EL HORNERO

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MATERIAL DE DIFUSIÓN DE LA EMISORA EDUCATIVA "El HORNERO"
REVISTA Nº XXIII- 2001

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Este Adjunto está confeccionado con las informaciones recibidas en la Emisora Educativa El Hornero. En éste, la Redacción de El Hornero no tiene participación alguna, excepto a la limitación de extensiones de algunos artículos.

La revista El Hornero puede obtenerla en las siguientes páginas web:

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COMUNICACIONES

 

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EL PAPA REIVINDICA LA IMPORTANCIA DE LA INFORMACIÓN LOCAL

La globalización sólo tiene sentido si respeta la «identidad cultural»  

CIUDAD DEL VATICANO, 28 mayo (ZENIT).- El primer pontífice de la era de los satélites e Internet reivindicó esta mañana el papel de los medios de comunicación en la transmisión de valores éticos, así como la dignidad de la información local frente a los poderosos conglomerados globales.

Estas fueron las dos propuestas que presentó Juan Pablo II al recibir a los trescientos participantes en el Congreso organizado por Corallo (consorcio de cadenas de radio y televisión libres locales de Italia) que llevaba por tema «Identidad y globalización». Se trata de un grupo de comunicación entre los que se encuentran emisoras de inspiración católica, líder de audiencia en las ondas regionales de este país europeo.

Juan Pablo II constató cómo «la comunicación se ha convertido en el alma que da forma a la cultura de nuestro tiempo». Precisamente por eso, añadió, «el alma no puede prescindir de sus propias responsabilidades en relación con el sentido y el valor de la vida. En ocasiones, la comunicación corre el riesgo de cubrir con la impetuosidad de las imágenes y de los sonidos el vacío, la pobreza del mensaje y la ausencia de referencias éticas válidas».

Idiotización mediática

«Frente a una comunicación de este tipo --añadió el obispo de Roma-- que prefiere tener receptores indefensos en lugar de protagonistas activos, para aturdir en vez de ayudar a reflexionar, es más urgente que nunca ofrecer, con competencia y creatividad, motivaciones y contenidos capaces de realizar una red de comunicación al servicio del bien».

Aldea global... y local

Tras confirmar la importancia de la información inspirada en los valores cristianos, el Papa afrontó el argumento de la supervivencia misma de las redes locales. «El rápido desarrollo tecnológico de la época moderna podría hacer pensar en la superación de la dimensión local. Pero no es así. Si la comunicación ofrece nuevas oportunidades para el intercambio entre los pueblos y las naciones, pueden resurgir nuevas y más sutiles formas de monopolio mediático, apoyadas por fuertes intereses comerciales».

«Cuando los instrumentos de la comunicación social se disocian de un contexto social claro y humano --explicó--, acaban promoviendo modelos masificados e individualistas, en antítesis con el auténtico bien de la persona, de la familia y de la comunidad local»

El proceso de globalización será válido en la medida en que sepa valorar las realidades locales, con su patrimonio de identidad histórica y cultural».

Ante los nuevos desafíos que plantea la aldea global a los católicos, el pontífice concluyó pidiendo a las iniciativas de comunicación de inspiración cristiana, «una cordial colaboración y un apoyo recíproco». Y concluyó: «Al mismo tiempo, es necesario favorecer el interés en la importancia de la comunicación social para la vida y la misión de la Iglesia».

 

 

ALERTA A LA TELEVISIÓN ... NI DE ADULTOS

Ricardo Benjumea

Duro competidor para los padres, aunque no sea más que un electrodoméstico. Con la tele pasan los niños en torno a 3 horas diarias (eso, sin contar videojuegos), más tiempo del que dedican a conversar con la familia. También los profesores se desesperan. Los niños –dicen– no les prestan atención, prefieren a esos otros maestros de la televisión, que son más simpáticos y que no regañan. Los efectos a largo plazo están por ver, pero ya empiezan a aparecer síntomas más que preocupantes; lo suficientemente preocupantes, al menos, como para pararse un momento a pensar qué uso damos a este aparato.

