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EL
HORNERO
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DE DIFUSIÓN DE LA EMISORA EDUCATIVA "El HORNERO"
REVISTA Nº XXIII- 2001
www.interdia.org/hornero
ó www.paginadigital.com.ar/articulos
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Este Adjunto está confeccionado con las
informaciones recibidas en la Emisora Educativa El Hornero. En
éste, la Redacción de El Hornero no tiene participación
alguna, excepto a la limitación de extensiones de algunos artículos.
La
revista El Hornero puede obtenerla en las siguientes páginas
web:
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Literatura
argentina
Descripción temática:
Es esta sociedad tan atravesada por valores contradictorios,
disvalores y mensajes ambiguos, aquellos que creemos en el
efecto transformador de la educación, insistimos en que los
niños y jóvenes debieran leer más, en que la lectura no
tendría que ser reemplazada por la t.v. o la pc., en fin,
parecemos defender un sistema arcaico que la juventud ignora o
menosprecia.
Y sin embargo sabemos desde lo profundo de nuestra experiencia
cuan invalorable es lo que incorporamos a nuestro esquema a
través de la literatura, podemos atestiguar apasionadamente cómo
nuestro horizonte se abrió ante realidades ignotas y cuándo
quizás nuestro mundo emocional percibió sensaciones ajenas,
logrando así ser capaces de comprender a otros, fin último
de la empatía tan buscada y pregonada en escuelas que
intentan desarrollar la inteligencia emocional.
Así todo, con nuestra convicción no alcanzamos el objetivo
de desarrollar el hábito de la lectura en nuestros alumnos.
Las estadísticas aportan su verdad, cada vez que se venden
menos libros, las personas encuestadas leen menos que hace 20
años, los exámenes que evaluaron a los alumnos de todo el país
indican peores resultados en comprensión lectora.
¿Por qué, entonces, no incorporan a nuestras clases los estímulos
que son motivantes para los jóvenes y llegar a través de
ellos a impactar en la curiosidad de los alumnos? Si el grupo
de rock "iron Maiden" musicalizó un poema de
Coleridge, sería interesante descubrir en clase qué pudo
inspirar en estos roqueros duros la hermosa balada del poema
inglés. Si un juego de computadoras utiliza líneas del poema
"the tyger" escrito por William Blake en el siglo
xviii, y la voz cibernética las repite cuando el jugador
cumple una etapa, los adolescentes usuarios de estos juegos
pueden interesarse en profundizar en el significado de un
texto que forma parte de un juego interactivo, y podrían quizás,
como observé en una de mis clases, crear un "rap"
con las líneas de blake. Podemos también encontrar películas
que ocupan primeros puestos en el ranking u que mencionan
autores u obras que todos tratamos de incorporar a la currícula
(véase a modo de ejemplo: "shakespeare in love",
"el abogado del diablo" por nombrar algunos
recientes). También podemos crear con ellos o para ellos un
hipertexto que los ayude a leer y comprender una pieza
literaria en un formato distinto del formato libro y con links
a internet.
Rescatar a nuestros alumnos del mundo de lo cotidiano, lo
vertiginoso de la imagen y lo superficial, no significa
pedirles que abruptamente se concentren en el silencio del
claustro. Quizás hay que mostrarles lo atractivo del mundo
del pensamiento partiendo del producto cultural que los
identifica y demostrar el camino que los creadores siguieron,
basándose en las grandes obras de la literatura para
recrearlas, reconstruirlas con nuevos significados utilizando
los nuevos medios tecnológicos que ofrece el siglo xxi.
La buena literatura nos hace reflexionar, analizar, ahondar en
significados y este proceso introspectivo es el que finalmente
buscamos en nuestros alumnos para encontrar allí con los
valores de la sociedad occidental, cuestionarlos si es
necesario y rescatarlos pero habiendo incorporado nuestro análisis
e interiorización. Llegar allí implica una mirada personal,
inteligente y sensible que quizás no cuente con adeptos entre
los adolescentes en primera instancia. Sin embargo, si la
curiosidad despierta el interés, son ellos precisamente los más
ávidos investigadores, científicos y críticos.
El camino no está en abandonar los clásicos, en explicar en
forma simplista o en recurrir a manuales sintéticos;; todo
esto ya sabemos es el tortuoso camino del fracaso, busquemos
en cambio el luminoso sendero de las grandes obras que aún
hoy tienen mucho que decir......."!!!!!!!!!!!!!!
1. INTRODUCCIÓN Literatura argentina, recorrido histórico a
través de las obras literarias (narrativa, poesía, ensayo)
escritas en la República Argentina.
El nombre mismo del país tiene un origen literario, muy
anterior a la existencia de la nación y el Estado. En 1602
apareció un poema descriptivo, La Argentina, de Martín del
Barco Centenera (1544-1605), que creó el latinismo
equivalente a Río de la Plata y cuyo contenido invoca la vida
en las Indias meridionales. La palabra es retomada en 1612 en
Argentina manuscrita, crónica en prosa de Ruy Díaz de Guzmán.
