había ocurrido voltear a verla. Mi vagina existía para mi en un plano abstracto. Verla me parecía muy denigrante e inadecuado, y eso era justo lo que estaba pasando en el taller, todas encima de nuestras relucientes colchonetas azules, con nuestros espejitos de mano. Me recordó el cómo se han de haber sentido los primeros astrónomos con sus telescopios primitivos. Al principio, mi vagina me pareció un tanto inquietante. Como la primera vez que te abren un pescado a la mitad y al verlo descubres que existe otro mundo complejo y sangriento por dentro, justo abajo de la piel. Era tan cruda, tan roja, tan fresca. Y lo que más me sorprendió de todo fueron las capas. Capas dentro de capas que se abrían en más capas.

Mi vagina me maravillaba. No pude decir nada cuando llegó mi turno de hablar en el taller. Enmudecí. Se me había despertado, aquella cosa que la mujer que estaba a cargo del taller denominó como "asombro vaginal". Yo sólo quería quedarme acostada ahí en mi colchoneta, con las piernas abiertas, examinando a mi vagina por los siglos de los siglos.

Era algo mejor que el Iztacihuatl, antigua y llena de elegancia. Tenía la frescura y la inocencia de un jardín japonés bien cuidado. Era graciosa y muy simpática. Me hacía reír. Se ponía a jugar a las escondidillas, buscaba y se escondía, se abría y se cerraba.

Entonces la mujer que estaba a cargo del taller nos preguntó que cuantas de nosotras habíamos tenido orgasmos. Dos mujeres lEventaron la mano tentativamente. Yo había tenido orgasmos, pero no la lEventé. No lEventé la mano por que fueron orgasmos accidentales. Sólo me ocurrieron. Me ocurrieron en mis sueños y me despertaba esplendorosa. Me ocurrían mucho en el agua, la mayoría de las veces en la tina. Una vez en Isla Mujeres. Me ocurrían montando a caballo, en bicicleta, en la caminadora del gimnasio. No lEventé la mano por que aunque había tenido orgasmos, no sabía como hacerle para provocarme uno. Pensaba que era algo mágico o místico. No quería interferir. Se sentía como erróneo el querer interferir. Sería artificial y manipulado. Se sentía como una telenovela. La sorpresa y el misterio se acabarían. El problema era, claro, que en mucho tiempo no había tenido sorpresas. Ya hacía mucho tiempo que no había tenido uno de esos mágicos orgasmos accidentales, y estaba desesperada. Por eso me metí al Taller de la Vagina.

Y entonces el momento que anhelaba y temía por fin llegó. La mujer que estaba a cargo del taller nos pidió que volviéramos a sacar nuestros espejitos de mano y que viéramos si podíamos localizar nuestro clítoris. Y ahí estábamos nosotras, el grupo de mujeres, acostadas sobre nuestras espaldas en las colchonetas, encontrando nuestros puntos, nuestros territorios y nuestros centros de energía, nuestra razón; y no sé porqué, pero me puse a llorar. Quizás fue por vil vergüenza. Quizás por qué sabía que tenía que deshacerme de mi fantasía, de ésta enorme fantasía que te va carcomiendo toda la vida, por que tenía la idea de que alguien o algo iba a hacer esto por mi -- la fantasía de que alguien iba llegar a tomar mis riendas y decidir el camino para darme orgasmos. Podía sentir cómo el pánico me estaba inundando. Eran simultáneamente el terror y la noción de que yo me negaba a encontrar mi clítoris, que lo había catalogado como algo convencional y consumista por que, de hecho, yo pensaba con horror que no tenía clítoris. Estaba aterrada de pensar que yo era físicamente inepta, una de esas frígidas, muertas, apagadas, secas, agridulces, amargadas -- Dios mío- Y estaba ahí acostada con mi espejo, buscándome mi punto, alcanzándome con los dedos; y en lo único que podía pensar era en esa vez, cuando yo tenía diez años, que yo había perdido en el lago mi anillo de oro y esmeraldas. Recuerdo como me aventaba de clavado, una y otra vez hasta el fondo del lago, pasando mis manos sobre las piedras y los pescados y las corcholatas y la mengambrea, pero nunca sobre mi anillo. Me acuerdo del pánico que sentí. Sabía que me iban a castigar. No debí haberlo usado para ir a nadar.

La mujer que estaba a cargo del taller me vio en pleno ajetreo. Yo estaba sudando y respirando muy profundo. Se me acercó y le dije - "Perdí mi clítoris. Se fue. No debí haberlo usado para ir a nadar." - Y ella se rió. Tranquilamente acarició mi frente. Me dijo que mi clítoris no era algo que se podía perder. Que era yo, mi propia esencia. Qué era tanto como el timbre de mi casa, cómo la casa misma. Que no debía encontrarlo, que tenía que serlo.

Serlo. Ser. Ser mi clítoris. Se tu clítoris. Me acosté y cerré mis ojos. Baje el espejo y me vi como flotaba por encima de mi misma, y observé cómo lentamente comenzaba a acercarme a mi y a introducirme de nuevo. Me sentí como una astronauta que se reincorpora a la superficie de la tierra. Fue muy silencioso este regreso, callado y sutil. Reboté y aterricé, aterrizaba y rebotaba. Me vinculé con mis propios músculos y con la sangre y células; y entonces, me deslicé por mi vagina. De repente fue algo fácil y al fin cabía. Estaba toda caliente y palpitante y lista y joven y viva. Entonces, sin ver, y con los ojos aún cerrados, puse mi dedo en lo que de repente se había convertido en mí. Hubo un pequeño temblor al principio que me incitó a quedarme. Después el temblor se convirtió en un estremecimiento, una erupción, las capas se dividían y subdividían. Al abrirse, el estremecimiento develó un horizonte de luz y silencio que descubría una planicie de colores, música e inocencia y anhelo, y sentí la conexión, una conexión que me convocaba. Y mientras tanto yo me sacudía acostada alrededor de mi colchonetita azul.