Un español medio llega a casa, saluda y, si no lo ha hecho antes ya nadie, enciende el televisor. No es que quiera ver nada en particular.

A menudo ni le presta atención. Es, simplemente, una voz que está ahí, y que, llegado el momento del informativo, o la serie, avisa puntual.

Dice el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) que algo así sucede en casi dos de tres hogares españoles, donde se enciende este aparato de forma sistemática. Sentarse a la mesa no cambia las cosas: en el 61,3% de las casas, se cena siempre viendo la tele.

Pero la tele es mucho más que un simple ruido de fondo en nuestras vidas. Tiene el extraño poder de hacerle sentirse a uno realmente en su casa. Atrás las preocupaciones, atrás el ajetreo; el cuerpo se desploma en el sofá y la mente desconecta de la realidad. Su poder, llegan a decir algunos investigadores, como el profesor Eduardo García Matilla, se asemeja a la hipnosis. La atención queda fija en un punto luminoso; lo demás, lo que está alrededor, no cuenta, se vuelve borroso. Y es ahí, con el espectador rendido, donde la televisión ejerce su gran capacidad de seducción. Porque, además, la inmensa mayoría de los televidentes no entiende lo que ve. Comprende la palabra, pero ésta es sólo una parte del mensaje, que incluye formas, colores, movimientos, sonidos, melodías, emociones que se reflejan en los actores o presentadores...

Hay también un lenguaje de los colores. Los colores vivos son pasionales y producen una cierta intranquilidad. Por eso, en una consulta de un dentista o en un hospital no se verá un rojo o un amarillo, sino un verde claro. Pero a ningún torero se le ocurrirá saltar al ruedo con un capote azul celeste, ni a ningún revolucionario comunista hacer bandera de un rosa pálido.

A falta de una comprensión racional, el mensaje llega al subconsciente, al terreno de las emociones. Y, puesto que no debe ajustarse a un discurso lógico, el narrador tiene el poder de transgredir las más elementales leyes morales bajo apariencia de armonía absoluta. No hay nadie invulnerable, pero un adulto experimentado puede al menos intuir el fraude, porque sabe bien que el hábito no hace al monje, que, por muy atractivos que se presenten en una narración audiovisual la violencia, la infidelidad y el consumismo, no por ello quedan justificados. Pero el niño queda deslumbrado, absolutamente absorto ante los colores y sonidos que salen de la pantalla. Manipularle es un juego de niños.

El debate es muy anterior al nacimiento de la propia televisión. Platón se preguntaba en el siglo V antes de Cristo: ¿Permitiremos sin más que nuestros niños oigan determinados cuentos y que reciban en sus mentes ideas opuestas a aquellas ideas que queremos que tengan cuando sean adultos? La diferencia es que el lenguaje de aquellos cuentos, aunque cubierto por una aureola mágica, se ajustaba a la capacidad de comprensión del niño y cabía, por tanto, una cierta capacidad de crítica. Hoy, antes de saber siquiera hablar, un niño ha pasado cientos de horas ante el televisor. Adiós a los ritmos naturales de aprendizaje, a la lenta asimilación de conceptos por la que debe pasar la formación de un niño. Pero eso tiene un precio, aunque se gane a cambio una niñera. Dice el doctor Walter Bühler: Es una locura pedagógica poner a los niños de menos de ocho años ante la pantalla de televisión. El testimonio se incluye en un vídeo que ha editado S.O.S. Familia para enseñar a ver correctamente la televisión, que la asociación distribuye en parroquias, colegios y asociaciones de padres. Analiza en una primera parte Los efectos del abuso televisivo en la infancia y en el rendimiento escolar. Ésta es una de las conclusiones: Amás televisión, menor capacidad de concentración y, por tanto, menor rendimiento escolar. Pero, se mire por donde se mire, el vídeo quiere dejar claro que estar sentado frente al televisor no es precisamente la mejor ocupación para el niño, aunque sólo sea por las actividades que deja de realizar. Por ejemplo, el juego. Como dicen Alonso Eurasquín, Matilla y Váz-quez, en «Teleniños públicos, teleniños privados», el niño que juega libremente es un verdadero investigador que somete la realidad a experimentos, a partir de los cuales va adquiriendo su propia conciencia del mundo, a la par que esa madurez que, comúnmente, se había llamado «uso de la razón». Pues bien, el niño de la generación de la televisión se ve constreñido a realizar su labor de investigación; en contrapartida, la actividad de contemplar la televisión le proporciona una conciencia y una razón que ya no son ni podrán ser las suyas.

