Sensibles del Sur 
Viernes 29 de junio de 2001 ( Año II - Número 85 ) 

Tengo, vamos a ver, // tengo lo que tenía que tener


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Si el día se embellece con la espera,
sea la noche larga
 
José Pedroni
(Saludo a Waldo Frank - de "Cantos del hombre".)

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EDITORIAL
El plagio de Neruda

    Respecto del material que nos envió A
na María Prouvelarie - Caseros, Bs. Aires- sobre un posible plagio de Pablo Neruda a Rabindranath Tagore, las opiniones recibidas dicen:
 
1) Queridos amigos de "Sensibles"            .
No soy una estudiosa de la obra de Neruda pero he leído bastante de él. Ya en los primeros nºs. de la revista hice algún comentario sobre unos versos pocos felices de este poeta, precisamente, en "Veinte poemas de amor y una canción desesperada"  que es el grupo al que pertenece el poema aludido por Ana. A fin de no caer en los extremos, podríamos acotar que, al momento de publicarse, el autor tenía 20 años; y otro detalle a su favor: encabezando el poema que nos ocupa, dice:"Parafraseando a R. Tagore" como una especie de aviso o disculpa ante el lector.

También observé (en el mismo poema) que el autor chileno dice "ojos de luto", este recurso literario lo utiliza también el escritor español Miguel de Unamuno en su novela "La tía Tula" y si quisiéramos hacer un trabajo más profundo, y no apelar solamente a mi memoria poco rigurosa, nos bastaría con recorrer las páginas de un poeta argentino contemporáneo, que también se expresa con la misma imagen.
La obra de Tagore fue traducida al español por Zenobia Camprubí (esposa de Juan R. Jiménez) en 1917. Neruda, publicó estos poemas en 1924.
Que aquí los poemas conservan el tono, los recursos del poeta hindú, que su adjetivación es débil, éstas y otras cosas podrán decirse de los primeros intentos del escritor; pero que fue un autor muy prolífico y polifacético nadie lo duda; que nos deleitó y que nos sigue deleitando con sus poemas posteriores, tampoco. No quiero justificarlo pero me parece que el plagio, la intertextualidad o como quieran llamarlo, entra más en el terreno de la ética.
Bertha  Carou (Lincoln - Bs. Aires)
 
N. del E. : si es así, como lo documenta Bertha, no hay plagio sino legítima paráfrasis.
 
2) Estimado Ernesto:
En hindú debe sonar maravilloso, pero en español prefiero la versión de Neruda.
Los temas son los mismos, la voz poética es la que cambia. ¿No podría pensarse que el poema de Neruda es una paráfrasis del poema de Tagore?
En alguna ocasión leí que Neruda había hecho una paráfrasis de un poema de Tagore, pero no recuerdo de cuál poema. Tengo la edicion de los 20 poemas de amor... donde se acota eso. Voy a buscarlo y en cuanto tenga el dato te lo paso.
Saludos desde la ciudad no tan transparente de México.
Elia García
 
N. del E. : el primer renglón de este mensaje nos retrotrae a "Pierre Menard, autor del Quijote" (J.L.B.)
¿Paráfrasis o plagio, Elia?
 
3) Ernesto, sobre el plagio de Neruda te cuento que, si mi memoria no me falla,  hay un libro de Pablo de Rokha sobre el tema. Incluso de Rokha lo llama "el  sapo plagiario". El libro lo tiene un amigo en mis pagos natales, Pergamino.
Evidentemente, los poemas son sospechosamente parecidos, demasiado diría. En  general, sobre estas cuestiones los críticos guardan silencio con frecuencia, pero sabemos que hay múltiples casos de escritores famosos que compraron, incluso por monedas, a escritores desesperados sus obras. Sabrás, en la música, de Canaro y sus trueques de obras por café con leche, confirmadas por gente amiga que vivía en aquel ambiente y momentos. Una cosa es la referencia, el basarse, el homenaje y otra el robo o el aprovechamiento. Un abrazo
Carlos Barbarito (Condado de Sn. Miguel - Baires)
 
4) Ernesto: es muy conocida esta coincidencia entre ambos textos.
Atte.
Jorge Dipré (Rosario - Sta. Fé)
 
