EL HORNERO

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MATERIAL DE DIFUSIÓN DE LA EMISORA EDUCATIVA "El HORNERO"
REVISTA Nº XXIII- 2001

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Este Adjunto está confeccionado con las informaciones recibidas en la Emisora Educativa El Hornero. En éste, la Redacción de El Hornero no tiene participación alguna, excepto a la limitación de extensiones de algunos artículos.

La revista El Hornero puede obtenerla en las siguientes páginas web:

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Literatura argentina

Descripción temática:
Es esta sociedad tan atravesada por valores contradictorios, disvalores y mensajes ambiguos, aquellos que creemos en el efecto transformador de la educación, insistimos en que los niños y jóvenes debieran leer más, en que la lectura no tendría que ser reemplazada por la t.v. o la pc., en fin, parecemos defender un sistema arcaico que la juventud ignora o menosprecia.
Y sin embargo sabemos desde lo profundo de nuestra experiencia cuan invalorable es lo que incorporamos a nuestro esquema a través de la literatura, podemos atestiguar apasionadamente cómo nuestro horizonte se abrió ante realidades ignotas y cuándo quizás nuestro mundo emocional percibió sensaciones ajenas, logrando así ser capaces de comprender a otros, fin último de la empatía tan buscada y pregonada en escuelas que intentan desarrollar la inteligencia emocional.
Así todo, con nuestra convicción no alcanzamos el objetivo de desarrollar el hábito de la lectura en nuestros alumnos. Las estadísticas aportan su verdad, cada vez que se venden menos libros, las personas encuestadas leen menos que hace 20 años, los exámenes que evaluaron a los alumnos de todo el país indican peores resultados en comprensión lectora.
¿Por qué, entonces, no incorporan a nuestras clases los estímulos que son motivantes para los jóvenes y llegar a través de ellos a impactar en la curiosidad de los alumnos? Si el grupo de rock "iron Maiden" musicalizó un poema de Coleridge, sería interesante descubrir en clase qué pudo inspirar en estos roqueros duros la hermosa balada del poema inglés. Si un juego de computadoras utiliza líneas del poema "the tyger" escrito por William Blake en el siglo xviii, y la voz cibernética las repite cuando el jugador cumple una etapa, los adolescentes usuarios de estos juegos pueden interesarse en profundizar en el significado de un texto que forma parte de un juego interactivo, y podrían quizás, como observé en una de mis clases, crear un "rap" con las líneas de blake. Podemos también encontrar películas que ocupan primeros puestos en el ranking u que mencionan autores u obras que todos tratamos de incorporar a la currícula (véase a modo de ejemplo: "shakespeare in love", "el abogado del diablo" por nombrar algunos recientes). También podemos crear con ellos o para ellos un hipertexto que los ayude a leer y comprender una pieza literaria en un formato distinto del formato libro y con links a internet.
Rescatar a nuestros alumnos del mundo de lo cotidiano, lo vertiginoso de la imagen y lo superficial, no significa pedirles que abruptamente se concentren en el silencio del claustro. Quizás hay que mostrarles lo atractivo del mundo del pensamiento partiendo del producto cultural que los identifica y demostrar el camino que los creadores siguieron, basándose en las grandes obras de la literatura para recrearlas, reconstruirlas con nuevos significados utilizando los nuevos medios tecnológicos que ofrece el siglo xxi.
La buena literatura nos hace reflexionar, analizar, ahondar en significados y este proceso introspectivo es el que finalmente buscamos en nuestros alumnos para encontrar allí con los valores de la sociedad occidental, cuestionarlos si es necesario y rescatarlos pero habiendo incorporado nuestro análisis e interiorización. Llegar allí implica una mirada personal, inteligente y sensible que quizás no cuente con adeptos entre los adolescentes en primera instancia. Sin embargo, si la curiosidad despierta el interés, son ellos precisamente los más ávidos investigadores, científicos y críticos.
El camino no está en abandonar los clásicos, en explicar en forma simplista o en recurrir a manuales sintéticos;; todo esto ya sabemos es el tortuoso camino del fracaso, busquemos en cambio el luminoso sendero de las grandes obras que aún hoy tienen mucho que decir......."!!!!!!!!!!!!!!
1. INTRODUCCIÓN Literatura argentina, recorrido histórico a través de las obras literarias (narrativa, poesía, ensayo) escritas en la República Argentina.
El nombre mismo del país tiene un origen literario, muy anterior a la existencia de la nación y el Estado. En 1602 apareció un poema descriptivo, La Argentina, de Martín del Barco Centenera (1544-1605), que creó el latinismo equivalente a Río de la Plata y cuyo contenido invoca la vida en las Indias meridionales. La palabra es retomada en 1612 en Argentina manuscrita, crónica en prosa de Ruy Díaz de Guzmán.
2. PERIODO COLONIAL