Mi vagina es una conchita, un tulipán, un destino. Estoy llegando al mismo tiempo que me voy. Mi vagina, mi vagina, soy.

Aquí tenemos un feliz dato vaginal

Tomado de "La Mujer: una geografía íntima" de Natalie Angier

El clítoris es puro en su propósito. Es el único órgano del cuerpo que está diseñado totalmente para el placer. El clítoris es básicamente muchas terminales nerviosas: para ser precisos, 8000 fibras nerviosas. Esto es una concentración de terminales superior a cualquier otra encontrada en el cuerpo, tanto masculino como femenino, incluyendo las puntas de los dedos, los labios y la lengua; y en número, tiene el doble, el doble, el doble que el pene. ¿Para qué quieres una pistola? ¡si tienes una semiautomática!

[Introducción - Porque le gustaba verla]
Este monólogo está basado en una entrevista con una mujer que pudo tener una buena experiencia con un hombre.

PORQUE LE GUSTABA VERLA

Así es como llegué a amar a mi vagina. Me da pena, porque ocurrió de una forma no aceptada socialmente. O sea, sé que debió haber pasado en el agua con música New Age a todo volumen, bañándome con sales de tina traídas del Mar Muerto, y amando a la mujer que soy. Ya me sé la historia. Las vaginas son hermosas. El rencor hacia nosotras mismas es sólo la represión que interiorizamos y el odio inculcado de nuestra cultura patriarcal. No es real. Únete a las Vaginistas. Bien que me lo sé. Por ejemplo, si hubiéramos crecido en una cultura donde nos enseñaran que las piernas gordas son algo hermoso, entonces estaríamos acostadas boca arriba, atascándonos de tortas y tacos, pasando todo el día ensanchando nuestros muslos. Pero no crecimos en esa cultura. Por lo tanto odiaba mis piernas y más odiaba mi vagina. Pensaba que era extraordinariamente espantosa. Yo era una de esas mujeres que sí la había visto y desde ese momento se había arrepentido de haberlo hecho. Me daba asco. Le tenía lástima a aquellos que tenían que ir allá abajo.

Para sobrellEverlo, empecé a fingir que tenía otra cosa entre mis piernas. Me imaginaba que tenía... muebles. Sí, los cojines de unos muebles comodísimos, con ligeros edredones de algodón, o pequeños divanes de terciopelo, alfombras de leopardo - o cosas lindas - como pañuelos de seda, toallitas acolchonadas o la mesa puesta con su mantel y todo. Me acostumbré tanto a esta idea, que se me olvidó que tenía una vagina. Y si un hombre estaba dentro de mí, lo visualizaba dentro de un platón sopero chino o adentro de un escape de coche forrado con mink.

Entonces conocí a Memo. Memo era el hombre más común y corriente que yo había conocido en mi vida. Era un cualquiera, alto y delgado y usaba ropa color caqui. A Memo no le gustaba la comida picante, ni escuchar a Metálica. El no mostraba interés por la ropa íntima de mujer. En el verano se la pasaba refugiado en la sombra. No compartía sus sentimientos y emociones. No tenía problemas, ni rollos y ni siquiera era un alcohólico. No era chistoso, ni culto, ni misterioso. No era inaccesible, ni mala onda. No era ególatra, ni carismático. No le gustaba conducir a toda velocidad. De hecho, Memo no me gustaba. Incluso se me hubiera pasado de largo de no ser porque recogió el cambio que se me cayó del súper. Cuando me regresó las monedas, su mano sin querer rozó la mía y algo pasó. Me fui a la cama con él. Fue cuando ocurrió el milagro.

Resultó que Memo amaba a las vaginas. Era todo un catador. Amaba el cómo se sentían, el cómo sabían, el cómo olían, pero lo más importante es que él amaba el cómo se veían. Y tenía que verlas. La primera vez que tuvimos sexo, me dijo que tenía que verme.

Yo dije - "Aquí estoy."
"No. Tú ." - me dijo - "te tengo que ver a ti."
Le dije - "Prende la luz." - Pensando en que era un demente que sufría ataques de pánico en la oscuridad.
Prendió la luz. Y entonces dijo - "Ok, estoy listo para verte."
"Aquí ando," - y lo saludé con la manita - "aquí estoy."
Entonces me empezó a quitar la ropa.
Y le dije "Oye Memito, ¿qué estás haciendo?
Y me contestó - "Es que necesito verte".
"Ay, ¿y para qué?" - le dije - "solamente házmelo y ya."
Y dijo - "Es que necesito ver como te ves."
Le dije - "Pero si tú ya has visto a un sofá rojo de piel."
Memo seguía. No iba a dejar de hacerlo. Yo quería vomitar y morirme.
"Esto es demasiado íntimo, " - le dije - "¿Qué no puedes sólo hacérmelo y ya?"
"No." - él dijo, "Es quien eres. Y necesito ver."
Me aguanté la respiración. Él miraba y miraba. Estaba respirando excitado y su cara cambió. De verdad había dejado de verse como alguien común y corriente, y ahora parecía una hermosa bestia hambrienta.
"Eres tan hermosa," - dijo - "tan elegante y profunda, tan inocente y salvaje."
"¿Viste todo eso allí?" - le pregunté.
Era como si me hubiera leído la mano.
"Vi eso," - me dijo - "y más, mucho, mucho más."

