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EL
HORNERO
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DE DIFUSIÓN DE LA EMISORA EDUCATIVA "El HORNERO"
REVISTA Nº XXIII- 2001
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ó www.paginadigital.com.ar/articulos
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Este Adjunto está confeccionado con las
informaciones recibidas en la Emisora Educativa El Hornero. En
éste, la Redacción de El Hornero no tiene participación
alguna, excepto a la limitación de extensiones de algunos artículos.
La
revista El Hornero puede obtenerla en las siguientes páginas
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Filosofía
occidental
Descripción
temática: No es posible definir la filosofía sin recurrir a
su historia. Su concepto es inherente a la misma historia de
la filosofía. Se va desarrollando a lo largo del tiempo a
través de la secuencia de relatos y escritos, que marcan líneas
de continuidad y de ruptura, de posturas semejantes o antagónicas,
utilizando los medios conceptuales, procedimentales y
actitudinales.
INDICE:
1.
INTRODUCCIÓN
2.
Filosofía Griega
3.
Filosofía Helenística
4.
Filosofía Medieval
5.
Filosofía Moderna y Contemporánea
*
Conclusión
*
Bibliografía
*
Autor
*
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Desarrollo:
1.
INTRODUCCIÓN Filosofía
occidental, conjunto de sistemas, doctrinas, teorías y
escuelas de pensamiento que, en el ámbito de la filosofía,
se han desarrollado a lo largo de toda la historia en el
espacio geográfico occidental (entendiéndose por éste el
continente europeo y, desde el comienzo de la edad contemporánea,
el americano). Antes de afrontar su estudio, es necesario
limitar el marco disciplinar de la propia filosofía que, en
un principio, se define por ser el estudio racional y crítico
de los principios básicos. Generalmente, la filosofía es
dividida en cuatro ramas principales: metafísica (estudio de
la realidad última), epistemología (estudio de los orígenes,
validez y límites del conocimiento), ética (estudio de la
naturaleza de la moral y el juicio) y estética (estudio de la
naturaleza de la belleza en las actividades artísticas). Dos
son los principales tipos de investigación filosófica: el
analítico (estudio lógico de los conceptos) y el sintético
(ordenamiento de los conceptos en un sistema unificado).
Según
fue utilizado en su origen por los griegos clásicos, el término
filosofía significa la búsqueda del conocimiento por sí
mismo. La filosofía comprende todas las áreas del
pensamiento especulativo e incluye tanto la reflexión sobre
las artes como sobre las ciencias y la religión. Conforme se
fueron desarrollando métodos y principios particulares en las
distintas áreas del conocimiento, cada campo adquirió su
propio perfil filosófico, lo cual dio lugar a la filosofía
del arte, de la ciencia y de la religión. El término filosofía
se usa de forma popular para referirse a un conjunto de
actitudes y valores básicos respecto a la vida, la naturaleza
y la sociedad (de ahí procede la frase "filosofía de la
vida"). Como las fronteras que separan las distintas áreas
del conocimiento son flexibles y están sujetas a cambio, la
definición del término filosofía sigue estando sometida a
controversia.
Para
obtener información sobre el pensamiento filosófico en el
Extremo y Próximo Oriente véase Filosofía china; Islam;
Budismo; Taoísmo; Confucianismo.
2.
FILOSOFÍA GRIEGA
La
filosofía occidental comenzó en Jonia como una especulación
sobre la naturaleza subyacente del mundo físico. En su forma
primera no se distinguía de la ciencia natural, pues los
primeros filósofos eran físicos preocupados por determinar
qué puede permanecer tras el aparente cambio. Los escritos de
los primeros pensadores de la filosofía griega no se han
conservado en lo fundamental, excepto algunos fragmentos
citados por Aristóteles y otros autores pertenecientes a épocas
posteriores.
2.1.
La escuela jónica
El
primer pensador considerado un filósofo fue Tales de Mileto,
originario de esta ciudad, en la costa jónica de Asia Menor,
que vivió a finales del siglo VII a.C. y principios del siglo
VI a.C. Alabado por las generaciones posteriores como uno de
los siete sabios de Grecia, se interesó por los fenómenos
astronómicos, físicos y meteorológicos, y sus
investigaciones científicas le llevaron a pensar que todos
los fenómenos naturales son formas diferentes de una
sustancia fundamental (una primera idea sobre el monismo) que
él creía era el agua, pues pensaba que la evaporación y
condensación eran procesos universales. Anaximandro, discípulo
de Tales, mantenía que el primer principio a partir del cual
surgen todas las cosas es una sustancia intangible, invisible
e infinita que llamó apeiron ('lo ilimitado'). Comprendió,
sin embargo, que en todas las cosas se podía encontrar una
sustancia no observable, por lo que su noción de lo ilimitado
anticipó la noción moderna de un Universo sin límite. Esta
sustancia, afirmaba, es eterna e indestructible. Debido a su
movimiento continuo, las sustancias conocidas -como calor, frío,
tierra, aire y fuego- evolucionan de una forma ininterrumpida
generando a su vez los distintos objetos y organismos que
configuran el mundo que conocemos por los sentidos.
El
tercer gran filósofo jónico, Anaxímenes, volvió a la
suposición de Tales de que la sustancia primera es algo
conocido y material, pero mantuvo que ésta es el aire en vez
del agua. Creía que los cambios que experimentan los objetos
se pueden explicar en términos de rarefacción y condensación
del aire. De tal modo, Anaxímenes fue el primer filósofo que
explicó diferencias cualitativas en términos de diferencias
cuantitativas, un método fundamental en la ciencia física.
En
general, la escuela jónica dio el primer paso radical desde
la explicación mítica de los fenómenos naturales a la
exposición científica; descubrió los importantes principios
científicos de la permanencia de la sustancia, la evolución
natural del mundo y la reducción de calidad a cantidad.
2.2.
La escuela pitagórica
Hacia
el año 530 a.C., el filósofo Pitágoras de Samos fundó una
escuela de filosofía en Crotona, en la Magna Grecia, al sur
de Italia, que fue más religiosa y mística que la escuela jónica.
