EL HORNERO

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MATERIAL DE DIFUSIÓN DE LA EMISORA EDUCATIVA "El HORNERO"
REVISTA Nº XX- 2001

www.interdia.org/hornero ó www.paginadigital.com.ar/articulos ó www.RADIOHORNERO.itgo.com  

PRESENTACIÓN DE TEMAS

* INDEX

* EDUCACIÓN

* COMUNICACIONES
* CULTURA
* HISTORIA
* SALUD
* NATURALEZA Y MEDIOAMBIENTE
* CIENCIA Y TECNOLOGIA
* EDITORIALES

 

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INDICE DE TEMAS CULTURALES

* CULTURAS DE LAS SIERRAS CENTRALES Y CUYO

* ESTEBAN ECHEVERRÍA

* LA DIENTONA

* HISTORIA DEL FARO

* PROTOCOLO & ETIQUETA

* BREVE HISTORIA DEL TANGO

* ENRIQUE S. DISCÉPOLO

 

LOS FAROS

 

LOS FAROS: Centinelas del mar  Fuente: www.etc.ar 

Poco después del crepúsculo y en todas las costas del mundo, estos silenciosos centinelas encienden su luz señalando exactamente sus dominios: son los faros, quienes como protectores infalibles marcan con sus destellos el camino que deben seguir los navegantes inmersos en la oscuridad del océano. Fieles a la orden que les impone encenderse quince minutos después de la puesta del sol, los faros destellan durante la noche y ya no se apagarán hasta un cuarto de hora antes de que el astro rey vuelva a asomar por oriente.

INTRODUCCIÓN

etc.ar entrevistó a un grupo de guardafaros, conocidos en el argot naval como "torreros". El espacio elegido fue una de las oficinas del Servicio de Hidrografía Naval, frente a la ex Ciudad Deportiva de Boca (Buenos Aires). La entrevista fue concertada telefónicamente con uno de ellos, que mencionó la posibilidad de sumar un tercero al encuentro. Habíamos redactado un brevísimo formulario, que bastaba con releer para delatar su ineficacia. ¿Qué sabe la gente sobre la vida en un faro? Poco y nada. Se los imagina como parte de una fábula, de una postal, de un cuadro de época. Pero difícilmente como un hogar, quizás transitorio, donde también discurren los trabajos y los días.

La mañana de la cita deparó sorpresas. Lentamente, en aquellas oficinas donde las Olivetti Lettera burlan el tiempo y la informática, fueron apareciendo otros torreros, que tendían su mano y se arremolinaban con desconfianza frente al grabador. Se armó así una mesa redonda, donde el micrófono del diminuto grabador apenas cubría la distancia. Por ese motivo, lo que presentamos a modo de diálogo es más bien una polifonía forjada a varias voces, donde la información técnica va cediendo a un clima más leve y evocador, matizado por recuerdos y anécdotas.

Estos torreros son hombres de pocas palabras, humildes, gentiles, solícitos. No son afectos a las historias fantásticas y nada saben del linaje mítico de los faros. Han convivido con ellos, los han alimentado noche a noche y amparado contra el deterioro y el olvido, sus naturales enemigos.

Cuando son consultados acerca de la vida cotidiana en un faro, los torreros sonríen con pudor.

Los naufragios son infrecuentes y los accidentes -emblemas de una vida intrépida- podrían contarse con los dedos. La imagen del faro en medio de la tormenta cede lugar a la del faro como escenario de 

pequeñas y diarias historias, en general asociadas al socorro de pescadores o de vecinos, al desaprovisionamiento y a la falta de recursos. Una vida dura, en un trabajo pautado por los crepúsculos y los amaneceres.

El nombre "faro" deriva de la isla de Pharos, situada en la embocadura del río Nilo, donde se asentó el primer faro del que se tienen noticias, la torre de Alejandría, cuya misión era señalar la situación del puerto de Alejandría.

La palabra "farol" es de idéntico origen. En latín, el faro también era conocido como speculas, por el espejo montado en la cúspide y que orientaba a los mareantes en su derrota marítima.

San Isidoro de Sevilla hace derivar esta voz de phos (luz), hóros (visión), y añade que esto explica que Lucifer también sea conocido, en griego, como Phósforos.

Monleau suma otra opinión: deriva esta palabra de pharen, que significa navegar, en céltico.

Según la definición del Diccionario del Bureau Hidrográfico Internacional, faro es "una estructura distintiva sobre una costa o alejada de la misma que presenta una luz principal destinada a servir de ayuda a la navegación". Más precisamente, una construcción costera que posee una señal luminosa característica, cuya función es orientar al navegante. Generalmente ubicada en puntos destacados del litoral, en lugares altos, ya sea artificiales o naturales.

Es de notar que el nombre árabe del faro de Alejandría (Minar Al Iskandariyyah) suscita en castellano el arabismo alminar, o torre de las mezquitas donde el almuédano o almuecín (ambos también arabismos) convoca a los fieles para acudir a la oración.

Breve historia de los faros

Edad Antigua

El uso de señales luminosas destinadas a orientar al marino se remonta a tiempos inmemoriales. Solía tratarse de fogatas que ardían en lo alto de una colina próxima a la costa, de modo que fuese suficientemente visible desde el mar. Columnas y torres votivas coronadas de hogueras permanentes -que ardían en honor de héroes y semidioses-, carentes de todo sistema óptico, son ilustres antepasados de los faros.