2. PERIODO COLONIAL
En el siglo XVII, el barroco rioplatense es pobre si se lo
compara con otros del continente (véase Literatura mexicana;
Literatura peruana). El primer poeta memorable es Luis José
de Tejeda, autor de Coronas líricas y El peregrino en
Babilonia, poesía tejedana principal. Domingo de Neyra
(1684-1757) nos dejó los primeros esbozos de historia. Otros
naturalistas y geógrafos continuaron esta primera tarea
historiográfica: Pedro Lozano, José Guevara, Félix de Azara,
viajeros jesuitas y, ya en los albores de la independencia, el
primer historiador formal del país, Gregorio Funes. La
imprenta y el periodismo llegaron con la Ilustración, en el
siglo XVIII, cuando con las reformas de Carlos III se fundó
el virreinato del Río de la Plata en 1776.
3. LA INDEPENDENCIA
Como en el resto de América, la emancipación fue muy
celebrada por la pluma, pero siempre bajo la paradójica
dependencia del clasicismo español. Así se observa en los
versos de Vicente López y Planes (autor de la Marcha patriótica,
himno nacional argentino), Esteban de Luca, fray Cayetano Rodríguez
y Juan Cruz Varela (1794-1839), figura mayor de la tendencia y
autor de una rica obra, con títulos como La Elvira o su célebre
poema Al 25 de mayo de 1838. El teatro, iniciado en 1717 con
una Loa de Antonio Fuentes del Arco, consiguió en 1817 abrir
una Sociedad del Buen Gusto destinada a combatir las
"malas costumbres" del barroco e imponer el
racionalismo (véase Leandro Fernández de Moratín). En los
escritos y traducciones de José Antonio Miralla (1789-1825)
se advierte una evolución hacia el romanticismo. En el plano
de las ideas, la escolástica dio paso a los planteamientos de
la fisiocracia que introdujo el militar y político
independentista Manuel Belgrano y a las ideas de Jean-Jacques
Rousseau, traducido por el político Mariano Moreno. Véase
también Literatura independentista y patriótica.
En rigor, puede afirmarse que no hay una auténtica literatura
argentina hasta la generación del 37. La huella romántica se
prolongó en las obras de poetas como Olegario Víctor
Andrade, Almafuerte y Claudio Mamerto Cuenca, y el
neoclasicismo hasta Carlos Guido y Spano. Paralelamente a esta
generación, se desarrolla la literatura y poesía gauchesca,
en la que la figura del gaucho se va introduciendo en el mundo
de las letras cultas rioplatenses, y cuya figura principal será
José Hernández y su gran poema El gaucho Martín Fierro.
Otros de sus representantes son: Bartolomé Hidalgo, Rafael
Obligado, Hilario Ascasubi y Estanislao del Campo.
4. FIN DE SIGLO Y MODERNISMO
La organización nacional que empezó con la Constitución de
1853 y culminó en 1880 con la federalización de la ciudad de
Buenos Aires, trajo consigo un largo periodo de modernización,
desarrollo, poblamiento y riqueza. Los escritores de la
llamada generación del 80 practican una literatura
cosmopolita, de crónica elegante y amable, a medias entre la
historia y la narrativa, inclinándose por la prosa; destacan:
Lucio Vicente López, Miguel Cané, Eduardo Wilde y Lucio V.
Mansilla. Es muy importante la tarea de orientación
intelectual que cumplió el francés Paul Groussac. En la
novela, Eugenio Cambacérès introdujo el naturalismo,
inspirado en las ideas del escritor francés Émile Zola, en
la filosofía del positivismo y la teoría de la evolución.
La narrativa realista se afianzó en la obra de Carlos María
Ocantos, Francisco Sicardi, Julián Martel y, más tarde, con
Roberto J. Payró, Benito Lynch y Manuel Gálvez.
En la década de 1890 se instaló en Buenos Aires Rubén Darío,
fundador del modernismo, el cual halló en la Argentina a su
principal seguidor, Leopoldo Lugones. En torno a ellos se
reunieron modernistas de diverso origen, como Ricardo Jaimes
Freyre, Eugenio Díaz Romero, Leopoldo Díaz y Luis Berisso.
La prosa modernista se manifestó en las novelas de Enrique
Larreta, Ángel de Estrada y los comienzos del uruguayo
Horacio Quiroga, afincado en Argentina, en caso similar al de
su paisano Florencio Sánchez, primer nombre relevante del
teatro nacional.
Las ideas filosóficas fueron dejando atrás el positivismo y
asumiendo el espiritualismo, el idealismo y el vitalismo en
los trabajos y enseñanzas de Alejandro Korn y Coriolano
Alberini.
Tras la eclosión modernista, la poesía se desprendió de su
gusto por lo decorativo y fastuoso, y recuperó un cierto
romanticismo intimista en autores como Enrique Banchs, Arturo
Capdevila, Rafael Alberto Arrieta, Baldomero Fernández Moreno
y Pedro Miguel Obligado, contemporáneos de la peculiar figura
de Alfonsina Storni.
5. LAS VANGUARDIAS
El mundo de las vanguardias se introduce en Argentina a través
de la obra precursora de Lugones, los poemas primerizos de
Ricardo Güiraldes (El cencerro de cristal), el curioso
ejemplo de Macedonio Fernández, y de los movimientos
creacionista y ultraísta, representados sobre todo por el
autor chileno Vicente Huidobro. Eclosiona con los trabajos de
Oliverio Girondo, a partir de Veinte poemas para ser leídos
en el tranvía, y las revistas de los jóvenes de la década
de 1920, Prisma y Martín Fierro. Éstos derivan hacia
preocupaciones estetizantes (Jorge Luis Borges, Eduardo González
Lanuza, Horacio Rega Molina, Evar Méndez, Conrado Nalé Roxlo,
Norah Lange, Ricardo Molinari, Carlos Mastronardi) y sociales,
de signo político revolucionario (Roberto Arlt, Raúl González
Tuñón, Nicolás Olivari, Elías Castelnuovo, Leónidas
Barletta). En lugares de difícil clasificación y marcada
individualidad figuran nombres como Jacobo Fijman, Juan L.
