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Reflexiones del viejo profesor
La maestra del monte
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REFLEXIONES DEL VIEJO PROFESOR
LA MAESTRA DEL MONTE
"Bueno y nada más
que siendo bueno
no hay odio ni injusticia ni veneno
que haga mal"
Mensaje, tango
(C. Castillo-E.S.Discépolo)
Sí, es verdad, y que yo sepa fue la única experiencia (respondía con cierto aire sorprendido el viejo profesor a la pregunta que al parecer ingenuamente formulara Claudia: "¿es verdad que hubo una maestra que vivió y enseñó veinte años en un colectivo?" Y el profesor completó:) Sí, es verdad. Se llamaba Angela Peralta Pino y lo que Claudia llama un colectivo era la Escuela Rodante nº 942 que no era estrictamente un colectivo sino una casa rodante. (Una pausa siempre es oportuna y la hizo).
La enseñanza rural es algo muy singular, casi milagroso (reflexionaba en voz alta). Lo notable es que las verdaderas hazañas las realizan las personas corrientes pero sólo cuando las anima un proyecto noble y generoso. Nadie nace con pasta y futuro de héroe, sólo podrá serlo cuando la voluntad, al asumirlo de modo comprometido, transforme el proyecto en destino. Pero vuelvo al tema planteado.
Me resultó curioso que me hicieran esa pregunta inicial porque vean lo que son las casualidades. Aquí tengo un libro que la profesora Delia Travadelo ha enviado para este nuestro Seminario de Política Educacional. El libro, ven Vds., lleva por título Angela Peralta Pino, Historia de una pasión [Ediciones AMSAFE, Colección Historias de Vida 5, Santa Fe, 1998, 247 pág.] y su autor es Fernando Ráber, fotógrafo profesional, quien rescata y relata la historia con emocionada admiración. (Pero, ¿por qué la casa rodante? ¿cómo es esta historia? se interesó Jorge).
1. La historia
En 1940 una maestra de 39 años, que había nacido en Providencia, Las Colonias, provincia de Santa Fe en 1901, fue designada "directora de 6ta categoría y maestra de grado con el sueldo mensual de doscientos pesos m/n y que deberá prestar servicios en la escuela nº 942 Los Guasunchos". Esta escuela es precisamente la casa rodante. Que en realidad era un vagón o coche motor ferroviario, reacondicionado al costo de $ 10.000, remolcable por algún tractor hacia los diversos destinos en el norte de la provincia, en pleno monte santafesino, zona donde el algarrobo y el quebracho eran devastados por compañías extranjeras, entre otras La Forestal de dramático recuerdo por su inhumana explotación. Durante 22 años Angela recorre los obrajes: Los Guasunchos,Los Quebrachales e Itapé; las zonas rurales: Santa Margarita, Los Guanacos, Las Cuatro Bocas, El Mate. En 1950 pasa a Las Colonias: La Avanzada, La Carreta, La Hiedra.
Cuando hubo que designarla y se analizó su anterior actuación, ya que había ejercido como maestra desde joven en zonas rurales o estancias de familiares, descubren que no tenía título habilitante. No había podido completar la Escuela Normal en Rafaela, donde fuera compañera de Leticia Cossettini. La sensatez se impuso: era más importante su experiencia real y su trayectoria hecha de entrega que el título.
Y falleció en 1991. No hace tanto tiempo. Y no hay derecho al olvido. Miren la foto del vagón reciclado. Y esta otra en el almuerzo de los chicos. Angela, con una cámara elemental, tomó 250 fotos quizá para convencerse ella misma de que no era irreal lo que hacía. (Me imagino, adelantó Helba, que Vd. quiere extraer algo de esta historia. A su vez Francisco semicuestionó: ¿no estaremos en afán ejemplarizador magnificando una historia y un modelo de otros tiempos que ya no se puede repetir?).
2. Reflexiones
Esta historia no es una pintoresca curiosidad escolar (y en su voz había cierta vehemencia) sino una señal de que puede haber un país realizador de otros valores. Por un lado Angela era una cristiana profundamente creyente y convencida practicante. Por otro, no siempre la Argentina tuvo como único dios la plata y por ella todo. No todo es "guita", no todo es buscar poder, no todo es frivolidad y exhibición. Existen otros valores y hay quienes los realizan. Hoy cuando todo tiene precio, nos descoloca y apabulla descubrir en esta maestra el renunciamiento, la dedicación, el compromiso. A mí, no lo voy a negar, me maravilla. Hubo y quiero un país donde se prefiera la generosidad y el sacrificio a favor del otro. Quiero que sepan que para aceptar ese cargo y esa vida Angela decidió, acordadamente, renunciar a casarse. Esto sería otra historia más personal. (¿Qué se hizo del vagón? preguntó Ricardo).
Lo encontrarán bajo un algarrobo en el Museo Histórico de la ciudad de Tostado. No se ha perdido. Cosa rara en un país donde se han esfumado literalmente centenares de tranvías y locomotoras. Y donde el olvido y el desagradecimiento desdibuja las hazañas de muchas Angelas. (Lo dijo intencionadamente. Hizo la pausa que marca la Didáctica y resumió en un tono tranquilo:)
Y esta es, Claudia, la historia de la maestra que, para nuestra vergüenza y para nuestra secreta envidia, por enseñar en el peligroso y más que "desfavorable" norte santafesino, vivió durante veintidós años en un viejo y austero coche motor transformado en escuela. (Y el profesor, fuera de su costumbre porque es tirando a laico, agregó:) Que Dios nos ilumine.
3. La maestra "caracol".
Pero la cosa no terminó ahí (dijo el viejo profesor en la siguiente reunión del Seminario). La profesora María D. de Assenza que creó y dirige, desde hace muchos años El Taller Literario "José Pedroni", nos envió un cassette de audio con canciones interpretadas por el coro Almirante Brown, de Santa Fe, conducido, y ya van 23 años, por el maestro Héctor Rotger, poeta y músico. El cassette trae nueve canciones muy agradables para escuchar. Pero hay una que nos importa que es la acertadamente denominada "la maestra caracol" que no es otra que la recordada maestra Angela. Escuchémosla con atención:
Del monte llega una voz
de adentro de la madera,
el que le presta atención
no escucha una voz cualquiera.
Escucha la voz de un ángel
que está enseñando en la escuela.
¡Qué extraño en ese lugar
de abrumadora miseria
encontrar a la bondad
dándose a todo el que llega.
Saber que para encontrarla
basta asomarse a una puerta!
Puerta de escuela rodante,
puerta que abre otras puertas,
puerta de amor ambulante
que donde pasa se queda.
Que en los remotos obrajes
del norte santafesino
anda repartiendo un ángel,
Angela Peralta Pino.
Llevada por un tractor
los obrajes atraviesa
la maestra "caracol"
llevando su escuela a cuestas:
su pizarrón, su pupitre,
su campana, su bandera.
Y a mucho más que enseñar
donde haga falta irá ella.
Irá donde hay que curar,
irá a los que nadie llega.
Porque al amor y a la vida
ella les puso una puerta.
Buenos Aires, septiembre de 2000.
GUSTAVO F.J. CIRIGLIANO
Puede
ser reproducido

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