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EL
HORNERO
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MATERIAL
DE DIFUSIÓN DE LA EMISORA EDUCATIVA "El HORNERO"
REVISTA Nº XX- 2001
www.interdia.org/hornero
ó www.paginadigital.com.ar/articulos
ó www.RADIOHORNERO.itgo.com
PRESENTACIÓN
DE TEMAS
* INDEX
*
EDUCACIÓN
*
COMUNICACIONES
*
CULTURA
*
HISTORIA
*
SALUD
*
NATURALEZA Y MEDIOAMBIENTE
*
CIENCIA Y TECNOLOGIA
*
EDITORIALES
>>>>>>-CULTURA-<<<<<
INDICE
DE TEMAS CULTURALES
*
CULTURAS
DE LAS SIERRAS CENTRALES Y CUYO
*
ESTEBAN
ECHEVERRÍA
*
LA DIENTONA
*
HISTORIA DEL FARO
*
PROTOCOLO
& ETIQUETA
*
BREVE
HISTORIA DEL TANGO
*
ENRIQUE S.
DISCÉPOLO
LOS
FAROS
LOS
FAROS: Centinelas del mar
Fuente: www.etc.ar
Poco
después del crepúsculo y en todas las costas del
mundo, estos silenciosos centinelas encienden su
luz señalando exactamente sus dominios: son los
faros, quienes como protectores infalibles marcan
con sus destellos el camino que deben seguir los
navegantes inmersos en la oscuridad del océano.
Fieles a la orden que les impone encenderse quince
minutos después de la puesta del sol, los faros
destellan durante la noche y ya no se apagarán
hasta un cuarto de hora antes de que el astro rey
vuelva a asomar por oriente.
INTRODUCCIÓN
etc.ar
entrevistó a un grupo de guardafaros, conocidos
en el argot naval como "torreros". El
espacio elegido fue una de las oficinas del
Servicio de Hidrografía Naval, frente a la ex
Ciudad Deportiva de Boca (Buenos Aires). La
entrevista fue concertada telefónicamente con uno
de ellos, que mencionó la posibilidad de sumar un
tercero al encuentro. Habíamos redactado un brevísimo
formulario, que bastaba con releer para delatar su
ineficacia. ¿Qué sabe la gente sobre la vida en
un faro? Poco y nada. Se los imagina como parte de
una fábula, de una postal, de un cuadro de época.
Pero difícilmente como un hogar, quizás
transitorio, donde también discurren los trabajos
y los días.
La
mañana de la cita deparó sorpresas. Lentamente,
en aquellas oficinas donde las Olivetti Lettera
burlan el tiempo y la informática, fueron
apareciendo otros torreros, que tendían su mano y
se arremolinaban con desconfianza frente al
grabador. Se armó así una mesa redonda, donde el
micrófono del diminuto grabador apenas cubría la
distancia. Por ese motivo, lo que presentamos a
modo de diálogo es más bien una polifonía
forjada a varias voces, donde la información técnica
va cediendo a un clima más leve y evocador,
matizado por recuerdos y anécdotas.
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Estos
torreros son hombres de pocas palabras, humildes,
gentiles, solícitos. No son afectos a las
historias fantásticas y nada saben del linaje
mítico de los faros. Han convivido con ellos, los
han alimentado noche a noche y amparado contra el
deterioro y el olvido, sus naturales enemigos.
Cuando
son consultados acerca de la vida cotidiana en un
faro, los torreros sonríen con pudor.
Los
naufragios son infrecuentes y los accidentes
-emblemas de una vida intrépida- podrían
contarse con los dedos. La imagen del faro en
medio de la tormenta cede lugar a la del faro como
escenario de
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pequeñas
y diarias historias, en general asociadas al
socorro de pescadores o de vecinos, al
desaprovisionamiento y a la falta de recursos. Una
vida dura, en un trabajo pautado por los
crepúsculos y los amaneceres.
El
nombre "faro" deriva de la isla de
Pharos, situada en la embocadura del río Nilo,
donde se asentó el primer faro del que se tienen
noticias, la torre de Alejandría, cuya misión
era señalar la situación del puerto de Alejandría.
La
palabra "farol" es de idéntico origen.
En latín, el faro también era conocido como
speculas, por el espejo montado en la cúspide y
que orientaba a los mareantes en su derrota marítima.
San
Isidoro de Sevilla hace derivar esta voz de phos
(luz), hóros (visión), y añade que esto explica
que Lucifer también sea conocido, en griego, como
Phósforos.
Monleau
suma otra opinión: deriva esta palabra de pharen,
que significa navegar, en céltico.
Según
la definición del Diccionario del Bureau Hidrográfico
Internacional, faro es "una estructura
distintiva sobre una costa o alejada de la misma
que presenta una luz principal destinada a servir
de ayuda a la navegación". Más
precisamente, una construcción costera que posee
una señal luminosa característica, cuya función
es orientar al navegante. Generalmente ubicada en
puntos destacados del litoral, en lugares altos,
ya sea artificiales o naturales.
Es
de notar que el nombre árabe del faro de Alejandría
(Minar Al Iskandariyyah) suscita en castellano el
arabismo alminar, o torre de las mezquitas donde
el almuédano o almuecín (ambos también
arabismos) convoca a los fieles para acudir a la
oración.
Breve
historia de los faros
Edad
Antigua
El
uso de señales luminosas destinadas a orientar al
marino se remonta a tiempos inmemoriales. Solía
tratarse de fogatas que ardían en lo alto de una
colina próxima a la costa, de modo que fuese
suficientemente visible desde el mar. Columnas y
torres votivas coronadas de hogueras permanentes
-que ardían en honor de héroes y semidioses-,
carentes de todo sistema óptico, son ilustres
antepasados de los faros.