En su poema épico La Ilíada, Homero hace referencia a los faros cuando compara el brillo que irradiaba el escudo de Aquiles con el que despedía el fuego que ardía en lo alto de una montaña:

"Como aparece el fuego encendido en un sitio solitario en lo alto de un monte a los navegantes que vagan por el mar, abundante en peces, porque las tempestades los alejaron de sus amigos; de la misma manera, el resplandor del hermoso y labrado escudo de Aquileo llegaba al éter." (Canto XIX, La Ilíada.)

Existen evidencias de que en la guerra de Troya hubo un faro a la entrada del Helesponto; otro se habría instalado en el estrecho del Bósforo y habría recibido el nombre de Torre de Timæa, según menciona Dionisio de Bizancio. Suetonio menciona un faro en la isla de Caprea y Plinio el Viejo habla del faro de Ostia.

Sin embargo, no quedan rastros visibles que permitan reconstruir este precioso eslabón en la historia de los faros. Sólo testimonios escritos y vagas referencias a construcciones cuya misión era guiar y prevenir al navegante, mediante el uso de una señal luminosa.

Se considera a la torre de Alejandría como el primer faro de existencia comprobada e indiscutible. Su construcción era tan formidable y sus leyendas tan portentosas, que bastaron para que los antiguos la incluyesen entre las maravillas del mundo.

Edad Media

Escasas son también las noticias de los faros de la Edad Media. Se sabe que el faro de Boloña fue encendido por el emperador Carlomagno en 811, y que en 1584 el rey francés Enrique III inauguró el faro de Cordouan, elevado sobre una roca aislada en la desembocadura del río Gironda, en Francia. Se lo considera uno de los más armónicos en cuanto a sus proporciones y arquitectura. Fue muchas veces restaurado y ensanchado, pero su fama se debe a que fue el primero en incorporar un aparato giratorio para emitir luz.

Edad Moderna

Los grandes faros modernos datan de los siglos XVII y XVIII, y son consecuencia de los progresos que entonces realizaron las ciencias. Hasta finales del siglo XVIII no puede observarse un progreso técnico de significación en la óptica de los faros.

A principios del siglo XIX se vislumbran los primeros adelantos para perfeccionarlos, con la adopción del alumbrado de aceite en algunos de ellos, en la costa francesa. Las lámparas podían ser de aceites vegetales o minerales y parafina de Escocia. Más tarde derivaron en sistemas de incandescencia por vapor de petróleo o gas acetileno y finalmente en el faro eléctrico, el más usado en la actualidad.

En 1822, Agustín Fresnel introduce el sistema dióptrico, en el cual los rayos de luz son enviados a través de lentes esféricas rodeadas de prismas anulares. Años después, T. Stevenson -antepasado del no menos célebre escritor- mejoró la invención de Fresnel, insertando una lente delante de un reflector, lo que produce una luz llamada catadióptrica.

Desde entonces se han utilizado dos métodos para distinguir un faro de otro:

-Mediante los intervalos de sus destellos luminosos.

-Mediante el color del propio faro.

Agradable cualidad entre estos solitarios: no debería existir, como puede apreciarse, un faro idéntico a otro.

Los primeros sistemas ópticos eran de grandes dimensiones y las ocultaciones se producían a intervalos de uno o dos minutos. Posteriormente, se ideó el sistema rotativo flotante de mercurio que provocaba destellos cada tres a cinco segundos.

Con respecto a las torres de los faros, su tipo de construcción siguió los lineamientos generales de la arquitectura. Los faros más antiguos eran de mampostería o madera. A fines del siglo XIX muchos se hicieron con estructuras livianas de hierro. Actualmente se prefiere el hormigón armado.

El diseño y los materiales para su construcción están directamente relacionados con el sitio de emplazamiento (sobre una roca aislada del continente, en medio de frecuentes tempestades; en islotes remotos bajo condiciones meteorológicas adversas o en un cabo escarpado). Por ello es primordial que la torre sea un soporte sólido y que su altura sea considerable respecto del nivel del mar. De la altura dependerá el alcance de la luz.

Generalmente, las estructuras son cilíndricas en su interior, y circulares, cuadradas u octogonales externamente. Siempre terminan en una plataforma con barandilla; sobre ella, un cilindro sostiene la cúpula o linterna que aloja el aparato óptico. Por dentro, y debajo de la linterna, se encuentra la cámara de servicio. Desde esta habitación a la linterna se asciende por medio de una estrecha escalerilla y, para llegar hasta el pie de la torre, se baja por una escalera de caracol.

Lírica de los faros

Como los fantasmas o los presagios, los faros duermen durante el día. De noche, velan. Suelen posarse, como decía San Juan de la Cruz refiriéndose al ave solitaria, en lo más alto, y, como ella, tampoco poseen color determinado.

Monumentos en la frontera de dos mundos -el del mar y el de los hombres-, son su dominio la barranca, el acantilado, el horizonte.

En la siguiente poesía, escrita en versos libres, vemos retratada -con abundantes primores del lenguaje poético- la emoción que se apoderó del ánimo del poeta al contemplar el faro de Malta, que señalaba un puerto de seguro asilo.

El autor, Don Ángel de Saavedra, duque de Rivas (1791-1865), figuró más tarde entre los primeros cultores del Romanticismo español.

