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Crisis de la educación, uno
de los múltiples rostros de la
crisis global
Miguel
Guaglianone
Barómetro Internacional
Ponencia presentada por el
autor en el foro "Crisis
Sistémica, retos de la Educación
Superior", auspiciado por el
Foro Mundial Temático (capitulo
Venezuela), Radio Fe y Alegría,
Nodo Libre, COtTRAIN y Barómetro
Internacional, el 21 de octubre
de 2011, en el Auditorio Naranja
de FACES, Universidad Central de
Venezuela.
Educación y Crisis
Siendo este un fenómeno tan
complejo, y teniendo por
objetivo esta reflexión ir desde
la crisis educativa, a nuestra
crisis global y sus
alternativas, haremos solamente
una breve mención de distintos
aspectos de la crisis educativa
y de aquella de generación del
conocimiento que la acompaña.
Los problemas de la educación en
nuestra sociedad actual tienen a
nuestro entender un origen
temprano. Los grandes cambios
producidos por la revolución
industrial y sobre todo por la
llegada de la sociedad de masas
y el desmesurado crecimiento de
la población urbana en nuestra
cultura a principios del siglo
XX, trajeron entre otras
consecuencias el quiebre de
instituciones sociales
tradicionales (familia ampliada,
comunidades provinciales,
centros cívicos, comunidades
religiosas) y el nacimiento de
nuevas formas de interrelación
social. Si entendemos por
educación, -en una definición
amplia- al proceso e
instituciones por los cuales
toda sociedad se encarga de
proporcionar a niños y jóvenes
las pautas, conocimientos
comunes y valores sociales
colectivos, vemos que
precisamente esas instituciones
que colapsaron y tendieron
rápidamente a desaparecer, eran
las que en la sociedad
tradicional cumplían este rol.
Con el progresivo colapso de
estas instituciones, la
introducción de niños y jóvenes
a la sociedad quedó en manos de
los sistemas de enseñanza, que
hasta aquel entonces, y
prácticamente desde la Edad
Media, venían encargándose sobre
todo de proporcionar a
determinados estamentos sociales
conocimientos específicos para
el desempeño de labores
determinadas. Estas
instituciones sociales no
estaban en capacidad, con sus
estructuras, métodos y sistemas,
de cumplir con objetivos que las
desbordaron. Esto fue percibido
tempranamente por diferentes
educadores y filósofos, quienes
intentaron desarrollar nuevos
modelos educativos que pudieran
enfrentar la situación. Algunos
ejemplos en la larga lista de
estos pioneros van desde la
temprana María Montessori,
pasando por Ovide Decroly o John
Dewey, hasta la experiencia de
Alexander Neill en Summerhill
que tuvo su mayor difusión a
fines de los años sesenta.
Mientras fue avanzando el siglo
XX, la sociedad de masas
naciente se fue transformando en
sociedad de consumo, sobre todo
luego de terminar la Segunda
Guerra Mundial. El progresivo
desarrollo del originario
sistema de producción
capitalista industrial hacia un
nuevo sistema que permitiera la
producción masiva abastecedora
de esa sociedad de consumo, y
las modificaciones estructurales
que esto produjo en las
sociedades de los países
centrales (sobre todo en los EUA)
implicó también nuevos cambios
que dieron una nueva faceta a la
crisis educativa. Por ejemplo,
la necesidad de disponer de
cantidades ingentes de
individuos de mayor capacitación
para abastecer las necesidades
tanto la industria como de los
servicios en creciente
expansión, fue convirtiendo a
las universidades, en fábricas
cada vez más estandarizadas
productoras de progresivos
volúmenes de profesionales
técnicos, abandonando su rol
(que mantenían desde la edad
media) de instituciones sociales
creadoras y atesoradoras de
conocimiento. En este complejo
proceso las universidades fueron
perdiendo sobre todo su
capacidad de investigación,
mientras el capitalismo
productivo fue convirtiéndose en
las cercanías de los tres
cuartos del siglo pasado, en el
actual neocapitalismo
corporativo. Fueron apareciendo
entonces fenómenos actuales que
continuaron afectando la
educación y el conocimiento.