En
su poema épico La Ilíada, Homero hace referencia
a los faros cuando compara el brillo que irradiaba
el escudo de Aquiles con el que despedía el fuego
que ardía en lo alto de una montaña:
"Como
aparece el fuego encendido en un sitio solitario
en lo alto de un monte a los navegantes que vagan
por el mar, abundante en peces, porque las
tempestades los alejaron de sus amigos; de la
misma manera, el resplandor del hermoso y labrado
escudo de Aquileo llegaba al éter." (Canto
XIX, La Ilíada.)
Existen
evidencias de que en la guerra de Troya hubo un
faro a la entrada del Helesponto; otro se habría
instalado en el estrecho del Bósforo y habría
recibido el nombre de Torre de Timæa, según
menciona Dionisio de Bizancio. Suetonio menciona
un faro en la isla de Caprea y Plinio el Viejo
habla del faro de Ostia.
Sin
embargo, no quedan rastros visibles que permitan
reconstruir este precioso eslabón en la historia
de los faros. Sólo testimonios escritos y vagas
referencias a construcciones cuya misión era
guiar y prevenir al navegante, mediante el uso de
una señal luminosa.
Se
considera a la torre de Alejandría como el primer
faro de existencia comprobada e indiscutible. Su
construcción era tan formidable y sus leyendas
tan portentosas, que bastaron para que los
antiguos la incluyesen entre las maravillas del
mundo.
Edad
Media
Escasas
son también las noticias de los faros de la Edad
Media. Se sabe que el faro de Boloña fue
encendido por el emperador Carlomagno en 811, y
que en 1584 el rey francés Enrique III inauguró
el faro de Cordouan, elevado sobre una roca
aislada en la desembocadura del río Gironda, en
Francia. Se lo considera uno de los más armónicos
en cuanto a sus proporciones y arquitectura. Fue
muchas veces restaurado y ensanchado, pero su fama
se debe a que fue el primero en incorporar un
aparato giratorio para emitir luz.
Edad
Moderna
Los
grandes faros modernos datan de los siglos XVII y
XVIII, y son consecuencia de los progresos que
entonces realizaron las ciencias. Hasta finales
del siglo XVIII no puede observarse un progreso técnico
de significación en la óptica de los faros.
A
principios del siglo XIX se vislumbran los
primeros adelantos para perfeccionarlos, con la
adopción del alumbrado de aceite en algunos de
ellos, en la costa francesa. Las lámparas podían
ser de aceites vegetales o minerales y parafina de
Escocia. Más tarde derivaron en sistemas de
incandescencia por vapor de petróleo o gas
acetileno y finalmente en el faro eléctrico, el más
usado en la actualidad.
En
1822, Agustín Fresnel introduce el sistema dióptrico,
en el cual los rayos de luz son enviados a través
de lentes esféricas rodeadas de prismas anulares.
Años después, T. Stevenson -antepasado del no
menos célebre escritor- mejoró la invención de
Fresnel, insertando una lente delante de un
reflector, lo que produce una luz llamada catadióptrica.
Desde
entonces se han utilizado dos métodos para
distinguir un faro de otro:
-Mediante
los intervalos de sus destellos luminosos.
-Mediante
el color del propio faro.
Agradable
cualidad entre estos solitarios: no debería
existir, como puede apreciarse, un faro idéntico
a otro.
Los
primeros sistemas ópticos eran de grandes
dimensiones y las ocultaciones se producían a
intervalos de uno o dos minutos. Posteriormente,
se ideó el sistema rotativo flotante de mercurio
que provocaba destellos cada tres a cinco
segundos.
Con
respecto a las torres de los faros, su tipo de
construcción siguió los lineamientos generales
de la arquitectura. Los faros más antiguos eran
de mampostería o madera. A fines del siglo XIX
muchos se hicieron con estructuras livianas de
hierro. Actualmente se prefiere el hormigón
armado.
El
diseño y los materiales para su construcción están
directamente relacionados con el sitio de
emplazamiento (sobre una roca aislada del
continente, en medio de frecuentes tempestades; en
islotes remotos bajo condiciones meteorológicas
adversas o en un cabo escarpado). Por ello es
primordial que la torre sea un soporte sólido y
que su altura sea considerable respecto del nivel
del mar. De la altura dependerá el alcance de la
luz.
Generalmente,
las estructuras son cilíndricas en su interior, y
circulares, cuadradas u octogonales externamente.
Siempre terminan en una plataforma con barandilla;
sobre ella, un cilindro sostiene la cúpula o
linterna que aloja el aparato óptico. Por dentro,
y debajo de la linterna, se encuentra la cámara
de servicio. Desde esta habitación a la linterna
se asciende por medio de una estrecha escalerilla
y, para llegar hasta el pie de la torre, se baja
por una escalera de caracol.
Lírica
de los faros
Como
los fantasmas o los presagios, los faros duermen
durante el día. De noche, velan. Suelen posarse,
como decía San Juan de la Cruz refiriéndose al
ave solitaria, en lo más alto, y, como ella,
tampoco poseen color determinado.
Monumentos
en la frontera de dos mundos -el del mar y el de
los hombres-, son su dominio la barranca, el
acantilado, el horizonte.
En
la siguiente poesía, escrita en versos libres,
vemos retratada -con abundantes primores del
lenguaje poético- la emoción que se apoderó del
ánimo del poeta al contemplar el faro de Malta,
que señalaba un puerto de seguro asilo.
El
autor, Don Ángel de Saavedra, duque de Rivas
(1791-1865), figuró más tarde entre los primeros
cultores del Romanticismo español.