Y se me quedó viendo por casi una hora entera, como si estuviera observando la luna o estudiando un mapa, viéndome a los ojos, pero era mi vagina. Y con la luz yo miraba cómo me contemplaba, cómo estaba tan auténticamente excitado, tan calmado y eufórico, que me empecé a humedecer y a excitar. Comencé a verme a mi misma como él me veía, empecé a sentirme hermosa y deliciosa - como una obra maestra o como una cascada. Memo no tenía miedo, ni sentía asco. Y empecé a crecer, a sentirme orgullosa. Empecé a amar a mi vagina... Y Memo se perdió ahí adentro y yo estaba con él, en mi vagina, y nos fuimos.

MUJER 1

Estos son unos datos no muy felices publicados en la prensa:

El primer dato fue retomado del diario New York Times en Abril de 1996:

De 80 a 100 millones de niñas y jóvenes han sido sometidas a la mutilación de sus genitales como parte de un rito de iniciación religiosa. En los países donde se llEve a cabo, principalmente Africa, aproximadamente 2 millones de pequeñas saben que vendrá el cuchillo, la navaja, o una astilla de vidrio que les cortará el clítoris o removerá la vulva por completo.

Si fueran hombres, esto equivaldría a la amputación de casi todo el pene o incluso el que se los quitaran por completo. Las consecuencias a corto plazo incluyen: tétanos, hemorragias, cortaduras en la uretra, en la vejiga, y en las paredes vaginales. A largo plazo: infecciones crónicas del útero, una terrible agonía, peligro en el parto, o la muerte temprana.

MUJER 2

El segundo dato trata el tema de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Ellas son víctimas no solamente de sus homicidas, sino también de un sistema indulgente, que con el afán no afectar los intereses de las industrias maquiladoras, mantuvo silencio por muchos años.

La escritora Elena Poniatowska publicó lo siguiente en el periódico La Jornada el 20 de Abril del 2000

Hace poco más de un año, el 29 de marzo de 1999, cuatro mujeres [...] vinieron a verme [...] porque habían escrito un libro colectivo sobre los asesinatos de mujeres y niñas en Juárez. Se reunían en un taller literario; las cuatro querían ser escritoras, poetas, pero la realidad de Juárez se impuso y salieron a la calle y se convirtieron en reporteras de los crímenes, la tortura, el desprecio a otras mujeres tratadas como basura, 187 mujeres y niñas apuñaladas cuyos cadáveres fueron encontrados en el desierto, en los arenales, en los baldíos de las colonias más pobres como la NuEve Hermila, el Lote Bravo, el Puente Libre que une a Juárez con El Paso. Semidesnudas, sus calzones atorados en los tobillos, su boca en un grito, sus ojos desorbitados; el lenguaje corporal de las muchachas refleja el atroz sufrimiento al que las sometieron.

A pesar de ello, las cifras no oficiales calculan que en México ciento setenta y cinco mil mujeres son violadas al año.

[Introducción - "Mi vagina era mi aldea"]

Mujeres refugiadas de Bosnia fueron entrevistadas durante la guerra de Yugoslavia en centros y campamentos de refugiados.

De veinte a setenta mil mujeres fueron violadas en Europa como una táctica sistemática de la guerra. Fue terrible ver lo poco que el mundo hacia para detenerlo. Pero, por el otro lado, en México se calcula que 175 mil mujeres son violadas cada año y en teoría aquí no hay guerra.

Este monólogo se basó en la historia de una mujer. Ella, como muchas de las entrevistadas, es musulmana. La violación nunca había sido parte de su comunidad antes de la guerra. Esto lo hacemos hoy por esa mujer y por las extraordinarias mujeres de Kosovo y Bosnia.

MI VAGINA ERA MI ALDEA

Mi vagina era vida, un campo verde, aguas suaves praderas rosas, vacas mugiendo sol descansando tierno novio tocando delicadamente con un pedazo de paja dorada.

Hay algo entre mis piernas. No sé lo que es. No sé dónde está. Yo no toco. Ahora no. Ya no. No desde entonces.

Mi vagina platicaba, no puede esperar, hay tanto, tanto diciéndose palabras hablando, no puede dejar de intentarlo, no puede dejar de decir, ah sí, ah sí.

No desde que sueño que me cosieron ahí adentro a un animal muerto con hilo de caña de pescar negro. Y el mal olor de animal muerto no me lo pueden quitar. Y su garganta está rebanada y sangra a través de mis vestidos de verano.

Mi vagina cantando canciones de niñas, canciones de cencerros de cabra, canciones de campos del otoño silvestre, canciones vaginales, canciones del hogar de las vaginas.

No desde que los soldados pusieron un rifle, largo y grueso, dentro de mí. Era tan frío, sentía como la barra de metal cancelaba mi corazón. No sé si lo van a disparar o si van a empujarlo hasta que atraviese mi dEvestado cerebro. Son seis hombres, doctores monstruosos con máscaras negras metiéndome botellas. También habían palos y la punta de una escoba.

Mi vagina nadando agua de río, agua pura que se derrama, sobre piedras tostadas por el sol, sobre el clítoris, clítoris de piedra, una y otra vez.