N. del E. : ¿qué coincidencia es muy conocida, Jorge? ¿La paráfrasis o el plagio?
 
5) Queridos Ernesto y sensibles amigos: La verdad es que me quedé helada al comparar las poesías de Tagore y Neruda. ¿Existe mayor información al respecto? ¿Cuándo se descubre esto? ¿Neruda hizo alguna declaración? Pasa muchas veces entre los amantes de las letras, esto de sentir como propio algo que alguien dijo, pero de ahí a usar las mismas imágenes, las mismas palabras... ¿Necesitaba Neruda plagiar? Ya no se puede creer en nadie, che. Por favor que alguien me saque de esta desilusión. De todos modos la inspiración se apodera de mí y aprovecho para compartir con ustedes algo que acabo de crear: Me gusta cuando callas porque estás como ausente. Cuando termine de redondear la idea se las envío por esta vía.
Besos.
Verónica Montero. Dina Huapi

¡¿Qué sucedió en la semana... eh?! ( Les Luthiers )

28 de junio de 1914
 
Acaban de asesinar en Sarajevo al Archiduque Francisco Fernando, heredero del trono de Austria. En una cervecería de Praga la camarera comenta el hecho con el parroquiano Schwejk: "uno se las arregla vendiendo unos perros horribles para los cuales inventa falsas genealogías". Con esta conversación en la cervecería, el checo JAROSLAV HASEK inicia su extraordinaria novela satírica Las aventuras del valeroso soldado Schwejk; publicada en 1920. 
 
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Fuente: adl 2001 - agenda del lector- Edit. Granica
 
 
23 de junio de 2001
 
PATAGONIA argentina: en el rehue (lugar sagrado) de Puente Blanco, a 8 kilómetros de San Martín de los Andes - Neuquén,  y en coincidencia con el Día Nacional Mapuche, se celebró la festividad del año que vuelve (wiñoy xipantú). La ceremonia, que se inicia el sábado antes del anochecer, concluyó con la danza tradicional del choique (ñandú overo), a cargo de jovenes descendientes de este sur. Conjuntamente, los mapuches remarcaron su indignación e impugnación por la prórroga de concesión otorgado a la petrolera Repsol YPF, determinando con claridad las áreas intangibles dentro de sus tierras.
A la vez, en Arroyo Los berros, la comunidad mapuche "Pehuenche" recibió el primer sol del año nuevo con una jornada de reflexión. Esta celebración (Uño Tripantu ) celebra el día más corto del año y el cambio de estación, con ruegos por la reivindicación de su raza a Futachau (Dios), dando comienzo a un nuevo ciclo de actividades rurales. La jornada finalizó con la firma de actas en las que establecieron pasos a seguir en la defensa de sus derechos.
 
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Fuente: Diario "Río Negro" - Lunes 25 de junio de 2001 - p.27

1) Mensajería

2) Rincón de la Copla

3) Textos de nuestro Archivo.     Hoy: Gabriel Impaglione (Cuentos)

4) Para la sonrisa

5) Difusión

6) Concursos


Mensajería mensajeria

1) ¡Hola! la mejor revista que leo últimamente, se pasan. Gracias por la información, por los poemas, por todos los artículos; en algún momento les mando algunos poemas pa' que le echen el ojo y si quieren los ponen.
Mi nombre es Ceci, vivo con mi flia. en Byron Bay, Australia; menos mal que tengo la web porque así alimento ahora mi"espanol" ya que no hay comunidad de habla hispana por aquí.
Felicitaciones por la Revista. Es un regalo invaluable. Chau.
Mi email viejo era @
EL NUEVO ES  lia10@
    2) Asunto: Sensibles del Sur & otro Estimado Ernesto: recibí a través de un amigo de Neuquén " Sensibles del Sur", que me ha gustado mucho. Si no es mucha molestia, te pediría si tienes el email de Elvia Pérez (de Cuba). Me interesa contactarme con ella dado que conozco su país y también escribo algo de narración. De igual forma, me gustaría ser incluida en el listado de destinatarios de los Sensibles, para futuras ediciones. Cordiales saludos. Martha.( No sabemos de dónde)   R. del E.:  desde luego, ya estás sumando. Fue respuesta por Línea Privada   3) Hola ernesto : éste fue el ultimo numero q recibi (80). Supongo q es porq cambie la direccion de mail ..Después de alguno trámites absurdos  recupere la original de mi nombre.. Deseo me agreguen nuevamente porq disfrutos su envios.. Gracias y cariños Doris   R. del E. : fueron los Nºs. posteriores y respuesta por Línea Privada.     4) Asunto: un abrazo desde Cuba Amigos: es terriblemente magnìfica la oportunidad que tenemos de saber a la belleza apostada detrás de la esquina por donde pasamos cada mañana y ni la miramos, aunque la sabemos con el cuchillo, con la sonrisa retorcida y anhelante. Hasta que una mañana nos volvemos al puñal asesino y caemos(sopla el viento y se nos escapan de los bolsillos los poemas que escribimos ayer). El piso està regiamente purpúra y nosotros la miramos y reímos: en cualquier texto de cualquier escritor desconocido puede estar la belleza. Sí amigos, dejemosnos morir como Petronio, pero dejemos al menos un Satiricón sobre el mundo.
Aquí les envio uno de mis cuentos, Mención del Premio de Cuento Erótico Camagüey 2000 que saldrà esta semana en una antología de cuento erótico. Espero sus comentarios.
Un abrazo desde Cuba, la bella
Victor Hugo   R. del E.: el cuento se incorpora al Archivo. Gracias, Víctor.
 
