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EL
PAPA REIVINDICA LA IMPORTANCIA DE LA INFORMACIÓN LOCAL
La
globalización sólo tiene sentido si respeta la «identidad
cultural»
CIUDAD
DEL VATICANO, 28 mayo (ZENIT).- El primer pontífice de la era
de los satélites e Internet reivindicó esta mañana el papel
de los medios de comunicación en la transmisión de valores
éticos, así como la dignidad de la información local frente
a los poderosos conglomerados globales.
Estas
fueron las dos propuestas que presentó Juan Pablo II al
recibir a los trescientos participantes en el Congreso
organizado por Corallo (consorcio de cadenas de radio y
televisión libres locales de Italia) que llevaba por tema «Identidad
y globalización». Se trata de un grupo de comunicación
entre los que se encuentran emisoras de inspiración católica,
líder de audiencia en las ondas regionales de este país
europeo.
Juan
Pablo II constató cómo «la comunicación se ha convertido
en el alma que da forma a la cultura de nuestro tiempo».
Precisamente por eso, añadió, «el alma no puede prescindir
de sus propias responsabilidades en relación con el sentido y
el valor de la vida. En ocasiones, la comunicación corre el
riesgo de cubrir con la impetuosidad de las imágenes y de los
sonidos el vacío, la pobreza del mensaje y la ausencia de
referencias éticas válidas».
Idiotización
mediática
«Frente
a una comunicación de este tipo --añadió el obispo de
Roma-- que prefiere tener receptores indefensos en lugar de
protagonistas activos, para aturdir en vez de ayudar a
reflexionar, es más urgente que nunca ofrecer, con
competencia y creatividad, motivaciones y contenidos capaces
de realizar una red de comunicación al servicio del bien».
Aldea
global... y local
Tras
confirmar la importancia de la información inspirada en los
valores cristianos, el Papa afrontó el argumento de la
supervivencia misma de las redes locales. «El rápido
desarrollo tecnológico de la época moderna podría hacer
pensar en la superación de la dimensión local. Pero no es así.
Si la comunicación ofrece nuevas oportunidades para el
intercambio entre los pueblos y las naciones, pueden resurgir
nuevas y más sutiles formas de monopolio mediático, apoyadas
por fuertes intereses comerciales».
«Cuando
los instrumentos de la comunicación social se disocian de un
contexto social claro y humano --explicó--, acaban
promoviendo modelos masificados e individualistas, en antítesis
con el auténtico bien de la persona, de la familia y de la
comunidad local»
El
proceso de globalización será válido en la medida en que
sepa valorar las realidades locales, con su patrimonio de
identidad histórica y cultural».
Ante
los nuevos desafíos que plantea la aldea global a los católicos,
el pontífice concluyó pidiendo a las iniciativas de
comunicación de inspiración cristiana, «una cordial
colaboración y un apoyo recíproco». Y concluyó: «Al mismo
tiempo, es necesario favorecer el interés en la importancia
de la comunicación social para la vida y la misión de la
Iglesia».
ALERTA
A LA TELEVISIÓN ...
NI DE ADULTOS
Ricardo
Benjumea
Duro
competidor para los padres, aunque no sea más que un
electrodoméstico. Con la tele pasan los niños en
torno a 3 horas diarias (eso, sin contar videojuegos), más
tiempo del que dedican a conversar con la familia. También
los profesores se desesperan. Los niños dicen no les
prestan atención, prefieren a esos otros maestros de la
televisión, que son más simpáticos y que no regañan. Los
efectos a largo plazo están por ver, pero ya empiezan a
aparecer síntomas más que preocupantes; lo suficientemente
preocupantes, al menos, como para pararse un momento a pensar
qué uso damos a este aparato.
Un
español medio llega a casa, saluda y, si no lo ha hecho antes
ya nadie, enciende el televisor. No es que quiera ver nada en
particular.
A
menudo ni le presta atención. Es, simplemente, una voz que
está ahí, y que, llegado el momento del informativo, o la
serie, avisa puntual.
