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Antítesis del cambio
Jesús
Salamanca Alonso
El socialismo recoge lo que
ha sembrado durante el septenio
negro al que nos ha condenado.
¿Rubalcaba representa el cambio?
Nos hemos vuelto locos. Y si él
lo dice, entonces el loco es él.
El señor Rubalcaba -- como a él
le gusta que le llamen --
representa la antítesis del
cambio. No hay duda que es el
típico "más de lo mismo o
incluso peor". Hizo un daño
tremendo con la LOGSE, llegando
a decirnos en el bar lo
contrario de lo que decía en el
Consejo Escolar del Estado; no
se enteró -según él-de los
enterramientos en cal viva de
Lasa y Zabala; tampoco tiene
nada que ver en el caso
'Faisán', siempre según sus
palabras.
¿Quién cree en este extraño
personaje a estas alturas de la
película? Hasta la rosa se ha
marchitado con tanta mentira,
tanta grosería, exceso de
desfachatez, ruin
comportamiento,… No hay duda que
los pétalos rosáceos son ahora
alimento de la gaviota azul. Ni
el rojerío cree en el color rojo
de los escenarios sociatas,
ahora azulados por imitación y
consejo asesor. Las huestes
socialistas no saben a qué
atenerse ni el señor Rubalcaba
sabe cómo contentarlas,
estimularlas y capitanearlas. El
socialismo recoge lo que ha
sembrado durante el septenio
negro al que nos ha condenado,
incluso condonando deuda a los
más inadecuados y concediendo
euros a manos llenas a quienes
no lo merecían.
Las huestes del señor Rubalcaba
carecen de perspectiva cercana;
no tienen propuestas
significativas; nada tienen que
ofrecer a la sociedad que tanto
les detesta y a la que han
mentido un día sí y otro
también. No puede haber votante
que confíe en semejantes
mentirosos. Eso que llaman "el
cambio" ya está gastado. Si el
señor Rubalcaba representa el
cambio,… ¿a qué se ha dedicado
estos años tan negros para
España y tan dañinos para cinco
millones de españoles? ¿Qué ha
hecho durante el septenio negro
del zapaterismo bobalicón?
Ni el señor Rubalcaba ni su
gente tienen ideas frescas. Tan
solo traslucen confusionismo,
afán de poder, falsedad y
mentiras. No tenemos duda de que
están deseando que pase cuanto
antes el 20-N. Ni siquiera les
queda fuerza para revertir la
situación porque saben que esta
vez están vigilados para que no
suceda lo que aconteció en aquel
marzo negro de hace dos
legislaturas. Se saben
controlados. Y desde un sector
de la prensa se saben
perseguidos y advertidos. Ha
caído tan bajo el socialismo que
es motivo de mofa, escarnio y
ridículo; al fin y al cabo
recogen lo sembrado. Es tanto el
daño hecho a la sociedad
española que, cuando se habla
del Gobierno 'zapatético',
resulta que nadie votó PSOE; a
eso se llama vergüenza,
decepción,… pero también miedo.
Zapatero es el culpable pero esa
culpa también tiene otros
partícipes; son los que han
aplaudido el fracaso del
Gobierno más ruin y mediocre de
la era democrática española.
Cuando se marchen de la escena
política, nadie echará en falta
a los seguidores de Trinis,
Pepiños, Pajines, Sebastianes,
Rubalcabas, Bibianas, Zerolos y
demás 'ganado' impresentable. Y
no solo no les echaremos de
menos sino que sería deseable
que desaparecieran de la escena
política; ni siquiera merecen
estar dormitando en la oposición
al Gobierno. Son ellos
precisamente quienes han llevado
a la derrota del PSOE y a que
esas siglas sean denostadas por
el sentido común de la
ciudadanía.
De todos es sabido que estas
elecciones que tenemos próximas
debieron celebrarse hace año y
medio. El PSOE está fundido. El
señor Rubalcaba está acabado.
Sus seguidores están aturdidos y
la sociedad está desengañada.
Pero, a pesar de eso, siempre
habrá una corriente analfabeta
que votará socialismo, aun
sabiendo que es la condena al
paro, a la crisis permanente, a
la mentira, a la corrupción, al
engaño de Estado, al amiguismo
con la 'serpiente' vasca y a
seguir los vericuetos de la
ruina moral y material, incluso
al fin de la convivencia
pacífica.
Una vez que desaparezca el
socialismo del Gobierno hay que
echarse el país al hombro.
Reformar cuanto haya que
reformar. Dejar a un lado el
sindicalismo de clase y, si es
preciso, tenderles un fuerte
cordón sanitario para evitar
daño a las reformas
estructurales y laborales.
Trabajar duro para que
desaparezca el modelo sindical
actual, cercenando las
subvenciones y profesionalizando
el sindicalismo. Abramos la
Constitución si es preciso y
cambiemos cuanto haya que
cambiar al respecto.
Difícilmente podrán hacer más
daño de lo que ya han hecho.
Gentileza:: Jesús Salamanca
Alonso
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