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La Universidad cubana en
tiempo real
Jorge
Gómez Barata
Tiempos de Reforma
En términos estrictamente
prácticos, la educación general
es un derecho, mientras la
enseñanza superior es una
opción. Un bachiller puede
hacerse médico, ingeniero,
sociólogo, bailarín o cura; es
una elección personal alimentada
por vocaciones y conveniencias y
sostenida por una combinación de
esfuerzo familiar y apoyo
estatal o institucional. En
Cuba, durante un largo período,
por razones diversas se
perdieron esos límites: un
millón de graduados
universitarios en 50 años, 20
000 anualmente. No fue un error,
sino una etapa necesaria y
magnifica.
No conozco a nadie con una
visión tan atinada acerca del
significado de la enseñanza en
sus dimensiones de: derecho
humano, conquista social y
respaldo al desarrollo como
Fidel Castro que, no conforme
con encabezar la Revolución
social, se consagró por entero a
impulsar una revolución
educacional. Su más reciente
aporte fue tratar de
municipalizar la universidad, de
lo cual prometo hablar.
Con la magia de las
revoluciones: los analfabetos
fueron alfabetizados, la
enseñanza convertida en gratuita
y todos los niños y jóvenes
escolarizados. El sistema
escolar cubano se comportó como
una ola: alrededor de 1960
comenzó el boom de la primaria
(1°-6° grado). En los años
setenta, la presión se desplazó
a la enseñanza secundaria básica
(6°a 9°grados) y a partir de
tres años después al
bachillerato y la formación
técnica y profesional de nivel
medio (grado 12°). Desde fines
de los setenta la oleada comenzó
a invadir las universidades. La
Revolución nunca pensó en
regular el acceso sino en
facilitarlo y no en crear cupos,
sino capacidades.
Para apoyar primero a todas las
familias, se creó un plan de
becas que en su mejor momento
benefició a parte de los
estudiantes de secundaria,
virtualmente a todos los de
preuniversitario y tecnológicos,
incluso a buena parte de los
universitarios. Se construyeron
miles de instalaciones para la
educación y nunca faltaron
textos, materiales ni menaje
escolar, siempre hubo para los
comedores que servían tres
comidas en las becas y merienda
y almuerzo a los externos.
Todo ello se complementaba con
un masivo sistema de educación
de adultos; además de escuelas
para estudiantes con necesidades
especiales, establecimientos
para la enseñanza artística,
escuelas deportivas, centros de
enseñanza militar y otras
instituciones docentes de todos
los niveles.
No obstante, salvo áreas
especificas como la medicina,
algunas investigaciones
aplicadas y nuevas ramas, tan
colosal esfuerzo educacional no
redundó en resultados económicos
equivalentes ni se expresó de
modo simétrico en avances y
rendimientos de la industria, la
agricultura, la productividad
del trabajo, la innovación y la
invención; tampoco en un auge de
la Pedagogía, el Derecho, las
Ciencias Económicas y Políticas,
incluso la Historia, la
Sociología y la Filosofía.
Con la crisis derivada de la
desaparición del socialismo real
y de la Unión Soviética,
fenómenos que se sumaron al
bloqueo; el voluminoso sistema
educacional cubano se deterioró
hasta casi tocar fondo y, si
bien es cierto que la educación
superior sobrevivió como una
conquista de la revolución; debe
ser objeto de una profunda
revisión que ha de ser realizada
con criterios realmente
renovadores.
En la rectificación, que como
parte de las reformas en el
modelo de gestión económica en
marcha en Cuba, la universidad
deberá reinventarse: adoptar
estructuras más racionales,
alcanzar esquemas de
financiamientos que la hagan
viable, elevar las exigencias
para estudiantes y profesores,
priorizar la investigación,
categorizar los centros,
privilegiar la investigación
científica, regular los estudios
de posgrado y hacerlos
racionales, disminuir las
atribuciones de las burocracias
y sintonizarse con los
estándares internacionales.
Una universidad no es una
escuela más grande que las demás
donde las asignaturas son más
complicadas, los estudiantes
adultos y los profesores más
viejos, sino laboratorios,
talleres y espacios de creación
en los cuales el talento y la
energía joven empalman con la
investigación, la innovación, la
cultura y el pensamiento
avanzado. La misión de la
Universidad no termina con
transmitir conocimientos sino
que debe generarlos. Se trata de
un espíritu y de una ética que
hace de los universitarios
"minorías excelentes".
Hubiera preferido no citar
ejemplos; mas no quisiera pasar
por alto algunos hitos de
nuestra universidad. En la época
de la colonia, cuando en la isla
imperaba el dogmatismo, el
escolasticismo y el
clericalismo, desde el Seminario
de San Carlos y San Ambrosio
emergió un pensamiento
pedagógico y político avanzado;
no conozco ninguna investigación
sociológica de la realidad
cubana más oportuna y reveladora
que la Encuesta de Trabajadores
Agrícolas (1956-1957) realizada
por la Asociación Católica
Universitaria, ni una revista
teórica de la categoría del
Pensamiento Crítico publicada
por la Universidad de La Habana.
En 2005, en la Universidad de la
Habana, Fidel Castro recordó:
"…En esta universidad…me hice
revolucionario, me hice
marxista-leninista y adquirí los
sentimientos que a lo largo de
los años he tenido el privilegio
de no haberme sentido nunca
tentado, ni en lo más mínimo, a
abandonarlos alguna vez.…" . Una
universidad que ostente
semejante galardón, puede más.
Allá nos vemos
Fuente: Cubano1er.Plano
Gentileza:: Pica
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