Dice
el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) que algo así
sucede en casi dos de tres hogares españoles, donde se
enciende este aparato de forma sistemática. Sentarse a la
mesa no cambia las cosas: en el 61,3% de las casas, se cena
siempre viendo la tele.
Pero
la tele es mucho más que un simple ruido de fondo en nuestras
vidas. Tiene el extraño poder de hacerle sentirse a uno
realmente en su casa. Atrás las preocupaciones, atrás el
ajetreo; el cuerpo se desploma en el sofá y la mente
desconecta de la realidad. Su poder, llegan a decir algunos
investigadores, como el profesor Eduardo García Matilla, se
asemeja a la hipnosis. La atención queda fija en un punto
luminoso; lo demás, lo que está alrededor, no cuenta, se
vuelve borroso. Y es ahí, con el espectador rendido, donde la
televisión ejerce su gran capacidad de seducción. Porque,
además, la inmensa mayoría de los televidentes no entiende
lo que ve. Comprende la palabra, pero ésta es sólo una parte
del mensaje, que incluye formas, colores, movimientos,
sonidos, melodías, emociones que se reflejan en los actores o
presentadores...
Hay
también un lenguaje de los colores. Los colores vivos son
pasionales y producen una cierta intranquilidad. Por eso, en
una consulta de un dentista o en un hospital no se verá un
rojo o un amarillo, sino un verde claro. Pero a ningún torero
se le ocurrirá saltar al ruedo con un capote azul celeste, ni
a ningún revolucionario comunista hacer bandera de un rosa pálido.
A
falta de una comprensión racional, el mensaje llega al
subconsciente, al terreno de las emociones. Y, puesto que no
debe ajustarse a un discurso lógico, el narrador tiene el
poder de transgredir las más elementales leyes morales bajo
apariencia de armonía absoluta. No hay nadie invulnerable,
pero un adulto experimentado puede al menos intuir el fraude,
porque sabe bien que el hábito no hace al monje, que,
por muy atractivos que se presenten en una narración
audiovisual la violencia, la infidelidad y el consumismo, no
por ello quedan justificados. Pero el niño queda deslumbrado,
absolutamente absorto ante los colores y sonidos que salen de
la pantalla. Manipularle es un juego de niños.
El
debate es muy anterior al nacimiento de la propia televisión.
Platón se preguntaba en el siglo V antes de Cristo: ¿Permitiremos
sin más que nuestros niños oigan determinados cuentos y que
reciban en sus mentes ideas opuestas a aquellas ideas que
queremos que tengan cuando sean adultos? La diferencia es
que el lenguaje de aquellos cuentos, aunque cubierto por una
aureola mágica, se ajustaba a la capacidad de comprensión
del niño y cabía, por tanto, una cierta capacidad de crítica.
Hoy, antes de saber siquiera hablar, un niño ha pasado
cientos de horas ante el televisor. Adiós a los ritmos
naturales de aprendizaje, a la lenta asimilación de conceptos
por la que debe pasar la formación de un niño. Pero eso
tiene un precio, aunque se gane a cambio una niñera. Dice el
doctor Walter Bühler: Es una locura pedagógica poner a
los niños de menos de ocho años ante la pantalla de televisión.
El testimonio se incluye en un vídeo que ha editado S.O.S.
Familia para enseñar a ver correctamente la televisión,
que la asociación distribuye en parroquias, colegios y
asociaciones de padres. Analiza en una primera parte Los
efectos del abuso televisivo en la infancia y en el
rendimiento escolar. Ésta es una de las conclusiones: Amás
televisión, menor capacidad de concentración y, por tanto,
menor rendimiento escolar. Pero, se mire por donde se mire, el
vídeo quiere dejar claro que estar sentado frente al
televisor no es precisamente la mejor ocupación para el niño,
aunque sólo sea por las actividades que deja de realizar. Por
ejemplo, el juego. Como dicen Alonso Eurasquín, Matilla y Váz-quez,
en «Teleniños públicos, teleniños privados», el
niño que juega libremente es un verdadero investigador que
somete la realidad a experimentos, a partir de los cuales va
adquiriendo su propia conciencia del mundo, a la par que esa
madurez que, comúnmente, se había llamado «uso de la razón».
