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Educación Liberadora e Investigación Sociocultural Crítica, Shalo Smith. - 10/07/11
 

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Educación Liberadora e Investigación Sociocultural Crítica, Shalo Smith. - 10/07/11


 


Educación Liberadora e Investigación Sociocultural Crítica

Shalo Smith*
Barómetro Internacional


"La educación que se impone a quienes verdaderamente se comprometen con la liberación no puede basarse en una comprensión de los hombres como seres "vacíos" a quienes el mundo "llena" con contenidos; no puede basarse en una conciencia especializada, mecánicamente dividida, sino en los hombres como "cuerpos conscientes" y en la conciencia como conciencia intencionada al mundo. No puede ser la del depósito de contenidos, sino la de la problematización de los hombres en sus relaciones con el mundo"
(Freire: 2008, p. 83).


Prácticas esenciales para el "Nuevo Hombre y la Mujer" en Venezuela

La reflexión y el debate sobre la educación, la pedagogía y la investigación sociocultural han sido temas ampliamente conocidos y estudiados en los círculos académicos. Hartas teorías se han desarrollado al respecto, numerosos libros se han escrito en torno a ello; no obstante, fuera de este espectro se ha perpetrado una reflexión muy escasa al respecto, precisamente la academia misma, sus intelectuales y su máquina "domesticadora" de seres humanos para resignar el pensamiento, han implantado una cultura de la dominación, marginación y opresión cultural e intelectual que bien denomina Paulo Freire "concepción "bancaria" de la educación". En este trabajo esbozaremos desde una perspectiva crítica este diálogo-discusión desde la confrontación de dos modelos educativos e investigativos y de la teoría de la acción cultural: uno, la educación como práctica de la opresión; otro, la educación como práctica de la libertad. El primero, parido en el modelo capitalista e hijo del liberalismo, el segundo, en contraposición a esa forma dominante de cultura explotadora, en busca de liberar y liberarse a sí misma por medio de la transformación, la construcción y la creación de un nuevo modelo, el socialismo, muy específicamente en el contexto venezolano y latinoamericano el Socialismo del Siglo XXI.

El sistema-mundo capitalista, según I. Wallerstein, y colonial, agregaríamos nosotros, ha implantado a través de la historia de Occidente diversos métodos para haber logrado su "éxito"; uno de los más influyentes y determinantes, fuera de su modelo económico avasallador, ha sido la educación. La ciencia positivista y el ideal liberal plantearon las posibilidades e impusieron una vida social especializada y segmentada en cuanto a la distribución del conocimiento y la división social del trabajo en los seres humanos. Esto mantiene hoy lo que es la civilización occidental y el sistema capital. Fue durante el siglo XVII cuando se acuñó este episteme que nos aqueja en la boga de nuestra vida.

Actualmente rige un conocimiento que fortalece y exime la división especializada de disciplinas y saberes. Ello a niveles cognitivos nos produce ilusorias percepciones de la vida y la realidad. De tal concepción surgió el método científico (según algunos único e inamovible), para razonar sobre cuál o cuáles oferta(s) básica(s) se instaló la visión de la ciencia clásica es importante revisar dos antecedentes, según Wallerstein: uno, es el modelo newtoniano donde existe una concordancia entre el pasado y el futuro, lo que conformó una mirada prácticamente teleológica del mundo; la segunda, fue el dualismo cartesiano, cuya suposición es que existe una incompatibilidad determinante entre la naturaleza y los seres humanos, (naturaleza y mente), entre cuerpo o materia y mente o espíritu: la división de un mundo físico y un mundo espiritual.