El faro de Malta

Envuelve al mundo extenso triste noche

Ronco huracán y borrascosas nubes

Confunden y tinieblas impalpables

El cielo, el mar, la tierra

Y tú invisible te alzas, en tu frente

Ostentando de fuego una corona,

Cual rey del caos, que refleja y arde

Con luz de paz y vida

En vano ronco el mar alza sus montes

Y revienta a tus pies, do rebramante

Creciendo en blanca espuma, esconde y borra

El abrigo del puerto:

Tú, con lengua de fuego, aquí está, dices,

Sin voz hablando al tímido piloto

Que como a numen bienhechor te adora,

Y en ti los ojos clava.

Tiende apacible noche manto rico,

Que céfiro amoroso desenrolla,

Recamado de estrellas y luceros,

Por él rueda la luna; Y entonces tú de niebla vaporosa

Vestido, dejas ver en formas vagas

Tu cuerpo colosal, y tu diadema

Arde al par de los astros

Duerme tranquilo el mar, pérfido esconde

Rocas aleves, ávidos escollos:

Falsos señuelos son, lejanas cumbres.

Engañan a las naves

Mas tú, cuya innoble posición indica

El trono de un monarca, eres su norte, les adviertes su engaño.

Así de la razón arde su antorcha, en medio del furor de las pasiones.

O de aleves halagos de fortuna

A los ojos del alma.

Desque refugio de la airada suerte

En esta escasa tierra que presides,

Y grato albergue del cielo bondadoso

Me concedió propicio;

Ni una vez solo a mis pesares busco

Dulce olvido del sueño entre los brazos

Sin saludarte, y sin tornar los ojos

A tu espléndida fuente.

¡Cuántos, ay, desde el seno de los mares

Al par los tornarán!... tras larga ausencia

Unos, que vuelven a su patria amada,

A sus hijos y esposa

Otros, prófugos, pobres, perseguidos,

Que asilo buscan, cual busqué, lejano,

Y a quienes que le hallaron tu luz dice,

Hospitalaria estrella

Arde, y sirve de norte a los bajeles

Que de mi patria aunque de tarde en tarde,

Me traen nuevas amargas y renglones

Con lágrimas escritos

Cuando la vez primera deslumbraste

Mis afligidos ojos, ¡cual mi pecho,

Destrozado y hundido en amargura

Palpitó venturoso!

Del Lacio moribundo las riberas

Huyendo inhospitables, contrastado

Del viento y mar en tus ásperos bajíos

Vi tu lumbre divina:

Viéronla como yo los marineros,

Y, olvidando los votos y plegarias

Que en las sordas tinieblas se perdían

¡¡Malta!! ¡¡Malta!! gritaron:

Y fuiste a nuestros ojos la aureola

Que orna la frente de la santa imagen

En quien busca afanoso peregrino

La salud y el consuelo

Jamás te olvidaré, jamás... Tan sólo

Trocará tu esplendor, sin olvidarlo,

Rey de la noche y de tu excelsa cumbre

La benéfica llama,

Por la llama y los fúlgidos destellos

Que lanza, reflejando al sol naciente,

El arcángel dorado que corona

De Córdoba la torre.

texto: Salvador Gargiulo - Carolina Livingstone

 

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"GRANDES FAROS"

autor: Álvaro Cunqueiro

Muchas veces, los poetas han saludado los grandes látigos de luz que los faros lanzan sobre la piel del mar en las horas de la tiniebla nocturna. Los faros han tenido un momento de exaltación en la época romántica -cuando, por ejemplo, nuestro duque de Rivas nos decía del faro de Malta- y, ya más cerca de nosotros, el poeta francés Jean Paul Toulet recitaba la letanía de los faros normandos y bretones con un refrán que decía: "Pero, ¿dónde está el faro de Alejandría?".

¡El faro de Alejandría! Fue una realidad, una alta torre en la que podía arder la gran hoguera que anunciaba la presencia del puerto; pero enseguida fabularon de él, y se decía que se veía su luz a cien leguas de distancia, y que tenía un espejo, como el que Bernardo de Balbuena imaginaba para el de La Coruña, el de Breogán o de Hércules:

La Coruña es aquella, y la alta torre

Del encantado y cuidadoso espejo

Que al brigantino puerto da y socorre

Con tempranos avisos y consejos.

¡Avisos de luz! Noches antes de que las naves llegaran a Alejandría, ya veían su luz protectora.

Se dijo todo de ella, y que hubo quien robó luz de Alejandría para su uso particular, para llevarla a proa en las jornadas de tempestad, o en la Gran Sirte para poder ver el fondo terrible de los abismos poblados de bestias, y recorrer el lomo de Leviatán, y saber que era Leviatán, y no Sicilia, la Magna Grecia. El que estas líneas escribe ha recordado más de una vez que, cuando la barca -que los gallegos creemos que era de piedra- trae desde Jaffa hasta la desembocadura del río Ulla el cuerpo del apóstol Jacobo, estaba vigente en el Mediterráneo toda la mitología grecolatina, con los caballos de Poseidón, Scila y Caribdis, las sirenas cuyas madres escuchó Ulises cantar, etc., y el faro de Alejandría con su mano luminosa. Fue el faro más importante de la Antigüedad clásica y, cuando dejó de lucir, verdaderamente se acabó en aquella parte mediterránea el mundo antiguo. Pero aún tuvo -repito- una hora magna, aquella en que con su luz dijo a la Barca Apostólica la ruta hacia el Oeste. Los caballos de Poseidón se estaban quietos y los delfines acudían a bañarse en luz y espuma en la estela.