No desde que escuché como se rompía mi piel y hacía amargos sonidos de limón. No desde que un trozo de mi vagina se desprendió y cayó en mi mano. Un pedazo del labio. Ahora un labio cayó por completo.

Mi vagina. Una aldea viva y húmeda. Mi vagina mi pueblo.

No desde que tomaron turnos por siete días, dejaron su sucio esperma dentro de mí. Olían a heces y a carne ahumada. Me convertí en un río de veneno y pus y murieron todos los peces y la cosecha.

Mi vagina una aldea viva y húmeda.
La invadieron. La masacraron,
Y la incendiaron.
Yo ya no toco.
No visito.
Ahora vivo en otro lugar.
Y no sé dónde es.

MI VAGINA FURIOSA
Mi vagina está furiosa. Está muy enojada. Mi vagina está encabronada y necesita hablar. Necesita hablar de toda estas estupideces. Necesita hablar contigo. O sea, ¿De qué se trata? - hay todo un ejército de personas pensando en formas de cómo torturar a mi pobre, inocente y gentil vagina... Se la pasan los días enteros ingeniando productos dementes e ideas macabras para subyugar a mi querido agujero. Chingados anti-vaginistas.

¿Qué es toda esa mierda que constantemente nos quieren ensartar para limpiarnos - rellenarnos? ¿Qué quieren hacer que desaparezca? Bien, pues mi vagina no va a desaparecer. Está muy enojada y aquí se queda. Cómo los tampones - ¿¡Qué carajos es eso!? Un cacho de algodón seco embutido ahí. ¿Por qué no encuentran una manera de lubricar el tampón? En el instante en que mi vagina los ve, entra en estado de shock. Dice, "Ni madres, güey", Se cierra. Uno necesita trabajar con la vagina, presentarle las cosas, preparar el camino. Eso es lo que uno hace al fajar. Tienes que convencer a mi vagina, seducirla, hacer que confíe en ti. Eso no se puede hacer con un pinche pedazo de algodón.

Dejen de embutirme cosas ahí. Dejen de embutir y de limpiar. Mi vagina no necesita que la limpien. Huele bien. No la traten de decorar. No les crean cuando les dicen que debe oler a pétalos de rosa cuando debe oler a ella. Eso es lo que están haciendo, tratando de limpiarla, hacer que huela a desodorante de baño o a jardín. ¿Y qué se traen con esas duchas vaginales - con aroma a flores, a moras, o a lluvia. Yo no quiero que ahí me huela a lluvia. Toda limpiecita, como si lavaras un pescado después de cocinarlo. Si yo pido un pescado, es porque quiero el sabor del pescado.

Y luego el ginecólogo. ¿Quién lo inventó? Debe de haber algo mejor que esas exploraciones. ¿Por qué nos ponen esas horrendas batas de papel que te raspan las chichis, y que crujen cuando te acuestas? Sólo te hacen sentir como un bola de papel que alguien tiró a la basura.

¿Y para qué los guantes de hule, y la linterna qué te meten hasta el fondo? ¿Quién creen que son? ¿Jaime Maussan buscando extraterrestres ahí adentro? ¿Para qué te enchufan esas malditas pinzas que parecen pato recién sacado del congelador y por qué el estribo parece un horrorozo invento de tortura china? O sea, ¿que onda? Mi vagina está furiosa por todas estas visitas al doctor; cuatro semanas antes ya se está defendiendo y no quiere salir de la casa. Entonces llegas al consultorio, ¿no lo odias? "Relaja tu vagina, relaja tu vagina?", ¿Para qué?, ¿Para que me puedan meter esas pinzotas heladas? Ni madres.

¿Por qué no buscan un delicioso terciopelo morado y me cubren con él? ¿Y por qué no me acuestan en un edredón de algodón relleno de plumas de ganso, y se ponen unos lindos y cordiales guantes de color rosa o azul, y descansan mis pies en un estribo forrado de pieles? Pongan a calentar las pinzas. Colaboren con mi vagina.

Pero no, hay más torturas - un piche trozo de algodón, espejos fríos y tangas de hilo dental. Eso es lo peor. Tangas de hilo dental. ¿A quién se le ocurrió? Se te mueven todo el tiempo y se te pega en la parte de atrás de tu vagina. El resultado: un trasero bien cochambroso.

Se supone que las vaginas deben sentirse holgadas y amplias, y no amarradas. Por eso las fajas son tan malas. Necesitamos movernos y abrirnos y hablar y hablar. Las vaginas necesitan comodidad. Inventen algo así. Algo para darles placer. No, por supuesto que eso no lo van a hacer. Odian ver que una mujer pueda sentir placer, en especial placer sexual. ¿Qué tal unas lindas pantaletas de algodón con un vibrador de bolsillo integrado? Las mujeres estarían felices todo el día, viniéndose en el supermercado, en la micro, vaginas en perpetuo clímax. Ver a todas esas vivas, independientes, húmedas y felices vaginas. No lo podrían soportar.

Si mi vagina pudiera hablar, hablaría de ella misma como yo, hablaría de otras vaginas, imitaría a otras vaginas.

Usaría joyería fina, sin ropa, estaría ahí, sólo decorada con diamantes.

