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La salud: pilar del
desarrollo y derecho humano
básico
Javier
Ramírez
La salud es un derecho
humano que en los países en
desarrollo depende en gran
medida de la ayuda
internacional.
Luchar contra las enfermedades
implica la firme e irrevocable
voluntad política de poner la
salud al alcance de todas las
personas. Pero salud entendida
no sólo como ausencia de
enfermedad, sino, tal y como la
define la Organización Mundial
de la Salud, como un estado de
completo de bienestar físico,
mental, espiritual, emocional y
social.
El compromiso incondicional de
garantizar la salud de los
pueblos y erradicar el hambre y
la miseria en el mundo,
expresado en los Objetivos de
Desarrollo del Milenio, es algo
inédito en la Historia de la
Humanidad. En los últimos 30
años se han producido mejoras
significativas en los datos de
salud, si bien estos avances son
muy desiguales, varían mucho
tanto de unos países a otros
como en el interior de las
sociedades.
La mayoría de los ciudadanos del
Norte sabe que es muy probable
que vivamos más allá de los 80
años, mientras que los
ciudadanos y las ciudadanas del
África subsahariana saben que
apenas llegará a los 50 años.
Sin embargo, no deja de
sorprendernos la longevidad que
presenta la élite gobernante de
los países empobrecidos –al
menos, una decena de jefes de
Estado africanos tienen una edad
comprendida entre los 70 y los
83 años –, que si bien no
refleja la realidad de este
continente, sí demuestra que la
esperanza de vida de estos
países puede y debe situarse muy
por encima de la actual.
La mayoría de los problemas de
salud son atribuibles a amplios
y determinantes factores
sociales: pobreza, exclusión
social, desnutrición o
desempleo. Pero no podemos
olvidar los problemas derivados
de los daños causados al
medioambiente (contaminación por
desechos industriales y
domésticos), la baja
escolarización, el trabajo
precario y mal pagado; el
aumento del tabaquismo y el
alcoholismo y las relaciones
sexuales, con o sin riesgo, cada
vez más precoces.
La desigualdad en los ingresos
se traduce en millones de
personas que viven ahogados por
los costes prohibitivos de las
consultas, de los cuidados
médicos y de los medicamentos. A
lo que se añade la insuficiencia
y, a menudo, ausencia de
servicios de urgencias (en
América Latina y Caribe, 230
millones de personas, el 46% de
la población, carece de
cualquier seguro en salud).
Mientras, la comunidad
internacional sigue siendo
prolija en adquirir compromisos
que no termina por cumplir,
tanto en el espacio de la
cooperación en general, como de
la salud en particular.
Desde la perspectiva de los
Derechos Humanos, tanto los
países donantes como los países
socios de nuestra cooperación
tienen el deber de salvaguardar
la dignidad humana, tomar en
consideración a los grupos más
vulnerables de la sociedad,
garantizar que los servicios
sanitarios sean accesibles para
todas las personas, que las
políticas y programas de salud
aborden las diferencias de
género, que se garanticen la
igualdad y la libertad frente a
toda discriminación y la
participación significativa,
libre y efectiva de la
ciudadanía destinataria de los
programas de salud en las
decisiones que les atañen.
Deben, además, promover y
proteger el derecho a la
educación y a la información.
Esta concepción del Derecho a la
Salud fue consagrada por 134
países y 67 organizaciones
internacionales en 1978, en la
Conferencia de Alma Ata; Hace
más de 40 años, pero sigue sin
cumplirse en una amplia parte
del planeta.
En Médicos del Mundo llevamos a
cabo nuestra labor de combatir
todas las enfermedades, con la
convicción de que nuestro marco
de acción son los derechos
humanos: por eso también
combatimos las injusticias que
van asociadas a su violación.
Javier Ramírez
Responsable de Incidencia
Política de Médicos del Mundo
Gentileza: CCS
[ccs@solidarios.org.es]
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