6) Asunto: homenaje a Conti
Hola Ernesto :En Sensibles los textos sobre Conti me avivaron el recuerdo,escribí lo que quiero compartir con ustedes,siempre los espero.
CristinaVillanueva  

4 de mayo de 1976

Sueño o pesadilla

Haroldo sueña que es un árbol que sueña que es un hombre que quiere soñar que no sucede esto . Entonces pájaro , un ave de madera en su verde jaula de fronda. Jaula no, no esta donde ya es anciano del dolor ,quiere la dulce luz del verano que recubra como un velo los huesos rotos ."Si no volviese yo la primavera siempre volverá ," busca florecer. En la verde memoria ya ha florecido: hojas de libros ,hojas de álamos ,caminos de ríos y palabras, camino hijo, ese mechoncito verde de plumas, su pajarito árbol .Haroldo se piensa hacia atrás ,antes de lo que nunca debería haber pasado ,cuando era un fresco cuerpo con vida que respiraba la tierra enviándole señales. Busca un bosque húmedo ,los otros árboles-cuerpos juntos soñando un mundo verde, el olor de los hombres ,de la tierra , el olor de lo unido. para espantar este olor ,este asco del verde, uniforme- golpe ,este olor de futuro muerto. Y todo por soñar! Mientras el sueño gira, Haroldo sueña un padre vivo, no esa foto en el pecho de la madre, para descansar en su sombra ,un padre árbol para columpiarse con él en los ríos del aire, para encenderse por dentro y descansar los ojos de lo que vio ese día .Nosotros lo soñamos más viejo ,desafiante del tiempo detenido ,soñamos que leemos su nuevo libro en un país que todavía existe.

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© Cristina Villanueva

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Si desean enviar un mensaje que no se haga público , coloquen: Fuera de Sensibles en Asunto 

Rincón de la Copla

¡ENGAÑERA!
(Fragm.)
 
Tengo miedo, mucho miedo;
tengo miedo de aflojar
Tengo miedo que me obligues
                                                               corazón,
a perdonar.
 
 
Julio A. Jerez

TEXTOS
de nuestro Archivo
 
 
Gabriel Impaglione (Luján - Bs. Aires)

Lisandro

Desde que pasó lo que pasó no pronunció palabra.

La historia de Lisandro Casas quedó prendida del anecdotario doméstico, para ser contada en interminables sobremesas que todavía se estiran entre suposiciones y profundos debates casi mitológicos.