Pretendía conciliar la antigua visión mítica del mundo con
el creciente interés por la explicación científica. El
sistema de filosofía resultante -que se conoció como
pitagorismo- aunó las creencias éticas, sobrenaturales y
matemáticas en una visión espiritual de la vida. Los pitagóricos
enseñaron y practicaron un sistema de vida basado en la
creencia de que el alma es prisionera del cuerpo, del cual se
libera al morir y se reencarna en una forma de existencia, más
elevada o no, en relación con el grado de virtud alcanzado.
El principal propósito de los seres humanos tendría que ser
la purificación de sus almas mediante el cultivo de virtudes
intelectuales, la abstención de los placeres de los sentidos
y la práctica de diversos rituales religiosos. Los pitagóricos
-que descubrieron las leyes matemáticas del tono musical-
dedujeron que el movimiento planetario produce una "música
de las esferas" y desarrollaron una "terapia a través
de la música" para lograr que la humanidad encontrara su
armonía con las esferas celestes. Identificaron la ciencia
con las matemáticas y mantuvieron que todas las cosas son
reductibles a números y figuras geométricas. Realizaron
grandes contribuciones a las matemáticas, la teoría musical
y la astronomía.
2.3.
La escuela de Heráclito
Heráclito
de Éfeso (Jonia), continuando la búsqueda de la sustancia
primigenia que iniciaron los jonios, afirmó que ésta es el
fuego. Observó que el fuego produce cambios en la materia y
anticipó la teoría moderna de la energía. También afirmó
que todas las cosas se encuentran en un estado de flujo
continuo (panta rei), que la estabilidad es una ilusión y que
sólo el cambio y la ley del cambio (o logos) son reales. La
doctrina del logos de Heráclito, que identificaba las leyes
de la naturaleza con una mente divina, evolucionó hacia la
teología panteísta del estoicismo.
2.4.
La escuela eleática En el siglo V a.C., Parménides fundó
una escuela de filosofía en Elea, colonia griega situada en
la Magna Grecia. En su única obra conocida, Sobre la
naturaleza, adoptó una actitud opuesta a la de Heráclito en
la relación entre estabilidad y cambio, y mantuvo que el
Universo o lo que es, es decir, el ente, se puede describir
como una esfera indivisible e inmutable y que toda referencia
a cambio o diversidad es por sí misma contradictoria. Mantenía
que nada puede ser realmente afirmado excepto "lo que
es" (el ente). Zenón de Elea, discípulo suyo, intentó
probar la unidad del ser afirmando que la creencia en la
realidad de cambio, la diversidad y el movimiento lleva a
paradojas lógicas. Las aporías de Zenón llegaron a ser
enigmas intelectuales que filósofos y lógicos de todas las
épocas posteriores han intentado resolver. El interés de los
eleáticos por el problema de la consistencia racional propició
el desarrollo de la ciencia de la lógica.
2.5.
La escuela pluralista La especulación en torno al mundo físico
iniciada por los jonios fue continuada en el siglo V a.C. por
Empédocles y Anaxágoras, que desarrollaron filosofías que
sustituían la descripción jónica de una sustancia primera
única por la suposición de una pluralidad de sustancias. Empédocles
mantenía que todas las cosas están compuestas por cuatro
elementos irreductibles: aire, agua, tierra y fuego,
combinados o separados por dos fuerzas opuestas según un
proceso de alternancia: el amor y el odio. Mediante este
proceso, el mundo evoluciona desde el caos hasta la forma y
vuelve al caos otra vez, en un ciclo reiterado. Empédocles
consideró el ciclo eterno como el objeto verdadero del culto
religioso y criticó la creencia popular en divinidades
personales, pero no consiguió explicar cómo los objetos
conocidos por la experiencia pueden desarrollarse al margen de
factores que son por completo distintos a ellos. Por
consiguiente, Anaxágoras sugirió que todas las cosas están
compuestas por partículas muy pequeñas o
"semillas", que existen en una variedad infinita.
Para explicar cómo se combinan esas partículas para formar
los objetos que constituyen el mundo conocido, Anaxágoras
desarrolló una teoría de la evolución cósmica. Afirmaba
que el principio activo de este proceso evolutivo es una mente
universal que separa y combina las partículas, el nous. Su
concepto de partículas elementales llevó al desarrollo de
una teoría atómica de la materia.
2.6.
La escuela atomista Fue un paso natural el que condujo desde
el pluralismo hasta el atomismo, interpretación según la
cual toda materia está compuesta por partículas diminutas e
indivisibles que se diferencian sólo en simples propiedades físicas
como el peso, el tamaño y la forma. Este paso se dio en el
siglo IV a.C. con Leucipo y su colaborador más conocido, Demócrito
de Abdera, a quien se le atribuye la primera formulación
sistemática de una teoría atómica de la materia. Su
concepción de la naturaleza fue materialista de un modo
absoluto, y explicó todos los fenómenos naturales en términos
de número, forma y tamaño de los átomos. Redujo las
cualidades sensoriales de las cosas (como calor, frío, gusto
y olor) a las diferencias cuantitativas de los átomos. Las
formas más elevadas de existencia, como la vida de las
plantas y animales e incluso la humana, fueron explicadas por
Demócrito en términos físicos en sentido estricto. Aplicó
su teoría a la psicología, la fisiología, la teoría del
conocimiento (epistemología), la ética y la política, y
presentó así el primer planteamiento amplio del materialismo
determinista que afirma que todos los aspectos de la
existencia están determinados de forma rígida por leyes físicas.
2.7.