1) La acumulación de poder y
capital trajo el crecimiento en
poder y tamaño de las grandes
corporaciones, que se han ido
transformando en las verdaderas
dueñas del planeta, así como el
advenimiento de la globalización
que intentan imponer. Ellas se
fueron haciendo cargo de la
investigación y producción de
nuevo conocimiento, llevando
estas actividades a estar
orientadas específicamente al
lucro. Las consecuencias han
sido muy graves, como por
ejemplo el desarrollo desbordado
de la tecnología como un fin en
sí misma y la pérdida progresiva
de la creación de nuevos
conocimientos cualitativos (ver
Daniel Bell). Hace ya
prácticamente más de seis
décadas que no se producen
descubrimientos fundamentales ni
nuevas teorías generales (con
consabidas excepciones como la
Teoría del Caos o el desarrollo
de las Ciencias Sociales). Esta
es otra faceta de la crisis
general que está relacionada
directamente con la educación.
2) Este mismo proceso y el
predominio absoluto de la lógica
del capital corporativo y el
lucro, ha provocado una
tendencia hegemónica, sobre todo
a partir del predominio mundial
desde los años 80 de lo que
hemos llamado la propuesta
neoliberal, que es la
mercantilización de la cultura.
Ya no basta con producir bienes
de consumo masivo tradicionales,
es necesario conseguir nuevos
"productos" para ampliar los
mercados y las ganancias en su
producción y comercialización.
Los hechos culturales son estos
nuevos "productos", que por
supuesto estarán "elaborados" en
forma industrial para su mayor
rentabilidad. No solo el
conocimiento (que además se
protege con un sistema de
marcas, patentes y "propiedad
intelectual" controlado por las
corporaciones) sino todas las
demás actividades culturales,
como la producción de música o
de publicaciones, para no hablar
de la producción tanto de las
artes más tradicionales como de
los lenguajes audiovisuales.
3) Dentro de esa desenfrenada
carrera por convertir todos los
hechos humanos en mercancías
comercializables, el proyecto
neoliberal incluye la
"privatización" (la conversión
de su operación en un negocio en
manos de empresas privadas) de
todos los servicios sociales.
Para ello debe propender a
quitar al Estado funciones
tradicionales, para así poder
manejar los servicios públicos
(agua, telecomunicaciones,
energía), la Seguridad Social,
la Salud Pública, las cárceles,
la producción agropecuaria (a
través de los transgénicos y los
monoculitivos industriales) y
por supuesto la educación. Una
nueva variable que alimenta la
crisis educativa, la conversión
de sus instituciones a todo
nivel (desde el preescolar al
postgrado universitario) en
rentables empresas de negocios.
La Crisis global
Baste entonces lo expuesto para
apreciar como la crisis
sistémica de nuestra educación
contemporánea es parte de la
crisis general de todo un
sistema, que sospechamos que va
aún más allá de lo que algunos
definen como "crisis del
capitalismo" Nuestra sospecha es
que estamos viviendo un proceso
de quiebre y desmoronamiento que
por estar motorizado por lo
cultural, más que por lo
puramente económico, se refiere
a un derrumbe de propuesta
civilizatoria. Quien parece
estar colapsando, más que el
sistema capitalista, es la
Cultura Occidental y Cristiana.
Esta civilización que naciera en
Europa, y a partir del
Renacimiento comenzara una
expansión inusitada por el
mundo, apoyada en el desarrollo
de las ideas racionalistas que
llevaron al desarrollo de la
ciencia, en el crecimiento
desmesurado de una tecnología
utilitaria basada en ella, y en
la secularización de su cultura,
que abandonando la contemplación
religiosa promovió el
individualismo, el logro y la
conquista del mundo; parece
estar llegando en este principio
del siglo XXI a los límites
finales de su crecimiento.
Todo el sistema parece estar
desmoronándose. Ya a fines de
los años sesenta aparecieron los
primeros síntomas. Los
movimientos sociales, las
protestas, la crisis petrolera,
constituyeron los primeros
indicios generales y evidentes
de que las propuestas que
intentaban imponerse al mundo
estaban siendo cuestionadas, no
solamente desde la periferia,
sino desde los mismos países
centrales.