En el siglo XVII, el barroco rioplatense es pobre si se lo compara con otros del continente (véase Literatura mexicana; Literatura peruana). El primer poeta memorable es Luis José de Tejeda, autor de Coronas líricas y El peregrino en Babilonia, poesía tejedana principal. Domingo de Neyra (1684-1757) nos dejó los primeros esbozos de historia. Otros naturalistas y geógrafos continuaron esta primera tarea historiográfica: Pedro Lozano, José Guevara, Félix de Azara, viajeros jesuitas y, ya en los albores de la independencia, el primer historiador formal del país, Gregorio Funes. La imprenta y el periodismo llegaron con la Ilustración, en el siglo XVIII, cuando con las reformas de Carlos III se fundó el virreinato del Río de la Plata en 1776.
3. LA INDEPENDENCIA
Como en el resto de América, la emancipación fue muy celebrada por la pluma, pero siempre bajo la paradójica dependencia del clasicismo español. Así se observa en los versos de Vicente López y Planes (autor de la Marcha patriótica, himno nacional argentino), Esteban de Luca, fray Cayetano Rodríguez y Juan Cruz Varela (1794-1839), figura mayor de la tendencia y autor de una rica obra, con títulos como La Elvira o su célebre poema Al 25 de mayo de 1838. El teatro, iniciado en 1717 con una Loa de Antonio Fuentes del Arco, consiguió en 1817 abrir una Sociedad del Buen Gusto destinada a combatir las "malas costumbres" del barroco e imponer el racionalismo (véase Leandro Fernández de Moratín). En los escritos y traducciones de José Antonio Miralla (1789-1825) se advierte una evolución hacia el romanticismo. En el plano de las ideas, la escolástica dio paso a los planteamientos de la fisiocracia que introdujo el militar y político independentista Manuel Belgrano y a las ideas de Jean-Jacques Rousseau, traducido por el político Mariano Moreno. Véase también Literatura independentista y patriótica.
En rigor, puede afirmarse que no hay una auténtica literatura argentina hasta la generación del 37. La huella romántica se prolongó en las obras de poetas como Olegario Víctor Andrade, Almafuerte y Claudio Mamerto Cuenca, y el neoclasicismo hasta Carlos Guido y Spano. Paralelamente a esta generación, se desarrolla la literatura y poesía gauchesca, en la que la figura del gaucho se va introduciendo en el mundo de las letras cultas rioplatenses, y cuya figura principal será José Hernández y su gran poema El gaucho Martín Fierro. Otros de sus representantes son: Bartolomé Hidalgo, Rafael Obligado, Hilario Ascasubi y Estanislao del Campo.
4. FIN DE SIGLO Y MODERNISMO
La organización nacional que empezó con la Constitución de 1853 y culminó en 1880 con la federalización de la ciudad de Buenos Aires, trajo consigo un largo periodo de modernización, desarrollo, poblamiento y riqueza. Los escritores de la llamada generación del 80 practican una literatura cosmopolita, de crónica elegante y amable, a medias entre la historia y la narrativa, inclinándose por la prosa; destacan: Lucio Vicente López, Miguel Cané, Eduardo Wilde y Lucio V. Mansilla. Es muy importante la tarea de orientación intelectual que cumplió el francés Paul Groussac. En la novela, Eugenio Cambacérès introdujo el naturalismo, inspirado en las ideas del escritor francés Émile Zola, en la filosofía del positivismo y la teoría de la evolución. La narrativa realista se afianzó en la obra de Carlos María Ocantos, Francisco Sicardi, Julián Martel y, más tarde, con Roberto J. Payró, Benito Lynch y Manuel Gálvez.
En la década de 1890 se instaló en Buenos Aires Rubén Darío, fundador del modernismo, el cual halló en la Argentina a su principal seguidor, Leopoldo Lugones. En torno a ellos se reunieron modernistas de diverso origen, como Ricardo Jaimes Freyre, Eugenio Díaz Romero, Leopoldo Díaz y Luis Berisso. La prosa modernista se manifestó en las novelas de Enrique Larreta, Ángel de Estrada y los comienzos del uruguayo Horacio Quiroga, afincado en Argentina, en caso similar al de su paisano Florencio Sánchez, primer nombre relevante del teatro nacional.
Las ideas filosóficas fueron dejando atrás el positivismo y asumiendo el espiritualismo, el idealismo y el vitalismo en los trabajos y enseñanzas de Alejandro Korn y Coriolano Alberini.
Tras la eclosión modernista, la poesía se desprendió de su gusto por lo decorativo y fastuoso, y recuperó un cierto romanticismo intimista en autores como Enrique Banchs, Arturo Capdevila, Rafael Alberto Arrieta, Baldomero Fernández Moreno y Pedro Miguel Obligado, contemporáneos de la peculiar figura de Alfonsina Storni.
5. LAS VANGUARDIAS
El mundo de las vanguardias se introduce en Argentina a través de la obra precursora de Lugones, los poemas primerizos de Ricardo Güiraldes (El cencerro de cristal), el curioso ejemplo de Macedonio Fernández, y de los movimientos creacionista y ultraísta, representados sobre todo por el autor chileno Vicente Huidobro. Eclosiona con los trabajos de Oliverio Girondo, a partir de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, y las revistas de los jóvenes de la década de 1920, Prisma y Martín Fierro. Éstos derivan hacia preocupaciones estetizantes (Jorge Luis Borges, Eduardo González Lanuza, Horacio Rega Molina, Evar Méndez, Conrado Nalé Roxlo, Norah Lange, Ricardo Molinari, Carlos Mastronardi) y sociales, de signo político revolucionario (Roberto Arlt, Raúl González Tuñón, Nicolás Olivari, Elías Castelnuovo, Leónidas Barletta). En lugares de difícil clasificación y marcada individualidad figuran nombres como Jacobo Fijman, Juan L. Ortiz y Antonio Porchia.