Mi vagina ayudó a sacar a un bebe gigante. Ella pensaba que haría mucho más de eso. Pero no lo hace. Ahora, quiere conocer el mundo. A todo el mundo. Quiere leer y saber cosas y salir más. Quiere sexo. Adora el sexo. Quiere ir más profundo. Tiene hambre de profundidad. Quiere bondad. Quiere cambio. Quiere silencio y libertad y besos suaves y calor y un toque profundo. Quiere chocolate y confianza y belleza. Quiere gritar. Quiere dejar de estar enojada. Quiere venirse. Quiere querer. Quiere. Mi vagina, mi vagina. Pues... lo quiere todo.

[Introducción - "La Paparrucha en el País de Las Maravillas"]

Parra esta pieza entrevistamos a cientos de mujeres que no cuentan con recursos económicos. Ellas son sometidas a terribles ataques de violencia sexual y la mayoría de las veces, estas agresiones no son denunciadas, o nadie se da cuenta. Muchas de estas mujeres fueron forzadas al incesto cuando eran muy pequeñas o fueron violadas de adolescentes. Para ellas la palabra "casa" es un lugar horrible, un lugar donde nunca encontrarán ni seguridad ni comodidad. Ellas nunca tendrán acceso al psicólogo o a otras formas de ayuda por no pertenecer a una clase social privilegiada.

Este monólogo es la historia de una mujer tal y como nos la contó. Se lo dedicamos a las mujeres olvidadas que sufren y nos necesitan.

LA PAPARRUCHA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

Recuerdo: 5 años. Diciembre de 1965.

Mi mamá me dice con un grito escalofriante que me dejé de rascar mi Paparrucha. Me la he rascado tanto que me da miedo arrancármela. Ya no me la vuelvo a tocar, ni siquiera al bañarme. Me da miedo que el agua se me meta y me llene tanto que explote. Me pongo curitas para tapar mi Paparrucha, pero se caen con el agua. Me imagino un corcho. Un tapón de tina metido ahí adentro para que las cosas no se me metan. Y para dormir, me pongo debajo de mi piyama tres calzones. Todavía hay veces que quiero tocarme, pero no lo hago.

Recuerdo: 7 años

Edgar Montaño, que tiene diez años, se enojó conmigo y me pegó con todas sus ganas entre las piernas. Se siente cómo si me hubiera roto toda. Cojeo hasta mi casa. No puedo hacer pipí. Mi mamá me pregunta que qué le pasó a mi Paparrucha - y cuando le digo lo que Edgar me hizo, me grita y me dice que nunca permita que nadie me vuelva a tocar ahí. Trato de explicarle: "él no la tocó mamá, me pegó."

Recuerdo: 9 años

Juego en la cama, reboto, me caigo y se clava mi Paparrucha en el palo de la piesera. Y hago ruidos fuertes y agudos como gritos que salen de la boca de mi Paparrucha. Me llEven a la clínica y me cosen ahí donde se me rompió.

Recuerdo: 10 años

Estoy en la casa de mi papá y él tiene una fiesta en la azotea. Todos están tomando. Estoy jugando sola en el baño y me estoy probando mi corpiño y mis chones blancos de algodón que me dio la novia de mi papá. De repente, Juan "el Gordo", el compadre de mi papá, llega desde atrás y me quita mis calzones nuevos y me mete su pene grande y duro en mi Paparrucha. Yo grito. Y pateo. Forcejeo, pero él ya está adentro. Entonces mi papá llega y tiene una pistola y hay un ruido fuerte y horrible y luego hay sangre sobre Juan y sobre mí, mucha sangre. Estoy segura de que esta vez sí se me va a caer mi Paparrucha. Juan queda paralítico de por vida y mi mamá no me deja ver a mi papá en 7 años.

Recuerdo: 12 años

Mi Paparrucha es un lugar muy malo, un lugar de dolor, maldad, golpes, invasión y sangre. Es un lugar para accidentes. La zona de la mala suerte. Me imagino una carretera entre mis piernas y estoy viajando; alejándome de aquí.

Recuerdo: 13 años

Hay una mujer hermosa de 24 años en nuestra unidad y me le quedo viendo todo el tiempo. Un día me llama y me dice que vaya con ella. Me pregunta que si me gusta besar a los niños. Yo le digo que eso no me gusta. Luego me dice que quiere enseñarme algo, se acerca y me besa suavemente con sus labios y pone su lengua en mi boca. !Órale! Ella me dice que si quiero ir a su casa y me besa otra vez y me dice que me relaje, que lo sienta, que nuestras lenguas lo sientan. Ella le pregunta a mi mamá que si me puedo quedar a dormir en su casa y mi mamá está encantada de que una mujer tan exitosa y guapa esté interesada en mi. Tengo miedo y ya no puedo esperar. Su departamento es fantástico. Son los setenta: las flores de plástico, las lámparas de bola y los sofás de peluche. Yo decido en ese momento que quiero ser una mesera como ella cuando sea grande. Se sirve una cuba y entonces me pregunta que qué quiero tomar. Le digo que lo mismo que ella, y me dice que no cree que a mi mamá le gustaría que yo estuviera tomando ron. Le digo que probablemente tampoco le gustaría saber que yo estoy besando niñas, y la mujer bonita me sirve una cuba. Entonces se pone un camisón sé poliéster color chocolate. Es tan hermosa. Yo siempre pensé que las chupachochos eran feas.