Sucedió una tarde de agosto en un campo de las afueras del pueblo.
El hombre era analfabeto y brillaba con luz propia a la hora de las tareas más duras del campo. Fue tomado de jovencito para un arreo gigantesco y se quedó como peón de la estancia para toda la vida.
Se comenzó a hablar cuando su mudez repentina sorprendió a los vecinos acostumbrados a sus parloteos y, sobre todo, a que nada ocurriera sin previo aviso.
Lisandro cabalgaba rumbo al río. Silbando para él y su caballo. Orgulloso de su sombra larga sobre el pastizal amarronado. Una más de tantas cabalgatas para ver la corriente y echar suerte como para distraer los pensamientos.
En eso estaba cuando un remolino en medio del río lo hizo pensar en cosas extrañas. Un hueco se abrió de pronto y un violento chorro de aire sacudió las copas de los árboles espantándole el caballo. La columna se mantuvo unos minutos hasta que, como caido del cielo, un grupo de indios pampas saltó a la orilla y siguió camino río abajo sin reparar en su presencia.
Lisandro dió un paso atrás y quedó inmóvil.
Así lo encontraron dos días después, tras una intensa búsqueda organizada por los paisanos y algunos amigos del bar que lo extrañaban.
- Una estatua humana - decía Casandro Gimenez mientras lo echaba en hombros para subirlo a un sulky.
El grupo lo encontró de pié, como un poste de quebracho, con los ojos grandes y la boca abierta, chorreando una baba espumosa que siguió descolgándose cada tanto.
- ¡Una maldición! - gritaban en el pueblo.
- Gualicho de alguna gringa - susurraban las viudas entrando a misa. Lo cierto es que se rezó por él cada noche durante todas esas semanas, hasta que recuperó el paso cansino y el movimiento de los ojos.
No fue en su salud restablecida parcialmente que murió la anécdota. Todavía mucha gente se pregunta: - ¿Qué vió ese hombre?
Conjeturas no faltaron nunca, por supuesto. Animas perdidas, seres monstruosos como la anguila de seis cabezas, de la que se habla cada tanto cuando los memoriosos rebuscan en sus arcones historias del río.
Fue una maestra de la escuela rural la que cambió la vida de Lisandro, aunque la gente agregó tantas versiones como sillas dormían en el pueblo.
Rosalba Fuentes lo cruzó una mañana de sábado en el almacén y se miraron por primera vez. Esa necesidad de ojos que se navegan no los dejó dormir hasta el casamiento. Lisandro aprendió a hablar por señas pero, como decían los entendidos, para el amor no hacen falta muchas palabras.
Lentamente Lisandro, bajo la paciente tarea de su esposa, aprendió el secreto de las letras y cuando todo hacía suponer que estaba en condiciones de armar su primera frase, sorprendió a propios y extraños con una variedad de floridos textos.
Se los podía ver bajo la hilera de eucaliptos de la entrada al pueblo, sentados sobre la tierra perfumada, tomando mate y deletreando frente a prolijos cuadernos de tapas duras. Conversando con los ojos. El la escuchaba con devoción y ella mimaba las palabras para entrar más profundo en el corazón de su hombre.
Todavía deben conservarse aquellos manuscritos aunque el paso del tiempo haya perturbado las pacientes letras dormidas. La tradición de las viejas familias conservan párrafos de aquella historia.
Lisandro pescaba aquella tarde. Tantas cosas de golpe que perdió el conocimiento. Luego, la constancia de la memoria fue quitando capas de olvido y sus relatos tomaron vida con detalles increibles.
Recordó cómo pasaron de largo, dejando un surco de barro río abajo, no más de veinte hombres montando en pelo, deshilachados, con largas cabelleras goteando y algunas chuzas solemnes, en silencio. Uno detrás de otro, con los equinos resoplando y el sol volviéndolos más oscuros.
Se perdieron en un recodo y, al momento de esfumarse, el río estalló en una bocanada urgente y cesó el remolino. Los pájaros, que se habían espantado, volvieron a sobrevolar las ondas, a escarbar en las orillas. El no pudo moverse más. Sintió el impulso de salir corriendo pero las piernas no le respondieron. Tenía miedo y a su vez una extraña excitación que lo empujaba a perseguir esas figuras. Estaba clavado en la tierra. Así lo encontraron y así se hubiera muerto, nomás. De hambre o de impotencia, o de algún mordisco al corazón.
Rosalba leyó una frase que remarcó con lápiz de color azul. Los últimos pampas le estaban diciendo adiós a su tierra.
Muchos años después, casi al borde del nuevo siglo, Rosalba y Lisandro fueron conmovidos por un dibujo a tinta de una revista de actualidad y costumbres. Se trataba de un artículo de un viajero francés que retrató de memoria, años atrás en París, el paso lento de una pequeña columna de pampas derrotados por las fuerzas del gobierno en un área de frontera con la civilización. El recuerdo, en la pluma de un trashumante, del paisaje pampeano que servía de telón de fondo para una fila de hombres a caballo yendo hacia algún confín incierto.
Rosalba y Lisandro se miraron.Hacía tiempo que se hablaba de las ánimas en pena de los últimos pampas recorriendo Luján para echarse definitivamente al olvido.

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La hermana de Lucía

No podía decirle a Lucía lo que pensaba de ella. Todos la conocen, saben muy bien que manera difícil tiene de reaccionar. Por eso no me preocupé mucho cuando me bombardeó con esa artillería pesada diciéndome que era mejor que le diga lo que tenía ganas de decirle, antes que guardarme palabras de las que podría arrepentirme después. Sonó a amenaza. Lo sentí así, pero que podía hacer? Todos la conocen... se pone furiosa cuando alguien le dice las cosas como son.