Pues bien, el niño de la generación de la televisión se ve
constreñido a realizar su labor de investigación; en
contrapartida, la actividad de contemplar la televisión le
proporciona una conciencia y una razón que ya no son ni podrán
ser las suyas.
El
proceso de socialización se ve también gravemente alterado,
porque, con el juego dice Miel Vega, profesora de la
Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad
Complutense y experta en televisión e infancia, el niño
adquiere conciencia de sus límites y de los derechos de los
demás, se somete libremente a unas normas y, de este modo,
avanza en su formación moral. Esto no lo va a aprender viendo
la
televisión ni encerrado en su habitación con videojuegos. Así
corremos el peligro de formar individuos aislados, caprichosos
y egoístas, carentes de creatividad y esclavos de la sociedad
de consumo; una legión de adultos infantilizados, con el «síndrome
del hijo único», que va a ser incapaz de afrontar el más
leve revés de la vida.
Aún
más, dice la doctora Vega, estamos dejando a los niños
sin infancia. Les estamos adelantando problemas que los niños
de esa misma edad hace unos años ni se planteaban,
situaciones que no necesitan para nada conocer y que no se
corresponden con su interés. Y, además, como puro espectáculo,
sin que sean capaces de comprender las consecuencias que se
derivan de esos actos que ven y sin que medie ningún tipo de
juicio moral.
¿QUÉ
VEN LOS NIÑOS?
Los
padres tal
como lo plantea el doctor Jerom Singer, de la universidad de
Yale deben darse cuenta de que hay un extraño en su
casa. Si usted llegara y se encontrara a un desconocido enseñando
a sus hijos a pegarse unos a otros, o tratando de venderles
toda clase de productos le echaría inmediatamente de casa.
Pero he aquí que, cuando usted entra, la televisión está
encendida y no le da mayor importancia.
Que
se trate de programas infantiles no es ninguna garantía. Televisión:
impacto en la infancia, un estudio que acaban de publicar
Javier Urra, Miguel Clemente y Miguel Ángel Vidal, encuentra
precisamente en los dibujos animados uno de los espacios con más
ejemplos de recurso a la violencia: Se constata, por lo
tanto, que se «se reserva» la mayor violencia para los niños.
A menudo se trata de una violencia gratuita, que busca la risa
fácil, y que inculca los valores de individualismo, egoísmo,
lucha de uno frente a todos.
Claro
que tampoco sirve fijarse demasiado en los espacios
infantiles. Otra de las constataciones del informe es que
apenas existen diferencias entre las preferencias de los públicos
de distintas edades. En otras palabras: los niños son asiduos
de los programas teóricamente dirigidos a los adultos. A
partir de datos de Sofres, el estudio muestra que un 30% de
los menores de entre 4 y 12 años ven la televisión entre
semana en la franja horaria de 22 a 23 horas; un 14,63, entre
las 23 y las 24 horas, y un 5,17% entre medianoche y la 1 de
la madrugada. Un sábado, el porcentaje ante el televisor
entre las 23 y las 24 horas asciende al 22,8%, y al 11,54%
entre las 12 y la 1.
Series
como Al salir de clase, o Compañeros, que
cautivan tanto a niños como a jóvenes, son hoy algunos de
los programas favoritos. Pertenecen a una generación de
producciones en la que existe una mayor concienciación con
respecto a la protección de la infancia y la juventud, lo
cual en absoluto significa apego a unos valores morales más
allá, como dice la actriz Patricia López Sclichting, de lo políticamente
correcto. Se tratan diversos problemas de actualidad, como
la droga o el racismo, pero faltan razones que sustenten
los comportamientos. Se nota una falta de consistencia
absoluta, lo que, por otra parte, es comprensible, porque
tampoco existe en la sociedad. No pocas veces, además,
pretenden hacer pasar por normales situaciones que no lo son,
y, por supuesto, tienen claro el objetivo al que deben servir:
la rentabilidad.
Si
no ironizaba
Woody Allen, no hablaríamos de «show-buisness», sino
de «show-show».