´ La respuesta agresiva por
parte del poder establecido,
conjuntamente con la caída de la
Unión Soviética y el fin de la
Guerra Fría, le permitieron al
sistema generar la "primavera
neoliberal" de los años 80.
Habiendo eliminado las
resistencias de las décadas
anteriores, algunas veces a
sangre y fuego como en nuestra
Latinoamérica con la imposición
en serie de terribles dictaduras
militares apoyadas por los
poderes centrales, habiendo
apagado las protestas en el
centro del sistema con un cierto
"éxito" del Estado de Bienestar
y la ilusión del consumo como
panacea de vida impuesta a
través de un sistema cada vez
más corporativo de medios de
comunicación, o promoviendo
sangrientas guerras de
conquista, durante casi veinte
años el mundo pareció
encaminarse hacia los anti-paraísos
profetizados por "1984" o "Un
mundo feliz", bajo la tutela de
una presencia hegemónica y
totalizadora.
Las nuevas alternativas
Sin embargo, ya a partir de la
última década del Siglo XX, las
cosas parecieron tomar otro
cariz. Comienzan a aparecer en
el panorama global nuevas
alternativas, que no solo son
ajenas a esa propuesta
globalizadora, sino que se le
enfrentan con cada vez mayor
éxito.
El mundo islámico se va
convirtiendo en un problema para
el control central. Problemas
que van desde la caída del Sha
de Irán y el advenimiento del
régimen de los Ayatolá, a la
sucesión de gobiernos que se han
resistido a ser manejados por
los intereses de las potencias
centrales y las corporaciones
transnacionales, algunos de
ellos como el de Irak o el de
los Talibanes en Afganistán, que
fueran apoyados y promovidos por
los propios EE.UU. y que se
convirtieron en sus opositores u
otros como el de Libia (al que
hoy se le quiere hacer pagar
bien cara su rebeldía) que
fueron producto de movimientos
nacionalistas propios.
Es bien curioso lo que sucede
con el Islam. En el año 1964
tuvimos la oportunidad de
escuchar una conferencia del
gran historiador británica
Arnold Toynbee, en la cual entre
otras cosas el decía que la
situación de Occidente con el
Islam no estaba todavía
definida. Que por su
conocimiento en el tema, cuando
entre dos civilizaciones sucedía
lo que aconteció entre estas,
que una avasalla a la otra, la
historia presentaba tres
alternativas posibles: a) La
civilización avasallada era
absorbida por la otra y
desaparecía b) La civilización
avasallada conquistaba el alma
de su agresora y la impregnaba
de sus valores, o c) La
civilización avasallada resurgía
de sus cenizas y derrotaba a su
agresora. Los hechos actuales
parecen destacar la última
alternativa.
Respecto al Lejano Oriente, lo
que en un principio durante los
80 preocupó a Occidente, el
desmesurado crecimiento de la
capacidad productiva y
competitiva de aquellos a los
que se llamó los "tigres
asiáticos" que sin embargo fue
controlado por los poderes
centrales a través de una mezcla
de presión política y
apoderamiento por parte del
poder corporativo de las riendas
de la producción, hizo eclosión
con la explosión de desarrollo
industrial y económico de China.
Allí emergió entonces quien es
hoy la nación que parece estar
comandando los destinos
económicos del planeta. Que el
motor principal que produjo este
fenómeno es cultural, no es
difícil de apreciar. A pesar de
que las corporaciones se han
instalado en China, el control
económico sigue en manos de su
gobierno. Y no es ninguna
casualidad, que una misma nación
haya producido en dos épocas
diferentes, con distintas
tecnologías y con regímenes
políticos distintos las dos
únicas obras humanas que pueden
verse a simple vista desde el
espacio (La Gran Muralla y la
Represa de las Tres Gargantas),
el secreto parece estar en sus
características sociales y
culturales.