La historia intelectual del siglo XIX fue concebida por la disciplinarización y la especialización bajo el dogma de que la investigación sistemática requería una agrupación virtuosa en las compuestas parcelas de la realidad, lo cual había sido racionalmente dividido en varios grupos de conocimiento. Para esto se crearon estructuras institucionales inquebrantables, como la universidad, diseñadas para producir el nuevo y eficaz conocimiento. La creación de variadas disciplinas impulsaría el intento general de crear una noción objetiva y franca de la realidad con base en descubrimientos empíricos. La ciencia pasó a ser definida como la búsqueda de las leyes universales que se mantenían en todo tiempo y espacio. En el caso de las ciencias y especialmente de las humanidades las cosas transcurrieron de la siguiente manera, Entre 1850 y 1945 una serie de disciplinas llegó a definirse como un campo del conocimiento nominado como las ciencias sociales. Esto se logro mediante la creación de las universidades e introduciendo cátedras, luego abriendo departamentos especializados y finalmente ofreciendo carreras que titulaban en tal o cual disciplina. Según el mismo autor1, desde 1945 tres procesos consternaron la estructura de las ciencias sociales conformada durante los cien años anteriores. El primero fue la variación en el orden y estructura política del mundo. El segundo se refiere a 1960, década a partir de la cual hubo una mayor expansión de la población mundial y una capacidad productiva jamás vista. El tercero corresponde a la proliferación, creación e instalación de nuevos centros educativos y universidades a escala geográfica mundial, hecho que acarreó un mayor número de científicos sociales profesionalizados.

Toda esta "maquinaria domesticadora" del pensamiento se ha fundamentado en las directrices antes mencionadas, pero una de las que más determinó su influencia dogmática fue la visión de hallar afanosamente las leyes universales del comportamiento humano. La misma vino a dar con la instauración del método científico, cuyos resultados fue estableciendo durante la historia de occidente una estructura de conocimiento castradora e imperial, a pesar de sus aportes positivos al sistema que lo sustentó y aun lo sustenta, a la vez que ha llevado la educación como práctica e instrumento de dominación. La gran mayoría de las ciencias sociales fueron desarrolladas en un contexto de colonialidad en el cual el patrón cultural óptimo para todos los países del mundo fue el modelo civilizatorio y las formas de vida de Europea, no en vano esta se autoerigió como la cúspide de la civilización en el globo terráqueo, implantando la historia de su continente como la Historia Universal. La antropología y la sociología como ciencias de lo sociocultural sirvieron a los intereses imperiales "descubriendo culturas" y sus comportamientos para conocerlos y así dominarlos con mayor destreza. De la misma forma la sicología y la filosofía sirvieron como instrumentos al servicio de la opresión en diversos niveles.

Este modelo civilizatorio, el capitalismo, es reproductor sin precedentes de dicotomías y contradicciones sin par, no ha habido sistema en el mundo que haya producido tal efecto en la humanidad como este. No en vano, P. Freire nos alerta sobre los obstáculos que ha observó, en sus años de trabajo en diversos grupos sociales de proletarios en el Brasil, para la aplicación de la "educación liberadora", entre los principales aspectos que menciona nos presenta:

1) "el miedo a la libertad" de los oprimidos y opresores, en vez de la emancipación del oprimido para crear y pensar por sí mismo y la del opresor a abandonar su "libertad" para oprimir;
2) "peligro a la concienciación", en vez de la concienciación como medio para liberarse y transformar su condición de oprimido;
3) "el sectarismo", en vez de la "radicalización", el primero castrador y alienante, el segundo creador y liberador, por ello el autor nos afirma que el sectarismo es lo propio del reaccionario y el radicalismo del revolucionario. El uno narra la realidad, el otro se inserta en ella, la conoce mejor para poder transformarla definitivamente. Tales concepciones nos la presentan como unidades dicotómicas ejemplificantes del sistema-mundo capitalista;
4) el "Hombre Nuevo" son ellos mismos (los oprimidos), convirtiéndose en opresores de otros, en vez de que nazca con la superación de la contradicción cediendo paso a la liberación;
5) "realidad social opresora" como uno de los problemas más graves, involucra la existencia de opresores y oprimidos, en la cual tal realidad absorbe a los oprimidos en el sistema en el que se encuentran y "funciona como una fuerza de inmersión de conciencias" (Freire: 2008, p, 45), por lo que liberarse de tal condición implica la emersión de la misma por medio de la praxis, acción-reflexión.