El
faro de Malta
Envuelve
al mundo extenso triste noche
Ronco
huracán y borrascosas nubes
Confunden
y tinieblas impalpables
El
cielo, el mar, la tierra
Y
tú invisible te alzas, en tu frente
Ostentando
de fuego una corona,
Cual
rey del caos, que refleja y arde
Con
luz de paz y vida
En
vano ronco el mar alza sus montes
Y
revienta a tus pies, do rebramante
Creciendo
en blanca espuma, esconde y borra
El
abrigo del puerto:
Tú,
con lengua de fuego, aquí está, dices,
Sin
voz hablando al tímido piloto
Que
como a numen bienhechor te adora,
Y
en ti los ojos clava.
Tiende
apacible noche manto rico,
Que
céfiro amoroso desenrolla,
Recamado
de estrellas y luceros,
Por
él rueda la luna; Y entonces tú de niebla
vaporosa
Vestido,
dejas ver en formas vagas
Tu
cuerpo colosal, y tu diadema
Arde
al par de los astros
Duerme
tranquilo el mar, pérfido esconde
Rocas
aleves, ávidos escollos:
Falsos
señuelos son, lejanas cumbres.
Engañan
a las naves
Mas
tú, cuya innoble posición indica
El
trono de un monarca, eres su norte, les adviertes
su engaño.
Así
de la razón arde su antorcha, en medio del furor
de las pasiones.
O
de aleves halagos de fortuna
A
los ojos del alma.
Desque
refugio de la airada suerte
En
esta escasa tierra que presides,
Y
grato albergue del cielo bondadoso
Me
concedió propicio;
Ni
una vez solo a mis pesares busco
Dulce
olvido del sueño entre los brazos
Sin
saludarte, y sin tornar los ojos
A
tu espléndida fuente.
¡Cuántos,
ay, desde el seno de los mares
Al
par los tornarán!... tras larga ausencia
Unos,
que vuelven a su patria amada,
A
sus hijos y esposa
Otros,
prófugos, pobres, perseguidos,
Que
asilo buscan, cual busqué, lejano,
Y
a quienes que le hallaron tu luz dice,
Hospitalaria
estrella
Arde,
y sirve de norte a los bajeles
Que
de mi patria aunque de tarde en tarde,
Me
traen nuevas amargas y renglones
Con
lágrimas escritos
Cuando
la vez primera deslumbraste
Mis
afligidos ojos, ¡cual mi pecho,
Destrozado
y hundido en amargura
Palpitó
venturoso!
Del
Lacio moribundo las riberas
Huyendo
inhospitables, contrastado
Del
viento y mar en tus ásperos bajíos
Vi
tu lumbre divina:
Viéronla
como yo los marineros,
Y,
olvidando los votos y plegarias
Que
en las sordas tinieblas se perdían
¡¡Malta!!
¡¡Malta!! gritaron:
Y
fuiste a nuestros ojos la aureola
Que
orna la frente de la santa imagen
En
quien busca afanoso peregrino
La
salud y el consuelo
Jamás
te olvidaré, jamás... Tan sólo
Trocará
tu esplendor, sin olvidarlo,
Rey
de la noche y de tu excelsa cumbre
La
benéfica llama,
Por
la llama y los fúlgidos destellos
Que
lanza, reflejando al sol naciente,
El
arcángel dorado que corona
De
Córdoba la torre.
texto:
Salvador Gargiulo - Carolina Livingstone
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"GRANDES
FAROS"
autor:
Álvaro Cunqueiro
Muchas
veces, los poetas han saludado los grandes látigos
de luz que los faros lanzan sobre la piel del mar
en las horas de la tiniebla nocturna. Los faros
han tenido un momento de exaltación en la época
romántica -cuando, por ejemplo, nuestro duque de
Rivas nos decía del faro de Malta- y, ya más
cerca de nosotros, el poeta francés Jean Paul
Toulet recitaba la letanía de los faros normandos
y bretones con un refrán que decía: "Pero,
¿dónde está el faro de Alejandría?".
¡El
faro de Alejandría! Fue una realidad, una alta
torre en la que podía arder la gran hoguera que
anunciaba la presencia del puerto; pero enseguida
fabularon de él, y se decía que se veía su luz
a cien leguas de distancia, y que tenía un
espejo, como el que Bernardo de Balbuena imaginaba
para el de La Coruña, el de Breogán o de Hércules:
La
Coruña es aquella, y la alta torre
Del
encantado y cuidadoso espejo
Que
al brigantino puerto da y socorre
Con
tempranos avisos y consejos.
¡Avisos
de luz! Noches antes de que las naves llegaran a
Alejandría, ya veían su luz protectora.
Se
dijo todo de ella, y que hubo quien robó luz de
Alejandría para su uso particular, para llevarla
a proa en las jornadas de tempestad, o en la Gran
Sirte para poder ver el fondo terrible de los
abismos poblados de bestias, y recorrer el lomo de
Leviatán, y saber que era Leviatán, y no Sicilia,
la Magna Grecia. El que estas líneas escribe ha
recordado más de una vez que, cuando la barca
-que los gallegos creemos que era de piedra- trae
desde Jaffa hasta la desembocadura del río Ulla
el cuerpo del apóstol Jacobo, estaba vigente en
el Mediterráneo toda la mitología grecolatina,
con los caballos de Poseidón, Scila y Caribdis,
las sirenas cuyas madres escuchó Ulises cantar,
etc., y el faro de Alejandría con su mano
luminosa. Fue el faro más importante de la Antigüedad
clásica y, cuando dejó de lucir, verdaderamente
se acabó en aquella parte mediterránea el mundo
antiguo. Pero aún tuvo -repito- una hora magna,
aquella en que con su luz dijo a la Barca Apostólica
la ruta hacia el Oeste. Los caballos de Poseidón
se estaban quietos y los delfines acudían a bañarse
en luz y espuma en la estela.