Tras el estallido vanguardista de la década de 1920, sobrevino un momento de moderación neoclásica, en el cual alcanza el protagonismo la prosa narrativa y ensayística, en la obra del mismo Borges, Eduardo Mallea, Ezequiel Martínez Estrada, Bernardo Canal Feijoo, Leopoldo Marechal y otros autores que se incorporan al quehacer literario argentino: Adolfo Bioy Casares, Manuel Mujica Láinez, Silvina Bullrich, Bernardo Kordon, Bernardo Verbitzky, José Bianco y Julio Cortázar. La influencia del pensamiento existencial se notará especialmente en el trabajo del narrador y ensayista Ernesto Sábato.
En el teatro, la obra señera de Samuel Eichelbaum destaca por su incursión en la psicología del inconsciente, mientras que otros autores, como Armando Discépolo y Francisco Defilippis Novoa renuevan la herencia del sainete costumbrista compartida por numerosos autores, entre los que destacan Carlos Mauricio Pacheco y Alberto Vaccarezza.
En este periodo cabe subrayar la aparición de la revista Sur (1931), fundada y dirigida durante 40 años por Victoria Ocampo, que dio lugar a buena parte de la producción argentina y actualizó el conocimiento de la literatura europea y norteamericana.
6. LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX
Tras la década de 1920 no se registraron movimientos orgánicos de marcada identidad como las vanguardias ultraísta y creacionista, aunque se hicieron notar las influencias de movimientos europeos como el futurismo italiano y el surrealismo francés. En la poesía es visible esta huella en las obras de los escritores que aparecen en la década de 1940, como Enrique Molina, Alberto Girri y Olga Orozco, seguidos por Francisco Madariaga y Carlos Latorre, entre otros. Un decantado neorromanticismo sobresale en la década de 1950 en Raúl Gustavo Aguirre y demás integrantes de la revista Poesía Buenos Aires. La década de 1960 recogió la influencia de César Vallejo, en una poesía de cuño realista y coloquial, entre cuyos cultivadores cuentan Juan Gelman, Horacio Salas y Juana Bignozzi, entre otros. En cambio, Alejandra Pizarnik y Roberto Juarroz se inclinan por una poesía de tipo intelectual y reflexivo. Arturo Carrera (1948) representa, sobre todo en sus primeros libros, la afirmación del neobarroco en poesía, ligado sin duda a experiencias como la del escritor cubano Severo Sarduy.
A mediados de la década de 1950 hubo además una nueva promoción de prosistas, entre el ensayo y la narrativa, marcada por la doble preocupación de la filosofía existencialista, en algunos casos enriquecida por el marxismo, y una revisión del realismo social y político. De las publicaciones coetáneas, marcó un hito importante la revista Contorno. Recogiendo las huellas del historicismo (en los ensayos de Ezequiel Martínez Estrada, Raúl Scalabrini Ortiz, Carlos Astrada y el citado Mallea), debe destacarse la obra de ensayistas como Juan José Sebreli, Julio Mafud, Adolfo Prieto y Noé Jitrik. Entre los narradores, figuran Beatriz Guido, Antonio di Benedetto, Juan José Manauta, Andrés Rivera, David Viñas y Alberto Rodríguez.
En el teatro, la diversidad de tendencias señala el curso del absurdo (Griselda Gambaro), la revisión del sainete costumbrista, la farsa de caracteres y el grotesco (Tulio Carella, Juan Carlos Ghiano, Agustín Cuzzani) y una actualización del realismo social y político (Carlos Gorostiza, Oswaldo Dragún, Roberto Cossa, Carlos Somigliana, Ricardo Talesnik).
En la narrativa de las últimas décadas se registran distintas tendencias, que no pueden ser agrupadas sino parcialmente. El realismo mágico de la novela latinoamericana se refleja en la obra de Hugo Foguet y Héctor Tizón, en tanto que el arte camp que critica el discurso de los medios masivos se muestra en las novelas de Manuel Puig. La crítica social retorna en diversas aproximaciones actualizadas de los recursos realistas, en narradores como Isidoro Blaisten, Daniel Moyano, Juan José Hernández, Abelardo Castillo, Alicia Steinberg, Amalia Jamilis, Liliana Heker, Enrique Medina, Juan Martini, Rodolfo Rabanal, Héctor Lastra y Jorge Asís. La reflexión sobre el acto de narrar predomina, en cambio, en obras como las de Juan José Saer y Ricardo Piglia.
En las promociones más recientes, el énfasis en lo ficcional de la ficción se encuentra en la prosa de narradores como Guillermo Martínez, Martín Caparrós, María Negroni (más conocida por su obra poética), Ricardo Ibarlucía, César Aira, Fogwill y Daniel Guebel, entre otros. 1
Martín Fierro
Martín Fierro es la obra literaria más popular argentina. José Hernández consiguió crear un héroe nacional, el gaucho, y un paisaje idílico, la pampa. Con la estructura de la épica tradicional, este poema es una larguísima tirada de versos en el que en primera persona va desgranando su vida. El fragmento que sigue es el principio de la primera parte: El gaucho Martín Fierro.