La
profesora Ellen Wartella, de la Universidad de Austin (Texas),
explica el lento proceso que ha llevado a la industria de los
medios de comunicación a fijar sus objetivos comerciales en
población cada vez más joven, sin mirar en los tremendos
costes de estas prácticas. Primero, en los años veinte, la
industria de los medios en Estados Unidos y Europa convirtió
a los escolares de mayor edad en sus niños predilectos.
Eran los flappers, la primera «cultura juvenil»
autónoma separada de la de los padres. Vestían de forma
diferente, llevaban peinados diferentes y se les vendía que fumar
y bailar jazz toda la noche era sinónimo de juventud. El
proceso, sin embargo, se detuvo, sobre todo por el pánico
y el rechazo que desató en el público norteamericano.
Pero resurge, y con mucha más fuerza, en los cincuenta y
sesenta, con los comics y el rocknroll. Los medios de
masas crearon y nutrieron una noción comercializada de la
adolescencia. Ayudaron a crear estereotipos en el vestido, en
los valores, en el lenguaje y en los comportamientos.
La
edad del público-diana ha ido desde entonces bajando.
Importante factor ha sido, en Europa, el avance de la televisión
privada, que, dice Wartella, ha impuesto una visión
marcadamente comercializada de la cultura mediática infantil.
Hoy,
los niños de todo el mundo tienen acceso a las tortugas
ninja o a los power rangers, que no sólo están estrechamente
relacionadas con la industria juguetera, sino que además
sirven de reclamo para vender todo tipo de productos
tradicionales, desde material escolar hasta los cereales del
desayuno. La cuestión, en definitiva, es que los
medios han originado, con la aquiescencia de los padres, una
mercantilización sin precedentes de la vida infantil. Da
igual que diferenciemos entre programas de contenido educativo
o aquellos que buscan exclusivamente el entretenimiento, el
proceso es el mismo y deberíamos preguntarnos hasta qué
punto estamos primando los intereses de la sociedad de mercado
sobre los intereses de la infancia. Porque eso es
precisamente lo que se está generando: ciudadanos perfectos
para una sociedad de consumo. Finaliza Wartella: ¿Cuándo
empezaremos a pensar en los niños como un público especial
que debe ser protegido, y no como un segmento de audiencia, un
mercado al que venderle todo tipo de productos?
LA
TELEVISIÓN ES UN "AGENTE DESOCIALIZADOR",
SEGÚN
LOS EXPERTOS
Madrid.
S. T.
Los
expertos que participaron ayer en las Jornadas sobre la
violencia en televisión y su repercusión en la infancia,
organizadas por UNICEF y la Facultad de Ciencias de la
Información de la Universidad Complutense, discreparon sobre
la influencia de los medios de comunicación en la violencia
social y entre la que se registra entre los menores.
El
asesor jurídico del Comité Español de UNICEF, Carlos María
Bru, manifestó su convicción de que la televisión es «un
agente desocializador que capta, si no captura, 1.200 horas
anuales a los niños y que puede llegar a suministrarles en
sus primeros diez años imágenes de 10.000 homicidios y
100.000 agresiones, y emite vivencias capaces de enajenar». A
su juicio, «esa violencia y otros componentes de la televisión
detraen la función educativa y formativa de la pequeña
pantalla».
Por
su parte, el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid,
Javier Urra, aseguró que las cadenas de televisión le han
manifestado en numerosas ocasiones que su labor «no es la
formativa y educativa sino, por el contrario, ser económicamente
rentables».
Sin
embargo, el vicedecano de la Facultad de Ciencias de la
Información, Ricardo Pérez-Aznar, señaló que «no está
demostrado que la violencia social sea consecuencia de la
violencia en televisión».
LA
TV, PROMOTORA INDIRECTA DE LA VIOLENCIA ESCOLAR
fuente: diario La Nación
Los chicos miran un promedio de 4 horas y 20 minutos de TV
por día
Esta semana, el caso de un adolescente de 16 años que entro
en una escuela de Gregorio Laferrere con un revolver y amenazo
a sus compañeros batió un triste record: se supero
largamente el medio centenar de episodios de violencia escolar
en establecimientos bonaerenses en los últimos seis meses.