Y finalmente, lo que nos toca
más de cerca y de lo cual somos
protagonistas, es el nuevo rol
que está empezando a desempeñar
nuestra región latinoamericana
en el contexto internacional. En
los últimos tiempos nos hemos
convertido de aquellos que Mao
Tsé Tung llamara "el patio
trasero del imperialismo", en un
conjunto de naciones que
comienzan a orientarse hacia una
nueva forma de vida, con una
visión integracionista que
rescata los sueños de las gestas
independentistas de hace
doscientos años y de los hombres
que las llevaron adelante. No es
necesario exponer aquí lo que
hoy para nosotros es noticia
cotidiana de este proceso, basta
con mencionarlo como una de las
nuevas perspectivas.
Y el escenario final que estamos
viviendo tiene sobre todo que
ver con el resquebrajamiento del
sistema económico-financiero que
intenta controlar el planeta. A
partir de la crisis financiera
que comenzara en los Estados
Unidos en el 2006 con el
estallido de la "burbuja
hipotecaria", una progresiva
espiral decreciente parece ir
marcando la caída del sistema,
que había llegado a absurdos
tales como que más del 70% del
dinero que se generaba provenía
no de lo producido sino de la
pura especulación, o de una
concentración de capital que
hace que por ejemplo el 1% de la
población mundial maneje casi la
mitad del capital global. A
pesar de todos los esfuerzos
hechos por los gobiernos
centrales para detener esta
caída, ella se ha ido
convirtiendo ya en casi una
década en indetenible. Claro que
mientras tanto todo parece
colapsar, las grandes
corporaciones son financiadas
por esos gobiernos y presentan
unos márgenes de ganancias cada
vez más disparatados.
Esto está acompañado por la
progresiva aparición de
movimientos sociales que
convulsionan el ámbito
internacional. No sólo lo que se
ha dado en llamar la "primavera
árabe", donde las protestas
masivas en Medio Oriente y el
Magreb no sólo han tumbado
varios gobiernos
tradicionalmente autoritarios,
sino que siguen haciendo presión
por cambios sociales, sino lo
que ahora se nombra como
"indignados", movimientos
sociales de protestas
generalizadas en los países
centrales, en respuesta al
colapso del Estado de Bienestar
producido por la crisis
financiera y las medidas de
gobiernos y entidades
transnacionales de control
económico (FMI, Banco Mundial,
Banco Europeo) que cargan sobre
los ciudadanos el peso de la
crisis económica.
Este es a grandes rasgos el
panorama internacional analizado
desde una perspectiva general.
Conclusiones
Si este enfoque tiene en alguna
medida una perspectiva correcta,
podemos establecer ciertas
conclusiones provisionales:
1) La crisis general que estamos
viviendo tiene un carácter
profundo, que va más allá del
derrumbe del sistema económico.
Lo que está en juego es la
validez, no sólo de los sistemas
políticos y económicos vigentes,
sino sus sistemas de valores y
sus objetivos, es decir sus
propuestas culturales.
2) Las nuevas alternativas que
emergen frente a esta crisis
están presentando por ende no
sólo la búsqueda de formas
económicas y políticas
alternativas, sino la
conformación y desarrollo de
nuevas cosmovisiones, nuevos
sistemas de valores, nuevos
hábitos de convivencia, nuevas
formas de vida.
3) La crisis de la educación,
que es parte estructural de esta
crisis general, solo podrá
enfrentarse de la misma forma,
promoviendo y descubriendo desde
nuestro lugar nuevas ideas,
nuevos sistemas y nuevas formas
para rescatar un proceso
educativo para una nueva
sociedad.
4) En lo que respecta a
Nuestramérica, tal como lo dice
Aram Aharonian, debemos comenzar
a "vernos con nuestros propios
ojos". Ya estamos desde algunos
lugares intentándolo. No es
casualidad la búsqueda de
propuestas que vengan desde
nuestros pueblos originarios,
cuya cultura fuera barrida y
escondida durante quinientos
años, y que hoy parecen tener
mucho que aportar. Tal como lo
propusiera hace ya dos centurias
Simón Rodríguez, la alternativa
para nosotros en el fondo es muy
simple: "O inventamos o
erramos".
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