Fragmento de Martín Fierro.
De José Hernández.

"La vuelta de Martín Fierro", I.

Aquí me pongo a cantar

Al compás de la vigüela,

Que el hombre que lo desvela

Una pena extraordinaria,

Como la ave solitaria

Con el cantar se consuela.

Pido a los santos del Cielo

Que ayuden mi pensamiento,

Les pido en este momento

Que voy a cantar mi historia

Me refresquen la memoria

Y aclaren mi entendimiento.

Vengan santos milagrosos,

Vengan todos en mi ayuda,

Que la lengua se me añuda,

Y se me traba la vista;

Pido a mi Dios que me asista

En esta ocasión tan ruda.

Yo he visto muchos cantores,

Con famas bien obtenidas,

Y que después de adquiridas

No las quieren sustentar:-

Parece que sin largar

Se cansaron en partidas.

Más ande otro criollo pasa

Martín Fierro ha de pasar,

Nada lo hace recular

Ni los fantasmas lo espantan;

Y dende que todos cantan

Yo también quiero cantar.

Cantando me he de morir,

Cantando me han de enterrar

Y cantando he de llegar

Al pie del Eterno Padre-

Dende el vientre de mi madre

Vine a este mundo a cantar.

Que no se trabe mi lengua

Ni me falte la palabra-

El cantar mi gloria labra

Y poniéndome a cantar,

Cantando me han de encontrar

Aunque la tierra se abra.

Me siento en el plan de un bajo

A cantar un argumento-

Como si soplara el viento

Hago tiritar los pastos-

Con oros, copas y bastos

Juega allí mi pensamiento.

Yo no soy cantor letrao,

Mas si me pongo a cantar

No tengo cuándo acabar

Y me envejezco, cantando

Las coplas me van brotando

Como agua de manantial.

Con la guitarra en la mano

Ni las moscas se me arriman,

Naide me pone el pie encima,

Y cuando el pecho se entona,

Hago gemir a la prima

Y llorar a la bordona.

Yo soy toro en mi rodeo

Y toraso en rodeo ajeno,

Siempre me tuve por güeno

Y si me quieren probar,

Salgan otros a cantar

Y veremos quién es menos.

No me hago al lao de la güeya

Aunque vengan degollando,

Con los blandos yo soy blando

Y soy duro con los duros,

Y ninguno, en un apuro

Me ha visto andar titubeando.

En el peligro ¡qué Cristos!

El corazón se me ensancha,

Pues toda la tierra es cancha

Y de esto naide se asombre,

El que se tiene por hombre,

Ande quiera hace pata ancha.

Soy gaucho, y entiendaló

Como mi lengua lo explica,

para mí la tierra es chica

Y pudiera ser mayor,

Ni la víbora me pica

Ni quema mi frente el sol.

Nací eomo nace el peje

En el fondo de la mar,

Naides me puede quitar

Aquello que Dios me dió,

Lo que al mundo truje yo

Del mundo lo he de llevar.

Mi gloria es vivir tan libre

Como el pájaro del cielo,

No hago nido en este suelo

Ande hay tanto que sufrir

Y naides me ha de seguir

Cuando yo remonto el vuelo.

 

 

Fuente: Hernández, José. El gaucho Martín Fierro. Buenos Aires. Librería Martín Fierro, 1894.2

 


Vanguardias latinoamericanas
Con el término de vanguardias se engloba una serie de movimientos artísticos y culturales que se desarrollaron en Europa y en América a partir de la década de 1920. El profesor e hispanista Jorge Schwartz, analiza y explica el porqué de estos términos en el siguiente fragmento de su libro Las vanguardias latinoamericanas.