El proceso de socialización se ve también gravemente alterado, porque, con el juego –dice Miel Vega, profesora de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense y experta en televisión e infancia–, el niño adquiere conciencia de sus límites y de los derechos de los demás, se somete libremente a unas normas y, de este modo, avanza en su formación moral. Esto no lo va a aprender viendo

la televisión ni encerrado en su habitación con videojuegos. Así corremos el peligro de formar individuos aislados, caprichosos y egoístas, carentes de creatividad y esclavos de la sociedad de consumo; una legión de adultos infantilizados, con el «síndrome del hijo único», que va a ser incapaz de afrontar el más leve revés de la vida.

Aún más, dice la doctora Vega, estamos dejando a los niños sin infancia. Les estamos adelantando problemas que los niños de esa misma edad hace unos años ni se planteaban, situaciones que no necesitan para nada conocer y que no se corresponden con su interés. Y, además, como puro espectáculo, sin que sean capaces de comprender las consecuencias que se derivan de esos actos que ven y sin que medie ningún tipo de juicio moral.

 

¿QUÉ VEN LOS NIÑOS?

Los padres –tal como lo plantea el doctor Jerom Singer, de la universidad de Yale– deben darse cuenta de que hay un extraño en su casa. Si usted llegara y se encontrara a un desconocido enseñando a sus hijos a pegarse unos a otros, o tratando de venderles toda clase de productos le echaría inmediatamente de casa. Pero he aquí que, cuando usted entra, la televisión está encendida y no le da mayor importancia.

Que se trate de programas infantiles no es ninguna garantía. Televisión: impacto en la infancia, un estudio que acaban de publicar Javier Urra, Miguel Clemente y Miguel Ángel Vidal, encuentra precisamente en los dibujos animados uno de los espacios con más ejemplos de recurso a la violencia: Se constata, por lo tanto, que se «se reserva» la mayor violencia para los niños. A menudo se trata de una violencia gratuita, que busca la risa fácil, y que inculca los valores de individualismo, egoísmo, lucha de uno frente a todos.

Claro que tampoco sirve fijarse demasiado en los espacios infantiles. Otra de las constataciones del informe es que apenas existen diferencias entre las preferencias de los públicos de distintas edades. En otras palabras: los niños son asiduos de los programas teóricamente dirigidos a los adultos. A partir de datos de Sofres, el estudio muestra que un 30% de los menores de entre 4 y 12 años ven la televisión entre semana en la franja horaria de 22 a 23 horas; un 14,63, entre las 23 y las 24 horas, y un 5,17% entre medianoche y la 1 de la madrugada. Un sábado, el porcentaje ante el televisor entre las 23 y las 24 horas asciende al 22,8%, y al 11,54% entre las 12 y la 1.

Series como Al salir de clase, o Compañeros, que cautivan tanto a niños como a jóvenes, son hoy algunos de los programas favoritos. Pertenecen a una generación de producciones en la que existe una mayor concienciación con respecto a la protección de la infancia y la juventud, lo cual en absoluto significa apego a unos valores morales más allá, como dice la actriz Patricia López Sclichting, de lo políticamente correcto. Se tratan diversos problemas de actualidad, como la droga o el racismo, pero faltan razones que sustenten los comportamientos. Se nota una falta de consistencia absoluta, lo que, por otra parte, es comprensible, porque tampoco existe en la sociedad. No pocas veces, además, pretenden hacer pasar por normales situaciones que no lo son, y, por supuesto, tienen claro el objetivo al que deben servir: la rentabilidad.

