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Puerto Rico: Guardias,
caballos y torturas no detienen
la huelga
Jesús
Dávila
(NCM)
SAN JUAN, Puerto Rico, 24
de enero de 2011 – En un
intento por aislar el hasta
ahora imparable alzamiento
estudiantil, la Policía nacional
admite usar "profesionalmente"
técnicas de tortura al arrestar
a los huelguistas en tanto que
voces leales al Gobierno
promueven la idea de que el
Estado es invencible y que
derechos como la presunción de
inocencia no son otra cosa que
influencias paternalistas de
izquierda.
De esta forma, el conflicto en
la Universidad de Puerto Rico,
que comenzó por la oposición al
aumento en los costos de
matrícula, se ha convertido en
una batalla para determinar el
futuro de la democracia en esta
nación del Caribe nororiental,
equidistante de Guantánamo y de
Caracas.
Los más de cien arrestos de la
semana pasada no parecen haber
amilanado a los estudiantes, que
el pasado fin de semana llevaron
a cabo nuevos adiestramientos de
candidatos a desobedientes
civiles pacíficos a la vez que
aumentan sus contactos con
diversos sectores políticos,
sociales y religiosos para
ampliar su base de apoyo.
Además, logran golpes
espectaculares para romper el
cerco informativo, como las
protestas en Nueva York y la
irrupción en una presentación
del Gobernador, Luis Fortuño, en
la escuela de derecho de
Universidad de Valladolid,
España.
En ocasiones, el desigual
combate tiene escenas grotescas,
como cuando avanzan contra los
estudiantes las columnas
antidisturbios conocidas como
"Fuerza de Choque" con los
caballos de la unidad montada,
cuyos jinetes con armaduras no
siempre pueden controlar, o los
despliegues de fuerza bruta al
momento de arrestar
desobedientes civiles que se
sientan frente a las entradas
del Recinto de Río Piedras de la
UPR. Estos últimos casos
llevaron a los periodistas a
cuestionar su motivo al
comandante de la operación, el
coronel Leovigildo Vázquez,
quien explicó que los miembros
de esas unidades actúan
"profesionalmente" porque han
recibido unos adiestramientos en
los que aprenden "puntos de
presión para debilitar el
cuerpo" mediante "el dolor" que
sienten los jóvenes al ser
arrestados.
Además, luego de los arrestos,
los detenidos son trasladados a
cuarteles ubicados en zonas que
tienen cerca puntos de
contrabando de drogas, en los
que los jefes de las pandillas
dejan saber su incomodidad con
que la operación altere el
ambiente para sus negocios
ilegales.
La explicación sobre el
profesionalismo policial dada
por el Coronel Vázquez y el
envío de los detenidos a
cuarteles en ambientes
potencialmente hostiles cuadran
con la descripción en el
artículo 303 del Código Penal,
que tipifica el delito de
tortura como "causar
intencionalmente dolor o
sufrimientos graves, sean
físicos o mentales, a una
persona que el acusado tenga
bajo su custodia y control".
Pero tales escenas grotescas
palidecen ante discursos como el
del ex presidente de la propia
UPR y voz importante para
sectores conservadores de la
oposición autonomista, José
Saldaña, quien obvió los
orígenes de la presunción de
inocencia en las constituciones
de Occidente, que data de las
reformas en el derecho canónico
de los siglos XII y XIII. Díaz
Saldaña prefirió denunciar a
"una tendencia ideológica
independentista liberal de
izquierda" permitida en la UPR
por el entonces líder máximo
autonomista Luis Muñoz Marín,
que ha dejado como herencia el
"paternalismo" que influencia la
judicatura "que demuestra
mayoritariamente gran
predisposición a otorgarle el
beneficio de la duda a los
acusados".
Tales discursos no parecen
alterar el ánimo de sectores
profesorales que prefieren las
restricciones a las libertades
civiles al peligro de que
avancen los grupos de izquierda
y la preferencia estudiantil por
la "democracia participativa"
que usan sistemáticamente para
tomar sus decisiones. Esa
actitud contrasta con la de los
profesores que se oponen a la
decisión del Gobierno de
prohibir que se acepten
estudiantes nuevos para la
carrera de estudios hispánicos.
De igual forma, está por verse
cuál será el papel que
finalmente juegue el movimiento
sindical, muchos de cuyos jefes
apoyaron en el pasado nuevos
impuestos y no lograron cuajar
una resistencia duradera a los
despidos masivos de trabajadores
decretada por Fortuño, así como
lo que harán algunos sectores de
la izquierda que gestionan
espacios con los autonomistas y
hasta con el oficialismo
anexionista.
Se trata de un panorama
contradictorio y en el propio
anexionismo se ha provocado una
grieta tal que ha recibido un
apoyo inusitado la candidatura
para retar a Fortuño de un
médico que propone resolver el
conflicto universitario
negociando con los estudiantes y
estableciendo la educación
gratuita en la universidad del
Estado. De igual forma,
legisladores oficialistas
continúan sus contactos con los
cabilderos estudiantiles en
búsqueda de alguna fórmula que
ponga fin de una vez por todas
al conflicto y restablezca las
aportaciones del Gobierno a la
UPR, cuya merma provocó la
deficiencia fiscal artificial y
ha permitido que avance la
agenda de los que prefieren una
universidad más pequeña, más
endeudada y más cara.
En el autonomismo pasa algo
parecido y el poderoso alcalde
de la ciudad de Caguas, William
Miranda Torres, advirtió que ha
llegado el momento en que el
Gobierno de un "giro honorable"
a su política de eliminar el
nivel universitario del derecho
a la educación para convertirlo
en un privilegio, cosa que
sostiene está muy errada. El
alcalde del Valle del Turabo
estuvo acompañado por líderes
religiosos que proclamaron que
los estudiantes son "un regalo
de Dios", que están abriendo
para Puerto Rico "el camino de
la espera y la esperanza" y que
Cristo corría junto a los
estudiantes cuando eran
perseguidos a macanazos por la
Fuerza de Choque.
Ante el cuadro tan complejo, uno
de los principales sicólogos
clínicos del país, Jorge
Nogales, envió una carta
apasionada a la Primera Dama,
Lucé Vela, para que convenza a
su marido de que "las batallas
ideológicas que nos dividen no
deben librarse sobre los cuerpos
de nuestros jóvenes
universitarios". Nogales pidió
que el Gobierno presente "una
medida sencilla, pragmática",
como cuando en los años setenta
se logró desactivar la violencia
con sencillamente sacar del
campus principal al Cuerpo de
Entrenamiento de Oficiales de la
Reserva del Ejército.
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Gentileza:: Salvador Tio
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