Durante
años, leyendo textos de aquí y allá, los más
novelísticos o poéticos, he ido anotando todo lo
que se decía de faros -muchos de los cuales no
hubo, como aquel que avisaba a los normandos que
estaban exactamente a sesenta leguas de los
borceguíes bordados en oro del Basileo de
Constantinopla. Baymes cree poder asegurar que el
faro lo eran los propios borceguíes del
emperador, luminosos. Cuando el emperador quería
perder una nave normanda, cruzaba los pies,
confundía las luces, y la ligera embarcación de
los hombres del Norte iba a estrellarse en las
rocas de cualquier isla egea. Esto está en
algunos cantos derivados de la saga de Grettir el
Fuerte. Tampoco hubo los más de los faros de los
árabes en los días en los que navegaba Simbad,
piloto del Califa de Bagdad. Un piloto como Simbad
veía luces cuando preguntaba el camino, y lo
curioso del asunto es que no solamente había
faros que daban los pasos de la mar, luces que
balizaban las escolleras y los bancos de coral,
sino que había algo que no han tenido otros
navegantes en el mundo entero: luces que señalaban
las carreras de los vientos. Más allá de
Taprobana había una luz, para indicar la
presencia del turbulento viento del Este, verde, y
otra, naranja, para decir que estaba llegando a
las velas de las naves arábigas que iban o venían
de la Especiería, el poderoso, leal, silbador,
mozo viento del Suroeste, el gran compañero de
los pilotos de la escuela de Basora. También en
las leyendas de los celtas galaicos se habla de
faros, de las hogueras de Breth o Coalme, un
bisnieto de Lir, el dios y el rey del mar,
habitante de una isla secreta, el cual andaba
saltando de roca en roca encendiendo hogueras que
solamente los Reyes y los santos veían en la
noche: los Reyes de las grandes expediciones de
mayo, y los santos que, como San Brendan,
navegaban hacia el Oeste en busca del paraíso
terrenal, o más modestamente, de las islas
floridas, las de la eterna juventud. Al ver las
hogueras de Breth, las aguas se calmaban y permitían
una feliz navegación.
La
enumeración de faros sería muy larga, comenzando
por el faro de los venecianos en Chipre -el faro
por el que se guió Otelo, llevando en la cámara
de su nave a la blanca, dulce, terca Desdémona- y
terminando por el faro del que cuenta Teodor Storm
en su Pomerania natal, un faro en una colina,
sobre los diques, de los que su padre era
vigilante.
-¿Se
ve desde Tilsit, padre?
-¡Depende
de la vista de quien mire!
En
la Galicia interior tenemos altas, aisladas, muy
características montañas, que llevan el nombre
de faro: el faro de Chantada, el faro de Avión...,
quizás porque la imaginación popular vio en
ellos los guías de los caminos por aquellos mares
de montes. ¡Quién diría que iba a llegar hasta
las orillas del Miño, en el extremo occidental
del mundo conocido, el nombre propio de la isla de
Faros, en la bahía de Alejandría, donde estuvo
el famoso faro del que hablé antes y que dio
nombre a todos los faros del mundo!
La
primera vez que aparece documentada en castellano
la palabra "faro" es en Covarrubias, en
1611. Dice el gramático, que quizás nunca
hubiese visto un faro y lo describiese por la
erudición grecolatina, que "las atalayas...
que están sobre el mar, cuando son fuertes y
suntuosas, se llaman faros".
Covarrubias
no llegó nunca a ver un faro desde el mar, es
decir, una de aquellas hogueras espejeadas. ¿Qué
diría si desde una nave, en la noche, se
encontrase con la mirada del faro de Eckmulh, del
de Finisterre, del de Corrubedo, que en una
cantiga gallega hace decir a una enamorada:
O
faro de Corrubedo
Co
seu ollar largacío,
Ai
amor púxome medo!
El
faro de Corrubedo / con su largo mirar / ¡ay,
amor, me puso miedo!
(N. del A.)
El
faro que yo más amé fue el primero que vi de niño
en las tardes de verano, desde el mar de Foz: era
el faro de Tapia de Casariego, al Este, en el mar
de las Asturias de Oviedo, acariciando cielo y
mar. Era como un dios.
De:
Fábulas y leyendas de la mar Tusquets, 1998
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"PROTOCOLO
Y ETIQUETA"
Autor:
Grupo CRONIS
PROTOCOLO
SOCIAL
Todo
el material expuesto es propiedad de CRONIS. Grupo
CRONIS
A
lo largo de la vida, pasaremos por etapas
laborales en las que tendremos que convivir y
relacionarnos con otras personas: compañeros,
subordinados, jefes... y tenemos que procurar
establecer unas relaciones cordiales y fluidas por
nuestro bien personal y el de nuestro trabajo. Hay
que tener en cuenta que la mayor parte del día la
pasamos trabajando, por lo que deberemos tratar de
crear un buen ambiente laboral. De las relaciones
laborales pueden surgir posteriores relaciones
personales. Hay un dicho popular que afirma: el
roce genera cariño.
Una
sonrisa
Cualquiera
que sea la actividad que desarrolle, hágalo
siempre de forma cordial y distendida. Pese a las
dificultades que pueda encontrar, tanto en su vida
personal como social, no deje que se reflejen en
su vida laboral, utilice una gran dosis de
diplomacia. Deje sus problemas a la puerta del
trabajo, aunque no le sea fácil. Todo su entorno
se lo agradecerá, así como usted mismo trabajará
de forma más fluida y en un ambiente más
agradable.