Ortiz y Antonio Porchia.
Tras el estallido vanguardista de la década de 1920,
sobrevino un momento de moderación neoclásica, en el cual
alcanza el protagonismo la prosa narrativa y ensayística, en
la obra del mismo Borges, Eduardo Mallea, Ezequiel Martínez
Estrada, Bernardo Canal Feijoo, Leopoldo Marechal y otros
autores que se incorporan al quehacer literario argentino:
Adolfo Bioy Casares, Manuel Mujica Láinez, Silvina Bullrich,
Bernardo Kordon, Bernardo Verbitzky, José Bianco y Julio Cortázar.
La influencia del pensamiento existencial se notará
especialmente en el trabajo del narrador y ensayista Ernesto Sábato.
En el teatro, la obra señera de Samuel Eichelbaum destaca por
su incursión en la psicología del inconsciente, mientras que
otros autores, como Armando Discépolo y Francisco Defilippis
Novoa renuevan la herencia del sainete costumbrista compartida
por numerosos autores, entre los que destacan Carlos Mauricio
Pacheco y Alberto Vaccarezza.
En este periodo cabe subrayar la aparición de la revista Sur
(1931), fundada y dirigida durante 40 años por Victoria
Ocampo, que dio lugar a buena parte de la producción
argentina y actualizó el conocimiento de la literatura
europea y norteamericana.
6. LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX
Tras la década de 1920 no se registraron movimientos orgánicos
de marcada identidad como las vanguardias ultraísta y
creacionista, aunque se hicieron notar las influencias de
movimientos europeos como el futurismo italiano y el
surrealismo francés. En la poesía es visible esta huella en
las obras de los escritores que aparecen en la década de
1940, como Enrique Molina, Alberto Girri y Olga Orozco,
seguidos por Francisco Madariaga y Carlos Latorre, entre
otros. Un decantado neorromanticismo sobresale en la década
de 1950 en Raúl Gustavo Aguirre y demás integrantes de la
revista Poesía Buenos Aires. La década de 1960 recogió la
influencia de César Vallejo, en una poesía de cuño realista
y coloquial, entre cuyos cultivadores cuentan Juan Gelman,
Horacio Salas y Juana Bignozzi, entre otros. En cambio,
Alejandra Pizarnik y Roberto Juarroz se inclinan por una poesía
de tipo intelectual y reflexivo. Arturo Carrera (1948)
representa, sobre todo en sus primeros libros, la afirmación
del neobarroco en poesía, ligado sin duda a experiencias como
la del escritor cubano Severo Sarduy.
A mediados de la década de 1950 hubo además una nueva
promoción de prosistas, entre el ensayo y la narrativa,
marcada por la doble preocupación de la filosofía
existencialista, en algunos casos enriquecida por el marxismo,
y una revisión del realismo social y político. De las
publicaciones coetáneas, marcó un hito importante la revista
Contorno. Recogiendo las huellas del historicismo (en los
ensayos de Ezequiel Martínez Estrada, Raúl Scalabrini Ortiz,
Carlos Astrada y el citado Mallea), debe destacarse la obra de
ensayistas como Juan José Sebreli, Julio Mafud, Adolfo Prieto
y Noé Jitrik. Entre los narradores, figuran Beatriz Guido,
Antonio di Benedetto, Juan José Manauta, Andrés Rivera,
David Viñas y Alberto Rodríguez.
En el teatro, la diversidad de tendencias señala el curso del
absurdo (Griselda Gambaro), la revisión del sainete
costumbrista, la farsa de caracteres y el grotesco (Tulio
Carella, Juan Carlos Ghiano, Agustín Cuzzani) y una
actualización del realismo social y político (Carlos
Gorostiza, Oswaldo Dragún, Roberto Cossa, Carlos Somigliana,
Ricardo Talesnik).
En la narrativa de las últimas décadas se registran
distintas tendencias, que no pueden ser agrupadas sino
parcialmente. El realismo mágico de la novela latinoamericana
se refleja en la obra de Hugo Foguet y Héctor Tizón, en
tanto que el arte camp que critica el discurso de los medios
masivos se muestra en las novelas de Manuel Puig. La crítica
social retorna en diversas aproximaciones actualizadas de los
recursos realistas, en narradores como Isidoro Blaisten,
Daniel Moyano, Juan José Hernández, Abelardo Castillo,
Alicia Steinberg, Amalia Jamilis, Liliana Heker, Enrique
Medina, Juan Martini, Rodolfo Rabanal, Héctor Lastra y Jorge
Asís. La reflexión sobre el acto de narrar predomina, en
cambio, en obras como las de Juan José Saer y Ricardo Piglia.
En las promociones más recientes, el énfasis en lo ficcional
de la ficción se encuentra en la prosa de narradores como
Guillermo Martínez, Martín Caparrós, María Negroni (más
conocida por su obra poética), Ricardo Ibarlucía, César
Aira, Fogwill y Daniel Guebel, entre otros. 1
Martín Fierro
Martín Fierro es la obra literaria más popular argentina.