- ¡Cantá las cuarenta de una buena vez, no te achiqués, gallito! - le gritó a Vicente esa noche en la puerta de calle. Todos la escuchamos. La vecina de enfrente prendió la luz del porche, porque le pareció que una patota peleaba con medio barrio y casi llama a la policía, pero era Lucía con el novio que discutían al regreso de una caminata por la avenida.

Esas salidas, para mirar las vidrieras del centro, siempre terminaban mal.

Otra tardecita también discutieron por el color de unos zapatos que le gustaron en no sé qué negocio. ¡Ah! ¡Esa batahola! ¡Y encima, era verano! Andaba toda la cuadra en la vereda. Fue la comidilla hasta el otoño. Resultado de ese poco tolerante intercambio de gruesos epitetos entre los amantes fue que Vicente no volvió por unas cuantas semanas a buscarla. Ella andaba de acá para allá como una leona enjaulada. Era brava Lucía. Yo pensaba: Ojalá nunca me toque una novia así. Vicente era un tipo bueno. Trabajaba de tipógrafo en una imprenta y le gustaba leer novelas de aventuras y libros de geografía. Sabía donde quedaban los países y los ríos más anchos. Se la pasaba contándonos cosas en la vereda mientras esperaba que Lucía se cambiara para salir. Lo escuchábamos fascinados pero cuando ella llegaba, con esa mirada de rajen de acá que nos quemaba, salíamos disparados a la vereda de enfrente y él nos despedía con una sonrisa que a veces parecía triste, pero enseguida ella lo distraía tirándole de la oreja y pellizcándole los riñones mientras se reía a carcajadas.

Con el Mono y Carolina, que se llamaba Sebastían, pero le decíamos Carolina porque andaba siempre enamorado de la hija del carpintero, una rubiecita muy linda que salió reina de Quinto B para la fiesta de la primavera, a veces los seguíamos sin que lo notaran. Ella hablaba todo el tiempo y se paraba en cada vidriera. Vicente iba callado diciendo que sí con un movimiento de cabeza, un tic que se repetía a cada rato. Nos preguntábamos como hacía para tenerle tanta paciencia. El Mono tuvo una novia que le pedía chocolates y un día no la soportó más y le dijo que los chocolates se los comprara ella y la dejó. La chica estuvo llorando como una semana hasta que se arregló con un muchachito de la proveeduría. Como a los tres meses estaba irreconocible, había engordado treinta kilos y el Mono siempre decía que era por los chocolates que le regalaba el novio.

Yo siempre pensaba que no quería tener una novia como Lucía. Carolina me daba la razón, a él le gustaba que las mujeres fueran tranquilas. Calladas. Yo no pretendía tanto. Mi hermano siempre le contaba a sus amigos que a las muchachas les daba por unos quejiditos o empezaban a reirse fuerte y entonces, como se avivaban los vecinos, tenían que disparar de las ligustrinas de la cuadra. Yo me figuraba los gritos de Lucía y entendía. Porque si son todas así ¡imposible pasar desapercibido! El Mono me decía que debe ser dificil trabajar de agente secreto y tener una compañera mujer, porque siempre tienen que abrir la boca. Nos reíamos mucho.

A mi a veces me miraba la hermana de Lucía, que era de mi edad pero iba a otro colegio. Una morochita muy linda que me saludaba bajando la vista. Carolina le decía a Sebastián que ni se le ocurriera saludarla. No sé para qué se preocupaba tanto si ella ni bolilla le daba a él. Cosas de mujeres. A mi me gustaba. El Mono me contó un día que las mujeres miran para abajo para ver los cierres de los pantalones de los muchachos. Si están cerrados significa que dicen la verdad y si están abiertos ellas piensan que es mentira lo que uno les dice. Bueno, un poco me embarulló el Mono con eso que le contaron pero ,por las dudas, cuando la chica pasaba por al lado mío yo siempre tanteaba el cierre para ver si estaba levantado y daba la casualidad que justo ella me veía y se ruborizaba. El Mono me decía que se ponía colorada porque estaba enamorada de mi. Yo tenía vergüenza de decirle algo. Además, me entraba un miedo terrible de que fuera como la hermana mayor, que andaba a los gritos con el pobre Vicente.