Fragmento de Las vanguardias latinoamericanas.
De Jorge Schwartz.
Introducción.
VANGUARDIA, VANGUARDIAS
Hacia fines de los años 20, la creciente politización de la cultura latinoamericana reintrodujo la polémica sobre el significado y el uso de la palabra "vanguardia" mediante la clásica oposición del "arte por el arte" y el "arte comprometido". En realidad, la controversia no se da en torno de la utilización específica del término sino en el sentido más amplio de una definición del propio estatuto del arte. Inicialmente restringido al vocabulario militar del siglo XIX, acepción todavía prioritaria en los artículos de los diccionarios, el término "vanguardia" acaba adquiriendo en Francia un sentido figurado en el área política, especialmente entre los discípulos de Saint-Simon (1760-1825). Para el creador del socialismo utópico el papel de la vanguardia artística, en la medida en que pretende revolucionar a la sociedad, se reviste de una función pragmática y de una finalidad social. Según Donald Drew Egbert, para Saint-Simon "el arte debería dedicarse a alcanzar fines sociales y de ahí sería necesariamente funcional, utilitario, didáctico y finalmente, comprensible".
Sólo con las teorías del socialista utópico Charles Fourier (1772-1837), contemporáneo de Saint-Simon y opositor de sus ideas, surge en las primeras décadas del siglo XIX la posibilidad de disociar el arte de un sentido rigurosamente político. Los anarquistas, inspirados en las ideas de Fourier, serían atraídos por la posibilidad de desvincular la producción artística de toda causa social. Esto va a permitir que algunos artistas declaradamente anarquistas, como Oscar Wilde, puedan dedicarse al ejercicio del "arte por el arte", sin recibir interferencias de orden político.
La utilización estrictamente política del término "vanguardia" comienza a mediados del siglo XIX, con Marx y Engels. Como fundadores del comunismo, ellos se consideraban parte de la vanguardia social. Pero, en realidad, es Lenin quien usa apropiadamente el término al decir que "al educar a los trabajadores del partido, el marxismo educa a la vanguardia del proletariado". A partir de 1890 proliferan en Europa numerosos periódicos políticamente partidarios, comunistas, socialistas y anarquistas, que traen en su nombre la palabra "vanguardia"; las relaciones del arte con la vida parecen firmemente establecidas y en ellas se atribuye al arte una función pragmática, social y restauradora.
El caso extremo de la utilización en este sentido del término "vanguardia" en el siglo XX, se dio con el stalinismo, que en forma paradójica se identificaba con la vanguardia política al mismo tiempo que restringía ferozmente cualquier tipo de expresión artística que no estuviese subordinada a las reglas estéticas impuestas por el Partido. Las décadas del 30 y del 40 marcan el apogeo del realismo socialista, responsable de la abolición de las vanguardias artísticas dentro del sistema, al considerarlas expresión de un arte decadente. Incluso un crítico tan fino como Mariátegui, en 1927, llega a decir que "una gran parte de los presuntos vanguardistas revela, en su individualismo y su objetivismo exasperados, su espíritu burgués decadente".
Al mismo tiempo en que las facciones anarquistas y comunistas se apropiaban del término "vanguardia", como sinónimo de una actitud partidaria capaz de transformar a la sociedad, el surgimiento de los ismos europeos dio un gran margen para la experimentación artística, desvinculándola, en mayor o en menor grado, de todo pragmatismo social. Y aunque las vanguardias artísticas tenían como denominador común la oposición a los valores del pasado y a los cánones artísticos establecidos por la burguesía del siglo XIX y comienzos del XX, ellas se distinguieron no sólo por las diferencias formales y por las reglas de la composición, sino por su toma de posición ante las cuestiones sociales.
En este sentido, el expresionismo alemán y el surrealismo francés, situados al inicio y al final del período de las vanguardias, respectivamente, a pesar de estar muy diferenciados en otros aspectos, tienen como factor semejante su preocupación social. Pero en el expresionismo es una reacción ante los horrores de la Primera Guerra Mundial y en el surrealismo apunta hacia la utopía de la transformación del hombre a través de la liberación de las fuerzas del inconsciente. "Nada les es más extraño que la fórmula del arte por el arte", dice José Carlos Mariátegui en relación a lo último. Por otra parte, el futurismo toma la delantera de todos los ismos como violenta reacción contra la burguesía de la época, contra el arte museológico y contra todo parámetro pasatista. El intento de abolir el tiempo y la distancia aproxima al futurismo italiano con el simultaneísmo y el multiperspectivismo propuestos por los cubistas de la década del 10. El dadaísmo, que también fue una reacción ante la Primera Guerra Mundial, actúa de modo diferente: por el nihilismo, por el humor, por la auto-irrisión y por la autodestrucción.
La tensión resultante del enfrentamiento entre "vanguardia política" y "vanguardia artística" produce diversas influencias en la producción cultural de los años 20, que varían de acuerdo con el momento, los contextos y las experiencias individuales de los fundadores de los movimientos. Las causas, la producción y el consumo cultural son elementos dinámicos, en cambio permanente. No es posible limitar la vanguardia a un perfil estético único, como tampoco se puede generalizar esquematizando un cuadro maniqueísta del tipo "izquierda" versus "derecha", como hace Pedro Henríquez Ureña cuando reseña en la revista Valoraciones de La Plata la Antología de la poesía argentina moderna (1926) organizada por Julio Noé. En esta reseña hay un ejemplo interesante de esas variantes: Leopoldo Lugones pasa de la categoría de "extrema izquierda" a la de "capitán de las derechas".
Estos cambios ideológicos explican la existencia, por ejemplo, de más de un Borges, de más de un Neruda, de más de un Vallejo. El primer Borges, aquel que vivió en Europa desde 1914 hasta 1921 y que se sintió muy afectado por la Primera Guerra Mundial, se compromete con la estética expresionista y se sumerge en la obsesión vanguardista por la nueva metáfora. El regreso a Buenos Aires le hace descubrir la ciudad natal, su lenguaje y sus tradiciones. Aparece entonces un segundo Borges empeñado en negar al primero y en reafirmar sus orígenes, como queda claro en sus primeros libros de poemas -Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929)-y en el libro de ensayos Evaristo Carriego (1930).
En Neruda el proceso es opuesto: de una poesía altamente surrealizante en Residencia en la tierra (1925-1931) evoluciona hacia una especie de militancia poética que lo distancia bastante de sus primeras obras. En Vallejo los mecanismos son muy diferentes: después de su viaje a París en 1923, loss dos viajes a la Unión Soviética en 1928 y 1929, y su participación en la Guerra Civil Española, el poeta más radical de la poesía en lengua castellana de la década del 20 lanza un virulento ataque contra todo principio vanguardista. Obras como El tungsteno (1931) y España, aparta de mí este cáliz (1939), muestran cuánto se había apartado de la experimentación y de la ruptura estética de Trilce, su obra poética más lograda.
Justamente en las revistas de vanguardia las propuestas culturales se pueden apreciar con mayor claridad. Debido a su esencial carácter contestatario, tanto en artes como en cuestiones sociales, ellas mantienen una relación pragmática con el público lector, emplean un lenguaje más directo que el discurso estrictamente literario y presentan un estatus mucho menos "aurático" (para usar el concepto de Benjamin) que la poesía o la prosa de ficción. En ellas hay un fuerte sentido de oposición que no pasa por la censura o por la criba de la gran prensa. Lo que no significa que las vanguardias no hayan utilizado, siempre que pudieron, los diarios de gran tiraje para hacer circular sus ideas.
Debido a su carácter efímero, las revistas de vanguardia presentan líneas ideológicas más nítidas, tanto por las definiciones explícitamente avanzadas en los editoriales, cuanto por el escaso tiempo de que disponían para asimilar una nueva tendencia o, inclusive, cambiar la trayectoria de ideas inicial.
Es fácil encontrar revistas que se proponen promover la renovación de las artes, los nuevos valores, la importación de la "nueva sensibilidad", el combate contra los valores del pasado y el status quo impuesto por las academias. Este es el caso de Klaxon en Sao Paulo, de Proa (1.ª época) y Martín Fierro (2.ª época) en Buenos Aires, Revista de Avance en La Habana y válvula en Caracas, todas ellas representativas de una estética vanguardista más radical.
Fuente: Schwartz, Jorge. Las vanguardias latinoamericanas. Textos programáticos y críticos. Madrid. Ediciones Cátedra, 1991.
BIBLIOGRAFÍA
* Correas, Carlos. Arlt literato. Buenos Aires: Atuel, 1995. Relectura de Arlt que intenta sintetizar las ideas políticas y estéticas que aparecen en su obra, dentro del contexto histórico y literario argentino.
* Goldar, Ernesto. Proceso a Roberto Arlt. Buenos Aires: Plus Ultra, 1985. El libro recorre las diversas lecturas efectuadas de la obra de Arlt, a través de diferentes épocas, presupuestos y puntos de vista.
* Guerrero, Diana. Roberto Arlt o el habitante solitario. Buenos Aires: Granica, 1972. Arlt, en la sociedad argentina de su tiempo, es visto como el novelista del aislamiento y la incomunicación de seres débilmente socializados.
* Masotta, Oscar. Sexo y traición en Roberto Arlt. Buenos Aires: CEDAL, 1982. Algunos momentos de la obra arltiana son examinados a la luz de la filosofía existencialista y el psicoanálisis.
* Núñez, Ángel. La obra narrativa de Roberto Arlt. Buenos Aires: Nova, 1968. La literatura de Arlt es vista desde la perspectiva de los géneros abordados
(novela, cuento, aguafuerte), configuración de personajes y obsesiones temáticas.
* Enciclopedia(r) Microsoft(r) Encarta 2001.
* Material de la Red Informática Educativa
* Apuntes personales.