José Hernández consiguió crear un héroe nacional, el
gaucho, y un paisaje idílico, la pampa. Con la estructura de
la épica tradicional, este poema es una larguísima tirada de
versos en el que en primera persona va desgranando su vida. El
fragmento que sigue es el principio de la primera parte: El
gaucho Martín Fierro.
Fragmento de Martín Fierro.
De José Hernández.
"La vuelta de Martín Fierro", I.
|
Aquí
me pongo a cantar
Al
compás de la vigüela,
Que
el hombre que lo desvela
Una
pena extraordinaria,
Como
la ave solitaria
Con
el cantar se consuela.
Pido
a los santos del Cielo
Que
ayuden mi pensamiento,
Les
pido en este momento
Que
voy a cantar mi historia
Me
refresquen la memoria
Y
aclaren mi entendimiento.
Vengan
santos milagrosos,
Vengan
todos en mi ayuda,
Que
la lengua se me añuda,
Y
se me traba la vista;
Pido
a mi Dios que me asista
En
esta ocasión tan ruda.
Yo
he visto muchos cantores,
Con
famas bien obtenidas,
Y
que después de adquiridas
No
las quieren sustentar:-
Parece
que sin largar
Se
cansaron en partidas.
Más
ande otro criollo pasa
Martín
Fierro ha de pasar,
Nada
lo hace recular
Ni
los fantasmas lo espantan;
Y
dende que todos cantan
Yo
también quiero cantar.
Cantando
me he de morir,
Cantando
me han de enterrar
Y
cantando he de llegar
Al
pie del Eterno Padre-
Dende
el vientre de mi madre
Vine
a este mundo a cantar.
Que
no se trabe mi lengua
Ni
me falte la palabra-
El
cantar mi gloria labra
Y
poniéndome a cantar,
Cantando
me han de encontrar
Aunque
la tierra se abra.
Me
siento en el plan de un bajo
A
cantar un argumento-
Como
si soplara el viento
Hago
tiritar los pastos-
Con
oros, copas y bastos
Juega
allí mi pensamiento.
|
Yo
no soy cantor letrao,
Mas
si me pongo a cantar
No
tengo cuándo acabar
Y
me envejezco, cantando
Las
coplas me van brotando
Como
agua de manantial.
Con
la guitarra en la mano
Ni
las moscas se me arriman,
Naide
me pone el pie encima,
Y
cuando el pecho se entona,
Hago
gemir a la prima
Y
llorar a la bordona.
Yo
soy toro en mi rodeo
Y
toraso en rodeo ajeno,
Siempre
me tuve por güeno
Y
si me quieren probar,
Salgan
otros a cantar
Y
veremos quién es menos.
No
me hago al lao de la güeya
Aunque
vengan degollando,
Con
los blandos yo soy blando
Y
soy duro con los duros,
Y
ninguno, en un apuro
Me
ha visto andar titubeando.
En
el peligro ¡qué Cristos!
El
corazón se me ensancha,
Pues
toda la tierra es cancha
Y
de esto naide se asombre,
El
que se tiene por hombre,
Ande
quiera hace pata ancha.
Soy
gaucho, y entiendaló
Como
mi lengua lo explica,
para
mí la tierra es chica
Y
pudiera ser mayor,
Ni
la víbora me pica
Ni
quema mi frente el sol.
Nací
eomo nace el peje
En
el fondo de la mar,
Naides
me puede quitar
Aquello
que Dios me dió,
Lo
que al mundo truje yo
Del
mundo lo he de llevar.
Mi
gloria es vivir tan libre
Como
el pájaro del cielo,
No
hago nido en este suelo
Ande
hay tanto que sufrir
Y
naides me ha de seguir
Cuando
yo remonto el vuelo.
|
Fuente: Hernández, José. El gaucho Martín Fierro. Buenos
Aires. Librería Martín Fierro, 1894.2
Vanguardias latinoamericanas
Con el término de vanguardias se engloba una serie de
movimientos artísticos y culturales que se desarrollaron en
Europa y en América a partir de la década de 1920. El
profesor e hispanista Jorge Schwartz, analiza y explica el
porqué de estos términos en el siguiente fragmento de su
libro Las vanguardias latinoamericanas.
Fragmento de Las vanguardias latinoamericanas.
De Jorge Schwartz.
Introducción.
VANGUARDIA, VANGUARDIAS
Hacia fines de los años 20, la creciente politización de la
cultura latinoamericana reintrodujo la polémica sobre el
significado y el uso de la palabra "vanguardia"
mediante la clásica oposición del "arte por el
arte" y el "arte comprometido". En realidad, la
controversia no se da en torno de la utilización específica
del término sino en el sentido más amplio de una definición
del propio estatuto del arte. Inicialmente restringido al
vocabulario militar del siglo XIX, acepción todavía
prioritaria en los artículos de los diccionarios, el término
"vanguardia" acaba adquiriendo en Francia un sentido
figurado en el área política, especialmente entre los discípulos
de Saint-Simon (1760-1825). Para el creador del socialismo utópico
el papel de la vanguardia artística, en la medida en que
pretende revolucionar a la sociedad, se reviste de una función
pragmática y de una finalidad social. Según Donald Drew
Egbert, para Saint-Simon "el arte debería dedicarse a
alcanzar fines sociales y de ahí sería necesariamente
funcional, utilitario, didáctico y finalmente,
comprensible".