Le digo, - te ves muy bien- y dice - tú también manita- . Y le digo, - pero sólo traigo este corpiño y mis calzones blancos de algodón. Entonces ella me pone, lentamente, otro camisón de poliéster. Es color pistache, cómo las paredes de mi escuela. El alcohol ya se me subió a la cabeza y ya estoy flojita y cooperando. Hay una foto gigantesca de una amazona guerrera pegada a la pared. Se le ve todo. La mujer me acomoda lenta y suavemente en su cama y con sólo frotar nuestros cuerpos hace que me venga. Entonces, todo lo que antes pensaba que era malo, me lo hace a mi y a mi Paparrucha. !Órale! Me pongo como loca, y ella me dice: "Tu vagina, jamás tocada por el hombre, huele tan bonito, tan fresca. Me gustaría mantenerla así para siempre". Me emociono como nunca y entonces suena el teléfono y claro, es mi mamá. Estoy segura que sabe; me cacha en todo. Tengo la respiración tan acelerada y trato de actuar normal y cuando contesto el teléfono ella me pregunta "¿Qué tienes? ¿Estabas corriendo mija? Y digo, "No mamá, estoy haciendo ejercicio".

Entonces le dice a la hermosa mesera que se asegure de que no se me acerque ningún hombre y ella de dice, "Confíe en mi, aquí no hay hombres". Después la mujer hermosa me enseña todo lo que sabe acerca de mi Paparrucha. Me hace jugar conmigo misma frente a ella, y me enseña todas las formas distintas de darme placer. Es muy explícita. Ella me dice que yo solita debo aprender a darme placer y así nunca tendré que depender de un hombre. A la mañana siguiente estoy preocupada de que me convertí en una marimacha porque estoy enamorada de ella. Se ríe, pero nunca la vuelvo a ver. Más tarde me doy cuenta que ella fue mi salvación sorpresa, inesperada y socialmente incorrecta. Ella transformó a mi mugre y patética Paparrucha y la elevó hasta una especie de maravilla.

MUJER 1
¿A qué huele tu vagina?

MUJER 2
A la tierra
Basura mojada
A Dios
agua
a un nuevo día

MUJER 3
profundidad
jengibre
sudor

MUJER 1
depende

MUJER 2
a bergamota
a mí

MUJER 3
Me han dicho que no huele.

MUJER 1
a piña
esencia de cáliz
Paloma Picasso

MUJER 2
Carne con aroma a tierra y almizcle
Canela y clavo
rosas
a un condimentado bosque de jazmín y olinalá, un bosque muy, muy, espeso

MUJER 3
Musgo mojado
Ricos dulces
El Pacífico del Sur

MUJER 1
Algo entre pescado y lilas

MUJER 2
Duraznos
madera
Fruta madura
Un té de fresa y kiwi

MUJER 3
Paraíso
Agua y vinagre
Licor ligero y dulce
Queso

MUJER 1
Océano
Sexy
Una esponja

MUJER 2
El principio.

[Introducción - "Reconquistando el Coño"]

MUJER 1
Hemos estado amenazando con hacer un mapa de todas las ciudades que sean amigas de las vaginas. Hay muchas sorpresas. Estoy segura que no sabían, por ejemplo; que en el norte aman a las vaginas. Es importante que se corra la voz. Básicamente lo que pasó es que no querían promover esta obra ahí, porque la mayoría de los dueños de los medios son muy mochos y todos sabemos que los mochos no tienen vaginas. Pero ocurrió un maravilloso cuento de hadas vaginal. Como los que están sucediendo en todo el mundo.

MUJER 2
Un grupo de fabulosas mujeres, con peinados de salón y uñas de gel, se volvieron subversivas. Repartieron pequeños panfletos en las estéticas y en los súpers, y les decían a otras mujeres que vinieran: (susurro) a los Monólogos de la Vagina. Sólo los promovían en medios subversivos. Mandándose bipers. Para la tercera noche, las mujeres llegaban en sus camionetotas, con lentes oscuros y sus mascadas.

MUJER 3
Una norteña platicó de cómo había nacido sin vagina, y cómo lo descubrió. Cuando tenía 14 años estaba jugando con una amiga, comparando sus genitales, y entonces se dio cuenta que era diferente, algo estaba mal. Fue al ginecólogo con su papá, que era el adulto a quien más confianza le tenía, y el doctor descubrió que no tenía vagina, ni útero. Su papá estaba dEvestado y trataba de reprimir sus lágrimas de tristeza para que su hija no se sintiera mal. De regreso a casa, en un noble intento de consolarla, él le dijo; "Mijita, tenemos una situación peculiar. Nacistes sin vagina. Pero las buenas noticias son que te vamos a conseguir el mejor hoyo norteño hecho en casa de todo México. Cuando conozcas a tu marido él sabrá que lo maquilamos especialmente pa él".

En la costa están enamorados de las vaginas. Es prácticamente una fiesta vaginal en esa zona. ¡Imagínense! Una mujer costeña estaba obsesionada con una palabra en particular, una palabra peyorativa que se usa para describir a la vagina. Su misión era reconquistar la palabra:

RECONQUISTANDO EL COÑO

Le digo coño. Lo he reconquistado, "coño". En verdad me gusta. "Coño". Oye como suena. "Coño". C. C. Ca Ca. Caverna, caricia, cariño, caoba, calor. - C - escarba y descubre; y sigue "o", - O - CO los labios formando un óvalo, oye, ocre, orbe, oh, oh - y la N. Tres letras se empalman. Nexo, nido, niña. Eñe naciendo. Señala el engaño, vibrante y sin dueño. Añoro, años, entraño y extraño, señuelo, soñando, arañando. Ñññññ -. Y culminando - O -, hoy, voy, doy, soy. obsceno, pequeño, retoño, otoño, "coño". Dilo - "coño, coño" Dilo. Dímelo. Dime "coño". Coño. Coño..