Durante años, leyendo textos de aquí y allá, los más novelísticos o poéticos, he ido anotando todo lo que se decía de faros -muchos de los cuales no hubo, como aquel que avisaba a los normandos que estaban exactamente a sesenta leguas de los borceguíes bordados en oro del Basileo de Constantinopla. Baymes cree poder asegurar que el faro lo eran los propios borceguíes del emperador, luminosos. Cuando el emperador quería perder una nave normanda, cruzaba los pies, confundía las luces, y la ligera embarcación de los hombres del Norte iba a estrellarse en las rocas de cualquier isla egea. Esto está en algunos cantos derivados de la saga de Grettir el Fuerte. Tampoco hubo los más de los faros de los árabes en los días en los que navegaba Simbad, piloto del Califa de Bagdad. Un piloto como Simbad veía luces cuando preguntaba el camino, y lo curioso del asunto es que no solamente había faros que daban los pasos de la mar, luces que balizaban las escolleras y los bancos de coral, sino que había algo que no han tenido otros navegantes en el mundo entero: luces que señalaban las carreras de los vientos. Más allá de Taprobana había una luz, para indicar la presencia del turbulento viento del Este, verde, y otra, naranja, para decir que estaba llegando a las velas de las naves arábigas que iban o venían de la Especiería, el poderoso, leal, silbador, mozo viento del Suroeste, el gran compañero de los pilotos de la escuela de Basora. También en las leyendas de los celtas galaicos se habla de faros, de las hogueras de Breth o Coalme, un bisnieto de Lir, el dios y el rey del mar, habitante de una isla secreta, el cual andaba saltando de roca en roca encendiendo hogueras que solamente los Reyes y los santos veían en la noche: los Reyes de las grandes expediciones de mayo, y los santos que, como San Brendan, navegaban hacia el Oeste en busca del paraíso terrenal, o más modestamente, de las islas floridas, las de la eterna juventud. Al ver las hogueras de Breth, las aguas se calmaban y permitían una feliz navegación.

La enumeración de faros sería muy larga, comenzando por el faro de los venecianos en Chipre -el faro por el que se guió Otelo, llevando en la cámara de su nave a la blanca, dulce, terca Desdémona- y terminando por el faro del que cuenta Teodor Storm en su Pomerania natal, un faro en una colina, sobre los diques, de los que su padre era vigilante.

-¿Se ve desde Tilsit, padre?

-¡Depende de la vista de quien mire!

En la Galicia interior tenemos altas, aisladas, muy características montañas, que llevan el nombre de faro: el faro de Chantada, el faro de Avión..., quizás porque la imaginación popular vio en ellos los guías de los caminos por aquellos mares de montes. ¡Quién diría que iba a llegar hasta las orillas del Miño, en el extremo occidental del mundo conocido, el nombre propio de la isla de Faros, en la bahía de Alejandría, donde estuvo el famoso faro del que hablé antes y que dio nombre a todos los faros del mundo!

La primera vez que aparece documentada en castellano la palabra "faro" es en Covarrubias, en 1611. Dice el gramático, que quizás nunca hubiese visto un faro y lo describiese por la erudición grecolatina, que "las atalayas... que están sobre el mar, cuando son fuertes y suntuosas, se llaman faros".

Covarrubias no llegó nunca a ver un faro desde el mar, es decir, una de aquellas hogueras espejeadas. ¿Qué diría si desde una nave, en la noche, se encontrase con la mirada del faro de Eckmulh, del de Finisterre, del de Corrubedo, que en una cantiga gallega hace decir a una enamorada:

O faro de Corrubedo

Co seu ollar largacío,

Ai amor púxome medo!

El faro de Corrubedo / con su largo mirar / ¡ay, amor, me puso miedo! (N. del A.)

El faro que yo más amé fue el primero que vi de niño en las tardes de verano, desde el mar de Foz: era el faro de Tapia de Casariego, al Este, en el mar de las Asturias de Oviedo, acariciando cielo y mar. Era como un dios.

De: Fábulas y leyendas de la mar Tusquets, 1998

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"PROTOCOLO Y ETIQUETA"

Autor: Grupo CRONIS

PROTOCOLO SOCIAL

Todo el material expuesto es propiedad de CRONIS. Grupo CRONIS

A lo largo de la vida, pasaremos por etapas laborales en las que tendremos que convivir y relacionarnos con otras personas: compañeros, subordinados, jefes... y tenemos que procurar establecer unas relaciones cordiales y fluidas por nuestro bien personal y el de nuestro trabajo. Hay que tener en cuenta que la mayor parte del día la pasamos trabajando, por lo que deberemos tratar de crear un buen ambiente laboral. De las relaciones laborales pueden surgir posteriores relaciones personales. Hay un dicho popular que afirma: el roce genera cariño.

Una sonrisa

Cualquiera que sea la actividad que desarrolle, hágalo siempre de forma cordial y distendida. Pese a las dificultades que pueda encontrar, tanto en su vida personal como social, no deje que se reflejen en su vida laboral, utilice una gran dosis de diplomacia. Deje sus problemas a la puerta del trabajo, aunque no le sea fácil. Todo su entorno se lo agradecerá, así como usted mismo trabajará de forma más fluida y en un ambiente más agradable.