Cortesía
laboral
Traslade
a su despacho, negocio u oficina las normas de
cortesía que aplica en su vida diaria (aunque
haya algunas pequeñas diferencias a tener en
cuenta. Es de máxima importancia evitar
contratiempos y dificultades surgidas por malas o
inadecuadas relaciones laborales. El trabajo
supone una adaptación a un medio distinto, por lo
general, a nuestra vida privada.
Educación
Siempre
por encima de todo sea educado. Tanto si es
empleado como si es jefe, como si es un
profesional liberal. Tener una carrera o un
determinado puesto no nos da ningún derecho a ser
maleducados con el resto de las personas. Tampoco
por ser algo o alguien, presupone ser una persona
educada. Hay muy buenos profesionales en su
materia cuyos modales dejan mucho que desear. Las
relaciones laborales, al igual que el resto de las
relaciones (sociales y familiares) deben estar
presididas por un trato cordial y educado en todo
momento, incluso en los momentos más difíciles o
crispados.
PROTOCOLO
EMPRESARIAL
| Las
relaciones empresariales son de gran
importancia en los negocios. Aquí vamos a
dar unos puntos básicos, de nuestras
relaciones tanto con otras regiones,
comunidades o países extranjeros. Una base
fundamental tanto en Protocolo empresarial
como en cualquier otro tipo de Protocolo, es
la prudencia. Nuestra eficacia al frente de
una empresa, viene determinada en gran
medida por esta base. El resto será obra de
nuestra formación, de |
 |
nuestra
experiencia y de nuestro saber estar. No se olvide
que ser agresivo no equivale a ser maleducado. Se
puede ser duro negociando y mantener siempre
nuestra compostura.
Regla
1
Información.
Antes de acudir a una comunidad o país distinto
al nuestro es conveniente informarse sobre las
costumbres y tradiciones de esa localidad o país,
de su historia, de economía, de su lengua y de
sus gentes. Esto nos dará las bases de lo que se
puede y no se puede decir, de los temas de
conversación, de los gestos y ademanes que
podemos y no podemos hacer, de la forma de
saludar, de la forma de no ofender a sus ritos y
tradiciones, de la forma de agasajar, y en general
de la forma de comportarnos sin causar ningún
conflicto que pueda dar lugar a la rotura de las
negociaciones o al enfriamiento de las relaciones
con esa comunidad o país.
Regla
2
Presencia.
La primera impresión es fundamental como punto de
partida. Tener una presencia agradable es un punto
favorable para nosotros. Aunque debemos, como
dijimos antes, conocer que puede ser para ellos
"tener buena presencia". Debemos tener
en cuenta, que la presencia no es solamente vestir
bien sino saber comportarnos en cuanto ademanes y
buenas maneras. Debemos saber saludar, conversar,
sonreír... todo ello con gran naturalidad, y sin
forzar nuestros modales. No hay nada peor, que
caer en las más absolutas de las pedanterías
forzando nuestros modales hasta el límite de lo
ridículo. Sea sencillo, educado y natural.
Regla
3
Categorías.
Debemos conocer bien las distintas categorías
tantos sociales, como políticas y económicas de
nuestro sitio de destino. Aunque en determinados
países no sean de gran importancia en la mayoría,
el respeto de las personas según su estatus es
una parte esencial de su identidad. Debemos ser
capaces de establecer una correcta comunicación
con nuestros interlocutores (tanto verbal como
escrita) y para ello necesitamos conocer la
realidad de sus categorías. Nunca hay que ser
exagerados y en caso de duda lo mejor es
informarse, o utilizar un tratamiento inferior a
uno superior (es mejor quedarse corto que
pasarse).
Regla
4
Limitaciones.
Debemos conocer bien nuestras limitaciones y las
de nuestros interlocutores. Hay que saber
aprovechar nuestros puntos fuertes y tratar de
minimizar nuestros puntos débiles. Al contrario,
que trataremos de "utilizar" en nuestro
provecho los puntos más débiles de nuestro
interlocutor. Lo mejor es conocerse perfectamente
a uno mismo, y conocer, en la medida de lo
posible, la personalidad y el entorno de nuestro
interlocutor. Ahora, hay que tratar de convencer y
nunca de imponer. Trate de persuadir haciéndoles
ver que nuestras razones son mejores que las
suyas.
Regla
5
Dominio.
Hay que saber dominar todas las situaciones
posibles. Debemos dominar las técnicas de
negociación, pero también tenemos que tener un
poco de psicólogos y tratar en todo momento de
comprender la postura de nuestros interlocutores.
Las relaciones comerciales al igual que las
personales, se basan en la confianza y en la
amistad. Si no controla o domina la situación
puede dar una sensación de inseguridad que puede
dar lugar a desconfianza por parte de nuestros
interlocutores. Una negociación, generalmente,
basada en la desconfianza, tiene poco futuro de
llegar a buen término.
Regla
6
Seguridad.
Es un detalle muy pocas veces tenido en cuenta por
ciertos directivos y ejecutivos de empresas
(generalmente, pequeñas y medianas). Hay muchos
partes de un negocio que son susceptibles de ser
robadas o copiadas. Una idea, puede costar muchos
miles de millones de pesos. No siempre se roban
planos, maquetas, etc. Se "roban" muchas
ideas expresadas en una simple reunión de
negocios. Así todo hay que tener cuidado con las
carpetas y maletines repletos de documentos,
propuestas, etc. Los mismo con informes y otra
documentación sensible que puede hacer
referencias a persona o empresas de la
competencia.
Regla
7
Respeto.
Con este simple término, Usted hará muchas cosas
a la vez: dejará en buen lugar a su compañía (a
la que representa), a su país o comunidad (al que
representa de forma indirecta, ya que mucha gente
valora en un primer momento el país o comunidad
por las personas que conoce del mismo) y lo más
importante, se dejará en buen lugar a Usted como
una persona educada, elegante y que sabe estar y
comportarse. Ante cualquier tipo de situación hay
que "mantener el tipo" y la compostura.