 

*CONCLUSION:

RECORRIDOS SEMIOLÓGICOS

1. El ámbito de estudio de la semiología.
Las ciudades y los signos.

El ojo no ve cosas sino figuras de cosas que significan otras cosas: las tenazas indican la casa del sacamuelas, el jarro la taberna, etc.
. De L.Calvino

¿Semiología o Semiótica?
Vivimos en un inmersos universo de signos. Registramos (con los sentidos,), reconocemos (establecemos analogías, recordamos experiencias), interpretamos, asignamos sentidos, etc., desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.
SEMIOLOGÍA (1916) de Saussure una hipotética ciencia que debería estudiar el funcionamiento de los sistemas de signos en la vida social, y por lo tanto, se inscribe en el marco de la lingüística.(influencia francesa)
SEMIÓTICA, nombre que en los últimos años terminó por imponerse, proviene del ámbito de la filosofía y tiene al Peirce como referente fundamental. (ámbito anglosajón)

EL MODELO LINGÜÍSTICO
De Saussure (1857-1913):
La lingüística saussureana establece los conceptos como diferenciales y relaciónales
SIGNO, VALOR, RELACIONES
El signo lingüístico es una entidad psíquica que une dos términos: un concepto y una imagen acústica. Reemplazada por significado y significante, respectivamente.
Los signos lingüísticos integran un sistema, es la lengua

 