Sólo con las teorías del socialista utópico Charles Fourier
(1772-1837), contemporáneo de Saint-Simon y opositor de sus
ideas, surge en las primeras décadas del siglo XIX la
posibilidad de disociar el arte de un sentido rigurosamente
político. Los anarquistas, inspirados en las ideas de Fourier,
serían atraídos por la posibilidad de desvincular la
producción artística de toda causa social. Esto va a
permitir que algunos artistas declaradamente anarquistas, como
Oscar Wilde, puedan dedicarse al ejercicio del "arte por
el arte", sin recibir interferencias de orden político.
La utilización estrictamente política del término
"vanguardia" comienza a mediados del siglo XIX, con
Marx y Engels. Como fundadores del comunismo, ellos se
consideraban parte de la vanguardia social. Pero, en realidad,
es Lenin quien usa apropiadamente el término al decir que
"al educar a los trabajadores del partido, el marxismo
educa a la vanguardia del proletariado". A partir de 1890
proliferan en Europa numerosos periódicos políticamente
partidarios, comunistas, socialistas y anarquistas, que traen
en su nombre la palabra "vanguardia"; las relaciones
del arte con la vida parecen firmemente establecidas y en
ellas se atribuye al arte una función pragmática, social y
restauradora.
El caso extremo de la utilización en este sentido del término
"vanguardia" en el siglo XX, se dio con el
stalinismo, que en forma paradójica se identificaba con la
vanguardia política al mismo tiempo que restringía
ferozmente cualquier tipo de expresión artística que no
estuviese subordinada a las reglas estéticas impuestas por el
Partido. Las décadas del 30 y del 40 marcan el apogeo del
realismo socialista, responsable de la abolición de las
vanguardias artísticas dentro del sistema, al considerarlas
expresión de un arte decadente. Incluso un crítico tan fino
como Mariátegui, en 1927, llega a decir que "una gran
parte de los presuntos vanguardistas revela, en su
individualismo y su objetivismo exasperados, su espíritu
burgués decadente".
Al mismo tiempo en que las facciones anarquistas y comunistas
se apropiaban del término "vanguardia", como sinónimo
de una actitud partidaria capaz de transformar a la sociedad,
el surgimiento de los ismos europeos dio un gran margen para
la experimentación artística, desvinculándola, en mayor o
en menor grado, de todo pragmatismo social. Y aunque las
vanguardias artísticas tenían como denominador común la
oposición a los valores del pasado y a los cánones artísticos
establecidos por la burguesía del siglo XIX y comienzos del
XX, ellas se distinguieron no sólo por las diferencias
formales y por las reglas de la composición, sino por su toma
de posición ante las cuestiones sociales.
En este sentido, el expresionismo alemán y el surrealismo
francés, situados al inicio y al final del período de las
vanguardias, respectivamente, a pesar de estar muy
diferenciados en otros aspectos, tienen como factor semejante
su preocupación social. Pero en el expresionismo es una
reacción ante los horrores de la Primera Guerra Mundial y en
el surrealismo apunta hacia la utopía de la transformación
del hombre a través de la liberación de las fuerzas del
inconsciente. "Nada les es más extraño que la fórmula
del arte por el arte", dice José Carlos Mariátegui en
relación a lo último. Por otra parte, el futurismo toma la
delantera de todos los ismos como violenta reacción contra la
burguesía de la época, contra el arte museológico y contra
todo parámetro pasatista. El intento de abolir el tiempo y la
distancia aproxima al futurismo italiano con el simultaneísmo
y el multiperspectivismo propuestos por los cubistas de la década
del 10. El dadaísmo, que también fue una reacción ante la
Primera Guerra Mundial, actúa de modo diferente: por el
nihilismo, por el humor, por la auto-irrisión y por la
autodestrucción.
La tensión resultante del enfrentamiento entre
"vanguardia política" y "vanguardia artística"
produce diversas influencias en la producción cultural de los
años 20, que varían de acuerdo con el momento, los contextos
y las experiencias individuales de los fundadores de los
movimientos. Las causas, la producción y el consumo cultural
son elementos dinámicos, en cambio permanente. No es posible
limitar la vanguardia a un perfil estético único, como
tampoco se puede generalizar esquematizando un cuadro maniqueísta
del tipo "izquierda" versus "derecha",
como hace Pedro Henríquez Ureña cuando reseña en la revista
Valoraciones de La Plata la Antología de la poesía argentina
moderna (1926) organizada por Julio Noé. En esta reseña hay
un ejemplo interesante de esas variantes: Leopoldo Lugones
pasa de la categoría de "extrema izquierda" a la de
"capitán de las derechas".
Estos cambios ideológicos explican la existencia, por
ejemplo, de más de un Borges, de más de un Neruda, de más
de un Vallejo. El primer Borges, aquel que vivió en Europa
desde 1914 hasta 1921 y que se sintió muy afectado por la
Primera Guerra Mundial, se compromete con la estética
expresionista y se sumerge en la obsesión vanguardista por la
nueva metáfora. El regreso a Buenos Aires le hace descubrir
la ciudad natal, su lenguaje y sus tradiciones. Aparece
entonces un segundo Borges empeñado en negar al primero y en
reafirmar sus orígenes, como queda claro en sus primeros
libros de poemas -Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de
enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929)-y en el libro de
ensayos Evaristo Carriego (1930).