A una niña de 6 años se le preguntó:
Si tu vagina se vistiera, ¿qué usaría?
Tenis rojos y una cachucha del América puesta al revés.
Si pudiera hablar ¿Qué diría?
Diría palabras que comienzan con la V y la T- violín y tortuga, por ejemplo.
¿A qué te recuerda tu vagina?
A un durazno muy obscuro. O a un diamante que encontré en un tesoro y es mío.
¿Qué tiene de especial tu vagina?
En algún lugar muy adentro tiene un cerebro muy pero muy inteligente.
¿A qué huele?
A copos de nieve.

Introducción - "La mujer que amaba hacer felices a las vaginas"]

Las sexo servidoras tienen relaciones profundas, contundentes y complejas con sus vaginas. Esta mujer en particular me llamó mucho la atención. Era una sexoservidora, pero sólo servía sexo a otras mujeres.

LA MUJER QUE AMABA HACER FELICES A OTRAS VAGINAS

Amo a las vaginas. Amo a las mujeres. No las veo como cosas separadas. Las mujeres me pagan para que las domine, las excite, para que las haga tener orgasmos. Ahora es mi profesión, porque antes yo era abogada, pero después de cumplir los 30, me obsesioné con hacer felices a las mujeres. Hay tantas mujeres insatisfechas. Tantas mujeres que no tienen acceso a la felicidad sexual. Todo comenzó como una aventura aislada, pero luego me involucre por completo. Me volví muy buena, hasta brillante. Era mi arte. Me comenzaron a pagar por ello. Fue como si hubiera encontrado mi misión en esta vida.

Usaba atuendos inauditos cuando dominaba a las mujeres... encaje y seda y piel ... y usaba artefactos: látigos, esposas, cuerdas, dildos. No hay nada así en las leyes fiscales. No hay artefactos, no hay excitación, y odiaba esos trajes sastre azules, aunque los uso de vez en cuando en mi nuEve línea de trabajo y funcionan bastante bien. El contexto lo es todo. No hay utilería en la ley fiscal. Nada de humedad. Nada de seducción misteriosa y obscura. Nada de pezones erectos. Nada de bocas deliciosas, pero sobre todo, nada de gemidos. Al menos no del tipo de gemidos a los que me refiero. Gemir era la clave, ahora lo veo; los gemidos fueron los que me sedujeron y me hicieron adicta a hacer felices a las mujeres. Cuando yo era una niñita y veía a las mujeres haciendo el amor en las películas, haciendo extraños gemidos orgásmicos, me reía. Me ponía como histérica. No podía creer que todos esos ruidos inauditos e incontrolables salían de las mujeres. Anhelaba gemir. Practicaba frente a mi espejo, con una grabadora, gimiendo en varios registros, varios tonos. Pero cuando lo escuchaba, sonaban falsos. Eran falsos. No tenía nada que ver con algo sexual sino mas bien con mi deseo de ser sexual.

Pero una vez, cuando tenía 10 años, tenía muchas ganas de hacer pipí. Íbamos en el coche. La angustia siguió por más de una hora, hasta que llegamos a una gasolinera sucia y chiquita y pude ir al baño. Fue tan excitante que gemí. Gemí mientras hacia pipí. No podía creerlo, yo gimiendo en una estación de Pemex cerca de Chachalacas, Veracruz. Ahí me di cuenta que los gemidos nacen del no tener lo que uno quiere cuando uno lo quiere, del posponer las cosas. Me di cuenta que los gemidos son mejores cuando te llegan por sorpresa, salen de esa parte escondida y misteriosa de ti que habla con su propio idioma. Me di cuenta que los gemidos, de hecho, son un lenguaje.

Me convertí en gemidora. Ponía de nervios a la mayoría de los hombres. Francamente, los aterrorizaba. Mis gemidos eran tan fuertes que ellos no se podían concentrar en lo que estaban haciendo. Se distraían. Y todo se venía abajo. No podíamos hacer el amor en casa de los demás. Las paredes eran demasiado delgadas. Mi reputación creció en mi edificio y la gente me veía con desprecio en el elEvedor. Los hombres creían que era demasiado intensa y algunos incluso decían que estaba loca.

Me empecé a sentir mal por gemir. Me volví silenciosa y educada. Hacía ruidos en la almohada. Aprendí a ahogar mis gemidos, detenerlos como a un estornudo. Comencé a sufrir dolores de cabeza y síntomas del estrés. Me estaba convirtiendo en una causa perdida hasta que descubrí a las mujeres. Descubrí que a la mayoría de las mujeres les gustaban mis gemidos, pero aun más importante: descubrí que me excitaba profundamente hacer gemir a otras mujeres. Se convirtió en una especie de pasión.

Descubrir el enigma, desbloquear la boca de la vagina, desbloquear esta voz, esta canción salvaje. Hice el amor a mujeres silenciosas y encontré este lugar dentro de ellas y sé impactaban con sus propios gemidos. Hice el amor a gemidoras y ellas encontraron un gemido mas profundo y penetrante. Me obsesioné. Añoraba estar al mando y como un director de orquesta hacer que las mujeres gimieran.

Era una especie de cirugía, una especie de ciencia delicada, una búsqueda del ritmo, la ubicación exacta o el vivir del gemir. Así lo llamaba.