Es en los momentos más duros donde se ve la clase
de una persona. Hágalo por Usted y por lo que
representa en ese momento. Usted es un
"embajador" en ese momento.
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una
breve historia del tango
Fuente
www.surdelsur.com
Indudablemente
el tango ocupa un lugar de privilegio en la
representatividad de lo argentino en el exterior.
Si bien, básicamente, se lo reconoce en tanto que
una danza y una música cantable; el tango además
contiene un lenguaje particular -el lunfardo-,
usos y costumbres determinados, y hasta una
filosofía característica que identifica a la
gente de tango.
Y,
mundialmente hablando, para diferenciarlo de otras
formas que deambulan en los salones de baile, se
lo reconoce como tango argentino.
|
Fue
este último el que dio origen a todos los
demás.
El
nacimiento del tango se produjo hacia
mediados del siglo pasado, con la formación
de conglomerados habitacionales alrededor de
la joven ciudad de Buenos Aires. Quienes
allí vivían, paisanos llegados del
interior, inmigrantes europeos y algunos
porteños de escasos recursos, |
 |
formaron
una nueva clase social para la época. Quizás en
busca de un modo de identificarse como grupo y de
sentir al nuevo hogar como lugar de pertenencia,
comenzaron a crearse manifestaciones culturales
resultantes de esta mezcla. Este fue el principio
del tango, que se caracterizó por poseer códigos
muy cerrados, sólo abordables por las clases
trabajadoras.
Debido
a esta imposibilidad de comprensión de parte de
otros públicos, la difusión del tango fue
complicada, y estuvo abordada básicamente a
partir de la danza, que fue casi premonitoria al
tango mismo en su modo musical más característico
(ni qué hablar del tango cantado que llegó
bastante después). Es claro que la cultura
tanguera, entendida como usos y costumbres
particulares, es anterior al tango como
manifestación artística. Las danzas de salón
que involucraban a una mujer y un hombre abrazados
fueron el precedente de este género que se fue
depurando hasta convertirse en lo que desde hace
tiempo se conoce como tango. Alguien dijo: ¬El
tango es algo más que una suave ondulación
puesta en música, es la danza más profunda del
mundo¬, y no fue precisamente un argentino el que
habló de esta manera; lo cierto es que hay que
reconocer que es lo último en la evolución dancística
universal en lo que a bailes de parejas mixtas se
refiere.
Lo
que comenzó en la danza, fue luego madurando en
las manos expertas de grandes hombres, que
inspirados en el canto popular, fueron plasmando
en sus composiciones lo más rico de la cultura
porteña. La temática se refiere siempre al
hombre común y sus problemas, la ciudad y los
recuerdos. De este modo un tango se convierte en
un retrato de Buenos Aires y su gente. Seguramente
por eso, porque en cada canción viaja lo mejor de
la cultura porteña, el tango se ganó un espacio
en el exterior.
Asumiendo
el riesgo de graves omisiones, se puede decir que
entre los tangos más reconocidos mundialmente se
cuentan:
La
cumparsita, El choclo, El entrerriano, Quejas de
bandoneón, A fuego lento, La yumba, Uno,
Milongueando en el '40, Danzarín, Verano porteño,
Adiós nonino , etc.
En
cuanto a músicos, cabe nombrar a: Armando Pontier,
Osvaldo Pugliese, Anibal Troilo, Julio de Caro,
Horacio Salgán, Mariano Mores, Astor Piazzolla y
muchos otros.
Entre
los poetas letristas se destacan: Homero Manzi,
Alfredo Le Pera, Celedonio Flores, Homero Expósito,
Horacio Ferrer, Cátulo Castillo y Pascual
Contursi de una larga lista.
Carlos
Gardel.
Y,
si de cantantes se trata, es imposible dejar de
nombrar al reconocido como el más grande de todos
los tiempos: Carlos Gardel, quien llegó a
convertirse en la figura prototípica del porteño,
más allá de su voz o su modo de interpretación
del tango.
También,
entre los cantantes, se cuentan: Edmundo Rivero,
Angel Vargas, Alberto Castillo, Hugo del Carril,
Roberto Goyeneche y Alberto Marino, esto sin
contar voces femeninas como Azucena Maizani,
Libertad Lamarque, Nelly Omar, Alba Solis y María
Graña.
Y,
como se dijo anteriormente, el tango es mucho más
que música, por eso es imposible dejar de lado la
parte bailada. De los mejores bailarines cabe
nombrar a: Benito Bianquet, Casimiro Ain y Tito
Lusiardo, entre los más antiguos; y de los
contemporáneos a: Juan Carlos Copes y María
Nieves, Nélida y Nelson, Gloria y Eduardo,
Mayoral y Elsa María, Virulazo y Elvira, María y
Carlos Rivarola y los Dinzel. Todos ellos
integraron el elenco original de Tango argentino,
que fue un gran éxito en Broadway. Creado y
dirigido por Claudio Segobia y Hector Orezzoli,
este espectáculo constituyó uno de los más
recientes eventos de importancia dentro del género;
lo que no es más que una demostración de que en
los últimos diez años el tango logró ocupar un
lugar de importancia en la actividad artística
mundial, tal y como se lo merecía.
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A CULTURA
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A TEMAS DE EL HORNERO
Enrique
Santos Discepolo
Es
una figura clave de la cultura popular.
Dramaturgo, actor, escribió cerca de 40 tangos.
Sus inicios, la intensa relación con Tania, los
últimos años de Mordisquito, redondean una vida
que se parece mucho a sus letras.