SINTAGMA
Casi no hay enunciado, en una lengua, que no se presente como la asociación de varias unidades(sucesivas o simultáneas), susceptibles de aparecer también en otros enunciados. En el sentido amplio de la palabra sintagma, el enunciado E contiene el sintagma u v, solo si u y v son dos unidades, que aparecen una y otra en E.
U y V forman un sintagma en E no sólo si ambos están presentes en E, sino también cuando se conoce o se cree poder descubrir una relación sintagmática condicionante de esta copresencia
PARADIGMA
Se llama paradigma toda clase de elementos lingüísticos, sea cual fuere el principio que lleva a reunir esas unidades. Se considerarán como paradigmas los grupos asociativos de que habla Saussure, cuyos elementos no están ligados sino por asociaciones de ideas. Jakobson parece basar a veces la relación paradigmática en la simple similaridad.
Por ejemplo dos unidades u y u' pertenecen a un mismo paradigma si -y únicamente si- son susceptibles de reemplazarse mutuamente en un mismo sintagma.
Jakobson considera sinónimos sintagmática y metonímica, paradigmática y metafórica.
LA SEMIOLOGÍA
Todo sistema semiológico se mezcla con el lenguaje. La sustancia visual, por ejemplo, confirma sus significaciones reforzándose mediante un mensaje lingüístico, de modo que por lo menos una parte del mensaje icónico se encuentra en una relación estructural de redundancia o de relevo respecto del sistema de la lengua.
La ciencia general de los signos, es la semiología la que constituye una parte de la lingüística
Dos líneas de investigación de esta lingüística secundaria: de orden sintagmático, es el análisis estructural del mensaje narrativo; la otra, de orden paradigmático, es la clasificación de las unidades de connotación: el mensaje se encuentra siempre en el punto de intersección de esos dos grandes ejes, ya señalados por Saussure.
Adaptado de R: Barthes
Benveniste considera a la lengua en su dimensión semiológica como englobante de la sociedad.
LOS FUNDAMENTOS DE LA SEMIOLOGÍA: SISTEMAS DE SIGNOS, RELACIONES, SIGNIFICANCIA.
¿Dónde Halla la lengua su unidad y el principio de su funcionamiento?
En su carácter semiótico. Por él se define su naturaleza, por él también se integra a un conjunto de sistemas del mismo carácter.
Para Saussure
El signo es una noción lingüística, que se extiende a ciertos órdenes de hachos humanos y sociales.
El papel del signo es representar, la semiología, utilizamos a la vez y a cada instante varios sistemas de signos: primero los signos del lenguaje, los signos de la escritura; los "signos de cortesía", de reconocimiento, de adhesión, en todas sus variedades y jerarquías; los signos reguladores de los movimientos; los "signos exteriores" que indican condiciones sociales; los "signos monetarios", valores e índices de la vida económica.
Nuestra vida entera está presa en redes de signos.

 

LA LENGUA:
interpretante de la sociedad
El signo es necesariamente una unidad, pero la unidad puede no ser un signo. La lengua está hecha de unidades y esas unidades son signos
Los sistemas fundados en unidades se reparten entre sistemas de unidades significantes y no significantes. En la primera categoría pondremos la lengua; en la segunda, la música.
Se pueden distinguir los sistemas en que la significancia está impresa por el autor en la obra y los sistemas donde la significancia es expresada por los elementos primeros en estado aislado, independientemente de los enlaces que puedan contraer. En los primeros, la significancia se desprende de las relaciones que organizan un mundo cerrado, en los segundos, es inherente a los signos mismos. La significancia del arte no remite nunca, pues, a una convención idénticamente heredada entre copartícipes. Cada vez hay que descubrir sus términos, que son ilimitados en número, imprevisibles en naturaleza, y así por reinventar en cada obra -en una palabra, ineptos para fijarse en una institución. La significancia de la lengua, por el contrario, es la significancia misma, que funda la posibilidad de todo intercambio, es la significancia misma, que funda la posibilidad de todo intercambio y de toda comunicación, y desde ahí de toda cultura.
La lengua es el interpretante de todos los demás sistemas, lingüísticos y no lingüísticos.

¿POR QUÉ LA LENGUA SE CONSTITUYE EN MODELO DE LA SEMIOLOGÍA' DOBLE SIGNIFICANCIA. SEMIÓTICA Y SEMÁNTICA.

Hay pues un modelado semiótico que la lengua ejerce y del que no se concibe que su principio resida en otra parte que no sea la lengua.
La lengua: su preeminencia como sistema significante y de esta preeminencia puede dar razón un principio semiológico solo. La lengua significa de una manera especifica y que no es sino suya, de una manera que no reproduce ningún otro sistema. Está investida de una doble significancia. He aquí propiamente un modelo sin análogo. La lengua combina dos modos distintos de significancia, que llamamos el modo semiótico por una parte, el modo semántico por otra.
(Ver cuadros de modo semántico y semiótico).
En conclusión, hay que superar la noción saussuriana del signo como principio único, del que dependería a la vez la estructura y el funcionamiento de la lengua. Dicha superación se logrará por dos caminos
El análisis intra lingüístico, abriendo una nueva dimensión de significancia, la del discurso, que llamamos semántica, en adelante distinta de la que está ligada al signo y que será semiótica.
El análisis translinguistico de los textos, de las obras, merced a la elaboración de una meta semántica que será construida sobre la semántica de la enunciación
Ser una semiología de "segunda generación"
Adaptado de E. Benveniste