En Neruda el proceso es opuesto: de una poesía altamente
surrealizante en Residencia en la tierra (1925-1931)
evoluciona hacia una especie de militancia poética que lo
distancia bastante de sus primeras obras. En Vallejo los
mecanismos son muy diferentes: después de su viaje a París
en 1923, loss dos viajes a la Unión Soviética en 1928 y
1929, y su participación en la Guerra Civil Española, el
poeta más radical de la poesía en lengua castellana de la década
del 20 lanza un virulento ataque contra todo principio
vanguardista. Obras como El tungsteno (1931) y España, aparta
de mí este cáliz (1939), muestran cuánto se había apartado
de la experimentación y de la ruptura estética de Trilce, su
obra poética más lograda.
Justamente en las revistas de vanguardia las propuestas
culturales se pueden apreciar con mayor claridad. Debido a su
esencial carácter contestatario, tanto en artes como en
cuestiones sociales, ellas mantienen una relación pragmática
con el público lector, emplean un lenguaje más directo que
el discurso estrictamente literario y presentan un estatus
mucho menos "aurático" (para usar el concepto de
Benjamin) que la poesía o la prosa de ficción. En ellas hay
un fuerte sentido de oposición que no pasa por la censura o
por la criba de la gran prensa. Lo que no significa que las
vanguardias no hayan utilizado, siempre que pudieron, los
diarios de gran tiraje para hacer circular sus ideas.
Debido a su carácter efímero, las revistas de vanguardia
presentan líneas ideológicas más nítidas, tanto por las
definiciones explícitamente avanzadas en los editoriales,
cuanto por el escaso tiempo de que disponían para asimilar
una nueva tendencia o, inclusive, cambiar la trayectoria de
ideas inicial.
Es fácil encontrar revistas que se proponen promover la
renovación de las artes, los nuevos valores, la importación
de la "nueva sensibilidad", el combate contra los
valores del pasado y el status quo impuesto por las academias.
Este es el caso de Klaxon en Sao Paulo, de Proa (1.ª época)
y Martín Fierro (2.ª época) en Buenos Aires, Revista de
Avance en La Habana y válvula en Caracas, todas ellas
representativas de una estética vanguardista más radical.
Fuente: Schwartz, Jorge. Las vanguardias latinoamericanas.
Textos programáticos y críticos. Madrid. Ediciones Cátedra,
1991.
BIBLIOGRAFÍA
* Correas, Carlos. Arlt literato. Buenos Aires: Atuel, 1995.
Relectura de Arlt que intenta sintetizar las ideas políticas
y estéticas que aparecen en su obra, dentro del contexto histórico
y literario argentino.
* Goldar, Ernesto. Proceso a Roberto Arlt. Buenos Aires: Plus
Ultra, 1985. El libro recorre las diversas lecturas efectuadas
de la obra de Arlt, a través de diferentes épocas,
presupuestos y puntos de vista.
* Guerrero, Diana. Roberto Arlt o el habitante solitario.
Buenos Aires: Granica, 1972. Arlt, en la sociedad argentina de
su tiempo, es visto como el novelista del aislamiento y la
incomunicación de seres débilmente socializados.
* Masotta, Oscar. Sexo y traición en Roberto Arlt. Buenos
Aires: CEDAL, 1982. Algunos momentos de la obra arltiana son
examinados a la luz de la filosofía existencialista y el
psicoanálisis.
* Núñez, Ángel. La obra narrativa de Roberto Arlt. Buenos
Aires: Nova, 1968. La literatura de Arlt es vista desde la
perspectiva de los géneros abordados
(novela, cuento, aguafuerte), configuración de personajes y
obsesiones temáticas.
* Enciclopedia(r) Microsoft(r) Encarta 2001.
* Material de la Red Informática Educativa
* Apuntes personales.
*CONCLUSION:
RECORRIDOS SEMIOLÓGICOS
1. El ámbito de estudio de la semiología.
Las ciudades y los signos.
El ojo no ve cosas sino figuras de cosas que significan otras
cosas: las tenazas indican la casa del sacamuelas, el jarro la
taberna, etc.
. De L.Calvino
¿Semiología o Semiótica?
Vivimos en un inmersos universo de signos. Registramos (con
los sentidos,), reconocemos (establecemos analogías,
recordamos experiencias), interpretamos, asignamos sentidos,
etc., desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.
SEMIOLOGÍA (1916) de Saussure una hipotética ciencia que
debería estudiar el funcionamiento de los sistemas de signos
en la vida social, y por lo tanto, se inscribe en el marco de
la lingüística.(influencia francesa)
SEMIÓTICA, nombre que en los últimos años terminó por
imponerse, proviene del ámbito de la filosofía y tiene al
Peirce como referente fundamental. (ámbito anglosajón)
EL MODELO LINGÜÍSTICO
De Saussure (1857-1913):
La lingüística saussureana establece los conceptos como
diferenciales y relaciónales
SIGNO, VALOR, RELACIONES
El signo lingüístico es una entidad psíquica que une dos términos:
un concepto y una imagen acústica. Reemplazada por
significado y significante, respectivamente.