Si no –ironizaba Woody Allen–, no hablaríamos de «show-buisness», sino de «show-show».

La profesora Ellen Wartella, de la Universidad de Austin (Texas), explica el lento proceso que ha llevado a la industria de los medios de comunicación a fijar sus objetivos comerciales en población cada vez más joven, sin mirar en los tremendos costes de estas prácticas. Primero, en los años veinte, la industria de los medios en Estados Unidos y Europa convirtió a los escolares de mayor edad en sus niños predilectos. Eran los flappers, la primera «cultura juvenil» autónoma separada de la de los padres. Vestían de forma diferente, llevaban peinados diferentes y se les vendía que fumar y bailar jazz toda la noche era sinónimo de juventud. El proceso, sin embargo, se detuvo, sobre todo por el pánico y el rechazo que desató en el público norteamericano. Pero resurge, y con mucha más fuerza, en los cincuenta y sesenta, con los comics y el rock’n’roll. Los medios de masas crearon y nutrieron una noción comercializada de la adolescencia. Ayudaron a crear estereotipos en el vestido, en los valores, en el lenguaje y en los comportamientos.

La edad del público-diana ha ido desde entonces bajando. Importante factor ha sido, en Europa, el avance de la televisión privada, que, dice Wartella, ha impuesto una visión marcadamente comercializada de la cultura mediática infantil.

Hoy, los niños de todo el mundo tienen acceso a las tortugas ninja o a los power rangers, que no sólo están estrechamente relacionadas con la industria juguetera, sino que además sirven de reclamo para vender todo tipo de productos tradicionales, desde material escolar hasta los cereales del desayuno. La cuestión, en definitiva, es que los medios han originado, con la aquiescencia de los padres, una mercantilización sin precedentes de la vida infantil. Da igual que diferenciemos entre programas de contenido educativo o aquellos que buscan exclusivamente el entretenimiento, el proceso es el mismo y deberíamos preguntarnos hasta qué punto estamos primando los intereses de la sociedad de mercado sobre los intereses de la infancia. Porque eso es precisamente lo que se está generando: ciudadanos perfectos para una sociedad de consumo. Finaliza Wartella: ¿Cuándo empezaremos a pensar en los niños como un público especial que debe ser protegido, y no como un segmento de audiencia, un mercado al que venderle todo tipo de productos?  

 

 

 

LA TELEVISIÓN ES UN "AGENTE DESOCIALIZADOR",  

SEGÚN LOS EXPERTOS

Madrid. S. T.


Los expertos que participaron ayer en las Jornadas sobre la violencia en televisión y su repercusión en la infancia, organizadas por UNICEF y la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, discreparon sobre la influencia de los medios de comunicación en la violencia social y entre la que se registra entre los menores.

El asesor jurídico del Comité Español de UNICEF, Carlos María Bru, manifestó su convicción de que la televisión es «un agente desocializador que capta, si no captura, 1.200 horas anuales a los niños y que puede llegar a suministrarles en sus primeros diez años imágenes de 10.000 homicidios y 100.000 agresiones, y emite vivencias capaces de enajenar». A su juicio, «esa violencia y otros componentes de la televisión detraen la función educativa y formativa de la pequeña pantalla».

Por su parte, el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Javier Urra, aseguró que las cadenas de televisión le han manifestado en numerosas ocasiones que su labor «no es la formativa y educativa sino, por el contrario, ser económicamente rentables».

Sin embargo, el vicedecano de la Facultad de Ciencias de la Información, Ricardo Pérez-Aznar, señaló que «no está demostrado que la violencia social sea consecuencia de la violencia en televisión».

 

 

LA TV, PROMOTORA INDIRECTA DE LA VIOLENCIA ESCOLAR 

fuente: diario La Nación

Los chicos miran un promedio de 4 horas y 20 minutos de TV por día 

Esta semana, el caso de un adolescente de 16 años que entro en una escuela de Gregorio Laferrere con un revolver y amenazo a sus compañeros batió un triste record: se supero largamente el medio centenar de episodios de violencia escolar en establecimientos bonaerenses en los últimos seis meses.