Cortesía laboral

Traslade a su despacho, negocio u oficina las normas de cortesía que aplica en su vida diaria (aunque haya algunas pequeñas diferencias a tener en cuenta. Es de máxima importancia evitar contratiempos y dificultades surgidas por malas o inadecuadas relaciones laborales. El trabajo supone una adaptación a un medio distinto, por lo general, a nuestra vida privada.

Educación

Siempre por encima de todo sea educado. Tanto si es empleado como si es jefe, como si es un profesional liberal. Tener una carrera o un determinado puesto no nos da ningún derecho a ser maleducados con el resto de las personas. Tampoco por ser algo o alguien, presupone ser una persona educada. Hay muy buenos profesionales en su materia cuyos modales dejan mucho que desear. Las relaciones laborales, al igual que el resto de las relaciones (sociales y familiares) deben estar presididas por un trato cordial y educado en todo momento, incluso en los momentos más difíciles o crispados.

PROTOCOLO EMPRESARIAL

Las relaciones empresariales son de gran importancia en los negocios. Aquí vamos a dar unos puntos básicos, de nuestras relaciones tanto con otras regiones, comunidades o países extranjeros. Una base fundamental tanto en Protocolo empresarial como en cualquier otro tipo de Protocolo, es la prudencia. Nuestra eficacia al frente de una empresa, viene determinada en gran medida por esta base. El resto será obra de nuestra formación, de 

nuestra experiencia y de nuestro saber estar. No se olvide que ser agresivo no equivale a ser maleducado. Se puede ser duro negociando y mantener siempre nuestra compostura.

Regla 1

Información. Antes de acudir a una comunidad o país distinto al nuestro es conveniente informarse sobre las costumbres y tradiciones de esa localidad o país, de su historia, de economía, de su lengua y de sus gentes. Esto nos dará las bases de lo que se puede y no se puede decir, de los temas de conversación, de los gestos y ademanes que podemos y no podemos hacer, de la forma de saludar, de la forma de no ofender a sus ritos y tradiciones, de la forma de agasajar, y en general de la forma de comportarnos sin causar ningún conflicto que pueda dar lugar a la rotura de las negociaciones o al enfriamiento de las relaciones con esa comunidad o país.

Regla 2

Presencia. La primera impresión es fundamental como punto de partida. Tener una presencia agradable es un punto favorable para nosotros. Aunque debemos, como dijimos antes, conocer que puede ser para ellos "tener buena presencia". Debemos tener en cuenta, que la presencia no es solamente vestir bien sino saber comportarnos en cuanto ademanes y buenas maneras. Debemos saber saludar, conversar, sonreír... todo ello con gran naturalidad, y sin forzar nuestros modales. No hay nada peor, que caer en las más absolutas de las pedanterías forzando nuestros modales hasta el límite de lo ridículo. Sea sencillo, educado y natural.

Regla 3

Categorías. Debemos conocer bien las distintas categorías tantos sociales, como políticas y económicas de nuestro sitio de destino. Aunque en determinados países no sean de gran importancia en la mayoría, el respeto de las personas según su estatus es una parte esencial de su identidad. Debemos ser capaces de establecer una correcta comunicación con nuestros interlocutores (tanto verbal como escrita) y para ello necesitamos conocer la realidad de sus categorías. Nunca hay que ser exagerados y en caso de duda lo mejor es informarse, o utilizar un tratamiento inferior a uno superior (es mejor quedarse corto que pasarse).

Regla 4

Limitaciones. Debemos conocer bien nuestras limitaciones y las de nuestros interlocutores. Hay que saber aprovechar nuestros puntos fuertes y tratar de minimizar nuestros puntos débiles. Al contrario, que trataremos de "utilizar" en nuestro provecho los puntos más débiles de nuestro interlocutor. Lo mejor es conocerse perfectamente a uno mismo, y conocer, en la medida de lo posible, la personalidad y el entorno de nuestro interlocutor. Ahora, hay que tratar de convencer y nunca de imponer. Trate de persuadir haciéndoles ver que nuestras razones son mejores que las suyas.

Regla 5

Dominio. Hay que saber dominar todas las situaciones posibles. Debemos dominar las técnicas de negociación, pero también tenemos que tener un poco de psicólogos y tratar en todo momento de comprender la postura de nuestros interlocutores. Las relaciones comerciales al igual que las personales, se basan en la confianza y en la amistad. Si no controla o domina la situación puede dar una sensación de inseguridad que puede dar lugar a desconfianza por parte de nuestros interlocutores. Una negociación, generalmente, basada en la desconfianza, tiene poco futuro de llegar a buen término.

Regla 6

Seguridad. Es un detalle muy pocas veces tenido en cuenta por ciertos directivos y ejecutivos de empresas (generalmente, pequeñas y medianas). Hay muchos partes de un negocio que son susceptibles de ser robadas o copiadas. Una idea, puede costar muchos miles de millones de pesos. No siempre se roban planos, maquetas, etc. Se "roban" muchas ideas expresadas en una simple reunión de negocios. Así todo hay que tener cuidado con las carpetas y maletines repletos de documentos, propuestas, etc. Los mismo con informes y otra documentación sensible que puede hacer referencias a persona o empresas de la competencia.