Una tardecita de carnaval nos encontramos todos los muchachos de la barra en el club Deportivo. Organizaban un baile a beneficio para la construcción de la cancha de basquet y aunque a ninguno de nosotros nos gustaba el basquet fuimos para divertirnos viendo los disfraces de la gente y tomar muchas gaseosas. El Mono llevó a una prima(que venía de Misiones y se terminó enamorando de Carolina) y la hermana de Lucía bailó toda la noche con él, obligado por ella, a quien la chica le había contado de nuestros encuentros en la calle.
Ella me miraba frunciendo el entrecejo y yo me figuraba que era muy celosa de la hermanita. El Mono algo nos dijo sobre lo muy cuidadosa de la hermana que era Lucía, porque una tardecita escuchó a Vicente decirle a ella, después de una discusión, que cuidaba demasiado a la pequeñita y que no le serviría de mucho porque se la iban a no se acordaba qué cosa unos gusanos o algo así, esa parte él no la entendió muy bien. Y nosotros tampoco. Pero a juzgar por sus miradas que salían como flechas envenenadas parecía que no estaba de acuerdo con que nos enamorásemos, su hermana y yo. De alguna manera me tranquilizaba. ¿Y si la hermana era igual? Ya había visto sufrir a Vicente en medio de esos griteríos en plena calle y no quería correr la misma suerte.

Después de varias horas de insistirle al Mono que deje de bailar para irnos a la cantina a tomar una naranjada, la hermanita de Lucía abandonó la pista para ir al baño. El Mono me contó que no hablaron una sola palabra pero que Lucía le prohibió, delante de él, que ella bailara conmigo porque yo era un maleducado. Nos quedamos pensando. Quizá ella pretendía que fuera a pedirle permiso para bailar con su hermana. Quedamos en preguntarle a Vicente, nadie mejor que él para aconsejarnos, pero en ese momento discutían de nuevo porque ella no quería acompañarlo a ver la maqueta de la cancha de basquet que se exponía en la oficina de la secretaría del club. Vicente siempre estaba interesado en las obras en construcción. Me contó el Mono que escuchó, subido a un árbol de la cuadra, que él le insistía a Lucía que entrasen juntos a ver una edificación que se estaba terminando cerca y ella no quería y él le insistió tanto que terminaron discutiendo de nuevo y tan fuerte que el Mono, del susto, se cayó del árbol y Vicente tuvo que llevarlo alzado hasta la casa porque no podía ni caminar de como se había doblado el pié con el porrazo.
Nos pusimos de acuerdo con el Mono y esperamos a que viniera la hermana. El se iba a encargar de decirle que bailara conmigo porque se sentía muy cansado. Vamos a hacer como hacen las mujeres, me dijo, nunca falla: Yo le digo que estoy muy cansado y listo, va a bailar con vos.

Seguimos el plan según lo convenido. Cuando ella llegó nos quedamos los tres mirando cómo todos bailaban y se divertían, hasta que el Mono le dijo que estaba cansado. Ella suspiró y se quedó paradita mirando la pista de baile. Yo la observaba de reojo. Estaba paradita a nuestro lado con sus trencitas, el vestido de paisana y las manos tomadas por delante moviendo los pies al compás de la música. El Mono levantó una mano y dijo ahora vuelvo. Nos quedamos los dos mirando el baile y de a ratos pasábamos fugazmente los ojos por nuestras sonrisas sin decirnos nada. Recordé lo del cierre de mi pantalón y cada tanto me cercioraba de que estuviese cerrado. Cada vez que volteaba la cabeza para ver a la hermana pasaba rápidamente mi mano por el cierre y le daba un tironcito hacia arriba sin que ella notase mis movimientos. Allí comenzó todo para mí.

Lucía llegó casi corriendo, tomó del brazo a la hermana y apartándola me miró como a veces miraba a Vicente, cuando discutían en la vereda. La miré primero con sorpresa, pero después le clavé la mirada con todo el odio contenido de meses enteros viendo sufrir en silencio a Vicente, víctima de esos escándalos.
Ella echó detrás de sí a la chica y se paró frente a mí, decidida a dar batalla. Nuestras miradas se sacaron chispas. El Mono, que se acercaba distraido, al vernos se quedó paralizado. Vicente volvía con una cerveza, saludando a unas chicas que bailaban entre sí. La hermanita miraba como sacudía sus melenas una parejita de hippies de chalecos con flores.
Pensé que había llegado el momento de decirle todo lo que tenía guardado. Pero ella me ganó de mano:

- Mirá nenito - me dijo - ¡cuidate muy bien de cualquier intención con mi hermana! Entendiste? Y sacate esa costumbre de manosearte el cierre del pantalón cuando la cruzás en la calle, porque si te agarro te voy a llevar de los pelos a tu casa, y le voy a contar a tu mamá, entendiste? Maleducado!