Los sofistas Hacia finales del siglo V a.C., un grupo de
maestros itinerantes llamados sofistas alcanzó un gran
renombre en toda Grecia. Los sofistas tuvieron un papel
importante en la evolución de las ciudades-estado griegas
desde unas monarquías agrarias hasta su consolidación como
democracias comerciales. Conforme crecieron la industria y el
comercio helénicos, una nueva clase de ricos comerciantes,
poderosos en el ámbito económico, empezó a controlar el
poder político. Careciendo de la educación de los aristócratas,
quisieron prepararse para la política y el comercio pagando a
los sofistas a cambio de enseñanzas en el arte de hablar en público,
el razonamiento legal y la cultura general. A pesar de que lo
mejor de los sofistas contribuyó enormemente al pensamiento
griego, el grupo en su conjunto adquirió una reputación de
falaz, hipócrita y demagogo. De ahí que la palabra sofisma
represente esas deficiencias morales. La famosa máxima de
Protágoras, uno de los sofistas más importantes, "el
hombre es la medida de todas las cosas", es
representativa de la actitud filosófica de esta escuela. Sus
componentes mantenían que los individuos tienen el derecho de
juzgar por sí mismos todos los asuntos; negaban la existencia
de un conocimiento objetivo en el que se supone que todo el
mundo debe creer, mantuvieron que la ciencia natural y la
teología tienen poco o ningún valor porque carecen de
relevancia en la vida diaria, y declararon que las reglas éticas
sólo tenían que asumirse cuando conviene al propio interés.
2.8.
Filosofía socrática
Tal
vez la mayor personalidad filosófica en la historia haya sido
Sócrates. Nacido alrededor del año 470 a.C., practicó un diálogo
continuo con sus alumnos hasta que fue sentenciado a muerte,
condena que cumplió bebiendo cicuta en el 399 a.C. A
diferencia de los sofistas, Sócrates se negó a aceptar
dinero por sus enseñanzas, afirmando que no tenía ninguna
certidumbre que ofrecer excepto la conciencia de la necesidad
de más conocimiento. Sócrates no dejó ningún escrito, pero
sus enseñanzas fueron preservadas para las generaciones
posteriores en los diálogos de uno de sus más famosos discípulos,
Platón, y también aparecen en los escritos de Jenofonte. Sócrates
enseñó que cada persona tiene pleno conocimiento de la
verdad última dentro de su alma y que sólo necesita llevarlo
a la reflexión consciente para darse cuenta. Por ejemplo, en
Menón (un diálogo platónico) Sócrates plantea a través de
una ficción la forma en que un esclavo ignorante puede llegar
a la formulación del teorema de Pitágoras, demostrando así
que el conocimiento está innato en el alma, en vez de ser
implícito o indisociable de la experiencia. Sócrates creía
que el deber del filósofo era provocar que la gente pensara
por sí misma, en vez de enseñarle algo que no supiera. Por
eso se decía partero o alumbrador de ideas. Su contribución
a la historia de la filosofía no fue una doctrina sistemática,
sino un método de reflexión, la mayéutica, y un tipo de
existencia. Hizo hincapié en la necesidad de un examen analítico
de las creencias de cada uno, de definiciones claras de los
conceptos básicos, y de un planteamiento racional y crítico
de los problemas éticos.
2.9.
Filosofía platónica
Platón
fue un pensador más sistemático que Sócrates, pero sus
escritos, en especial los primeros diálogos, pueden ser
considerados como una continuación y elaboración de las
ideas socráticas. Al igual que Sócrates, Platón consideró
la ética como la rama más elevada del saber, y subrayó la
base intelectual de la virtud al identificar virtud con
sabiduría. Esta idea llevó a la llamada "paradoja socrática"
por la que "ningún hombre hace el mal por propia
voluntad", como dice Sócrates en Protágoras. Más
tarde, Aristóteles advertiría que una conclusión así no da
lugar a la responsabilidad moral. Platón exploró también
los problemas fundamentales de la ciencia natural, la teoría
política, la metafísica, la teología y la epistemología, y
enriqueció conceptos tales como el conocimiento (en Teeteto),
el origen y esencia del lenguaje (en Crátilo), la justicia
(en La República) o la belleza (en El Banquete), entre otros
muchos, que posteriormente se erigieron en fundamentos
permanentes del pensamiento occidental.
La
base de la filosofía de Platón es su teoría de las ideas, o
doctrina de las formas. La teoría de las ideas (que queda
expresada en muchos de sus diálogos, sobre todo en La República
y Parménides) divide la existencia en dos esferas o mundos,
una "esfera inteligible" de ideas o formas
perfectas, eternas e indivisibles, el Topos Uranos, y una
"esfera sensible", de objetos concretos y conocidos.
Los árboles, las piedras, los cuerpos humanos y en general
los objetos que pueden ser conocidos a través de los sentidos
son para Platón irreales, sombríos y copias imperfectas de
las ideas. Llegó a esta, en apariencia, extraña conclusión
por las elevadas reglas que adjudicó al conocimiento, por
ejemplo, que todos los objetos auténticos de conocimiento
fueran descritos sin contradicciones. Como todos los objetos
percibidos por los sentidos experimentan cambios, una afirmación
hecha respecto a esos objetos en un instante no será válida
en un momento posterior. Según Platón, esos objetos no son
del todo reales. Las creencias que se derivan de la
experiencia de esos objetos son, por lo tanto, imprecisas e
inconstantes, mientras que los principios de las matemáticas
y la filosofía -elaborados a partir de la meditación
interior sobre las ideas- constituyen el único saber digno de
ese nombre. En La República, Platón expuso su famoso mito de
la caverna, en el cual muestra cómo la humanidad, prisionera
en una caverna, confunde las sombras proyectadas en una roca
con la realidad y en el que considera al filósofo como la
persona que penetra en el Universo fuera de la caverna de la
ignorancia y alcanza una visión de la verdadera realidad, el
mundo de las ideas. El concepto de Platón del bien absoluto
-que es la idea más elevada y engloba a todas las demás- ha
sido una fuente principal de las doctrinas religiosas panteísta
y mística en la cultura occidental.
La
teoría de las ideas de Platón y su visión racionalista del
conocimiento son la base de su idealismo ético y social. El
mundo de las ideas eternas facilita las normas o ideales según
los cuales todos los objetos y acciones han de someterse al
juicio del hombre. La persona filosófica, que se abstiene de
los placeres sensuales y busca en su lugar el conocimiento de
los principios abstractos, encuentra en esos ideales los modos
para regir la conducta personal e intervenir en las
instituciones sociales. La virtud personal consiste en una armónica
relación entre las facultades del alma. La justicia social
consiste entonces en la armonía entre las distintas clases de
la sociedad. El estado ideal de una mente sana en un cuerpo
sano requiere que el intelecto controle los deseos y las
pasiones, así como el estado ideal de la sociedad requiere
que los individuos más sabios controlen a las masas
buscadoras de placer. Para Platón, la verdad, la belleza y la
justicia coinciden en la idea del bien. Por lo tanto, el arte
que expresa los valores morales es el mejor. En su programa
social, Platón apoyó la censura en el arte, por estimarla
como un instrumento para la educación moral de la juventud.