Regla 7

Respeto. Con este simple término, Usted hará muchas cosas a la vez: dejará en buen lugar a su compañía (a la que representa), a su país o comunidad (al que representa de forma indirecta, ya que mucha gente valora en un primer momento el país o comunidad por las personas que conoce del mismo) y lo más importante, se dejará en buen lugar a Usted como una persona educada, elegante y que sabe estar y comportarse. Ante cualquier tipo de situación hay que "mantener el tipo" y la compostura. Es en los momentos más duros donde se ve la clase de una persona. Hágalo por Usted y por lo que representa en ese momento. Usted es un "embajador" en ese momento.

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una breve historia del tango

Fuente www.surdelsur.com 

Indudablemente el tango ocupa un lugar de privilegio en la representatividad de lo argentino en el exterior. Si bien, básicamente, se lo reconoce en tanto que una danza y una música cantable; el tango además contiene un lenguaje particular -el lunfardo-, usos y costumbres determinados, y hasta una filosofía característica que identifica a la gente de tango.

Y, mundialmente hablando, para diferenciarlo de otras formas que deambulan en los salones de baile, se lo reconoce como tango argentino.

Fue este último el que dio origen a todos los demás.

El nacimiento del tango se produjo hacia mediados del siglo pasado, con la formación de conglomerados habitacionales alrededor de la joven ciudad de Buenos Aires. Quienes allí vivían, paisanos llegados del interior, inmigrantes europeos y algunos porteños de escasos recursos,

 formaron una nueva clase social para la época. Quizás en busca de un modo de identificarse como grupo y de sentir al nuevo hogar como lugar de pertenencia, comenzaron a crearse manifestaciones culturales resultantes de esta mezcla. Este fue el principio del tango, que se caracterizó por poseer códigos muy cerrados, sólo abordables por las clases trabajadoras.

Debido a esta imposibilidad de comprensión de parte de otros públicos, la difusión del tango fue complicada, y estuvo abordada básicamente a partir de la danza, que fue casi premonitoria al tango mismo en su modo musical más característico (ni qué hablar del tango cantado que llegó bastante después). Es claro que la cultura tanguera, entendida como usos y costumbres particulares, es anterior al tango como manifestación artística. Las danzas de salón que involucraban a una mujer y un hombre abrazados fueron el precedente de este género que se fue depurando hasta convertirse en lo que desde hace tiempo se conoce como tango. Alguien dijo: ¬El tango es algo más que una suave ondulación puesta en música, es la danza más profunda del mundo¬, y no fue precisamente un argentino el que habló de esta manera; lo cierto es que hay que reconocer que es lo último en la evolución dancística universal en lo que a bailes de parejas mixtas se refiere.

Lo que comenzó en la danza, fue luego madurando en las manos expertas de grandes hombres, que inspirados en el canto popular, fueron plasmando en sus composiciones lo más rico de la cultura porteña. La temática se refiere siempre al hombre común y sus problemas, la ciudad y los recuerdos. De este modo un tango se convierte en un retrato de Buenos Aires y su gente. Seguramente por eso, porque en cada canción viaja lo mejor de la cultura porteña, el tango se ganó un espacio en el exterior.

Asumiendo el riesgo de graves omisiones, se puede decir que entre los tangos más reconocidos mundialmente se cuentan:

La cumparsita, El choclo, El entrerriano, Quejas de bandoneón, A fuego lento, La yumba, Uno, Milongueando en el '40, Danzarín, Verano porteño, Adiós nonino , etc.

En cuanto a músicos, cabe nombrar a: Armando Pontier, Osvaldo Pugliese, Anibal Troilo, Julio de Caro, Horacio Salgán, Mariano Mores, Astor Piazzolla y muchos otros.

Entre los poetas letristas se destacan: Homero Manzi, Alfredo Le Pera, Celedonio Flores, Homero Expósito, Horacio Ferrer, Cátulo Castillo y Pascual Contursi de una larga lista.

Carlos Gardel.

Y, si de cantantes se trata, es imposible dejar de nombrar al reconocido como el más grande de todos los tiempos: Carlos Gardel, quien llegó a convertirse en la figura prototípica del porteño, más allá de su voz o su modo de interpretación del tango.

También, entre los cantantes, se cuentan: Edmundo Rivero, Angel Vargas, Alberto Castillo, Hugo del Carril, Roberto Goyeneche y Alberto Marino, esto sin contar voces femeninas como Azucena Maizani, Libertad Lamarque, Nelly Omar, Alba Solis y María Graña.

Y, como se dijo anteriormente, el tango es mucho más que música, por eso es imposible dejar de lado la parte bailada. De los mejores bailarines cabe nombrar a: Benito Bianquet, Casimiro Ain y Tito Lusiardo, entre los más antiguos; y de los contemporáneos a: Juan Carlos Copes y María Nieves, Nélida y Nelson, Gloria y Eduardo, Mayoral y Elsa María, Virulazo y Elvira, María y Carlos Rivarola y los Dinzel. Todos ellos integraron el elenco original de Tango argentino, que fue un gran éxito en Broadway. Creado y dirigido por Claudio Segobia y Hector Orezzoli, este espectáculo constituyó uno de los más recientes eventos de importancia dentro del género; lo que no es más que una demostración de que en los últimos diez años el tango logró ocupar un lugar de importancia en la actividad artística mundial, tal y como se lo merecía.

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Enrique Santos Discepolo

Es una figura clave de la cultura popular. Dramaturgo, actor, escribió cerca de 40 tangos. Sus inicios, la intensa relación con Tania, los últimos años de Mordisquito, redondean una vida que se parece mucho a sus letras.