A veces lo encontraba sobre los jeans de la mujer. A veces llegaba a escondidas, de manera no oficial, desarmando en silencio las alarmas de alrededor mientras que yo lograba entrar. A veces utilizaba la fuerza, pero no era violenta ni represiva, era mas bien de tipo dominante, "Te voy a llEver a donde nunca te han llEvedo antes, relájate, acuéstate y gózalo". Era ese tipo de fuerza. A veces era simplemente mundano. Yo encontraba el gemido antes de que las cosas comenzaran, mientras comíamos pollito, ahí casualmente, con mis dedos. "Aquí es así," muy sencillo, en la cocina, todo mezclado con papas. A veces hacía que la mujer encontrara su propio gemido frente a mí. Esperaba, tenía paciencia hasta que se abría ella misma. No me engañaban los gemidos menores, los más obvios. No, la presionaba, la llEveba mucho más lejos, hasta que ella alcanzaba su gemido del poder.

Está el gemido del clítoris (un sonido suave desde la boca). El gemido vaginal (sonido profundo desde la garganta). El paquete: gemido clítoris-vaginal (sonido suave y profundo pasando de la boca a la garganta). El casi gemido (un sonido circular). El gemido de "¡Ahí merito!" (un sonido profundo muy definido). El gemido elegante (sonido de risa sofisticada). El gemido "Juan Gabriel" (¡ay ay ay!). El gemido fresa (sin sonido). El gemido de verdulera (un sonido grave de marchanta). El gemido bebé (un sonido de agu gu gu). El gemido de perrito (Jadeos). El gemido Yucateco (ohhh ja). El gemido de la militante bisexual desinhibida (un sonido profundo, agresivo y punzante). El gemido de metralleta (gemido staccato), el gemido del Monje Zen torturado (un sonido torcido y hambriento). El gemido de Diva (nota de ópera). El gemido mariachi (Ajajajajai) y finalmente el gemido sorpresivo del triple orgasmo (gemido de un clímax intenso multifacético).

[Introducción - "Yo estaba ahí"]

Este texto fue presentado por mucho tiempo sin hacer mención del parto. Esta fue una omisión curiosa. Pero por el otro lado, un señor periodista preguntó hace poco, "¿y qué tiene que ver?".

Una abuela: la autora Eve Ensler, estuvo presente en el nacimiento de su nieta. Antes de ese momento estaba maravillada con las vaginas, ahora las venera. Este último monólogo es para Eve.

YO ESTABA AHÍ

Yo estaba ahí cuando la vagina se abrió.
Todos estábamos ahí, su madre, su esposo y yo
y la enfermera del hospital con la mano entera adentro
de su vagina, sintiendo y dando vueltas con su guante de hule
mientras nos hablaba casualmente - como si estuviera abriendo una llave de agua.
Yo estaba ahí en el cuarto cuando las contracciones
la hicieron gatear,
y hacer gemidos desconocidos que salían de sus poros
y seguía ahí cuando, después de horas, ella de pronto gritó salvajemente,
sus brazos volando en el aire eléctrico.
Yo estaba ahí cuando su vagina cambió.
De ser un tímido hoyo sexual
se convirtió en un túnel arqueológico, una nave sagrada,
un canal de Venecia, un pozo profundo con una niñita atorada por dentro,
esperando ser rescatado.
Yo vi los colores de la vagina. Cambiaron,
Vi el azul roto y herido
el rojo jitomate abrasador
el rosa gris - el obscuro;
vi la sangre como sudor alrededor de las orillas
vi el líquido blanco y amarillo, la mierda, los coágulos
saliendo de todos los orificios, empujando más y más,
vi a través del agujero. La cabeza del bebé
cachitos de pelo negro, lo vi justo ahí antes del
hueso - una memoria, dura y redonda,
mientras que la enfermera del hospital daba vueltas y vueltas a su
mano resbalosa.
Yo estaba ahí cuando nosotras, su madre y yo
sostuvimos una pierna y la separamos, la abrimos a lo ancho
con todas nuestras fuerzas, contra su propio pujar
y su esposo contando firmemente "Uno, dos, tres,"
diciéndole que se concentrara más.
Entonces la vimos dentro de ella.
No podíamos quitar nuestra mirada de ahí.
Solemos olvidar a la vagina - Todos nosotros
¿Qué más podría explicar
nuestra falta de asombro, nuestra falta de maravilla?
Yo estaba ahí cuando el doctor
metió sus cucharas de Alicia en el País de las Maravillas.
Y yo estaba ahí cuando su vagina se convirtió en una gran boca operística
cantando con todas sus fuerzas;
primero la cabecita, luego un brazo gris que aleteaba, luego un cuerpo que nadaba rápido hacia nuestros brazos que lloraban.
Yo estaba ahí después, cuando me volteé y vi su vagina.
Me paré y me permití verla
abierta, completamente expuesta
mutilada, hinchada y rasgada,
sangrando sobre las manos del doctor
quien la cosía con calma.
Me paré y su vagina, repentinamente se
convirtió en un corazón amplió y palpitante.
MUJER 3
El corazón es capaz de sacrificarse.
La vagina también.
MUJER 2
El corazón puede perdonar y reparar.
Puede cambiar de forma para dejarnos entrar.
Puede crecer para dejarnos salir
La vagina también.
MUJER 1
El corazón puede sufrir por nosotros, dar de sí por nosotros y morir por nosotros
Y sangrar y sangrarnos hacia este mundo difícil y maravilloso.
La vagina también.
Yo estaba ahí, en el cuarto.
Yo recuerdo.

  

 

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