|
La historia de amor del
pentágono y la primavera árabe
por Pepe
Escobar
Cualquiera que esperase que
la Primavera Árabe terminara
apoderándose del Golfo Pérsico y
de las tierras que otrora fueron
conocidas como Arabia Feliz
tiene suficientes motivos para
sumirse en la tristeza.
La contrarrevolución árabe es
más fuerte que nunca, encabezada
por la Casa de Saud y sus
acólitos monárquicos del Consejo
de la Contrarrevolución del
Golfo (CCG), conocido
oficialmente como Consejo de
Cooperación del Golfo. Y su más
precioso aliado es el Pentágono.
The New York Times lo oficializó
al distribuir la correspondiente
propaganda de la Casa Blanca y
el Pentágono. Si se considera
que al NYT le cuesta presentarse
como icono de la credibilidad
desde esos meses en 2002/2003
cuando su primera plana
pregonaba mentiras categóricas
sobre las armas nucleares de
Iraq y/o sus vínculos carnales
con al Qaida, habrá que traducir
las falacias.
La ulterior militarización del
contrarrevolucionario Golfo
Pérsico, -especialmente a través
de más soldados en el terreno en
Kuwait y más barcos de guerra–
se presenta como reacción a "un
colapso de la seguridad en Iraq
o un enfrentamiento militar con
Irán".
Nótese que las dos cosas son
meras vanas ilusiones. Las
fuentes marciales del NYT
insisten: "la retirada [de Iraq]
podría causar inestabilidad". El
hecho es que el gobierno de Nuri
al-Maliki en Bagdad
efectivamente puso de patitas en
la calle a los estadounidenses
(el Pentágono quería por lo
menos 20.000 soldados
estadounidenses en el terreno
después de finales de 2011).
De ahí la necesidad de
actualizar la neolengua del
Comando Central del Pentágono (CENTCOM),
así como el Plan B, una
grandiosa nueva "arquitectura de
la seguridad" para el Golfo
Pérsico atestada de material
aéreo y naval e incluso defensa
de misiles pregonada como una
anodina "huella post Iraq en la
región".
En cuanto a "la amenaza de un
Irán beligerante", intereses muy
precisos –sectores del complejo
industrial-militar, el partido
republicano en su conjunto, el
lobby de Israel, la mayor parte
de los medios corporativos– han
estado exhortando durante años a
un ataque contra Irán.
El general Karl R Horst, jefe
del estado mayor de CENTCOM, es
un gran fanático del "compromiso
para mejorar la capacidad y la
habilidad de los socios"
(traducción: lo que nosotros
decimos, vale). Presentó el
aumento del poder de fuego en el
Golfo Pérsico ante el NYT como
una suave estrategia al estilo
Hollywoodense "de vuelta al
futuro", concentrada en
"despliegues más pequeños pero
altamente capaces y el
entrenamiento de cooperaciones
con los militares de la región".
Traducción: muchas fuerzas
especiales, muchos drones y una
inflación de esas
"cooperaciones" que gustan tanto
al Pentágono y a la OTAN. Se
presentan como "medios más
eficientes para desplegar
fuerzas y maximizar la
cooperación con socios
regionales"; o la mejor manera
de "expandir relaciones de
seguridad", especialmente cuando
habrá "una aguda disminución de
la cantidad de analistas de
inteligencia asignados a la
región" (traducción: que los
"cabezas de turbante" hagan el
trabajo duro).
También ayuda que Qatar y los
Emiratos Árabes Unidos (EAU)
hayan demostrado su amor
ilimitado por la OTAN en la
guerra de Libia (Mientras
Bahréin y los EAU tienen
soldados en el terreno en
Afganistán). Esa disposición
árabe a complacer a los amos va
un paso más allá de la cantinela
estándar: "EE.UU. no abandonará
sus compromisos en el Golfo
Pérsico".
Para resumirlo todo; hay que ver
que el CCG es un anexo de facto
de la OTAN.
Tras la "seguridad de la
arquitectura"
Allá lejos en Tayikistán –donde
estaba examinando la no
proliferación de la Primavera
Árabe en Asia Central– la
secretaria de Estado, Hillary
Clinton, alentó lo que se filtró
posteriormente al NYT como una
"fuerte presencia continua" en
toda la región que "debe
liberarse de interferencias
extranjeras para continuar en un
camino hacia la democracia".
¿Significa esto que la mayor
militarización del Golfo Pérsico
es una reacción a la
interferencia estadounidense/saudí
que impide la democracia? No
puede ser así; alguien tiene que
reescribir el guión.
Todo este escenario era
previsible desde el momento en
que Washington llegó a un
acuerdo con Riad para consolidar
la contrarrevolución árabe; nos
conseguís una votación de la
Liga Árabe para poder eliminar a
Muamar Gadafi, y os damos mano
libre para hacer lo que queráis
en el Golfo Pérsico (Vea:
"Revelado el acuerdo entre EE.UU.
y Arabia Saudí, Rebelión, 2 de
abril de 2011)
Esto llevó a la invasión de
Bahréin por la Casa de Saud; a
que Qatar entrenara a rebeldes
de la OTAN en su propio
territorio mientras enviaba
fuerzas especiales qataríes a
Libia; y ahora a una "alianza de
seguridad multilateral más
fuerte" entre el CCG y el
Pentágono.