LE PUSO LETRA A UN MODO DE SER

Autor Irene Amuchastegui - fuente diario Clarin

Nací el 27 de marzo de 1901... Como ven, camino por la vida un paso atrás del siglo. Yo bien quisiera ir un paso adelante, pero le tengo miedo al papel de precursor". Un ingenio amargo recorre los apuntes autobiográficos de Enrique Santos Discépolo. Igual que sus piezas editadas como "tango cómico", escasas en relación con las decididamente trágicas que lo sacralizaron y lo proyectaron a nuestra época como el poeta de la desesperación. Quién diría hoy que el desgarrado autor de Uno y Yira, yira, alguna vez, como monologuista en radio, estuvo auspiciado por sonrisa Kolynos...

Huérfano a los nueve años, creció bajo la influencia decisiva y la autoridad de su hermano mayor Armando. A los 16 ya era actor -comenzó en El chueco Pintos, escrita por Armando en colaboración-, y a los 17 autor teatral -la compañía Vittone-Pomar estrenó en el Nacional El duende, que firmaba Enrique junto con Mario Folco-. Para el teatro compuso su primer tango, Bizcochito, que el experimentado músico Salvador Merico procuró mejorar para un debut por demás intrascendente. Al estreno de su segundo tango, Qué vachaché (1926), se le debe una anécdota tragicómicamente discepoliana, y decididamente fantasiosa, transcripta por su historiador Norberto Galasso: "Sale la hermana del apuntador convertida por azar en cancionista... El pianista, un honrado padre de familia a quien internaron semanas después en un manicomio... A su lado, el violinista rascaba el instrumento con un optimismo y una cara de pambazo irritante. Sonreía a todo. Era feliz. Era feliz porque desafinaba... El flautista era asmático y la flauta rencorosa. Había no sé qué resentimientos personales entre ellos...". A este relato le cae bien la sentencia del propio Discépolo "Nos burlamos a gritos de nuestro fracaso para evitar que se burlen los demás", porque Qué vachaché fue, efectivamente, un estreno sin suerte. En cambio el siguiente, Esta noche me emborracho en la voz de Azucena Maizani, resultó un éxito inmediato que en poco tiempo grabaron solistas como Carlos Gardel, Ignacio Corsini, la orquesta de Osvaldo Fresedo con el cantor Ernesto Famá y la Orquesta Típica Víctor en versión instrumental, entre otros. Esta noche me emborracho redimió a Qué vachaché y generó una expectativa que el poeta no defraudaría en sus siguientes obras.

Desde esa época acarreó el hiperbólico título de "filósofo del tango". Sergio Pujol rescata en su biografía Discépolo (1996, Emecé) la nota de Dante A. Linyera en La Canción Moderna de noviembre del ''28: "Esta noche me emborracho es la tragedia del hombre que siente, Qué vachaché, la del hombre que piensa, y Chorra la del hombre que cree. El tango tiene ya su salvador y su filósofo. Welcome".

Escribió poco menos de cuarenta tangos -en algunos casos, en colaboración- y explicó: "Mis canciones nacen así: voy caminando por Corrientes y se me aparece un tango en el oído. Primero se me ocurre la letra, es decir, el asunto. El tema me empieza a dar vueltas en la cabeza durante varios días. Hasta que de pronto estoy sentado en la mesa de un café, leyendo en mi casa o caminando por la calle y empieza a zumbarme en el oído la música que corresponde a ese estado de espíritu, a esa situación de tango. Y aquí se me presenta la tragedia porque yo no sé música (...) Corro a buscar un amigo que me lo escriba. Muchas veces, no lo encuentro enseguida. Y aquí empieza la desesperación para que esas notas, esas notas que de repente se me han presentado no se me vayan".

Cambalache, escrito en 1934 para la película El alma del bandoneón -donde lo cantó Ernesto Famá- recuerda a Qué sapa, señor (Discépolo, 1931) y a Al mundo le falta un tornillo (Enrique Cadícamo, 1932), pero cobró un peso incomparable. Yira, yira proviene de su anterior En el cepo. El lenguaje estilizado de Sin palabras (del ''45, el mismo año de Canción desesperada) es por lo menos compatible con el auge internacional del bolero a través del cine mexicano, y con la todavía vigente censura radiofónica que había proscripto el uso del voseo. Si en 1943 la censura alcanzó a Uno (debía de objetársele inconveniencia moral), todavía operaba en 1949, cuando Discépolo y Mores volvieron a colaborar en Cafetín de Buenos Aires y el autor se permitió comparar el café con la madre, y además llamarla "vieja": "Puedo entender críticas a mis tangos. Lo que resulta imposible de aceptar es cierto tipo de protección y consejo, ponga tal palabra en lugar de la que usted ha usado -respondió en Noticias Gráficas-. Lo que muchos llaman lunfardo es brillo de la imagen popular, es una nueva forma de metáfora, es el lenguaje propio de la canción".

Gardel grabó ¿Qué vachaché?, Esta noche me emborracho, Yira, yira, Chorra, Victoria, Secreto, Confesión, Malevaje (música de Filiberto), Sueño de juventud. En 1930 debutaron juntos en el incipiente cine sonoro, en la serie de cortos musicales del cantor, presentando Yira, yira. En el cine, Discépolo seguiría como actor, autor y director, con una producción desparejamente valorada por la crítica. Su composición actoral para El hincha (que dirigió Manuel Romero) y su película Cuatro corazones, entre otras, permanecieron llamativamente vigentes.

