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La UBA conmemora sus 190 años
Amalia
Beatriz Dellamea
Centro de Divulgación Científica
Facultad de Farmacia y
Bioquímica
Universidad de Buenos Aires
Historia de la Ciencia -
Historia de la Universidad de
Buenos AIRES
INFORME ESPECIAL
UN RELATO DE SU CREACIÓN Y
PRIMERA ETAPA DE FUNCIONAMIENTO
La universidad pública más
grande de la República Argentina
y una de las más prestigiosas en
América Latina conmemora sus 190
años de existencia. En la
actualidad la UBA tiene 13
facultades, 4 colegios
secundarios, 6 hospitales y 15
centros regionales. Expide más
de 100 títulos de grado y 350 de
posgrado. Estudian en ella unos
320.000 alumnos, 6.500
estudiantes extranjeros la han
elegido para cursar sus estudios
superiores. Cuenta con un
plantel de unos 28.000 docentes
y 12.000 trabajadores auxiliares
de la salud y servicios.
Se propone en este informe
compendiar la prolongada y ardua
historia de la creación de la
Universidad y la afanosa tarea
que en ella han desarrollado
algunos de sus principales
actores, durante la primera
etapa de la institución de
educación superior.
La Universidad de Buenos Aires,
la UBA, fue creada en 1821,
luego de un muy dilatado proceso
de génesis. El Edicto de
Erección está fechado el 9 de
agosto de 1821. Lleva la firma
de Don Martín Rodríguez,
brigadier general, gobernador y
capitán general de la Provincia
de Buenos Aires, y está
refrendado por el entonces
secretario de Gobierno de la
Provincia, Don Bernardino
Rivadavia (Ver Recuadro 1). El
principal impulsor de la
creación de la UBA fue el
presbítero Antonio Saénz, quien
además fue el primer rector de
la institución, cargo que
desempeñó hasta su muerte, el 22
de julio de 1825 (Ver en este
Informe Especial, la Segunda
Parte).
Tres días más tarde de emitido
el Edicto, el 12 de agosto, la
UBA iniciaba su funcionamiento
efectivo. La inauguración se
realizó en la Iglesia de San
Ignacio, en la Manzana de las
Luces, como se la conoce
actualmente, situada en un
privilegiado lugar del centro
histórico de la ciudad de Buenos
Aires.
La institución asumió una
estructura departamental, con
seis departamentos. Al frente de
cada uno de ellos había un
Prefecto. Los departamentos
eran: Primeras Letras, Estudios
Preparatorios, Ciencias Exactas,
Medicina, Ciencias Sagradas y
Jurisprudencia
Como señaló el doctor en
Historia Tulio Halperín Donghi,
en su obra señera Historia de la
Universidad de Buenos Aires,
publicada en 1962: “La
Universidad nace sin estatuto,
con varios organismos de
gobierno --Rector Cancelario,
Tribunal Literario, Sala de
Doctores— cuyas funciones no se
delimitan, marcada de una
provisionalidad que ha de
mantener largamente en su
trayectoria histórica”. A lo que
agrega: “Esta institución tan
imprecisamente dibujada es, sin
embargo, una de las piezas
maestras de la reconstrucción
del Estado que comienza
precisamente en 1820”. Halperín
Donghi se formó en la UBA, donde
además enseñó. Pero en 1967 se
radicó en los Estados Unidos,
donde es actualmente profesor
emérito de la Universidad de
California en Berkeley.
Desde la Revolución de Mayo de
1810 y durante toda la década
que la siguió las provincias del
antiguo Virreynato del Río de la
Plata vivieron una agitada
década, caracterizada por una
marcada inestabilidad, tanto
política como económica y
social. Sumado a las guerras por
la independencia, debían
contarse los conflictos y
desinteligencias internas. Así
fue que, desde 1810 hasta 1820
se sucedieron diversas formas de
gobierno, inicialmente
colegiadas y posteriormente
unipersonales: la Primera Junta,
la Junta Grande, el Primer
Triunvirato, el Segundo
Triunvirato y el Directorio.
Finalmente, la provincias se
autonomizaron. Para 1820, la
Provincia de Buenos Aires era,
consecuentemente, un Estado
autónomo y la ciudad de Buenos
Aires se convirtió en su
capital.
Entre todos esos vaivenes, e
incluso a pesar de ellos, pueden
entreverse las pertinaces
gestiones que el presbítero
Antonio Saénz, con una decidida
vocación de dotar a Buenos Aires
de enseñanza superior de calidad
y actualizada a los tiempos que
corrían, efectuaba ante cada
nuevo gobierno que, presumía,
podía serle propicio a su firme
intención de crear una
Universidad porteña.