Ahí nomás llamó al Mono y lo puso a bailar con la hermana, dió media vuelta y se detuvo a charlar con Vicente quien de vez en vez, sobre el hombro de su novia, me miraba con cierta sonrisa cómplice que tardé en entender.
Pude haberle dicho todo lo que pensaba. Pero ¿para qué perder tiempo? Esa mujer no iba a hacer otra cosa que ponerse a gritar, a armar un escándalo en pleno baile. Y con todo el barrio ahí.
Me senté en una silla plegadiza apoyada contra la pared, al lado de la señora del almacén que me invitaba a bailar porque me había tenido en brazos y no podía creer el estirón que había pegado. A mi no me gustaba bailar, así que me fuí a casa, sin saludar a nadie, pensando en todas las cosas que me tuve que callar pero que alguna vez, un día no muy lejano, le diría a esa mujer.

La música se hace más y más distante y el corazón late ahora más fuerte que nunca. Seguramente la hermana de Lucía estará confesándole al Mono que ella sabía que era verdad: yo la quería.
Ya no me importa.
Lástima, pobre chica ¡con semejante hermana!.

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© Gabriel Impaglione

Envíos de su autor
Especial para Sensibles del Sur
 
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Para la sonrisa  
Subject: de parte del negro



Querido amigo blanco,
un par de cosas deberías saber:

Cuando yo nací era negro.
Cuando empecé a crecer era negro.
Cuando voy a la playa soy negro.
Cuando tengo frío sigo siendo negro.
Cuando tengo pánico soy negro.
Cuando estoy enfermo soy negro.
Inclusive cuando me muero continúo siendo negro.

En cambio tú, mi querido amigo blanco,
cuando naces eres rosado.
Cuando empiezas a crecer te pones blanco.
Cuando vas a la playa te pones rojo.
Cuando tienes frío te pones azul.
Cuando tienes pánico te pones amarillo.
Cuando estás enfermo te pones verde.
Y cuando mueres...te pones morado.

¡ Y TODAVIA TIENES LA IMPERTINENCIA DE DECIRME QUE
YO SOY DE COLOR !
 
 
Firma: El Negro
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Enviado por D.R. - Bariloche (Río Negro)


Difusión difusion

María Eloy-García, de Málaga, con su libro "Metafísica del trapo", y Luisa Peluffo, de Buenos Aires, con "Un color inexistente", han sido las ganadoras ex-aequo del XVIII Premio "Carmen Conde", recientemente fallado en Madrid.
María Eloy-García nacida en Málaga, es licenciada en Geografía e Historia y cuenta con un libro publicado.
Luisa Peluffo, argentina residente en Bariloche tiene una amplia obra publicada tanto en poesía como en narrativa

 
 

Miguel Florián resultó ganador del XI Premio Jaime Gil de Biedma de poesía, dotado con 1.500.000 pesetas, con el libro Exilio. El jurado estaba formado por Luis María Anson, Juan Van Halen, Juan Manuel de Prada y Félix Grande, entre otros, informó ABC.

El Jurado del III Premio Julián Besteiro de las Artes y las Letras, determinó conceder el Galardón de esta edición al poeta Ángel González "por la calidad de su obra literaria y en reconocimiento a su alto compromiso social". La entrega de este galardón se realizará el próximo 28 de Junio en el Salón de Actos de la Escuela Julián Besteiro. El Jurado, compuesto por los escritores: Almudena Grandes, Felipe Benítez Reyes, Luis García Montero, José Manuel Caballero Bonald, Ángeles Mora, Eduardo Mendicutti y Luis Antonio de Villena reconoce con este Premio "la gran labor intelectual de este insigne poeta, así como su enérgica toma de postura social tanto en su obra como en su trayectoria vital".
Angel González, poeta, profesor y académico de la Real Academia Española de la Lengua, nació en Oviedo el 6 de septiembre de 1925. Licenciado en derecho por la Universidad de Oviedo, ha sido profesor de universidad; su vida laboral está ligada a la docencia, el periodismo y la escritura.

  Fuente: Boletín Stand@rte  - www.standarte.com Recibido regularmente en nuestra pantalla.