2.10.
Filosofía aristotélica
Aristóteles,
que empezó a estudiar en la Academia de Platón con 17 años,
en el 367 a.C., es considerado el más ilustre discípulo de
Platón y se sitúa junto con su maestro entre los más
profundos e influyentes pensadores de la historia de
Occidente. Después de asistir durante varios años a la
Academia, se convirtió en el preceptor de Alejandro Magno. Más
tarde regresó a Atenas para fundar el Liceo, una escuela que,
al igual que la Academia de Platón, fue durante siglos uno de
los grandes núcleos de enseñanza en Grecia. En sus
conferencias, Aristóteles definió los conceptos y principios
básicos de muchas de las ciencias teóricas, como la lógica,
la biología, la física y la psicología. Al establecer los
rudimentos de la lógica como ciencia, desarrolló la teoría
de la inferencia deductiva, representada por el silogismo
(proposición deductiva que utiliza dos premisas y una
conclusión), y un conjunto de reglas para fundamentar lo que
habría de ser el método científico.
En
su Metafísica, Aristóteles discutió la separación que hizo
Platón de idea y materia, y afirmó que las ideas o esencias
están contenidas dentro de los objetos mismos que las
ejemplifican. Para Aristóteles, cada cosa real es una mezcla
de potencia y acto; en otras palabras, cada cosa es una
combinación de aquello que puede ser (pero que todavía no
es) y de aquello que ya es (también distinguido como materia
y forma), porque todas las cosas cambian y se convierten en
otra cosa diferente de lo que son, excepto los intelectos
activos humanos y divinos, que son formas puras.
Para
Aristóteles, la naturaleza es un sistema orgánico de cosas
cuyas manifestaciones comunes hacen posible ordenarlas en
clases de especies y géneros; cada especie tiene una forma,
propósito y modo de desarrollo en cuyos términos se puede
expresar. El fin de la ciencia teórica es definir las
actitudes, propósitos y modos esenciales de desarrollo de
todas las especies y disponerlos en su orden natural de
acuerdo con sus complejidades según su forma, siendo los
principales niveles el inanimado, el vegetativo, el animal y
el racional. El alma, para Aristóteles, es la forma o
realidad del cuerpo, y los humanos, cuyo espíritu racional
constituye una forma más elevada que la de las demás
especies terrenales, la más elevada dentro de las
perecederas. Los cuerpos celestes, compuestos de una sustancia
imperecedera o éter, y movidos en un perfecto movimiento
circular por Dios, son todavía más altos en el orden de la
naturaleza. Esta clasificación jerárquica de la naturaleza
fue adoptada por muchos teólogos cristianos, judíos y
musulmanes en la edad media como una visión de la naturaleza.
La
filosofía política y ética (ésta última desarrollada en
Ética a Nicómaco) de Aristóteles surgió también de un
examen crítico de los enunciados platónicos. Las normas de
conducta personal y social, según Aristóteles, pertenecen al
estudio científico de las tendencias naturales de los
individuos y las sociedades en vez de contemplarse en la
esfera celeste de las ideas puras. Menos insistente que Platón
en una conformidad rigurosa respecto a los principios
absolutos, Aristóteles consideró las reglas éticas como guías
prácticas para alcanzar una vida feliz y plena. El énfasis
que puso en la felicidad, como el cumplimiento de las
capacidades naturales, expresó la actitud hacia la vida que
mantuvieron los griegos cultos de su tiempo. En teoría política
adoptó una posición más realista que Platón. Se mostró
conforme con el modelo de una monarquía gobernada por un rey
sabio que llegaría a representar la estructura política
ideal, pero reconocía asimismo que las sociedades difieren en
sus necesidades y tradiciones, y creía que una democracia
limitada conforma y ordena el mejor compromiso concebible. En
su teoría del conocimiento, Aristóteles rechazó la doctrina
platónica por la que el saber es innato e insistió en que sólo
puede adquirirse mediante la generalización desde la
experiencia. Interpretó el arte como una vía al servicio del
placer y de la ilustración intelectual en lugar de ser un
instrumento de educación moral. Su análisis de la tragedia
griega en Poética es considerado el hito fundacional de la crítica
literaria.
3.
FILOSOFÍA HELENÍSTICA Y ROMANA
Desde
el siglo IV a.C. hasta el desarrollo de la filosofía
cristiana en el siglo IV, el epicureísmo, el estoicismo, el
escepticismo y el neoplatonismo fueron las principales
escuelas filosóficas en el mundo occidental. El interés
por la ciencia natural declinó en ese periodo y estas
escuelas se preocuparon sobre todo por la ética y la religión.
3.1.
Epicureísmo
En
el año 306 a.C., Epicuro fundó una escuela filosófica en
Atenas. Como sus seguidores se reunían en el jardín de su
casa fueron conocidos como los "filósofos del jardín".
Epicuro adoptó la física atomista de Demócrito pero aportó
algunas novedades importantes. En lugar de un movimiento
aleatorio de los átomos en todas las direcciones, afirmó
(para simplificar la explicación) que un movimiento
uniforme acontecía en dirección descendente. También
admitió la posibilidad de un factor de casualidad que
intervenía en el mundo físico al manifestar que los átomos,
a veces, se desvían en un sentido impredecible (clinamen),
facilitando así una base física para la creencia en el
libre albedrío. Sostenía que la ciencia natural es
importante sólo si se puede aplicar en la adopción de
decisiones prácticas y para aplacar el temor hacia los
dioses y la muerte. Afirmaba que el destino de la existencia
es obtener la máxima cantidad de placer, que identificaba
con un movimiento de simpatía y con la ausencia de dolor.