Para senadores los
estadounidenses perdidos en el
espacio, que pregonan que la
retirada de EE.UU. de Iraq será
interpretada como "una victoria
estratégica por nuestros
enemigos en Medio Oriente", todo
es normal. Pero otra cosa es ver
que el NYT sea suficientemente
ingenuo –o que básicamente trata
a sus lectores como si fueran
idiotas– cuando se traga la
línea propagandística saudí de
que Irán es "la amenaza más
preocupante" para todos los
miembros del CCG "así como para
el propio Iraq". Es como si el
periódico se publicara en Riad.
En realidad, la política
exterior del gobierno de Barack
Obama en Medio Oriente parece
que se dicta en Riad. Basta con
prestar atención a los medios
corporativos de EE.UU. que se
deshacen por besar el borde de
la túnica del nuevo príncipe
heredero en la Casa de Saud, el
príncipe Nayef bin Abdul Aziz.
Nayef, de 78 años, apoyado por
el no va más del medievalismo y
de las fuerzas
contrarrevolucionarias que
maldicen esta Primavera Árabe,
es esencialmente el inquisidor
jefe de la Casa de Saud. Desde
1975 ha dirigido el aparato de
seguridad en el Ministerio del
Interior que, junto a la Guardia
Nacional entrenada por EE.UU.,
fiel al feble rey Abdullah, de
87 años, son los organismos
mejor armados de Arabia Saudí.
Nayef es el Darth Vader de una
fuerza militar de 130.000
hombres, toda la policía
nacional y local, aduanas,
inmigración, guardacostas,
guardas fronterizos y la temida
policía religiosa. La reacción
de su ministerio a la Primavera
Árabe ha sido una represión
ininterrumpida. Cualquier
sospechoso de que intenta
iniciar una manifestación
política, ni hablar de un
movimiento, es arrestado; eso
incluye a jóvenes que suban
vídeos a YouTube.
Hay por lo menos 20.000 presos
políticos en las cárceles
saudíes. Desde abril, es ilegal
"amenazar la seguridad nacional"
o "insultar al Islam"; Nayef fue
responsable de la vaguedad de la
nueva ley y todo lo que implica.
Cualquiera que trate de Ocupar
Riad u Ocupar Jeddah será
decapitado.
Sin embargo, para sus
innumerables admiradores de
Washington, que contemplan
radiantes su currículo de 36
años de contraterror, Nayef es
un "pragmático conservador". Es
su denominación oficial desde
que la reveló un cable de 2009
de WikiLeaks procedente del
Departamento de Estado.
No es sorprendente que en
Washington adoren a Nayef. Su
Santísima Trinidad son
Washington-Riad unidos por la
cadera; su odio contra Irán y
los chiíes en general (incluso
chiíes saudíes); y su compromiso
con la guerra contra el terror
con al Qaida.
Nadie habla de su odio visceral
a los derechos de las mujeres, o
de su odio visceral a todo lo
que sea democrático; es cuando
es útil la etiqueta de "social
conservador". Al comienzo de la
Primavera Árabe, Nayef desestimó
a los tunecinos como
"básicamente franceses" y a los
residentes de El Cairo como
"urbanitas sospechosos". Los
únicos verdaderos árabes eran
saudíes; la democracia, como la
ven (o como la Casa de Saud la
ve para ellos), es para
mariquitas.
En la política interna de la
Casa de Saud, el reino de la
intriga palaciega de machos del
desierto que gustan de teñir de
negro sus bigotes, los máximos
oponentes de Nayef no son sus
hermanos, los poderosos siete
Sudayri, que ahora son cinco
(después de la muerte del rey
Fahd y recientemente del
príncipe Sultan), llamados por
la tribu de su madre Hassa, la
esposa favorita de Ibn Saud.
A pesar de todo la gerontocracia
es el nombre del juego: las
condiciones de salud de los
hermanos Bandar, Musaid y
Mishaal son atroces. En cuanto
al hermano Salman, gobernador de
Riad, le gusta posar como
periodista, como propietario del
periódico Asharq al-Awsat.
Los principales oponentes de
Nayef son los sobrinos de Ibn
Saud, comenzando por el astuto
ex embajador en Washington
Bandar bin Sultan, también
conocido como Bandar Bush; el
príncipe Talal, padre del
multimillonario príncipe al-Waleed;
el viceministro de defensa
Khaled bin Sultan; y el príncipe
Turki al-Faisal, ex jefe de
inteligencia en los años ochenta
y ex amigo de Osama bin Laden.
Ninguno de ellos constituirá una
amenaza para Nayef; lo que
importa en la Casa de Saud es la
supervivencia de la dinastía.
Mientras el rey Abdullah se
prepara para encontrar a su
creador, el Pentágono no podría
encontrar un socio regional más
confiable: el Gran Inquisidor
Nayef.
La OTAN pronto regirá sobre todo
el Mediterráneo como su propio
lago. AFRICOM se implanta cada
vez más profundo en África.
CENTCOM gobierna el Golfo
Pérsico remolcando al CCG. La
democracia es para mariquitas;
no hay negocio como el negocio
de la "arquitectura de la
seguridad".
Fuente: Asia Times On Line
Gentileza:: Pica
[pica@cubarte.cult.cu]
paginadigital |