Nuevamente, la televisión, con sus escenas agresivas e
inconvenientes, apareció, si no como la causa, como la
promotora indirecta de la mayoría de tales hechos.
No faltaron los reproches: el obispo de San Isidro, Jorge
Casaretto, insto el miércoles a los canales "a no emitir
programas que inciten a actitudes violentas", aunque
aclaro que los medios no son los responsables exclusivos de lo
que ocurre en las escuelas.
La preocupación de Casaretto tiene fundamentos concretos. Según
el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer), en lo que va
del año las emisoras de TV recibieron 1600 infracciones por
presentar escenas de violencia en horario de protección al
menor. Para verlo en perspectiva, basta señalar que en 1998
ese tipo de apercibimiento llego a 4200.
José Aiello, titular del Comfer, considero que la TV
"tiene menos escenas de tiros y golpes que en años
anteriores". La razón es, para el, que se ejerce un
control mas severo. "Claro que nosotros solo podemos
fiscalizar y sancionar -se atajo-;el resto depende de la acción
de los canales y de las familias."
En la Argentina, según datos de la consultora Total Research,
los chicos miran 4 horas y 20 minutos de TV por día. Y según
cifras de la Universidad Nacional de Quilmes, llegan a ver 20
escenas agresivas por hora tan solo en los programas
infantiles.
También influyen en la sensibilidad de los menores los avisos
publicitarios y los avances de películas para mayores, que si
bien tienen programada su proyección en horarios nocturnos se
muestran en la TV a lo largo del día, durante los cortes
publicitarios, lo que muchas veces suscita reclamos de los
padres.
Cambios en el gusto
Aunque los representantes de la televisión de aire y de cable
consultados por La Nación coincidieron con Aiello en que
disminuyo la violencia en los contenidos, la sensación es que
esto se debe mas a los cambios en el gusto del publico que a
medidas destinadas a reducir la agresividad en la pantalla
chica.
Alfredo Odorisio, gerente de América, aclaro que la violencia
en la TV abierta "esta acotada a algunas películas
norteamericanas o a los noticieros, que muestran escenas
cruentas". Y explico que la causa de todo ello es que los
canales "apuestan mas a las producciones propias, como
Gasoleros, que nada tienen de agresivos".
Consultado sobre que acciones concretas emprendió América
para disminuir la violencia en la pantalla, Odorisio insistió
en la programación: "Apostamos a emisiones como Gente
que busca gente. A veces el rating acompaña, a veces
no".
En cambio, en Canal 13 y en Telefe no fue posible obtener una
respuesta después de insistentes llamadas. En el primer caso,
el gerente de programación, Hugo Di Guglielmo, se disculpo
por no tener tiempo para dar su punto de vista. Por el lado de
Telefe, Gustavo Yankelevich, también a cargo de los
contenidos, dio en la voz de su secretaria una contestación
similar.
La Asociación de Telerradiodifusoras Argentinas (ATA), que reúne
a emisoras de aire de todo el país, tampoco mostró demasiado
interés en el tema. Después de una reunión corporativa para
analizar la consulta de La Nación, decidió no expresarse
sobre la cuestión.
Sin embargo, Odorisio se encargo de hablar por sus colegas
ausentes:"Los canales pueden tener mal o buen gusto, pero
no creo que la base de sus contenidos sea la violencia".
En el cable
Mas predisposición para evaluar la situación de la TV y
exponer líneas de acción mostraron las emisoras de cable.
Horacio Guibelalde, presidente de la Asociación Argentina de
Televisión por Cable (ATVC), que reúne a operadores de todo
el país, coincidió con el gerente de América en que los
menores están mas a salvo que antes de las escenas violentas.
Y preciso que, en el caso particular de la TV por cable, la
codificación de algunos canales contribuyo a mejorar la
situación. Pero dijo que no solo eso ayudo: "Nosotros
firmamos un convenio con los distribuidores satelitales de
programación y con el Instituto Nacional de Cine y Artes
Audiovisuales por el cual, mucho antes de la emisión, se
recalifica el material que proviene del exterior, adaptándolo
a las exigencias de los organismos de control oficiales".