 


Charles Sanders Peirce (1839-1914)
El signo y sus tricotomías.
"siempre que llegamos a conocer un hecho es porque se nos resiste."
Reflexionar sobre el conocimiento, la prioridad de lo real. La realidad es aquello con que los seres humanos se enfrentan. Sería la segundidad, o experiencia del mundo lo que hace que se deba responder. Tanto el reconocimiento de la cualidad o primeridad del objeto o segundidad, por el encuentro, sólo pueden conocerse una vez establecida la relación(entre el obstáculo y su cualidad que lo hace resistente-dureza en este caso). La relación es la terceridad.

LA SEMIÓTICA. HISTORIA
La semiótica llega una disciplina independiente con la obra del filósofo Peirce (1839-1914)
" un signo o Representamen, es un Primero que mantiene con un Segundo, llamado su Objeto, tan verdadera relación triádica que es capaz de determinar un Tercero, llamado su Interpretante, para que éste asuma la misma relación triádica con respecto al llamado Objeto que la existente entre el Signo y el Objeto".
Toda la experiencia humana se organiza, para Peirce, entres niveles que él llama la primeridad, la segundidad y la terceridad y que corresponden, en líneas muy generales a la cualidades sentidas, al a experiencia del esfuerzo y a los signos. El signo es una de esas relaciones de tres términos: lo que provoca el proceso de eslabonamiento, su objeto y el efecto que el signo produce, es decir, el interpretante.
Peirce tiene clasificación de las variedades de signos; Por ejemplo, la de signotipo y signo-ocurrencia
Otra distinción es la de icono, índice y símbolo.

SIGNO O REPRESENTAMEN:
Un signo, o representamen, es algo que está para alguien, por algo, en algún aspecto o disposición
Ello se dirige a alguien, o sea, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o quizás un signo más desarrollado. A este, que aquél crea, lo denomino el interpretante del primer signo. Al signo que está por algo, su objeto. Este está por tal objeto, no en todo sentido, sino respecto a un tipo de ideas que algunas veces ha llamado el fundamento del representamen.
OBJETO
Quiere decir que habría dos posibilidades teóricas: o bien el signo sustituye al objeto en cuanto caos, diciéndolo por primera vez, o bien el signo sustituye, mediante un nuevo decir, algo que estaba ya dicho acerca del objeto. Resulta que un signo tendrá como objeto siempre, a otro decir, o sea, otro signo.
INTERPRETANTE
Todo lo que constriñe a algún otro a referirse a un objeto, al cual él mismo se refiere del mismo modo (su objeto) trasformándose a su vez el interpretante en signo y así ad ifinitum"
El análisis de un signo descompone la inferencia en sus tres momentos: representación, interpretación y atribución
La teoría de la inferencia semiótica peirciana es una teoría lógica y no psicológica. Por lo tanto, ninguno de los términos empleados debe ser comprendido como estado, acto o función psíquicos. Lo que se analiza, son las marcas o expresiones, digamos públicas, de la inferencia. Del a representación sólo se analiza la 'función de delegación', lo que Peirce denomina el 'representamen'; de la interpretación, el 'signo interpretante' y de la atribución, la relación 'objetiva' del signo y la que éste representa"
La primeridad es la categoría de la generalizad exuberante; la terceridad, la categoría de la generalidad ordenada; la segundidad, la categoría de la unión existencial de las otras dos.
LA ESTRUCTURA AUSENTE
El signo icónico
1-Peirce definía los iconos como los signos que originariamente tienen cierta semejanza con el objeto a que se refieren.
2-El signo icónico es semejante a la cosa denotada en algunos aspectos.
3-los signos icónicos no poseen las propiedades del objeto representado sino que reproducen algunas condiciones de la percepción común,
4- los signos icónicos reproducen algunas condiciones de la percepción del objeto una vez seleccionadas por medio de códigos de reconocimiento y anotadas por medio de convenciones gráficas
5- Los códigos de reconocimiento tienen en cuenta los aspectos pertinentes. La reconocibilidad del signo icónico depende de la selección de estos aspectos.
ENTORNO AL SIGNO
Un especial cuidado en distinguir la significación de la función referencial (denotación). La denotación no se produce entre el significante y un significado, sino entre el signo y el referente, es decir, un objeto real, en el caso más fácil de imaginar.
También debe distinguirse la significación de la representación, que es la aparición de una imagen mental en el usuario de los signos.
Tres relaciones de la parte perceptible del signo: con la "cosa real"(denotación), con la "imagen psíquica"(representación) y con la "decible"(significación)
La relación entre un significante y un significado es inmotivada: ambos son de naturaleza diferente y es necesaria no puede existir sin el otro.
Debe distinguirse el signo de algunas entidades vecinas menos semejantes. La señal provoca una determinada reacción, pero no implica ninguna relación de significación.

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