Las enseñanzas de Epicuro se conservan sobre todo en el
poema filosófico De rerum natura (De la naturaleza de las
cosas) del poeta romano Lucrecio, quien contribuyó a la
difusión del epicureísmo en Roma.
3.2.
Estoicismo
La
escuela estoica, fundada en Atenas hacia el 300 a.C. por Zenón
de Citio, evolucionó a partir del anterior movimiento de
los cínicos, que rechazaba las instituciones que
estructuraban la sociedad y los valores materiales vigentes.
El estoicismo representó la escuela más importante en el
mundo grecorromano y en ella coincidieron escritores y
personalidades tan importantes como Epicteto y el propio
emperador romano Marco Aurelio Antonino, conocido tanto por
su sabiduría como por la nobleza de su carácter. Uno de
los más relevantes filósofos estoicos del Imperio romano
fue el hispanorromano cordobés Lucio Anneo Séneca, tutor
del emperador Nerón, que mantuvo las tesis fundamentales
del estoicismo antiguo con un importante tono moral y una
concepción de la sabiduría como benevolencia. Los estoicos
proclamaron que se puede alcanzar la libertad y la
tranquilidad tan sólo siendo ajeno a las comodidades
materiales y la fortuna externa, y dedicándose a una vida
guiada por los principios de la razón y la virtud (tal es
la idea de la imperturbabilidad o ataraxia). Asumiendo una
concepción materialista de la naturaleza, siguieron a Heráclito
en la creencia de que la sustancia primera se halla en el
fuego y en la veneración del logos, que identificaban con
la energía, la ley, la razón y la providencia encontradas
en la naturaleza. La razón de los hombres se consideraba
también parte integrante del logos divino e inmortal. La
doctrina estoica que consideraba a cada persona como parte
de Dios y miembro de una familia universal ayudó a romper
barreras regionales, sociales y raciales, y preparar el
camino para la propagación de una religión universal. La
doctrina estoica de la ley natural, que convierte la
naturaleza humana en norma para evaluar las leyes e
instituciones sociales, tuvo mucha influencia en Roma y en
las legislaciones posteriores de Occidente.
3.3.
Escepticismo El escepticismo, que profundizó en la crítica
sofista del conocimiento objetivo, dominó la Academia platónica
en el siglo III a.C. Los escépticos descubrieron (al igual
que Zenón de Elea) que la lógica es un mecanismo filosófico
poderoso y capaz de destruir cualquier idea positiva, y la
usaron con arte. Su suposición principal era que la
humanidad no puede alcanzar el conocimiento o la ciencia que
conciernen a la realidad y que el camino hacia la felicidad,
por lo tanto, se asienta en una absoluta suspensión de
juicio. Como ejemplo extremo de esta actitud, se dice que
Pirrón -uno de los escépticos más notables- se negó a
cambiar de rumbo al acercarse a un acantilado y tuvo que ser
corregido por sus alumnos. Carnéades mantenía que las
creencias adquiridas de la experiencia por vía inductiva
pueden ser probables, pero nunca ciertas.
3.4.
Neoplatonismo El filósofo judeo-helenista Filón de
Alejandría sumó la filosofía griega, en especial las
ideas platónicas y pitagóricas, a la religión judaica en
un amplio sistema que anticipó el neoplatonismo y el
misticismo judío, cristiano y musulmán. Filón insistía
en la naturaleza transcendente de Dios, que supera el
entendimiento y por lo tanto resulta indescriptible para los
mortales; describió el mundo natural como una serie de
etapas descendentes desde Dios y terminando en la materia
como origen del mal. Abogó por un régimen teocrático, y
fue uno de los primeros en interpretar el Antiguo Testamento
para los no judíos. Falleció en el año 50 d.C.
El
neoplatonismo, sustrato de una de las escuelas filosóficas
y religiosas más influyentes e importante rival del
cristianismo, fue fundado en el siglo II d.C. por Amonio
Sacas y se desarrolló en el siglo III gracias a su discípulo
más conocido, Plotino. Éste basó sus ideas en los
escritos místicos y poéticos de Platón, los pensadores
pitagóricos y Filón. Para Plotino, la principal razón de
ser de la filosofía es educar a los individuos para la
experiencia del éxtasis, en la que se hacen uno con Dios.
Dios (o lo Uno) está más allá del entendimiento racional
y es la fuente originaria de toda realidad. El Universo
emana de lo Uno por un proceso misterioso de comunicación
de energía divina en planos sucesivos. Los niveles más
altos forman lo Uno, el logos, que contiene las ideas platónicas,
y el Alma cósmica, que da lugar a las almas humanas y a las
fuerzas de la naturaleza. Las demás cosas que emanan de lo
Uno, según Plotino, cuanto más imperfectas y malas son, más
cerca están del límite de la materia en su estado
original. El fin más elevado de la vida es depurarse uno
mismo de la dependencia de la conformidad física y, a través
de la meditación filosófica, disponerse para una reunión
extática con lo Uno. El neoplatonismo ejerció una fuerte
influencia en el pensamiento medieval.
4.
FILOSOFÍA MEDIEVAL
Durante
el declive de la civilización grecorromana, los filósofos
occidentales abandonaron la investigación científica de la
naturaleza y la búsqueda de la felicidad en el mundo y se
preocuparon por el problema de la salvación en otro mundo
mejor. Hacia el siglo III, el cristianismo se había
extendido a las clases más cultas del Imperio romano.
4.1.
Filosofía de san Agustín
El
proceso encaminado a reconciliar el énfasis de los griegos
en la razón con el que ponían los romanos en las emociones
religiosas de las enseñanzas de Cristo y los apóstoles se
concretó en los escritos de san Agustín de Hipona. Éste
desarrolló un sistema de pensamiento que, a través de
sucesivas rectificaciones y elaboraciones, se convirtió al
fin en la doctrina del cristianismo de aquella época. En
gran parte debido a su influencia, el pensamiento cristiano
fue platónico hasta el siglo XIII, punto en que la filosofía
aristotélica se hizo dominante. San Agustín afirmaba que
la fe religiosa y el entendimiento filosófico obran como
complementarios en lugar de ser opuestos y que se debe
"creer para comprender y comprender para creer".
