|
Algas que nutren
La comunidad científica ha
expresado su alarma por la
sobreexplotación pesquera. Los
vertidos tóxicos y la extinción
de especies marinas son temas
que preocupan al hombre,
responsable de la degradación de
la flora y fauna marina.
El mercado busca soluciones en
el mismo lugar en el que se
produce el impacto. El volumen
de las inversiones de las
grandes compañías petroleras en
el campo de la cría de algas
marinas destinadas a producir
biocombustibles crece de manera
exponencial. De forma
paradójica, estas mismas
empresas han provocado la
contaminación actual de los
mares. Ahora, cuando las
reservas de combustible fósil
están a punto de agotarse,
vuelven la cara al océano,
dispuestas a continuar la
explotación. Buscan nuevos
beneficios económicos a costa de
establecer un nuevo monopolio en
la explotación de un recurso
natural presente en todos los
mares y al alcance de todos. Los
gastos en investigación
biotecnológica, basada en las
posibilidades ofrecidas por las
maquinarias celulares de las
algas, son elevados, y las
grandes transnacionales no están
dispuestas a compartir su saber
para un reparto más equitativo
de las oportunidades de
progreso. Perpetúan así
estructuras de poder que privan
a los más desfavorecidos de
nuevas oportunidades de
desarrollo real.
La FAO señalaba hace unos años
las posibilidades de mejora
económica para los países
empobrecidos con la acuicultura
de las algas. Si se implementan
programas de desarrollo
adecuados, las economías locales
de las zonas costeras más
deprimidas pueden encontrar en
ellas un recurso en el que
apoyar su crecimiento. Para
establecer empresas de
recolección y procesado de
ciertas especies, como el alga
kelp, no se precisa una elevada
inversión inicial. Su
utilización en la producción de
piensos, fertilizantes y harinas
de uso alimentario puede jugar
un papel decisivo en la
reactivación de los flujos
económicos a pequeña escala si
se estimula a los pequeños
empresarios y se les capacita
técnicamente para trabajar en
este campo.
El dato más relevante acerca de
las algas es que se pueden
comer. De las 25.000 especies de
algas, 50 son aptas para el
consumo. El ser humano las ha
comido desde siempre: hay
documentos que prueban su
presencia en las mesas chinas
del siglo VI a. C. Su aceptación
como ingrediente obedece a
cuestiones culturales, pero no
se deben de menospreciar sus
cualidades nutritivas. Las algas
son muy ricas en minerales y
proteínas. El siglo XXI no ha
desterrado aún la grave realidad
del hambre y las algas no van a
solucionar el problema, pero se
debería valorar el papel
decisivo que pueden tener en la
lucha contra la malnutrición.
Mujeres embarazadas y niños
podrían beneficiarse de esta
nueva tecnología.
Los organismos internacionales
tienen la oportunidad de
trabajar para hacer posible el
acceso barato a este recurso si
fomentan políticas de I+D en el
sector en países empobrecidos.
Si instituciones como la FAO o
la OMS menoscaban las
posibilidades de las algas,
serán las grandes compañías las
únicas que se que sirvan de sus
ricas propiedades. Los mares,
acorralados por el hombre y
generosos a la vez, parecen
tener una respuesta flotando en
sus aguas. Es necesario
recogerla.
En los países occidentales, las
algas se cultivan para
satisfacer la industria
alimentaria. Sus propiedades
permiten la producción de
cosméticos y fármacos; se
emplean, entre otras
aplicaciones, como suplementos
dietéticos y en la industria de
las gomas industriales. Se
investiga para optimizar la
obtención de biocombustibles
mediante su procesado. Por su
particular morfología tienen la
capacidad de tolerar la
retención de metales pesados,
tóxicos, en su organismo. Así
contribuyen a eliminarlos de las
aguas. Expiran una gran cantidad
de oxígeno, muy beneficiosa para
la atmósfera, y el aporte de
insumos para su cría es mínimo.
Muchas ventajas que aún no todos
podemos disfrutar.
Juan Fernando Jiménez Daroca
Periodista
ccs@solidarios.org.es
Centro de Colaboraciones
Solidarias (CCS)
ccs@solidarios.org.es
http://ccs.org.es/
Gentileza: CCS
[ccs@solidarios.org.es]
paginadigital |