Con todo, Guibelalde insistió en que los padres siguen
teniendo la responsabilidad indelegable de controlar lo que
ven sus hijos. Pero, al igual que el titular del Comfer, no
hablo de un trabajo conjunto con las familias.
Las campañas para un consumo televisivo mas responsable
provienen mas de iniciativas particulares que corporativas.
Por ejemplo, el empresario televisivo Pedro Simoncini,
presidente de Programas Santa Clara y de TV Quality, relato
que su emisora enseña a mirar la pantalla chica mediante la
programación. Al respecto, señalo que desde el lunes ultimo
se transmite la serie "Dejame contarte...",
coproducida con Unicef, en la que se incluyen el tema de la
agresividad infantil y sugerencias para encararla.
Simoncini, para quien el nivel de violencia en la TV Argentina
es similar al de los Estados Unidos, no ahorro municiones
contra el organismo encargado de hacer cumplir la ley de
radiodifusión: "En lo que se refiere a este tema, hay un
desorden operativo y conceptual".
Las iniciativas para acotar la agresividad en la pantalla
chica florecen incluso desde fuera del circulo televisivo. Por
caso, la asociación Fund TV, dedicada a promover mejores
contenidos y a entregar premios, distribuye en 500 escuelas
porteñas una guía para docentes y padres llamada " Es
posible usar mejor la TV?".
"La cuestión no es apagar el aparato, sino aprender a
utilizarlo; es necesaria una nueva alfabetización",
afirmo Sara Shaw de Critto, presidenta de la entidad. La
publicación revela como es realmente la televisión mediante
juegos que los chicos pueden realizar con maestros y padres.
Allí se advierte, por ejemplo, que la resolución de los
conflictos en la TV es violenta cuando ganar significa
eliminar al adversario y cuando el héroe siempre es bueno y
el enemigo, siempre malo.
Si bien afirmo que el problema de la agresividad en la
pantalla "no es tan grave" en la Argentina, Shaw de
Critto llamo la atención sobre una forma de violencia mas
velada, que abunda en la television: las escenas en las que
los problemas se resuelven eficazmente, sin importar como.
"Esta modalidad es mas nociva, porque es la precursora de
los golpes", sentencio.
V-CHIP
Por
Maximiliano Seitz
Dispositivo censor
En los Estados Unidos, las cosas cambiaron para la TV luego de
la masacre de Littleton, el 20 de abril ultimo, cuando dos jóvenes
entraron en su antiguo colegio, mataron a trece personas y se
suicidaron.
Ante este panorama, el presidente anunció que los televisores
deberán contener un chip para bloquear automáticamente las
escenas con violencia, sexo y lenguaje indecente.
Para ello, los canales deben categorizar sus señales. El
dispositivo, llamado V-chip, puede leer la categoría que
viene con cada emisión y compararla con el nivel autorizado
por los padres. Si las escenas lo exceden, la TV se apaga o
cambia de canal. Las cadenas norteamericanas ABC y CBS ya
anunciaron que calificaran sus contenidos según las
exigencias del V-chip.
El chip
* Pedro Simoncini (TV Quality): "El chip puede ayudar
parcialmente y requiere de la colaboración de los padres y
los responsables de la selección de imágenes".
* Alfredo Odorisio (America): "No es fácil adoptar en la
Argentina un sistema así, porque requiere de mucha
disciplina".
* Sara Shaw de Critto (Fund TV): "Más que aparatos,
necesitamos que se respete la ley de radiodifusión".
* Jose Aiello (Comfer): "Lo del chip es un hecho
positivo, pero los padres no deben olvidar su función de
proteger a los chicos de los contenidos violentos".
* Horacio Guibelalde (ATVC): "El chip puede ayudar a
acotar la violencia en la televisión, pero también puede
cercenar algunos contenidos artísticos".
