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El Amasijo
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Cuando la Suerte es Mezquina -
(Parte II), Por John Argerich
 
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El amasijo
Cuando la suerte es mezquina. - (Parte II)
Por John Argerich
Resumen de lo ocurrido antes
Esta es la historia de un pelado, Carlitos Pitaluga, “el peluca”, que le
decían en la barra. Llevó una vida azarosa, terminando en Malmö, como tantos
desgraciados que toman sol los domingos en el Folkets Park. Y como para
muestra basta un suspiro, relataremos su vida a grandes rasgos. Primero se
metió en amores con una italiana, después cursó el seminario, con el noble
ideal de servir a los Capuchinos del Sagrado Corazón. Circunstancia en la cual
se entreveró con unos frailes barbudos que tocaban la guitarra. Así dio con
sus huesos en la lista de indeseables del gobierno nacional. Porque cuando
mandaban los salvadores de la patria, usar barba era suficiente para que te
metieran cien años en cana. Por fin, acabó desembarcando en el aeropuerto de
Arlanda, y corrido por el frío echó raíces para siempre en la malmitana Nydala
Torg. Pero cuando unos gitanos que vendían baratijas le echaron una maldición,
se encontró con el demonio. Piña va, piña viene, por fin tuvo que jurarle
obediencia eterna para piantar del compromiso. Como ocurre con los cheques
voladores o la tarjeta de Visa. O sea salir del brete contra promesas
imposibles, que si te las tomás a pecho acabás en la heladera. O en la quinta
del ñato, un decir. Todo por una bagatela: Que al saltar de un avión no se le
abriera el paracaídas. Otra vuelta empieza a estudiar química, y en el
laboratorio hay una explosión. Queda enterrado bajo los escombros, y una
enorme puerta de hierro que se le cae encima, está por hacerlo mozarella. En
eso, se oyó una voz conocida.
Lo que pasó después
-¡Siempre metiéndote en líos, negrura! –dijo Satán- No te llamé antes con el
despelote que es la costa altlántica, ahora que el minaje agarró confianza, y
algunos ejemplares se aparecen en topless. Pero vengo a salvarte porque
necesito personal de confianza.
-Cuente conmigo, jefe, pero sin olvidar ese portón, que se me viene al humo
con pésimas intenciones.
Lucifer le echó un vistazo, y levantando una mano peluda dijo:
-¡Portoncito, portoncito, conviértete en pajarito!
Entonces un diablo disfrazado de canario se posó suavemente en el hombro de
Carlitos Pitaluga, susurrándole al oído:
-Abrí los ojos, pebete, que ya superamos el balurdo...
A partir de ese momento, el contacto del Peluca con los infiernos fue
cotidiano, y el hombre resolvía con solvencia los encargos que le iban
haciendo sus nuevos empleadores. A cambio de eso, una vida reglada, como en
las películas norteamericanas.
-Rompéle todos los vidrios de la iglesia al cura, así se tiene que patinar las
limosnas que amarrocaba para arreglar el techo, y la clientela se raja a los
evangelistas.
-Como Vd. mande, don Luci.
-Además, ponéle un cartel que diga “Prostíbulo” en la entrada de la sacristía.
-Buena idea, señor.
Y por fin, llegan los momentos culmianntes de esta historia. Lucifer quería
ser obispo, para darles un golpe de muerte desde adentro a los malditos
cuervos reblandecidos. Luego, vendría apoderarse del papado, y la victoria
final.
-Te presentarás a todos los concursos de preguntas y respuestas que dan por
televisión, y los ganarás con mi ayuda, así te haces fama de sabio. Después
vendrán preguntas de religión, y les das una mano de bleque a sus creencias.
La respuesta será invariable: “Si un sabio así lo dice...” Entonces perderán
sus adeptos, y quedaremos dueños de todas las conciencias. ¿Te gusta el plan?
-Me parece genial, don Luci...
-Transmite LF 45 TV, canal 2 de Paraná, Entre Ríos, por atención de Yerba Mate
“La Sudestada” –dijo un locutor con corbata de moñito- Les presento al
conocido intelectual argentino don Carlos Pitaluga, quien para demostrar la
amplitud de su cultura, responderá a todas las preguntas que le haga el
respetable público, sobre materias de cualquier carrera que se dicte en la
Universidad del Litoral.
Cuando apareció el concursante, fue recibido con un aplauso cerrado.
-La primer pregunta, por mil dólares –dijo el locutor.
“Con yerba La Sudestada,
nadie toma naranjada...”
-entonaba un coro de señoritas.
-Cuál es la fórmula del ácido sulfúrico?
- H2 SO4
-¡Muy bien, Señor Pitaluga! ¿Otra pregunta por el doble, o nada?
-Acepto.
-No esperábamos otra cosa... Dígame entonces: ¿Cuándo nació Pitágoras?
Y la respuesta fue contundente:
-No hay certeza, pero se cree que en el año 582 antes de Cristo.
-¡Muy bien, señor!
Y el coro festejaba cada intervención, con el cantito de la firma
patrocinante.
“Con yerba La Sudestada,
nadie toma naranjada...”
-¿Seguimos con el interrogatorio?
-¡Metalé manija, che!
-¡Qué nivel de ilustración, y qué dominio de sus nervios! ¡Otro aplauso para
el concursante, que estamos haciendo historia señores...!
Así pasaron las dos horas del programa, y cuando faltaba una sola pregunta
para el gran final, se hizo un paréntesis hasta el sábado siguiente. Un día
memorable en que concurrirían personajes del mundo universitario,
investigadores famosos, y el presidente de la República con su gabinete
ministerial.
-Andá tranqui, Peluquita, que yo voy a estar al lado tuyo, si te apuran –dijo
Lucifer.
Por fin, llegó el gran día. Los granaderos hacían guardia junto al portón, y
cuando apareció la comitiva presidencial, un clarín rompió el silencio con los
compases de la marcha de Ituzaingó. Hubo fuegos artificiales, y los
reflectores horadaban las entrañas de la noche.
-Ha llegado el momento crucial de este concurso. –dijo el presentador- ¡Un
millón de dólares o nada!
-Acepto el desafío –respondió el Peluca, sacando pecho.
“¡Con yerba La Sudestada,
nadie toma naranjada!”
-repuso el coro, creando ambiente.
-Y ahora la pregunta del millón. Dígame, don Pitaluga: ¿De qué color era el
caballo blanco de San Martín?
Lindo menjunje. Si era de cualquier color no era blanco, y si era blanco no
podía ser de ningún otro color. De una forma u otra, ese problema no tenía
solución. El presidente de la República se revolvía incómodo en su butaca, los
granaderos transpiraban, y el clarín se llamó a silencio. Viéndose en
semejante brete, el protagonista de este drama le pidió ayuda a Lucifer. Mas
como dice el refrán, el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo. Y
viendo que las cosas pintaban negras se hizo humo, dejándolo al Peluca
bancarse la tormenta. El desenlace no debe sorprenderlo, amigo lector. ¿Qué
esperaba Vd. de semejante crápula?
THE END
La serie quincenal “El amasijo” se publica regularmente en medios virtuales e
impresos de diez países.
Copyright: John Argerich, 2010
All rights reserved.
e-mail:
corrmalmo@hotmail.com
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Gentileza:: luisbuero [
luisbuero@tutopia.com]paginadigital
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