Al igual que los neoplatónicos, consideraba el alma una
forma más elevada de la existencia que el cuerpo y mantuvo
que el conocimiento consiste en la contemplación de las
ideas que han sido depuradas tanto de sensaciones como de imágenes.
La
filosofía platónica se unió al concepto cristiano de un
Dios personal que había creado el mundo y predestinado su
evolución, y a la doctrina de la caída de la humanidad que
requería la divina encarnación en Cristo. San Agustín
intentó aportar soluciones racionales a los problemas del
libre albedrío y la predestinación, la existencia del mal
en un mundo creado por un dios omnipresente y todopoderoso,
y la naturaleza atribuida a Dios en la doctrina de la Santísima
Trinidad.
En
uno de sus principales escritos, La ciudad de Dios, concibió
la historia como una lucha trágica en la humanidad entre el
bien, expresado en la lealtad a la "ciudad de
Dios" o comunidad de los santos, y el mal, identificado
en la ciudad terrenal y simbolizado a través de sus valores
materiales. Su idea de la vida humana era pesimista, lo que
le llevó a sostener que la felicidad es imposible en la
existencia del individuo, donde incluso con buena suerte,
como excepción, la conciencia de la proximidad de la muerte
echaría a perder cualquier tendencia hacia la satisfacción
y el placer. Pensó que sin las virtudes religiosas de la
fe, la esperanza y la caridad -que requieren de la divina
gracia para ser alcanzadas-, una persona no puede
desarrollar virtudes naturales referidas al valor, la
justicia, la templanza y la sabiduría. Sus análisis del
tiempo, la memoria y la experiencia religiosa fueron fuente
de inspiración para el pensamiento metafísico y místico.
La
única gran aportación a la filosofía occidental en los
tres siglos posteriores a la muerte de san Agustín fue la
del estadista romano del siglo VI Boecio, que reavivó el
interés por el pensamiento griego y romano, en especial por
la lógica y metafísica aristotélicas. En el siglo IX el
monje irlandés Juan Escoto Eriúgena expuso una
interpretación panteísta del cristianismo, identificando
la Trinidad divina con lo Uno, el logos y el Alma universal
del neoplatonismo, y mantuvo que tanto la fe como la razón
son necesarias para alcanzar la unión extática con Dios.
4.2.
Escolasticismo
En
el siglo XI se produjo un resurgir del pensamiento filosófico,
fruto del creciente encuentro entre las diferentes regiones
del mundo occidental y el despertar del interés por las
culturas ignotas que culminaría en el renacimiento. Los
trabajos de Platón, Aristóteles y otros sabios griegos
fueron traducidos por eruditos musulmanes y se conocieron en
el Occidente cristiano gracias a las aportaciones de los filósofos
de al-Andalus y a distintas traducciones del árabe al latín
realizadas en los reinos cristianos de la península Ibérica.
Los filósofos musulmanes, judíos y cristianos
interpretaron y clarificaron esos escritos en una tentativa
por conciliar la filosofía con la fe religiosa y dotar de
pilares racionales a sus creencias religiosas. Su trabajo
cimentó el escolasticismo.
El
pensamiento escolástico estuvo menos interesado en
descubrir nuevos datos y principios que en demostrar la
verdad de los credos ya consolidados. Su método fue, por lo
tanto, dialéctico o discursivo. El interés por la lógica
del discurso llevó a importantes avances tanto en lógica
como en teología. El médico persa del siglo XII Avicena
integró el neoplatonismo y las ideas aristotélicas con la
doctrina religiosa musulmana, mientras que el poeta judío
Solomon ben Yehuda ibn Gabirol elaboró una síntesis
semejante entre el pensamiento griego y el judaísmo. El teólogo
y filósofo escolástico san Anselmo adoptó la idea
agustiniana de la relación entre fe y razón, y relacionó
el platonismo con la teología cristiana. San Anselmo, que
actuaba siguiendo la teoría de las ideas de Platón, se
mostró a favor de la existencia separada de los universales
o las propiedades comunes de las cosas. De esta forma,
estableció la posición del realismo lógico en uno de los
debates más conflictivos y trascendentes de la filosofía
medieval, el de los universales.
La
concepción contraria, conocida como nominalismo, fue
formulada por el filósofo escolástico Roscelino, quien
afirmó que sólo existen los objetos individuales,
concretos, y que los universales (formas e ideas, mediante
las que se clasifican las cosas particulares) constituyen
meros sonidos o signos en vez de sustancias intangibles.
Cuando afirmó que la Trinidad tiene que consistir en tres
existencias separadas, sus ideas fueron condenadas por heréticas
y fue obligado a retractarse en 1092. El teólogo francés
Pedro Abelardo, cuyo trágico romance con Eloísa en el
siglo XII alimentó una de las historias de amor más
memorables del medievo, propuso un compromiso entre realismo
y nominalismo conocido como conceptualismo, según el cual
los universales existen en las cosas particulares como
propiedades y fuera de las cosas como conceptos en la mente.
Abelardo mantenía que la religión revelada tiene que ser
justificada por la razón. Fundamentó una ética basada en
la conciencia personal que anticipó el pensamiento
protestante.
El
jurista, físico y teólogo hispanomusulmán Averroes (el
filósofo islámico más conocido de la edad media) hizo que
la ciencia y el pensamiento aristotélico tuvieran gran
influencia en el mundo medieval gracias a sus lúcidos y
eruditos comentarios de la obra de Aristóteles. Fue
conocido como El Comentador entre los muchos escolásticos
que consideraban a Aristóteles como El Filósofo. Averroes
intentó superar las contradicciones entre la filosofía
aristotélica y la religión revelada distinguiendo entre
dos sistemas de verdad separados: un cuerpo científico de
verdades basado en la razón y un cuerpo religioso de
verdades inspirado en la revelación. Su idea de que la razón
tiene preferencia sobre la religión le llevó en 1194 al
exilio. La llamada doctrina de la doble verdad de Averroes
influyó sobre numerosos filósofos musulmanes, judíos y
cristianos, pero también fue rechazada por muchos otros
autores y se convirtió en un importante problema filosófico
en el ámbito de la cultura medieval. Averroes desarrolló
este análisis de las relaciones entre filosofía y fe
religiosa en una de sus principales obras originales,
Tahafut al-Tahafut (La destrucción de la destrucción).