Nuevamente, la televisión, con sus escenas agresivas e inconvenientes, apareció, si no como la causa, como la promotora indirecta de la mayoría de tales hechos.

No faltaron los reproches: el obispo de San Isidro, Jorge Casaretto, insto el miércoles a los canales "a no emitir programas que inciten a actitudes violentas", aunque aclaro que los medios no son los responsables exclusivos de lo que ocurre en las escuelas.

La preocupación de Casaretto tiene fundamentos concretos. Según el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer), en lo que va del año las emisoras de TV recibieron 1600 infracciones por presentar escenas de violencia en horario de protección al menor. Para verlo en perspectiva, basta señalar que en 1998 ese tipo de apercibimiento llego a 4200.

José Aiello, titular del Comfer, considero que la TV "tiene menos escenas de tiros y golpes que en años anteriores". La razón es, para el, que se ejerce un control mas severo. "Claro que nosotros solo podemos fiscalizar y sancionar -se atajo-;el resto depende de la acción de los canales y de las familias."

En la Argentina, según datos de la consultora Total Research, los chicos miran 4 horas y 20 minutos de TV por día. Y según cifras de la Universidad Nacional de Quilmes, llegan a ver 20 escenas agresivas por hora tan solo en los programas infantiles.

También influyen en la sensibilidad de los menores los avisos publicitarios y los avances de películas para mayores, que si bien tienen programada su proyección en horarios nocturnos se muestran en la TV a lo largo del día, durante los cortes publicitarios, lo que muchas veces suscita reclamos de los padres.

Cambios en el gusto 

Aunque los representantes de la televisión de aire y de cable consultados por La Nación coincidieron con Aiello en que disminuyo la violencia en los contenidos, la sensación es que esto se debe mas a los cambios en el gusto del publico que a medidas destinadas a reducir la agresividad en la pantalla chica.

Alfredo Odorisio, gerente de América, aclaro que la violencia en la TV abierta "esta acotada a algunas películas norteamericanas o a los noticieros, que muestran escenas cruentas". Y explico que la causa de todo ello es que los canales "apuestan mas a las producciones propias, como Gasoleros, que nada tienen de agresivos".

Consultado sobre que acciones concretas emprendió América para disminuir la violencia en la pantalla, Odorisio insistió en la programación: "Apostamos a emisiones como Gente que busca gente. A veces el rating acompaña, a veces no".

En cambio, en Canal 13 y en Telefe no fue posible obtener una respuesta después de insistentes llamadas. En el primer caso, el gerente de programación, Hugo Di Guglielmo, se disculpo por no tener tiempo para dar su punto de vista. Por el lado de Telefe, Gustavo Yankelevich, también a cargo de los contenidos, dio en la voz de su secretaria una contestación similar.

La Asociación de Telerradiodifusoras Argentinas (ATA), que reúne a emisoras de aire de todo el país, tampoco mostró demasiado interés en el tema. Después de una reunión corporativa para analizar la consulta de La Nación, decidió no expresarse sobre la cuestión.

Sin embargo, Odorisio se encargo de hablar por sus colegas ausentes:"Los canales pueden tener mal o buen gusto, pero no creo que la base de sus contenidos sea la violencia".

En el cable

Mas predisposición para evaluar la situación de la TV y exponer líneas de acción mostraron las emisoras de cable. Horacio Guibelalde, presidente de la Asociación Argentina de Televisión por Cable (ATVC), que reúne a operadores de todo el país, coincidió con el gerente de América en que los menores están mas a salvo que antes de las escenas violentas.

Y preciso que, en el caso particular de la TV por cable, la codificación de algunos canales contribuyo a mejorar la situación. Pero dijo que no solo eso ayudo: "Nosotros firmamos un convenio con los distribuidores satelitales de programación y con el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales por el cual, mucho antes de la emisión, se recalifica el material que proviene del exterior, adaptándolo a las exigencias de los organismos de control oficiales".