Antes de seguir avanzando nos permitimos hacernos unas preguntas: ¿cuál es la cultura dominante y sus opresores? ¿Cuáles son las características fundamentales de este sistema-mundo capitalista? yendo a su esencia podríamos decir que el opresor reduce a los "otros", aquellos que no pertenecen a su clase a objetos, cosas, y ese "derecho" esa "libertad" les da paz, ya que sólo reconocen un derecho, su derecho a vivir en paz. Tal situación es reconociblemente violenta y para que exista esta dicotomía debe existir la violencia, porque él no reconocer los derechos de "otros" y el derecho de ser de "otros", es violento. Cuya conciencia es plenamente posesiva, posesiva del mundo, posesiva de los seres y todo aquello que les rodea. El dinero es la medida de todas las cosas y lucrarse su meta fundamental; consecuentemente, les fue posible convertir al propio ser humano en mercancía, en una cosa que se puede vender y comprar. A esto se contrapone la concepción liberadora de la educación cuyo objetivo principal es humanizar a la mujer y al hombre pero esta aparece ante los opresores como un acto de subversión; de tal forma, que todo ser humano debe ser "domesticado", "castrado cultural e intelectualmente" para facilitar su incursión y adhesión al sistema-mundo capitalista.

Es allí, en ese pasaje, donde entra al campo y se justifica éticamente lo que Freire denomina "la concepción "bancaria" de la educación". Esta se puede resumir en ser una educación no transformadora y alienante, donde el educador utiliza los educandos como depósitos, los cuales son "vasijas" o recipientes, quienes se deben llenar con contenidos de narración y discursividad sin contexto ni historia. Sus características principales son:

a) El educador es siempre quien educa.
b) El educador es quien sabe, los educandos no saben. Es quien debe ser iluminado por medio del conocimiento.
c) El educador es quien piensa, los educandos son los pensados.
d) El educador es quien habla, los educandos quienes escuchan.
e) El educador es quien disciplina, los educandos son disciplinados.
f) El educador es quien elige y prescribe su opción, los educando siguen.
g) El educador es quien actúa, los educandos son los que tienen la ilusión de que actúan.
h) El educador es quien escoge el contenido programático, los educandos a quienes no se les pregunta ni escucha.
i) El educador identifica la autoridad del saber con su autoridad funcional e ideológica, la que opone antagónicamente a la libertad de los educandos.
j) El educador es el sujeto del proceso, los educandos objetos.

Estas características son equivalentes y producto a las utilizadas en la concepción clásica de la investigación en las ciencias sociales y humanas, en donde la sociedad y los nativos u "otros" son concebidos como objetos de estudio y no sujetos de derecho, donde se impone la visión de clase dominante sobre la silenciosa y pasiva actitud del observado, de quienes se habla en nombre del anonimato. Los productores de conocimiento científico, es decir los investigadores y su opinión, son de mayor consideración, relevancia y valor como autoridad intelectual que la de aquellos que son "investigados", cuya opinión es subordinada y en el mejor de los casos asimétricamente tomada en cuenta, cuando se supone que el que "sabe" de su sociedad es el que la vive y no el que la estudia. El investigador o científico social debe ser imparcial ante los hechos que observa y nunca intervenir ante la realidad, ni las necesidades de sus "objetos de estudio", perpetuando y contribuyendo así a la concepción de la "modificación cero", al quietismo y a la dominación. El Antropólogo Luis G. Vasco nos llama la atención a este respecto, hace décadas atrás traspasó las barreras de la ciencia colonial criticando contundentemente este tipo de investigación, afirmando y llevando a la praxis la noción de que la objetividad en las ciencias sociales puede ser una "trampa mortal", una trampa en la que el investigador se crea la ilusión de estar aportando a la ciencia y le es posible no involucrarse de ninguna forma con la realidad aislándose de esta y de quienes la viven, asumiéndolos como seres inanimados, escudándose en su condición supuestamente ética de ser imparcial y objetivo, cuanto más objetivo más científico, pero lo que sucede en el fondo es que está contribuyendo a eternizar la dominación; ya que al no involucrarse y no hacerse parte de la lucha de los más necesitados contribuye a soportar el modelo de dominación que lo preexiste.