El
filósofo hispanojudío Maimónides (una de las figuras más
destacadas del pensamiento judaico), al igual que Averroes,
unió la ciencia aristotélica con la religión, pero rechazó
la idea de que ambos sistemas contrarios pudieran ser
verdaderos. En su Guía de perplejos (c. 1190) intentó dar
una explicación racional a la doctrina judaica y defendió
las creencias religiosas (como la de la creación del mundo)
que entraban en conflicto con la ciencia aristotélica sólo
cuando estuvo convencido de que faltaban evidencias
decisivas en el sustrato de ambas posturas.
En
el siglo XIII el teólogo escolástico inglés Alejandro de
Hales y el filósofo escolástico italiano san Buenaventura
fundieron los principios platónicos y aristotélicos e
introdujeron la idea de que el alma es forma y sustancia a
la vez (o sustancia no material), para explicar su
naturaleza inmortal. La idea de san Buenaventura tendió
hacia el misticismo panteísta al hacer del fin de la
filosofía la unión extática con Dios.
El
filósofo escolástico alemán san Alberto Magno fue el
primer filósofo cristiano que aprobó e interpretó la
totalidad del pensamiento aristotélico. Estudió y admiró
los escritos de los aristotélicos musulmanes y judíos, que
conoció por los trabajos de la Escuela de Traductores de
Toledo, y escribió comentarios enciclopédicos sobre Aristóteles
y la ciencia natural de su tiempo. El monje inglés Roger
Bacon, uno de los primeros escolásticos que mostró interés
por la ciencia experimental, advirtió que quedaba mucho por
aprender aún sobre la naturaleza. Criticó el método
deductivo de sus contemporáneos, así como la confianza de
éstos en la autoridad del pasado, proponiendo un nuevo método
de investigación basado en la observación controlada.
La
mayor figura intelectual de la edad media fue santo Tomás
de Aquino, monje dominico que estudió con san Alberto
Magno, a quien siguió hasta Colonia en 1248. Santo Tomás
de Aquino unió la ciencia aristotélica y la teología
agustiniana en un amplio sistema de pensamiento que más
tarde se convirtió en la filosofía autorizada de la
Iglesia católica. Sus obras más importantes, Summa
Theologiae y Summa contra Gentiles, donde presenta una
estructura de ideas convincente y sistemática, siguen
ejerciendo en la actualidad una poderosa influencia en el
pensamiento occidental. Sus textos reflejan el renovado
interés de su tiempo por la razón, la naturaleza y la
felicidad en este mundo, junto con su fe religiosa y
preocupación por la salvación del hombre.
Aquino
mantuvo, en contra de los averroístas, que las verdades de
la fe y las verdades de la razón no podían estar en
conflicto, sino que más bien son aplicadas a campos
diferentes. Las verdades de la ciencia natural y de la
filosofía son descubiertas al razonar a partir de datos de
la experiencia, mientras que los principios de la religión
revelada (la doctrina de la Trinidad, la creación del mundo
y otros fundamentos del dogma cristiano) están más allá
de la comprensión racional, aunque no hayan de ser
contradictorios respecto a la razón y deban aceptarse
mediante la fe. La metafísica, teoría del conocimiento, ética
y política de Aquino provenían sobre todo de Aristóteles,
pero el dominico incorporó en sus doctrinas las virtudes
agustinianas de la fe, esperanza y caridad, y el destino de
la salvación eterna a través de la gracia, a la ética
naturalista aristotélica, cuya meta era conseguir la
felicidad en este mundo.
4.3.
Filosofía medieval después de santo Tomás de Aquino Las
mayores críticas a la filosofía tomista fueron formuladas
por Juan Duns Escoto y Guillermo de Ockham. Duns Escoto
desarrolló un sutil y muy técnico sistema de lógica y
metafísica, pero debido al fanatismo de sus seguidores, el
nombre de Duns se convirtió más tarde en símbolo de
estupidez en la palabra inglesa dunce (burro). Escoto rechazó
el intento de santo Tomás de Aquino para reconciliar la
filosofía racional con la religión revelada. Mantuvo, en
una versión modificada de la llamada doctrina de la doble
verdad de Averroes, que todas las creencias religiosas son
asuntos de fe, excepto la creencia en la existencia de Dios,
que consideraba demostrable desde supuestos lógicos. En
contra de la idea de Aquino según la cual Dios actúa de
acuerdo con su naturaleza racional, Escoto afirmó que la
voluntad divina es anterior al propio intelecto divino y
crea (en vez de amoldarse a ellas) las leyes de la
naturaleza y la moral (voluntarismo), lo que implicaba una
noción del libre albedrío más amplia que la de santo Tomás.
Al abordar el problema de los universales, Duns Escoto
planteó un nuevo compromiso entre realismo y nominalismo al
explicar la diferencia entre los objetos individuales y las
formas que esos objetos ejemplifican (individuación) como
una distinción lógica en vez de real.
El
franciscano inglés Guillermo de Ockham formuló la crítica
de carácter más radical y nominalista de la creencia escolástica
en el campo de lo intangible, cosas invisibles como las
ideas, esencias y universales. Mantuvo que tales entidades
abstractas sólo son referencias terminológicas que
designan a su vez otras palabras en lugar de ser útiles
para referirse a cosas reales. Su famosa regla, conocida
como "la navaja de Ockham" (que afirma que no se
debe suponer la existencia de más cosas de las que son
necesarias según imperativos lógicos), se convirtió en un
principio fundamental de la ciencia y filosofía modernas.