Pero toda esta época de
convulsiones y transformaciones
provocadas por los esfuerzos
bélicos que debieron
desarrollarse habían marcado
fuertemente, como no podía ser
de otra manera, la vida de las
instituciones. “Este estado de
cosas había reorientado las
iniciativas y los recursos
científicos en un sentido de
militarización”, plantea el
doctor en Medicina y doctor en
Historia, Miguel de Asúa en su
obra La Ciencia de Mayo,
publicada en 2010. Las
instituciones técnicas y de
formación profesional
funcionantes por entonces
debieron orientar sus objetivos,
esfuerzos y recursos a formar
oficiales, ingenieros militares
y cirujanos militares destinados
a los ejércitos que libraban las
guerras de la independencia.
Por su parte, el doctor en
Historia Pablo Buchbinder, autor
de Historia de las Universidades
Argentinas, y profesor asociado
de la Universidad Nacional de
General Sarmiento, provee de un
contexto para justipreciar ese
corte histórico, señalado con
frecuencia como una verdadera
nueva etapa, luego del derrumbe
del gobierno central de las
Provincias Unidas del Río de la
Plata.
Relata Buchbinder, también
investigador del CONICET, que
“un grupo dirigente, integrado
por personalidades notables
provenientes ya fuese del foro,
o del ámbito eclesiástico,
asumió la conducción del nuevo
Estado (de la Provincia de
Buenos Aires). Las nuevas
autoridades, lideradas por el
gobernador Martín Rodríguez y su
secretario de Gobierno,
Rivadavia, procuraron llevar a
cabo una reorganización del
aparato del Estado para
modernizarlo y adecuarlo a las
circunstancias políticas… La
renovación del sistema de
enseñanza pública se encontraba
también entre los objetivos del
gobierno”.
Ese período que, como ya fue
dicho, se inicia en 1820, podría
llamarse ´la ciencia de
Rivadavia´ y tendría otro tenor;
entendida esta expresión como
una metáfora de un momento
histórico que se encarna en uno
de sus protagonistas más
significativos --anticipa de
Asúa, investigador del CONICET y
profesor de Historia Social en
la Universidad de General San
Martín. Para este experto,
también puede hablarse de “una
´primavera científica´ que
floreció en la ciudad porteña y
que se prolongó en la breve
presidencia de (Bernardino)
Rivadavia y, en alguna medida,
todavía más allá”.
Es en este contexto, entonces,
que nace la Universidad de
Buenos Aires. Pensada desde
inicios como una “suprainstitución”,
tanto así que sería la
responsable de todos los niveles
educativos de la Provincia de
Buenos Aires, incluso de la
enseñanza básica.
La UBA fue organizada sobre la
base de instituciones
preexistentes, como el Instituto
Médico Militar, los restos de la
Academia de Matemática y la
Escuela de Dibujo de Fray
Francisco de Paula Castañeda.
“La Universidad fue concebida al
estilo de la université
napoleónica. Como el instrumento
encargado de toda la enseñanza.
Desde la elemental hasta la
superior (algo así como un
Ministerio de Educación
actual)”, describe de Asúa, en
otra de sus obras de Historia de
la Ciencia en el Río de la
Plata, titulada Una gloria
silenciosa, publicada en 2010 en
conmemoración del Bicentenario
de la Revolución.
Los tres expertos en Historia
cuyas obras fueron consultadas
mayormente para la elaboración
de esta nota coinciden en
señalar los aspectos positivos,
no exentos de conflictos y
pugnas ideológicas, de la tarea
rectoral de Antonio Sáenz en los
primeros pasos de la
construcción de una universidad
sólida, tarea que
lamentablemente no pudo ver
definitivamente lograda dada su
repentina muerte en 1825, cuando
faltaba menos de un mes para que
se cumpliera el cuarto
aniversario de la inauguración
de la Universidad de Buenos
Aires.
Un párrafo aparte merecen los
esfuerzos por impulsar el
desarrollo de las Ciencias
Exactas y Naturales, que le iba
a conferir a la Universidad de
Buenos Aires una impronta
diferencial, apartándola de
modelos de enseñanza escolástica
y fuertemente determinados por
la influencia confesional,
característicos de las
universidades de la época de la
colonia.
A Sáenz sucedió el doctor
Valentín Gómez en el gobierno de
la Universidad. Nuevas crisis
políticas volverían a cernirse
sobre el territorio nacional y
particularmente en la provincia
de Buenos Aires. Con lo que si
bien este Rector “inició una
serie de reformas que afectaron
tanto al sistema de gobierno
como la reglamentación de los
títulos y los requisitos para
ingresar a los estudios
superiores; otros proyectos no
llegaron a implementarse porque
la extrema agitación política
que vivió Buenos Aires a partir
de la caída de (del gobernador)
Manuel Dorrego, en 1828, los
impidieron”, detallan María
Caldelari, Patricia Funes y
colaboradores en el trabajo
historiográfico que realizaron
para la conmemoración de los 170
años de la UBA.