A través de la historia de occidente, como hemos visto, la concepción "bancaria" de la educación ha "triunfado", ha sido "eficaz" y ha engendrado seres inanimados y alienados sin conciencia de clase y sumergidos en una visión fatalista de la vida. A su vez a producido investigadores perpetuadores de relaciones asimétricas de poder y opresores, que han justificado en un sinfín de oportunidades el producir conocimiento solo con propósitos científicos, propósitos estos que han estado al servicio de la realidad opresora y el sistema-mundo capitalista. Considerando este panorama histórico cultural y contrastándolo con la construcción del Socialismo del Siglo XXI que propugnamos la mayoría de los venezolanos, es pertinente hacernos varias preguntas a modo de reflexión:

¿Cuáles son las condiciones a la que estamos desafiados los venezolanos de nuestra época frente a esta realidad? ¿A qué estamos llamados los docentes e investigadores de lo social en el contexto sociopolítico que vivimos actualmente? ¿Qué compromisos estamos dispuestos a asumir? ¿De qué lado de la confrontación queremos estar? ¿A qué clase pertenecemos y consecuente con ello cuáles y con quién deben ser nuestros compromisos? Todo cambio sociocultural profundo requiere de una transformación estructural de la sociedad y de su cultura, pero los únicos verdaderos motores de ese cambio son los seres humanos, las estructuras e instituciones humanas no existen por si solas y subyacen a sí mismas. Hemos venido afirmando a lo largo de este ensayo la idea de que un pueblo, un país, una sociedad que busca el cambio necesita de seres humanos que se inserten críticamente en su realidad (Freire: 2007), la asuman y creen la posibilidad de transformarse a sí mismos, de allí el manar de la liberación, liberarnos a nosotros mismos y a nuestra sociedad, ello sólo puede lograrse a través de la acción cultural dialógica y revolucionaria. Según nos advierte Freire paso previo a una verdadera revolución cultural. Esta no puede darse al margen de la sociedad, ni solamente en lo individual. Solo en lo colectivo, en lo sociocultural, en el proyecto común es que esta verdadera transformación del ser es posible. Desarrollando un diálogo profundo y crítico con el pueblo, donde el liderazgo revolucionario abandone definitivamente su sombra y persecución de asimiliarse a su opresor. Dando paso a la liberación.

En nuestro país estamos sentando las bases para esa transformación cultural revolucionaria; El Plan Nacional "Simón Bolívar" 2007-2013, contiene los conceptos y es la guía teórico-práctica para la concreción de esta metamorfosis, cuyas líneas estratégicas son: la nueva Ética Socialista, aquí encontramos que el "proyecto ético venezolano propone una ética cívica exclusiva de una sociedad pluralista" donde el estado se adjudica la promoción y cumplimiento de "un conjunto de valores y principios que pueden y deben ser universalizables porque desarrollan y ponen en marcha la fuerza humanizadora que va a convertir a los hombres en personas y ciudadanos justos, solidarios y felices.", por lo que se han aceptado valores, principios y actitudes que son comunes a la humanidad los cuales están incorporados a dicho plan; entre ellos los "derechos de segunda generación: derechos económicos, sociales y culturales". La conciencia revolucionaria de la ética y la moral, nos dice, busca afianzar los valores como el amor, la corresponsabilidad moral, el ser colectivo, que invita al ser humano solo puede realizarse en los otros seres humanos, de allí tiene génesis "el sentimiento de solidaridad, de desprendimiento personal que debe tener todo revolucionario." (PPS: 2007, p. 20,21). El proyecto ético socialista tiene como misión: "la superación de la ética capital", centrándose en la "configuración de una conciencia revolucionaria de la necesidad de una nueva moral ética colectiva" (PPS: 2007, p. 16). Su segunda línea estratégica, la Suprema Felicidad Posible, es orientada como una "visión de largo plazo que tiene como punto de partida la construcción de una estructura social incluyente, formando una nueva sociedad de incluidos, un nuevo modelo social, productivo, socialista, humanista, endógeno, donde todos vivamos en similares condiciones" (PPS: 2007, p. 26). Hasta aquí encontramos una cantidad importante de elementos que nos llevan a considerar este Plan Nacional como una carta de navegación hacia la consecución de una sociedad socialista, en la cual se concentran elementos fundamentales impulsados por el gobierno bolivariano.