Con todo, Guibelalde insistió en que los padres siguen teniendo la responsabilidad indelegable de controlar lo que ven sus hijos. Pero, al igual que el titular del Comfer, no hablo de un trabajo conjunto con las familias.

Las campañas para un consumo televisivo mas responsable provienen mas de iniciativas particulares que corporativas.

Por ejemplo, el empresario televisivo Pedro Simoncini, presidente de Programas Santa Clara y de TV Quality, relato que su emisora enseña a mirar la pantalla chica mediante la programación. Al respecto, señalo que desde el lunes ultimo se transmite la serie "Dejame contarte...", coproducida con Unicef, en la que se incluyen el tema de la agresividad infantil y sugerencias para encararla.

Simoncini, para quien el nivel de violencia en la TV Argentina es similar al de los Estados Unidos, no ahorro municiones contra el organismo encargado de hacer cumplir la ley de radiodifusión: "En lo que se refiere a este tema, hay un desorden operativo y conceptual".

Las iniciativas para acotar la agresividad en la pantalla chica florecen incluso desde fuera del circulo televisivo. Por caso, la asociación Fund TV, dedicada a promover mejores contenidos y a entregar premios, distribuye en 500 escuelas porteñas una guía para docentes y padres llamada " Es posible usar mejor la TV?".

"La cuestión no es apagar el aparato, sino aprender a utilizarlo; es necesaria una nueva alfabetización", afirmo Sara Shaw de Critto, presidenta de la entidad. La publicación revela como es realmente la televisión mediante juegos que los chicos pueden realizar con maestros y padres. Allí se advierte, por ejemplo, que la resolución de los conflictos en la TV es violenta cuando ganar significa eliminar al adversario y cuando el héroe siempre es bueno y el enemigo, siempre malo.

Si bien afirmo que el problema de la agresividad en la pantalla "no es tan grave" en la Argentina, Shaw de Critto llamo la atención sobre una forma de violencia mas velada, que abunda en la television: las escenas en las que los problemas se resuelven eficazmente, sin importar como. "Esta modalidad es mas nociva, porque es la precursora de los golpes", sentencio.

 


V-CHIP

Por Maximiliano Seitz


Dispositivo censor

En los Estados Unidos, las cosas cambiaron para la TV luego de la masacre de Littleton, el 20 de abril ultimo, cuando dos jóvenes entraron en su antiguo colegio, mataron a trece personas y se suicidaron.

Ante este panorama, el presidente anunció que los televisores deberán contener un chip para bloquear automáticamente las escenas con violencia, sexo y lenguaje indecente.

Para ello, los canales deben categorizar sus señales. El dispositivo, llamado V-chip, puede leer la categoría que viene con cada emisión y compararla con el nivel autorizado por los padres. Si las escenas lo exceden, la TV se apaga o cambia de canal. Las cadenas norteamericanas ABC y CBS ya anunciaron que calificaran sus contenidos según las exigencias del V-chip.

El chip

* Pedro Simoncini (TV Quality): "El chip puede ayudar parcialmente y requiere de la colaboración de los padres y los responsables de la selección de imágenes".


* Alfredo Odorisio (America): "No es fácil adoptar en la Argentina un sistema así, porque requiere de mucha disciplina".

* Sara Shaw de Critto (Fund TV): "Más que aparatos, necesitamos que se respete la ley de radiodifusión".

* Jose Aiello (Comfer): "Lo del chip es un hecho positivo, pero los padres no deben olvidar su función de proteger a los chicos de los contenidos violentos".

* Horacio Guibelalde (ATVC): "El chip puede ayudar a acotar la violencia en la televisión, pero también puede cercenar algunos contenidos artísticos".