LE
PUSO LETRA A UN MODO DE SER
Autor
Irene Amuchastegui - fuente diario Clarin
Nací
el 27 de marzo de 1901... Como ven, camino por la
vida un paso atrás del siglo. Yo bien quisiera ir
un paso adelante, pero le tengo miedo al papel de
precursor". Un ingenio amargo recorre los
apuntes autobiográficos de Enrique Santos Discépolo.
Igual que sus piezas editadas como "tango cómico",
escasas en relación con las decididamente trágicas
que lo sacralizaron y lo proyectaron a nuestra época
como el poeta de la desesperación. Quién diría
hoy que el desgarrado autor de Uno y Yira, yira,
alguna vez, como monologuista en radio, estuvo
auspiciado por sonrisa Kolynos...
Huérfano
a los nueve años, creció bajo la influencia
decisiva y la autoridad de su hermano mayor
Armando. A los 16 ya era actor -comenzó en El
chueco Pintos, escrita por Armando en colaboración-,
y a los 17 autor teatral -la compañía Vittone-Pomar
estrenó en el Nacional El duende, que firmaba
Enrique junto con Mario Folco-. Para el teatro
compuso su primer tango, Bizcochito, que el
experimentado músico Salvador Merico procuró
mejorar para un debut por demás intrascendente.
Al estreno de su segundo tango, Qué vachaché
(1926), se le debe una anécdota tragicómicamente
discepoliana, y decididamente fantasiosa,
transcripta por su historiador Norberto Galasso:
"Sale la hermana del apuntador convertida por
azar en cancionista... El pianista, un honrado
padre de familia a quien internaron semanas después
en un manicomio... A su lado, el violinista
rascaba el instrumento con un optimismo y una cara
de pambazo irritante. Sonreía a todo. Era feliz.
Era feliz porque desafinaba... El flautista era
asmático y la flauta rencorosa. Había no sé qué
resentimientos personales entre ellos...". A
este relato le cae bien la sentencia del propio
Discépolo "Nos burlamos a gritos de nuestro
fracaso para evitar que se burlen los demás",
porque Qué vachaché fue, efectivamente, un
estreno sin suerte. En cambio el siguiente, Esta
noche me emborracho en la voz de Azucena Maizani,
resultó un éxito inmediato que en poco tiempo
grabaron solistas como Carlos Gardel, Ignacio
Corsini, la orquesta de Osvaldo Fresedo con el
cantor Ernesto Famá y la Orquesta Típica Víctor
en versión instrumental, entre otros. Esta noche
me emborracho redimió a Qué vachaché y generó
una expectativa que el poeta no defraudaría en
sus siguientes obras.
Desde
esa época acarreó el hiperbólico título de
"filósofo del tango". Sergio Pujol
rescata en su biografía Discépolo (1996, Emecé)
la nota de Dante A. Linyera en La Canción Moderna
de noviembre del ''28: "Esta noche me
emborracho es la tragedia del hombre que siente,
Qué vachaché, la del hombre que piensa, y Chorra
la del hombre que cree. El tango tiene ya su
salvador y su filósofo. Welcome".
Escribió
poco menos de cuarenta tangos -en algunos casos,
en colaboración- y explicó: "Mis canciones
nacen así: voy caminando por Corrientes y se me
aparece un tango en el oído. Primero se me ocurre
la letra, es decir, el asunto. El tema me empieza
a dar vueltas en la cabeza durante varios días.
Hasta que de pronto estoy sentado en la mesa de un
café, leyendo en mi casa o caminando por la calle
y empieza a zumbarme en el oído la música que
corresponde a ese estado de espíritu, a esa
situación de tango. Y aquí se me presenta la
tragedia porque yo no sé música (...) Corro a
buscar un amigo que me lo escriba. Muchas veces,
no lo encuentro enseguida. Y aquí empieza la
desesperación para que esas notas, esas notas que
de repente se me han presentado no se me
vayan".
Cambalache,
escrito en 1934 para la película El alma del
bandoneón -donde lo cantó Ernesto Famá-
recuerda a Qué sapa, señor (Discépolo, 1931) y
a Al mundo le falta un tornillo (Enrique Cadícamo,
1932), pero cobró un peso incomparable. Yira,
yira proviene de su anterior En el cepo. El
lenguaje estilizado de Sin palabras (del ''45, el
mismo año de Canción desesperada) es por lo
menos compatible con el auge internacional del
bolero a través del cine mexicano, y con la todavía
vigente censura radiofónica que había proscripto
el uso del voseo. Si en 1943 la censura alcanzó a
Uno (debía de objetársele inconveniencia moral),
todavía operaba en 1949, cuando Discépolo y
Mores volvieron a colaborar en Cafetín de Buenos
Aires y el autor se permitió comparar el café
con la madre, y además llamarla
"vieja": "Puedo entender críticas
a mis tangos. Lo que resulta imposible de aceptar
es cierto tipo de protección y consejo, ponga tal
palabra en lugar de la que usted ha usado
-respondió en Noticias Gráficas-. Lo que muchos
llaman lunfardo es brillo de la imagen popular, es
una nueva forma de metáfora, es el lenguaje
propio de la canción".
Gardel
grabó ¿Qué vachaché?, Esta noche me
emborracho, Yira, yira, Chorra, Victoria, Secreto,
Confesión, Malevaje (música de Filiberto), Sueño
de juventud. En 1930 debutaron juntos en el
incipiente cine sonoro, en la serie de cortos
musicales del cantor, presentando Yira, yira. En
el cine, Discépolo seguiría como actor, autor y
director, con una producción desparejamente
valorada por la crítica. Su composición actoral
para El hincha (que dirigió Manuel Romero) y su
película Cuatro corazones, entre otras,
permanecieron llamativamente vigentes.