Sin embargo, son todavía muy grandes los retos y desafíos que los venezolanos como colectivo tenemos de cara a la realidad que nos aqueja. Entre ellas hay que mencionar la distancia que aun existe en lograr hacer efectivos muchos de los objetivos aquí planteados; uno de los factores que influye determinantemente en ello es la cultura burocrática y la falta de capacidad y compromiso investigativo con las necesidades del pueblo de muchos profesionales en distintas áreas. Además como ya hemos mencionado, la concepción "bancaria" y de colonialidad de nuestro sistema educativo. De otro lado, podemos mencionar la cultura "necrófila", actitud característica del opresor, en la cual la acción cultural antidialógica impera, que parafraseando a Freire impone: la invasión cultural, la conquista del otro, la manipulación y el dividir para oprimir.

Diversas son las formas de dominio y opresión del modelo de vida y sistema-mundo capitalista, el cual aun no ha sido derrotado, sus bases son firmes, ejerciendo un gran poder sobre una parte importante de nuestra población, específicamente la clase media y parte de la baja, aunque esclava y oprimida, alienada, permanece atada a esta situación e inmersa en la violencia del oprimido y el opresor. Es aquí donde los educadores, pedagogos, investigadores, artistas y la sociedad toda estamos llamados a tomar el liderazgo revolucionario, mediante la reflexión-praxis, establecer y asumir patrones de conducta que nos permitan contribuir a ese cambio, a esa revolución cultural. Es cierto que nadie salva a nadie, todos salvamos a todos, nadie libera a nadie, menos al que no se siente oprimido; por ello gran parte de nuestra tarea es aportar con nuestra conciencia a despertar conciencias pero no como palabrería, sino como obra y accionar concretos, no con falsa generosidad, sino con compromiso transformador y portador de libertad.

Nuestras bases sociales y culturales como pueblos libres fueron detonadas y borroneadas desde la época de la conquista, nuestra memoria cultural ancestral, de más de 35.000 años de historia, devastada, es por ello que reconocernos como seres históricos es fundamental para nuestro proyecto bolivariano, para nuestra liberación como clase del yugo de la explotación del hombre y la mujer por y para el hombre y la mujer. He ahí una verdadera lucha que por su puesto no es sólo académica pero donde la academia, el pedagogo, el sistema mismo educativo y el pueblo tienen un papel determinante, elemental como instrumento y práctica por y para la liberación con los explotados, sea cual sea nuestro puesto de trabajo o lugar de vanguardia. Nosotros los educadores, artistas revolucionarios, padres y madres de esta heroica y célebre tierra libertadora, los llamados a asumir nuestro rol de emancipadores culturales.

*Antropólogo y Artista Plástico

Reseñas Bibliográficas:
Freire, Paulo. (2008). Pedagogía del Oprimido. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.
Wallerstein, Immanuel. (2001). Abrir Las Ciencias Sociales. México: Siglo XXI Editores.

 



 

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