Concursos

CONCURSO NACIONAL DE TEATRO "Enrique Santos Discépolo"
En adhesión al centenario de su nacimiento

Bases y condiciones

1º- La Subsecretaría de Cultura de la provincia de Buenos Aires, a través de la Dirección de Bibliotecas, organiza el Concurso Nacional de Teatro "Enrique Santos Discépolo".
2º- Podrán participar sin límite de edad todos aquellos escritores de habla hispana nacidos en el territorio argentino o con cinco (5) años de residencia en él.
3º- Se admitirá el envío de una obra entre un mínimo de 30 carillas y un máximo de 50. No podrán participar trabajos que hayan sido premiados en otros concursos o publicados con anterioridad.
4º- El tema es libre.
5º- Deberán enviarse cuatro (4) copias encarpetadas, escritas a máquina o computadora en una sola cara de la hoja, a dos espacios, y consignando en la primera página título y seudónimo. Las obras deben presentarse bajo el siguiente formato: hoja A4 o carta, tamaño de fuente 12, y de 25 a 30 líneas por hoja.
6º- En sobre aparte y cerrado se consignarán: en su cara externa, título de la obra y seudónimo; y en el interior, nombre y apellido completo, fecha de nacimiento, tipo y número de documento de identidad, teléfono y lugar de residencia.
7º- La recepción de los trabajos comenzará el lunes 16 de abril y concluirá el 6 de julio. Los textos deberán enviarse a: Concurso Nacional de Teatro, Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires, Dirección de Bibliotecas, Calle 47 nº 510, La Plata, C. P. 1900, Pcia. de Buenos Aires. En caso de entrega personal, podrá realizarse en el mismo lugar entre las 9 y las 16 hs.
8º- El Jurado de selección final, integrado por Griselda Gambaro, Ismael Hase y Daniel Suárez Marzal, se expedirá durante el mes de noviembre.
9º- Los trabajos presentados no serán devueltos.
10º- La Dirección de Bibliotecas se reserva el derecho de edición de las obras premiadas.
11º- Los premios instituidos son los siguientes:

PRIMER PREMIO: Cinco mil pesos ($ 5.000), otorgado por la Dirección General de Cultura y Educación y edición de la obra.
SEGUNDO Y TERCER PREMIO: edición de las obras.

CONCURSO NACIONAL DE ENSAYO "ARTURO JAURETCHE"
En adhesión al centenario de su nacimiento

Bases y condiciones

1. La Subsecretaría de Cultura de la provincia de Buenos Aires a través de la Dirección de Bibliotecas, organiza el Concurso Nacional de Ensayo "Arturo Jauretche".
2. Podrán participar sin límite de edad todos aquellos escritores de habla hispana nacidos en el territorio argentino o con cinco (5) años de residencia en él.
3. Se admitirá el envío de un ensayo cuya extensión contemple un mínimo de 15 carillas y un máximo de 25. No podrán participar trabajos que hayan sido premiados en otros concursos o publicados con anterioridad.
4. Se podrá optar por uno de los siguientes temas: "Las nuevas tecnologías y la cultura", "Una enseñanza para la responsabilidad social", "Valores esenciales de la cultura en la educación" y "Cultura e identidad en Argentina".
5. Deberán enviarse cuatro (4) copias encarpetadas, escritas a máquina o computadora en una sola cara de la hoja, a dos espacios, y consignando en la primera página título del ensayo y seudónimo. Las obras deben presentarse bajo el siguiente formato: hoja A4 o carta, tamaño de fuente 12, y de 25 a 30 líneas por hoja.
6. En sobre aparte y cerrado se consignarán: en su cara externa, título de la obra y seudónimo; y en el interior, nombre y apellido completo, fecha de nacimiento, tipo y número de documento de identidad, teléfono y lugar de residencia.
7. La recepción de los trabajos comenzará el lunes 16 de abril y concluirá el 6 de julio de 2001. Los textos deberán enviarse a: Concurso Nacional de Ensayo "Arturo Jauretche", Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires, Dirección de Bibliotecas, Calle 47 nº 510, La Plata, C. P. 1900, Pcia. de Buenos Aires. En caso de entrega personal, podrá realizarse en el mismo lugar entre las 9 y las 16 hs.
8. El Jurado de selección final, integrado por Alejandro Piscitelli, María Rosa Lojo y Luis Chitarroni, se expedirá durante el mes de noviembre.
9. Los trabajos presentados no serán devueltos.
11. La Dirección de Bibliotecas se reserva el derecho de edición de las obras premiadas.
12. Los premios instituidos son los siguientes:

PRIMER PREMIO: Cinco mil pesos ($ 5.000), otorgado por la Dirección General de Cultura y Educación
SEGUNDO PREMIO: Mil pesos ($ 1.000), otorgado por la Dirección General de Cultura y Educación.
Edición de una antología con los primeros diez ensayos seleccionados, incluidos primero y segundo premio.


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