Los signos lingüísticos integran un sistema, es la lengua
SINTAGMA
Casi no hay enunciado, en una lengua, que no se presente como
la asociación de varias unidades(sucesivas o simultáneas),
susceptibles de aparecer también en otros enunciados. En el
sentido amplio de la palabra sintagma, el enunciado E contiene
el sintagma u v, solo si u y v son dos unidades, que aparecen
una y otra en E.
U y V forman un sintagma en E no sólo si ambos están
presentes en E, sino también cuando se conoce o se cree poder
descubrir una relación sintagmática condicionante de esta
copresencia
PARADIGMA
Se llama paradigma toda clase de elementos lingüísticos, sea
cual fuere el principio que lleva a reunir esas unidades. Se
considerarán como paradigmas los grupos asociativos de que
habla Saussure, cuyos elementos no están ligados sino por
asociaciones de ideas. Jakobson parece basar a veces la relación
paradigmática en la simple similaridad.
Por ejemplo dos unidades u y u' pertenecen a un mismo
paradigma si -y únicamente si- son susceptibles de
reemplazarse mutuamente en un mismo sintagma.
Jakobson considera sinónimos sintagmática y metonímica,
paradigmática y metafórica.
LA SEMIOLOGÍA
Todo sistema semiológico se mezcla con el lenguaje. La
sustancia visual, por ejemplo, confirma sus significaciones
reforzándose mediante un mensaje lingüístico, de modo que
por lo menos una parte del mensaje icónico se encuentra en
una relación estructural de redundancia o de relevo respecto
del sistema de la lengua.
La ciencia general de los signos, es la semiología la que
constituye una parte de la lingüística
Dos líneas de investigación de esta lingüística
secundaria: de orden sintagmático, es el análisis
estructural del mensaje narrativo; la otra, de orden paradigmático,
es la clasificación de las unidades de connotación: el
mensaje se encuentra siempre en el punto de intersección de
esos dos grandes ejes, ya señalados por Saussure.
Adaptado de R: Barthes
Benveniste considera a la lengua en su dimensión semiológica
como englobante de la sociedad.
LOS FUNDAMENTOS DE LA SEMIOLOGÍA: SISTEMAS DE SIGNOS,
RELACIONES, SIGNIFICANCIA.
¿Dónde Halla la lengua su unidad y el principio de su
funcionamiento?
En su carácter semiótico. Por él se define su naturaleza,
por él también se integra a un conjunto de sistemas del
mismo carácter.
Para Saussure
El signo es una noción lingüística, que se extiende a
ciertos órdenes de hachos humanos y sociales.
El papel del signo es representar, la semiología, utilizamos
a la vez y a cada instante varios sistemas de signos: primero
los signos del lenguaje, los signos de la escritura; los
"signos de cortesía", de reconocimiento, de adhesión,
en todas sus variedades y jerarquías; los signos reguladores
de los movimientos; los "signos exteriores" que
indican condiciones sociales; los "signos
monetarios", valores e índices de la vida económica.
Nuestra vida entera está presa en redes de signos.
LA LENGUA:
interpretante de la sociedad
El signo es necesariamente una unidad, pero la unidad puede no
ser un signo. La lengua está hecha de unidades y esas
unidades son signos
Los sistemas fundados en unidades se reparten entre sistemas
de unidades significantes y no significantes. En la primera
categoría pondremos la lengua; en la segunda, la música.
Se pueden distinguir los sistemas en que la significancia está
impresa por el autor en la obra y los sistemas donde la
significancia es expresada por los elementos primeros en
estado aislado, independientemente de los enlaces que puedan
contraer. En los primeros, la significancia se desprende de
las relaciones que organizan un mundo cerrado, en los
segundos, es inherente a los signos mismos. La significancia
del arte no remite nunca, pues, a una convención idénticamente
heredada entre copartícipes. Cada vez hay que descubrir sus términos,
que son ilimitados en número, imprevisibles en naturaleza, y
así por reinventar en cada obra -en una palabra, ineptos para
fijarse en una institución. La significancia de la lengua,
por el contrario, es la significancia misma, que funda la
posibilidad de todo intercambio, es la significancia misma,
que funda la posibilidad de todo intercambio y de toda
comunicación, y desde ahí de toda cultura.
La lengua es el interpretante de todos los demás sistemas,
lingüísticos y no lingüísticos.
¿POR QUÉ LA LENGUA SE CONSTITUYE EN MODELO DE LA SEMIOLOGÍA'
DOBLE SIGNIFICANCIA. SEMIÓTICA Y SEMÁNTICA.
Hay pues un modelado semiótico que la lengua ejerce y del que
no se concibe que su principio resida en otra parte que no sea
la lengua.
La lengua: su preeminencia como sistema significante y de esta
preeminencia puede dar razón un principio semiológico solo.
La lengua significa de una manera especifica y que no es sino
suya, de una manera que no reproduce ningún otro sistema. Está
investida de una doble significancia. He aquí propiamente un
modelo sin análogo. La lengua combina dos modos distintos de
significancia, que llamamos el modo semiótico por una parte,
el modo semántico por otra.
(Ver cuadros de modo semántico y semiótico).
En conclusión, hay que superar la noción saussuriana del
signo como principio único, del que dependería a la vez la
estructura y el funcionamiento de la lengua. Dicha superación
se logrará por dos caminos
El análisis intra lingüístico, abriendo una nueva dimensión
de significancia, la del discurso, que llamamos semántica, en
adelante distinta de la que está ligada al signo y que será
semiótica.
