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Un tribunal para los pueblos
del maíz
Silvia
Ribeiro*
El 21 de octubre se inauguró
el capítulo México del Tribunal
Permanente de los Pueblos (TPP),
con la presencia de miembros de
esta prestigiosa institución
internacional, heredera del
Tribunal Russell, instancia
creada para juzgar los crímenes
contra la humanidad cometidos en
la guerra de Vietnam y
posteriormente, en las
dictaduras latinoamericanas.
En la inauguración participaron
representantes de las decenas de
organizaciones populares,
comunidades y movimientos
sociales de México, que han ido
construyendo colectivamente las
bases del expediente que se
desarrollará en los próximos dos
años bajo el título general
Tratados de libre comercio,
guerra sucia, impunidad y
derechos de los pueblos.
Muchas personalidades,
activistas y observadores
internacionales, entre ellos
John Berger, Noam Chomsky,
Eduardo Galeano, Susan George,
Inmanuel Wallerstein, Paul
Nicholson, João Pedro Stédile,
Pat Mooney, Vandana Shiva y
otras personas y organizaciones,
saludaron en una carta pública
la constitución de un capítulo
México del TPP, en un compromiso
de acompañar el proceso.
Manifiestan estar "profundamente
preocupados por el alarmante
proceso de descomposición y
crisis generalizada que sufre
México (…) donde como resultado
del Tratado de Libre Comercio de
América del Norte (TLCAN) ocurre
una violación masiva de los
derechos humanos de los pueblos
indígenas y de la población en
general: decenas de miles de
muertos, desapariciones,
feminicidios, migrantes
asesinados y extorsionados,
desplazados, trabajadores
despedidos (…) impunidad para
quebrantar la ley. (…) Saludamos
la instauración de un capítulo
México del TPP con el fin de
visibilizar la situación
imperante e intentar desnudar
los mecanismos de simulación y
desvío de poder" (ver completa
en www.tppmexico.org)
El TPP capítulo México no es un
evento sino muchos, es un
proceso abierto que culminará en
una sesión final frente a un
jurado internacional. Allí se
presentarán los casos que se han
agrupado en siete audiencias
temáticas, que van desde los
feminicidios a la violencia
sistemática contra migrantes,
trabajadores, comunicadores,
campesinos, indígenas. También
la violencia que constituyen la
devastación ambiental y los
ataques al maíz y a la soberanía
alimentaria.
Cada audiencia ilumina una
faceta del rompecabezas que es
México actualmente, que están
además entretejidas. La
audiencia sobre maíz y soberanía
alimentaria, promovida entre
otros por la Red en Defensa del
Maíz y la Vía Campesina, se
propone desarrollar cinco tesis
centrales, que podrían
extenderse en el proceso, al
sumarse más participantes.
Una primera tesis es que el
TLCAN promovió el
desmantelamiento de cualquier
ley que protegiera los derechos
colectivos y los ámbitos
comunes, en particular los
territorios (tierra, agua,
plantas, biodiversidad) de los
pueblos indígenas y campesinos,
al tiempo que desmantelaba
instituciones y políticas
públicas de apoyo a la
producción agrícola de pequeña
escala, favorecía las
importaciones, a favor de la
agricultura industrial y los
agronegocios controlados por
corporaciones trasnacionales, en
contra de la soberanía
alimentaria.
La segunda es que este proceso
de ataque de la vida campesina,
tiene como fin último la
erradicación de la producción
independiente de alimentos, para
lo cual se avanzan también
mecanismos para criminalizar el
libre intercambio de semillas,
la imposición de semillas
híbridas de empresas, la
certificación, las leyes de
propiedad intelectual, patentes,
derechos de obtentor, etcétera.
La tercera es que la invasión de
semillas transgénicas,
favorecida por todo lo anterior,
extenderá inevitablemente la
contaminación transgénica a las
62 razas nativas y miles de
variedades que existen en
México, con daños irreparables a
la biodiversidad del maíz en su
centro de origen.
Un gobierno que apenas está 6
años –y que se ha negado a oír
los argumentos contra la siembra
de maíz transgénico de la vasta
mayoría de la población,
incluyendo movimientos rurales y
urbanos, asociaciones de
científicos, consumidores y
muchos otros– amenaza gravemente
el patrimonio histórico de 10
mil años de creación
campesina-indígena y el
reservorio genético global del
maíz.
Una cuarta tesis es que estos
ataques a las semillas nativas y
a la producción campesina y
agroecológica erosionan
seriamente la biodiversidad,
devastan la vida en el campo y
debilitan las comunidades,
agudizando la emigración y la
urbanización salvaje,
favoreciendo la invasión de los
territorios campesinos e
indígenas para megaproyectos,
explotación minera,
privatización de agua,
plantaciones de monocultivos,
deforestación y apropiación de
territorios en programas de
mercantilización de la
naturaleza, como REDD y
servicios ambientales.
Una quinta tesis es que todo
este proceso que propicia la
destrucción de la biodiversidad,
de la vida campesina y de la
producción independiente de
alimentos, es también causa
importante de la crisis
alimentaria, así como el sistema
alimentario agroindustrial que
se favorece, es causa principal
de la crisis climática.
Pero ante todo, señalaron los
promotores de esta audiencia,
"el maíz no es una cosa, es la
vida de millones de campesinos
cuyo centro civilizatorio es la
comunidad y la vida en la
siembra. Siendo México centro de
origen del maíz, uno de los
cuatro cultivos cruciales para
la humanidad en su conjunto, los
ataques al maíz y a los pueblos
que lo cultivan, son un ataque
contra las estrategias más
antiguas y con más posibilidades
de futuro de la humanidad". Para
defender y recordar ese futuro,
comienza el TPP en México.
*Investigadora del Grupo ETC
NUESTRA AMÉRICA
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Gentileza: Guillermo C. Cohen-DeGovia
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