 

 

 

Violencia y televisión 

Jugar con fuego 

Las investigaciones acerca de este medio de comunicación, que tanto influye en nuestras vidas, y de sus efectos a medio o largo plazo producen al menos inquietud en todos nosotros, ya que, sin haber sido conscientes de sus efectos, le hemos dedicado más atención y más tiempo que a ninguno de nuestros familiares, incluso nuestro tiempo de ocio o tiempo libre, más que antes de su aparición dedicábamos a actividades más enriquecedoras, y lo hemos transformado en pater familiae, el miembro de la familia más influyente. Si hacemos esto extensivo a toda la sociedad, a la sociedad mundial, podemos referirnos al pater familias de la aldea global de Mc. Luhan. Hoy no somos los mayores los que damos a nuestros hijos nuestra visión de lo que nos rodea; es la televisión. 

Nos encontramos inmersos en un nuevo sistema de comunicación, de carácter universal, en el que los medios de comunicación adoptan el papel que antes ejercían los padres y la escuela. Y este nuevo sistema funciona sólo en una dirección, no tiene en cuenta las diferencias individuales, ni los efectos que produce en ellos: colonialismo ideológico y cultural, conformismo, mimetismo, pérdida de identidad, soledad y aislamiento. Nos encontramos ante un hombre que valora los bienes materiales en lugar de las calidades humanas, que no quiere responsabilidades ni obligaciones, pero sí exige que respeten sus derechos, aunque él ignora los de los demás. Y ese hombre busca un tipo de entretenimiento que no le pide ningún esfuerzo, que le aísla de su realidad y que, a largo plazo, no le va a permitir el grado de desarrollo que podía haber alcanzado. Dicho individuo, sea niño o niña, hombre o mujer, anciano o anciana, rico o pobre, empresario u obrero, vive en soledad en un mundo en el que los valores auténticos ocupan un segundo plano o ni siquiera existen, porque han sido sustituidos por los nuevos valores suscitados por la sociedad de consumo, tales como el poder, la fuerza o el dinero. 

 



Decálogo educativo de la televisión 

El padre Miguel Carmena, legionario de Cristo y experto en televisión, da estos consejos a los padres:

  • No dar a la televisión un puesto de primer plano en la educación de los hijos. Hay otras muchas actividades, valores, relaciones, compromisos más importantes que no se deben dejar por la televisión. 

  • Acostumbrar a los niños y a los mayores a prescindir de la televisión, en función de otros intereses mayores. Usar la televisión con moderación. 

  • Educar en una recta jerarquía de valores, donde la televisión aparezca como un medio más entre otros medios de descanso, una vez cumplidos los principales deberes. Informarse bien sobre los programas. 

  • Buscar en las páginas de periódicos y revistas los juicios y orientaciones sobre la programación, eligiendo lo que se crea más conveniente para los distintos fines: educativo, descanso, etc. 

  • Elegir con conciencia y sentido de la responsabilidad. Tener en cuenta a la hora de elegir aquello que puede dañar a los niños o a nosotros. 

  • Seguir con regularidad los programas positivos que ayudan a crecer en familia. Así se enseña a elegir a los niños. 

  • Educar y educarse para tener un sentido crítico. 

  • Enseñar a valorar lo que es bueno, mediocre o negativo. 

  • Ser promotores de lo que consideramos formativo. Hacer publicidad ante los hijos, amigos y conocidos de aquello que consideramos útil y de buena calidad. 

  • Ser responsable de la educación televisiva. Los padres de familia deben ser los que guíen a sus hijos en este saber ponerse ante el televisor. No ver la televisión solos, buscar la compañía de otros. No dejar a los niños solos ante el monitor de televisión. Es importante este consejo en la acción educativa de discutir, expresar valoraciones y juicios, etc. Hacer llegar nuestros juicios a los emisores. Muchas veces los emisores creen que todo el mundo piensa como ellos y no es real. Valorar lo bueno y señalar los errores y lo negativo, según los efectos que produce en nosotros o en nuestros hijos, puede ser muy útil. Utilizar el correo o el periódico. 

Estos diez mandamientos se encierran en dos: tener como prioritaria la educación de los hijos; y no contentarse sólo con entretenerlos a cualquier precio. 

 

 

 

Continúa ====>

 

 

 

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