El análisis translinguistico de los textos, de las obras,
merced a la elaboración de una meta semántica que será
construida sobre la semántica de la enunciación
Ser una semiología de "segunda generación"
Adaptado de E. Benveniste
Charles Sanders Peirce (1839-1914)
El signo y sus tricotomías.
"siempre que llegamos a conocer un hecho es porque se nos
resiste."
Reflexionar sobre el conocimiento, la prioridad de lo real. La
realidad es aquello con que los seres humanos se enfrentan.
Sería la segundidad, o experiencia del mundo lo que hace que
se deba responder. Tanto el reconocimiento de la cualidad o
primeridad del objeto o segundidad, por el encuentro, sólo
pueden conocerse una vez establecida la relación(entre el
obstáculo y su cualidad que lo hace resistente-dureza en este
caso). La relación es la terceridad.
LA SEMIÓTICA. HISTORIA
La semiótica llega una disciplina independiente con la obra
del filósofo Peirce (1839-1914)
" un signo o Representamen, es un Primero que mantiene
con un Segundo, llamado su Objeto, tan verdadera relación triádica
que es capaz de determinar un Tercero, llamado su
Interpretante, para que éste asuma la misma relación triádica
con respecto al llamado Objeto que la existente entre el Signo
y el Objeto".
Toda la experiencia humana se organiza, para Peirce, entres
niveles que él llama la primeridad, la segundidad y la
terceridad y que corresponden, en líneas muy generales a la
cualidades sentidas, al a experiencia del esfuerzo y a los
signos. El signo es una de esas relaciones de tres términos:
lo que provoca el proceso de eslabonamiento, su objeto y el
efecto que el signo produce, es decir, el interpretante.
Peirce tiene clasificación de las variedades de signos; Por
ejemplo, la de signotipo y signo-ocurrencia
Otra distinción es la de icono, índice y símbolo.
SIGNO O REPRESENTAMEN:
Un signo, o representamen, es algo que está para alguien, por
algo, en algún aspecto o disposición
Ello se dirige a alguien, o sea, crea en la mente de esa
persona un signo equivalente, o quizás un signo más
desarrollado. A este, que aquél crea, lo denomino el
interpretante del primer signo. Al signo que está por algo,
su objeto. Este está por tal objeto, no en todo sentido, sino
respecto a un tipo de ideas que algunas veces ha llamado el
fundamento del representamen.
OBJETO
Quiere decir que habría dos posibilidades teóricas: o bien
el signo sustituye al objeto en cuanto caos, diciéndolo por
primera vez, o bien el signo sustituye, mediante un nuevo
decir, algo que estaba ya dicho acerca del objeto. Resulta que
un signo tendrá como objeto siempre, a otro decir, o sea,
otro signo.
INTERPRETANTE
Todo lo que constriñe a algún otro a referirse a un objeto,
al cual él mismo se refiere del mismo modo (su objeto)
trasformándose a su vez el interpretante en signo y así ad
ifinitum"
El análisis de un signo descompone la inferencia en sus tres
momentos: representación, interpretación y atribución
La teoría de la inferencia semiótica peirciana es una teoría
lógica y no psicológica. Por lo tanto, ninguno de los términos
empleados debe ser comprendido como estado, acto o función psíquicos.
Lo que se analiza, son las marcas o expresiones, digamos públicas,
de la inferencia. Del a representación sólo se analiza la
'función de delegación', lo que Peirce denomina el 'representamen';
de la interpretación, el 'signo interpretante' y de la
atribución, la relación 'objetiva' del signo y la que éste
representa"
La primeridad es la categoría de la generalizad exuberante;
la terceridad, la categoría de la generalidad ordenada; la
segundidad, la categoría de la unión existencial de las
otras dos.
LA ESTRUCTURA AUSENTE
El signo icónico
1-Peirce definía los iconos como los signos que
originariamente tienen cierta semejanza con el objeto a que se
refieren.
2-El signo icónico es semejante a la cosa denotada en algunos
aspectos.
3-los signos icónicos no poseen las propiedades del objeto
representado sino que reproducen algunas condiciones de la
percepción común,
4- los signos icónicos reproducen algunas condiciones de la
percepción del objeto una vez seleccionadas por medio de códigos
de reconocimiento y anotadas por medio de convenciones gráficas
5- Los códigos de reconocimiento tienen en cuenta los
aspectos pertinentes. La reconocibilidad del signo icónico
depende de la selección de estos aspectos.
ENTORNO AL SIGNO
Un especial cuidado en distinguir la significación de la
función referencial (denotación). La denotación no se
produce entre el significante y un significado, sino entre el
signo y el referente, es decir, un objeto real, en el caso más
fácil de imaginar.
También debe distinguirse la significación de la
representación, que es la aparición de una imagen mental en
el usuario de los signos.
Tres relaciones de la parte perceptible del signo: con la
"cosa real"(denotación), con la "imagen psíquica"(representación)
y con la "decible"(significación)
La relación entre un significante y un significado es
inmotivada: ambos son de naturaleza diferente y es necesaria
no puede existir sin el otro.
Debe distinguirse el signo de algunas entidades vecinas menos
semejantes. La señal provoca una determinada reacción, pero
no implica ninguna relación de significación.
Continúa
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