Violencia
y televisión
Jugar con fuego
Las investigaciones acerca de este medio de comunicación, que
tanto influye en nuestras vidas, y de sus efectos a medio o
largo plazo producen al menos inquietud en todos nosotros, ya
que, sin haber sido conscientes de sus efectos, le hemos
dedicado más atención y más tiempo que a ninguno de
nuestros familiares, incluso nuestro tiempo de ocio o tiempo
libre, más que antes de su aparición dedicábamos a
actividades más enriquecedoras, y lo hemos transformado en
pater familiae, el miembro de la familia más influyente. Si
hacemos esto extensivo a toda la sociedad, a la sociedad
mundial, podemos referirnos al pater familias de la aldea
global de Mc. Luhan. Hoy no somos los mayores los que damos a
nuestros hijos nuestra visión de lo que nos rodea; es la
televisión.
Nos encontramos inmersos en un nuevo sistema de comunicación,
de carácter universal, en el que los medios de comunicación
adoptan el papel que antes ejercían los padres y la escuela.
Y este nuevo sistema funciona sólo en una dirección, no
tiene en cuenta las diferencias individuales, ni los efectos
que produce en ellos: colonialismo ideológico y cultural,
conformismo, mimetismo, pérdida de identidad, soledad y
aislamiento. Nos encontramos ante un hombre que valora los
bienes materiales en lugar de las calidades humanas, que no
quiere responsabilidades ni obligaciones, pero sí exige que
respeten sus derechos, aunque él ignora los de los demás. Y
ese hombre busca un tipo de entretenimiento que no le pide
ningún esfuerzo, que le aísla de su realidad y que, a largo
plazo, no le va a permitir el grado de desarrollo que podía
haber alcanzado. Dicho individuo, sea niño o niña, hombre o
mujer, anciano o anciana, rico o pobre, empresario u obrero,
vive en soledad en un mundo en el que los valores auténticos
ocupan un segundo plano o ni siquiera existen, porque han sido
sustituidos por los nuevos valores suscitados por la sociedad
de consumo, tales como el poder, la fuerza o el dinero.
Decálogo
educativo de la televisión
El
padre Miguel Carmena, legionario de Cristo y experto en
televisión, da estos consejos a los padres:
-
No
dar a la televisión un puesto de primer plano en la
educación de los hijos. Hay otras muchas actividades,
valores, relaciones, compromisos más importantes que no
se deben dejar por la televisión.
-
Acostumbrar
a los niños y a los mayores a prescindir de la televisión,
en función de otros intereses mayores. Usar la televisión
con moderación.
-
Educar
en una recta jerarquía de valores, donde la televisión
aparezca como un medio más entre otros medios de
descanso, una vez cumplidos los principales deberes.
Informarse bien sobre los programas.
-
Buscar
en las páginas de periódicos y revistas los juicios y
orientaciones sobre la programación, eligiendo lo que se
crea más conveniente para los distintos fines: educativo,
descanso, etc.
-
Elegir
con conciencia y sentido de la responsabilidad. Tener en
cuenta a la hora de elegir aquello que puede dañar a los
niños o a nosotros.
-
Seguir
con regularidad los programas positivos que ayudan a
crecer en familia. Así se enseña a elegir a los niños.
-
Educar
y educarse para tener un sentido crítico.
-
Enseñar
a valorar lo que es bueno, mediocre o negativo.
-
Ser
promotores de lo que consideramos formativo. Hacer
publicidad ante los hijos, amigos y conocidos de aquello
que consideramos útil y de buena calidad.
-
Ser
responsable de la educación televisiva. Los padres de
familia deben ser los que guíen a sus hijos en este saber
ponerse ante el televisor. No ver la televisión solos,
buscar la compañía de otros. No dejar a los niños solos
ante el monitor de televisión. Es importante este consejo
en la acción educativa de discutir, expresar valoraciones
y juicios, etc. Hacer llegar nuestros juicios a los
emisores. Muchas veces los emisores creen que todo el
mundo piensa como ellos y no es real. Valorar lo bueno y
señalar los errores y lo negativo, según los efectos que
produce en nosotros o en nuestros hijos, puede ser muy útil.
Utilizar el correo o el periódico.
Estos
diez mandamientos se encierran en dos: tener como prioritaria
la educación de los hijos; y no contentarse sólo con
entretenerlos a cualquier precio.
Continúa
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