En
los siglos XV y XVI el renacer del interés científico por
la naturaleza se vio acompañado por la tendencia hacia el
misticismo panteísta. El prelado católico romano Nicolás
de Cusa anticipó la obra del astrónomo polaco Nicolás Copérnico
al sugerir que la Tierra se mueve alrededor del Sol,
desplazando así a la humanidad del centro del Universo, al
que concibió como infinito e idéntico a Dios. El filósofo
italiano Giordano Bruno, que también identificó el
Universo con Dios, desarrolló las implicaciones filosóficas
de la teoría copernicana. La filosofía de Bruno influyó
en corrientes intelectuales posteriores que llevaron al
nacimiento de la ciencia moderna y a la Reforma.
5.
FILOSOFÍA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA
Desde
el siglo XV la filosofía occidental ha estado marcada por
una interacción continua entre sistemas de pensamiento
basados en una interpretación mecanicista y materialista
del Universo, y aquellos otros que consideraban al
pensamiento humano como la única realidad última. Esta
interacción reflejó el creciente efecto del descubrimiento
científico y el cambio político en la especulación filosófica.
5.1.
Mecanicismo y materialismo
Los
siglos XV y XVI marcaron un periodo de cambios radicales en
el ámbito social, político e intelectual. La exploración
del mundo, la Reforma protestante (con su énfasis en la fe
individual), el auge de la sociedad urbana comercial y la
aparición de nuevas ideas en todas las áreas de la cultura
estimularon el desarrollo de una nueva idea filosófica del
Universo. La visión medieval del cosmos como un orden jerárquico
de seres creados y gobernados por Dios fue sustituida por la
visión mecanicista del mundo como una gran máquina cuyas
partes se mueven de acuerdo con estrictas leyes físicas,
sin propósito ni voluntad. El objetivo de la vida humana ya
no se concebía como preparación para la salvación en el
otro mundo, sino más bien como la satisfacción de los
deseos naturales del individuo. Las instituciones políticas
y los principios éticos dejaron de ser considerados como
reflejo del mandato divino para ser vistos, en cambio, como
resortes prácticos creados por los seres humanos. En esta
nueva visión filosófica, la experiencia y la razón fueron
los únicos patrones efectivos para dilucidar la verdad. La
figura del filósofo jesuita español Francisco Suárez tuvo
una gran influencia en la transformación de la escolástica
clásica y en una moderna concepción de la ley y de la
autoridad real que, según Suárez, deriva su poder del
consentimiento del pueblo y podía ser rechazada cuando no
era ejercida con justicia.
El
primer gran representante de la nueva filosofía fue el
pensador inglés Francis Bacon, barón de Verulam, quien
denunció la confianza en la autoridad y en el discurso
verbal, y consideró la lógica aristotélica inútil para
acuñar nuevas leyes físicas. En su obra Novum organum
(1620), Bacon expuso un nuevo método científico basado en
la generalización inductiva realizada desde la observación
y la experimentación. Fue el primero en formular leyes para
la inferencia inductiva.
El
trabajo del físico y astrónomo italiano Galileo fue de
mayor importancia en el desarrollo de una nueva visión del
mundo. Galileo Galilei resaltó la importancia de aplicar
las matemáticas a la formulación de leyes científicas.
Para ello creó la ciencia de la mecánica, que aplicaba los
principios de la geometría a los movimientos de los
cuerpos. El éxito de la mecánica en la formulación de
leyes fiables y útiles de la naturaleza llevó a pensar a
Galileo y a otros científicos posteriores que toda la
naturaleza está creada de acuerdo con leyes mecánicas.
5.1.1.
Descartes
El
matemático, físico y filósofo racionalista francés René
Descartes profundizó en las críticas de Bacon y Galileo
sobre los métodos y creencias existentes, pero al contrario
que Bacon -que se inclinaba por la práctica de un método
inductivo basado en hechos observados-, Descartes hizo de
las matemáticas el modelo para toda ciencia, aplicando sus
métodos deductivos y analíticos a todos los campos del
saber. En 1637 publicó su primera gran obra, Ensayos filosóficos,
a la cual servía de prólogo el que sería su más famoso e
influyente escrito, Discurso del método. Decidió
reconstruir todo el conocimiento humano sobre una base
absolutamente certera al rechazar cualquier creencia,
incluso su propia existencia, hasta que pudiera probarla
como verdadera (escepticismo metodológico). Descartes fundó
la prueba lógica de su propia existencia en el acto de
dudar de ella y su famosa afirmación "Cogito, ergo sum"
("Pienso, luego existo") le proporcionó el dato
cierto o axioma a partir del cual pudo deducir la existencia
de Dios y de las leyes básicas de la naturaleza. A pesar de
su perspectiva mecanicista, Descartes aceptó la tradicional
doctrina religiosa de la inmortalidad del alma y mantuvo que
la mente y el cuerpo son dos sustancias diferentes; de esta
forma dejó a la mente libre de las leyes mecánicas de la
naturaleza y consagró la libertad de la voluntad. Su
fundamental separación de mente y cuerpo, conocida como
dualismo, planteó el problema de la explicación de cómo
dos sustancias tan diferentes como cuerpo y mente pueden
afectar la una a la otra, problema que fue imposible
resolver y que ha sido desde entonces motivo prioritario de
interés en la filosofía.
5.1.2.
Hobbes
El
filósofo inglés Thomas Hobbes elaboró un amplio sistema
de metafísica materialista que aportó una solución al
problema mente-cuerpo del dualismo al reducir la mente a los
movimientos interiores del cuerpo. Al aplicar los principios
de la mecánica a todas las áreas del conocimiento, definió
los conceptos básicos de cada área (como vida, sensación,
razón, valor y justicia) en términos de materia y
movimiento, reduciendo así todos los fenómenos a
relaciones físicas y todas las ciencias a un proceso mecánico.
Hobbes expuso su teoría ética y su teoría política en
Leviatán (1651); la primera se basaba en la afirmación de
que las reglas conductuales humanas se rigen por el instinto
de conservación, por lo que justificó las acciones egoístas
como una tendencia natural del ser humano. En consecuencia,
su teoría política sostenía que el gobierno y la justicia
social son creaciones artificiales basadas en un contrato
social y mantenidas por la fuerza. Apoyó a la monarquía
absoluta como el medio más efectivo de preservar la paz.
Continúa
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