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Argentina: ‘La producción de
alimentos tiene que ser local’
Juan
Nicastro
Noticias Aliadas *
Adital -
Claudia Giaccone es
ingeniera agrónoma y delegada de
la Oficina Regional Sur de la
Subsecretaría de Agricultura
Familiar de la Provincia de
Santa Fe, una de las principales
áreas agrícolas de la Argentina.
Desde 1996 los sucesivos
gobiernos han promovido la
siembra de soja transgénica,
pero no todos los sectores del
Estado comparten este criterio.
En conversación con Juan
Nicastro, colaborador de
Noticias Aliadas, Giaccone
relata cómo se busca una
alternativa trabajando en
conjunto con pequeños
productores, repasa las
dificultades a superar y
aventura para el futuro un
pronóstico complicado pero con
oportunidades de cambio.
-¿Qué actividades desarrolla la
oficina que usted dirige?
-Estas delegaciones son muy
nuevas, nosotros empezamos en
abril del 2009. Queremos
recuperar la agricultura
familiar, desterrar el mito de
que no hay agricultores
familiares, vamos pueblo por
pueblo donde hay decenas de
horticultores que son los que
antes proveían a las localidades
y ahora están desplazados por
mercados concentradores muy
grandes, que venden alimentos
traídos de lejos.
Estamos buscando a aquellos que
tenían huertas, rescatándolos
para que produzcan de manera
agroecológica, ponemos ferias
alternativas. Sé que es algo muy
complicado, todos dicen que el
mercado se los va a comer, pero
intentamos concientizar a la
gente de que ellos pueden tener
productos alimenticios sanos al
lado de su casa y así abandonar
los que vienen de lejos y llenos
de conservantes. Estamos
promoviendo las ferias de
horticultores, ayudando a los
productores de huevos, criadores
de cabras, gallinas, cerdos,
etcétera.
-¿Qué se siembra ahora en esas
huertas?
-Se siembra soja. Es un modelo
extensivo de producción de
alimentos, con un sistema
tecnológico muy aceitado, muy
fácil para el productor, de alta
rentabilidad, que realmente ha
significado números fuertes en
las exportaciones, en las
divisas, en la balanza de pagos,
un ingreso al país.
Sobre la soja no se hablaba
tanto hasta el debate grande que
se armó en torno a la disputa
por las regalías en marzo del
2008 [paro de los productores de
soja en protesta contra el
aumento de las retenciones a las
exportaciones]. Allí salieron a
la luz muchas aristas que tiene
este modelo de producción, y
creo que es muy sano ahora,
después de esa crisis, empezar a
discutir el uso de la tierra, si
la tierra es un recurso natural
o es un bien social, si los
recursos son públicos cómo hay
que manejarlos, y que todos
tenemos un poco de
responsabilidad sobre eso, ya
que la propiedad privada tampoco
es de derecho absoluto o
intocable, que hay fines y
utilidades públicas que están
por encima.
Después de esa crispación y
discusión tan fuerte que hemos
tenido, ahora [la cuestión] se
va decantando y nos está
poniendo a pensar de qué manera
-porque tampoco es fácil-
podemos ir reconvirtiendo las
facetas más problemáticas de
este modelo, sin afectar lo que
dentro del país es una de las
variantes de producción; por eso
la discusión sobre la extensión
de las fronteras agrícolas, ya
que para eso hay que
desforestar, o discutir el uso
de sustancias químicas, que se
ha comprobado que son nocivas
para la población y para los
animales. La crisis tiene que
servir para discutir más a
fondo, adultamente. Y toda la
comunidad, no sólo los
afectados.
-¿Los cultivos orgánicos son una
alternativa?
-Sí, de a poco estamos
trabajando en nuevas leyes para
la provincia. Una propuesta
pretende reconvertir el sistema
de producción agropecuaria en su
totalidad, admitiendo que es muy
difícil. Sabemos que va a tener
que ser por etapas, y que es un
proceso, porque este sistema
tecnológico de la soja tiene un
alto grado de infiltración
cultural, si lo vas a suplantar
por otro debe tener la misma
facilidad de incorporación en
los productores, en todo el
sistema comercial y de
servicios.
Va a ser muy difícil, pero para
empezar a discutirlo serviría
otra ley, de cinturones
periurbanos agroecológicos. Se
trata de que cada localidad
tenga alrededor de su radio
urbano un cinturón de 500 metros
de ancho donde cualquier
producción sea cultivada con
sistemas agroecológicos, pero
sobre todo de alimentos, porque
el objetivo es la soberanía
alimentaria, la diversidad,
calidad y cantidad de los
alimentos. Se puede; sabemos que
lleva más mano de obra y menos
rentabilidad, pero hemos de
trabajar para que la gente
entienda que los modelos
rentísticos traen malas
consecuencias.
Hay que aprovechar la evidencia
de la crisis climática, de la
cual hoy ya todos nos dimos
cuenta, no sólo las agrupaciones
ecologistas. Este emergente nos
da la oportunidad de
preguntarnos qué estamos
haciendo con nuestro planeta. Y
estos cinturones productores de
alimentos nos ayudarían a
recuperar la concepción de que
la producción de alimentos tiene
que ser local. Porque a la vez
de tener los alimentos al
alcance de tu mano, cercanos a
los hogares, también se crean
nuevos puestos de trabajo,
ocupando mano de obra local,
logrando cumplir también el
objetivo de que cada comunidad
sea motor de su propio
desarrollo.
-¿Cómo se implantarían estos
cambios?
-No se pueden implementar
velozmente ni de forma
conflictiva; será de a poco. Ya
hay dos comunidades en esta
provincia con ordenanzas en este
sentido, San Genaro y San Jorge,
planteando un cinturón de 500 m.
para cultivos agroecológicos, lo
que significa que allí no se
puede fumigar con agrotóxicos.
Son oportunidades que no debemos
perder, hay que discutir con
madurez y con sinceridad,
develando muchos estudios y
datos que no tienen mucha prensa
pero que hay que conocer.
Yendo pueblo por pueblo, allí
nos encontramos con aquella
persona que vive lindante a un
campo sojero y no puede tener ni
una flor en su casa, ni una
planta en su vereda porque se le
muere. Y ni hablar de
agricultores familiares con
malpariciones en sus vacas,
hijos nacidos con
malformaciones, etc. El daño que
se está sufriendo es muy
evidente.
Los cambios debemos hacerlos
entre todos, no es contra los
productores de soja, es por
ellos también porque igualmente
conviven con estos tóxicos, y
sus hijos y conciudadanos sufren
las consecuencias. Habrá
entonces que avanzar, sin perder
este discurso de la
productividad, del mercado
externo, de industrializar los
productos que nuestra tierra nos
da, pero analizando de qué
manera vamos a trabajar, con qué
sustancias y cómo priorizamos
también a los excluidos del
campo, miles de productores sin
tierras. En este trabajo, si se
van incorporando todos los
actores, uno puede ser muy
optimista.
* Servicio Informativo sobre
América Latina y el Caribe
producido por Comunicaciones
Aliadas
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