La intérprete por excelencia de sus tangos fue Tania. Anita Luciano Divis y Enrique fueron presentados por José Razzano en 1928, en el cabaret Follies Bergeres, donde ella cantaba Esta noche me emborracho. El contraste entre la diva toledana ("Yo era una engrupida que adoraba las joyas y picaba alto") y el poeta tímido, feo e increíblemente delgado ("He llegado a estar tan flaco que si me tapaba un ojo quedaba disfrazado de aguja"), no podía ser más rotundo: a las pocas semanas compartían un departamento en el Centro. Pasaron juntos más de veinte años, con un único paréntesis de seis meses que el poeta pasó en México, en 1946, junto a Raquel Alicia Díaz, quien posiblemente haya tenido un hijo suyo. Pero fue mucho más lo que se habló y especuló acerca de presuntas infidelidades de ella y de la resignación de él ("Si vos me vieras desnudo, la comprenderías a Tania", se cita en Pujol). La pareja hizo viajes y presentaciones en Europa, Chile, México ("Tengo alma de valija. Donde veo una estampilla me la pego"). Filmaron y grabaron discos juntos (él dirigió orquesta).

Si no precipitó su final, como se tiene por probable, la vinculación con el peronismo signó sus últimos años. Al frente del Teatro Cervantes -un cargo que acepto ad honorem- se ganó no pocas antipatías. Pero fue sobre todo su actuación en radio, en el ciclo propagandístico Pienso y digo lo que pienso, instado por el poderoso funcionario Raúl Apold, lo que le valió profundas enemistades. El 2 de julio de 1951 comenzó la serie de charlas radiales en apoyo a Perón. Durante muchas noches se dirigió inflamadamente a Mordisquito, un opositor imaginario: "Vos siempre viviste sin la angustia del peso que falta y nunca llegaba hasta tu mundo el rumor doloroso de las muchedumbres explotadas. ¿Entendés, Mordisquito? ¡No! ¡A mí no me vas a contar que no entendés, que no entendiste ya, hace mucho tiempo! ¡No! ¡A mí no me la vas a contar!".

Si Mordisquito encarnó al opositor, la oposición vio encarnada en Discépolo la obsecuencia política, y lo castigó. Alguien compró todas las entradas de una cena en su homenaje, sólo para dejarla desierta. La temporada teatral de Blum pasó del éxito de taquilla a la declinación. Y hubo antiguos amigos que lo increparon directamente.

Discépolo acusó los golpes. El 23 de diciembre de ese año, murió en su departamente de la calle Callao. Como si cumpliera con una última exigencia de su propio mito, acurrucado en un sillón del living dejó lugar para la sentencia que no constó en el acta de defunción: "Discepolín se murió de tristeza".

LE PUSO LETRA A UN MODO DE SER

Por Jorge Gottling. De la Redacción de Clarín.

Sus tangos no fueron productos de casualidad ni de la imaginación. Resulta muy módico creer que Discépolo fue un apologista de la derrota y el fracaso, una catarata de lágrimas y de desdichas. A su manera, fue el filósofo de la crisis del treinta. Más que ponerle letra a algunos tangos, le puso letra a una manera de ser y sentir auténticamente porteña.

Se dice que hay una Argentina anterior a 1945 y otro país posterior a esa fecha. Discépolo adheriría de manera absoluta a un sistema, que apuntaba a destruir la pirámide de privilegios que ahogaba al pueblo. Se nota en sus tangos de los últimos años una luz de esperanza, una reflexión interior distinta, un discurso menos catastrófico.

Desde la óptica más formal, el Discépolo que está en la estatua de la porteñidad es el otro, el que describió las miserias, las mentiras, la desesperanza y la soledad de los años críticos del 30. Y él, por las viscisitudes de su historia personal, se encontraba muy bien entrenado para la desgracia, como que a los 9 años era huérfano de padre y de madre y probablemente también de esperanzas.

Nada más que una revisión cosmética de sus tangos y de su obra permite advertir que Discépolo fue un Quijote de la calle Corrientes. El fracaso de los personajes de cada uno de sus tangos, era a la vez el fracaso de toda una comunidad, asaetada por preguntas sin respuestas, estrechada en un cielo de bayonetas y oscuridad intelectual. Y la inevitable fractura de las prototípicas parejas de sus tangos no es otra cosa que esa otra no menos trágica disolución de los vínculos solidarios que justifican y dan forma a una sociedad justa.

Su posteridad, que lo descubre día a día a través de ese hecatómbico Cambalache, coincide en que Discepolín se equivocó de siglo o por lo menos se equivocó de país. En pleno caos, cuando lo único sagaz era revolcarse "en el mismo lodo", Discépolo arremetió a pura punta de tango contra la desigualdad, el mercantilismo, la injusticia social, el hambre ingente, la miseria ambulante en sus distintas variantes, el desarraigo y la incomprensión porteña hacia un fenómeno inmigratorio -desde el país interior hacia la costa- que se cristalizaría luego, a partir del año 1945.

Indiscutido como poeta popular, no negado demasiado como poeta nacional, Discépolo aún debe soportar -de puro muerto- algunos ataques contra su obra y acción. Pero no se podrá esconder a ese Discépolo molesto, implacable, escrudiñador de las almas ajenas, iluminador de las propias conciencias.

A 100 años de su nacimiento, Enrique Santos Discépólo todavía muerde.

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