A MODO DE COLOFÓN
Como se señala en la página
oficial de la UBA, desde su
creación la institución ha
transitado los derroteros de la
historia del país y de la ciudad
como universidad provincial y
--desde 1881-- nacional, así
como los caminos más específicos
que hacen a la construcción de
un centro académico, cultural y
científico, espacio de formación
de profesionales, de circulación
y producción de conocimientos.
“La Universidad de Buenos Aires
siempre ha sido una palanca
fundamental en el
desenvolvimiento argentino; de
sus claustros egresaron
generaciones de investigadores,
profesionales, ciudadanos
calificados y responsables; más
aún contribuyó a la
estructuración de una masa
crítica de cultura”, escribía el
recordado doctor Honoris causa
de la UBA, Gregorio Weinberg,
veinte años atrás. Y, en la
oportunidad que brinda esta
conmemoración, resulta
pertinente reiterar lo expresado
entonces por este profesor,
intelectual, investigador y
escritor: Rescatar momentos
capitales de su historia permite
recuperar, críticamente, una
tradición ubérrima, fecunda y
aleccionadora.
Fuentes bibliográficas
Buchbinder, Pablo. Historia de
las universidades argentinas.
Sudamericana, Buenos Aires,
2005.
Caldelari, María y Funes,
Patricia (Coordinadoras),
Castagnola, Gustavo y Forte
Eduardo. Fragmentos de una
memoria. UBA 1821-1991.
Ediciones de Arte Gaglianone/Editorial
Universitaria de Buenos Aires,
Buenos Aires, 1992.
de Asúa, Miguel. La ciencia de
Mayo. La cultura científica en
el Río de la Plata, 1800-1820.
Fondo de Cultura Económica,
Buenos Aires, 2010.
de Asúa, Miguel. Una gloria
silenciosa. Dos siglos de
ciencia en la Argentina. Libros
del Zorzal, Buenos Aires, 2010.
Halperín Donghi, Tulio. Historia
de la Universidad de Buenos
Aires. Eudeba, Buenos Aires, 1º
ed. 1962, 2º ed., 2002.
Sitio web de la Universidad de
Buenos Aires. http://www.uba.ar
Recuadro 1
Edicto de Erección de la UBA
Se trasunta a continuación el
preámbulo del Edicto, donde
además de la fijación del
estatuto del emisor del texto y
de sus competencias legítimas,
se procede a una exhastiva --y
hasta vehemente, tal como lo
muestra la profusa inclusión de
adverbios y adjetivos subjetivos
axiológicos— exposición de la
prolongada, a la vez que
dificultosa, historia de la
creación de la Universidad de
Buenos Aires. Y donde se destaca
de modo privilegiado la
preocupación que este “nuevo
orden”, como se autodenomina el
gobierno de Martín Rodríguez,
exhibía por las cuestiones
relacionadas con la educación
pública.
EDICTO DE ERECCION
DE LA UNIVERSIDAD
DE
BUENOS-AYRES
D. Martín Rodriguez brigadier
general, gobernador y capitan
general de la provincia de
Buenos-Ayres
Desde el año de 1778 estaban
expedidas las órdenes para el
establecimiento de la
Universidad en esta ciudad, y la
más remarcable indiferencia del
gobierno metropolitano las había
sepultado en el olvido. Excitado
el supremo directorio ejecutivo
por las instancias de muchos
ciudadanos, amantes de la
ilustración y progresos de su
país, propuso al congreso
general en 1819 la erección de
este establecimiento literario;
y opinando que se hallaba
bastantemente facultado para
proceder a fundarlo por sí solo,
manifestó que deseaba la
cooperación de aquél cuerpo
soberano para colmar de
autoridad la ejecución de un
pensamiento tan benéfico. El
congreso general adhirió sin
demora a la propuesta, acordando
que se procediese luego a la
erección, dándole las formas
provisionales el gobierno, y
cuidando de remitirlas para su
aprobación a la primera
legislatura. Las calamidades del
año veinte lo paralizaron todo,
estando a punto ya de
realizarse. Pero habiéndose
restablecido el sosiego y la
tranquilidad de la provincia, es
uno de los primeros deberes del
gobierno entrar de nuevo a
ocuparse de la educación
pública, y promoverla por un
sistema general, que siendo el
más oportuno para hacerla
floreciente, lo había suspendido
la anarquía, y debe
desarrollarlo el nuevo orden.
Animado de otros sentimientos
resolví llevar a ejecución la
fundación de la Universidad (…)
(Le siguen partes dispositivas
destinadas a designar los
órganos y la estructura que
adquiriría la Universidad.)
Todo lo cual mando que así se
guarde y cumpla puntualmente,
publicándose este Edicto en la
sala general de la Universidad
por el escribano mayor de
gobierno en Buenos-Ayres a 9 de
agosto de 1821 – Martín
Rodríguez – Bernardino Rivadavia
Gentileza:: Amalia Dellamea
[amalia.dellamea@yahoo.com.ar]
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