La
intérprete por excelencia de sus tangos fue
Tania. Anita Luciano Divis y Enrique fueron
presentados por José Razzano en 1928, en el
cabaret Follies Bergeres, donde ella cantaba Esta
noche me emborracho. El contraste entre la diva
toledana ("Yo era una engrupida que adoraba
las joyas y picaba alto") y el poeta tímido,
feo e increíblemente delgado ("He llegado a
estar tan flaco que si me tapaba un ojo quedaba
disfrazado de aguja"), no podía ser más
rotundo: a las pocas semanas compartían un
departamento en el Centro. Pasaron juntos más de
veinte años, con un único paréntesis de seis
meses que el poeta pasó en México, en 1946,
junto a Raquel Alicia Díaz, quien posiblemente
haya tenido un hijo suyo. Pero fue mucho más lo
que se habló y especuló acerca de presuntas
infidelidades de ella y de la resignación de él
("Si vos me vieras desnudo, la comprenderías
a Tania", se cita en Pujol). La pareja hizo
viajes y presentaciones en Europa, Chile, México
("Tengo alma de valija. Donde veo una
estampilla me la pego"). Filmaron y grabaron
discos juntos (él dirigió orquesta).
Si
no precipitó su final, como se tiene por
probable, la vinculación con el peronismo signó
sus últimos años. Al frente del Teatro Cervantes
-un cargo que acepto ad honorem- se ganó no pocas
antipatías. Pero fue sobre todo su actuación en
radio, en el ciclo propagandístico Pienso y digo
lo que pienso, instado por el poderoso funcionario
Raúl Apold, lo que le valió profundas
enemistades. El 2 de julio de 1951 comenzó la
serie de charlas radiales en apoyo a Perón.
Durante muchas noches se dirigió inflamadamente a
Mordisquito, un opositor imaginario: "Vos
siempre viviste sin la angustia del peso que falta
y nunca llegaba hasta tu mundo el rumor doloroso
de las muchedumbres explotadas. ¿Entendés,
Mordisquito? ¡No! ¡A mí no me vas a contar que
no entendés, que no entendiste ya, hace mucho
tiempo! ¡No! ¡A mí no me la vas a
contar!".
Si
Mordisquito encarnó al opositor, la oposición
vio encarnada en Discépolo la obsecuencia política,
y lo castigó. Alguien compró todas las entradas
de una cena en su homenaje, sólo para dejarla
desierta. La temporada teatral de Blum pasó del
éxito de taquilla a la declinación. Y hubo
antiguos amigos que lo increparon directamente.
Discépolo
acusó los golpes. El 23 de diciembre de ese año,
murió en su departamente de la calle Callao. Como
si cumpliera con una última exigencia de su
propio mito, acurrucado en un sillón del living
dejó lugar para la sentencia que no constó en el
acta de defunción: "Discepolín se murió de
tristeza".
LE
PUSO LETRA A UN MODO DE SER
Por
Jorge Gottling. De la Redacción de Clarín.
Sus
tangos no fueron productos de casualidad ni de la
imaginación. Resulta muy módico creer que Discépolo
fue un apologista de la derrota y el fracaso, una
catarata de lágrimas y de desdichas. A su manera,
fue el filósofo de la crisis del treinta. Más
que ponerle letra a algunos tangos, le puso letra
a una manera de ser y sentir auténticamente porteña.
Se
dice que hay una Argentina anterior a 1945 y otro
país posterior a esa fecha. Discépolo adheriría
de manera absoluta a un sistema, que apuntaba a
destruir la pirámide de privilegios que ahogaba
al pueblo. Se nota en sus tangos de los últimos años
una luz de esperanza, una reflexión interior
distinta, un discurso menos catastrófico.
Desde
la óptica más formal, el Discépolo que está en
la estatua de la porteñidad es el otro, el que
describió las miserias, las mentiras, la
desesperanza y la soledad de los años críticos
del 30. Y él, por las viscisitudes de su historia
personal, se encontraba muy bien entrenado para la
desgracia, como que a los 9 años era huérfano de
padre y de madre y probablemente también de
esperanzas.
Nada
más que una revisión cosmética de sus tangos y
de su obra permite advertir que Discépolo fue un
Quijote de la calle Corrientes. El fracaso de los
personajes de cada uno de sus tangos, era a la vez
el fracaso de toda una comunidad, asaetada por
preguntas sin respuestas, estrechada en un cielo
de bayonetas y oscuridad intelectual. Y la
inevitable fractura de las prototípicas parejas
de sus tangos no es otra cosa que esa otra no
menos trágica disolución de los vínculos
solidarios que justifican y dan forma a una
sociedad justa.
Su
posteridad, que lo descubre día a día a través
de ese hecatómbico Cambalache, coincide en que
Discepolín se equivocó de siglo o por lo menos
se equivocó de país. En pleno caos, cuando lo único
sagaz era revolcarse "en el mismo lodo",
Discépolo arremetió a pura punta de tango contra
la desigualdad, el mercantilismo, la injusticia
social, el hambre ingente, la miseria ambulante en
sus distintas variantes, el desarraigo y la
incomprensión porteña hacia un fenómeno
inmigratorio -desde el país interior hacia la
costa- que se cristalizaría luego, a partir del año
1945.
Indiscutido
como poeta popular, no negado demasiado como poeta
nacional, Discépolo aún debe soportar -de puro
muerto- algunos ataques contra su obra y acción.
Pero no se podrá esconder a ese Discépolo
molesto, implacable, escrudiñador de las almas
ajenas, iluminador de las propias conciencias.
A
100 años de su nacimiento, Enrique Santos Discépólo
todavía muerde.
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