Los siete locos, de Roberto
Arlt, Adaptación y Dirección:
Omar Aita.
Por Susana
Weingast
Abril 2009
En el Centro Cultural de la
Cooperación de la ciudad de
Buenos Aires, Argentina, se
presenta la obra “Los siete
locos” del autor argentino
Roberto Arlt, con adaptación y
dirección de Omar Aita.
Los siete locos es una novela
editada en el mes de octubre de
1929, en la cual se desarrollan
algunos de los problemas
planteados por el
existencialismo filosófico, la
soledad, asuntos morales y la
desolación por la muerte.
Es también una crítica social a
la Argentina de los años 30
donde se muestra la angustia en
la que se muestra a un hombre
que no logra entender de dónde
viene, que tiene momentos con
fisuras de orden social, dando
en sus escritos una perspectiva
sarcástica, llena de cinismo y
desesperanzade la sociedad.
Los conflictos planteados se van
desarrollando en el transcurso
de la obra mientras los
personajes interactúan como
entes plagados de ese
sufrimiento
Actúan: Pablo Iemma (Erdosain),
Julio Ordano (El Astrólogo),
Andrea Juliá (Prostituta –
Elsa), Coni Marino (Prostituta –
La Coja ), Darío Levy (Barsut),
Enrique Papatino (El Rufián
Melancólico), Marcelo Sánchez (Ergueta),
Cecilia Kruchoski
(Prostituta – Luciana Espila),
Claudia Pereira Obando
(Prostituta – La Vizca ),
Federico Aimetta (Capitán –
Bromberg – Buscador de Oro –
Macró – Director), Gustavo Pardi
(Policía – Eustaquio Espila –El
Mayor), Hernán Vázquez (Policía
– Emilio Espila – El Abogado)
La obra cuenta con el auspicio
de la Comedia de la Provincia de
Buenos Aires y el Taller de
Teatro de la Universidad
Nacional de La Plata.
La adaptación respeta el momento
histórico y el orden en el que
se desarrollan los
acontecimientos: con contenidos
dramáticos, con personajes
crudos, oscuros, y en constante
rebeldía.
Con escenas o módulos de acción
unidos apenas por la luz o por
la entrada o salida de los
personajes y con una
escenografía que marca espacios
esta puesta de “Los siete locos”
es una obra simbólica sobre la
sociedad argentina y la
condición humana en un mundo que
se va desmoronando.
Sus personajes hablan de todas
las bajezas, falsedades, sueños,
angustias, verdades simuladas,
de amores incapaces… y por fin
de una revolución basada en una
gran mentira.
La ambientación, marca el uso
acentuado de los contrastes, lo
deforme y la percepción
distorsionada, la alienación, el
aislamiento, con escenas o
módulos hilados entre sí deja de
manifiesto que las escenas son
escenas, se arman ante los ojos
del espectador y se ilumina el
espacio que debe atenderse y en
la penumbra se mueven los que
desarman.
La excelente iluminación, que
juega un papel importante en
cada escena, es de Soledad Ianni
y la escenografía, con elementos
movibles que marcan los
espacios, pertenece a Carlos Di
Pasquo. Muy bueno el vestuario
de César Drago. El maquillaje
estuvo a cargo de Camila Aita ,
la música de Martina Vior y la
violencia escénica de Leandro
Aita.
Esta obra es muy difícil de
representar teatralmente, pero
su director, con la mayor
destreza logra desmenuzar las
escenas, manejarse por espacios
de luces utilizando diversas
entradas, casi con un sistema de
relojería. Realmente una
magnífica lección de teatro con
una puesta original. ©
Susana Weingast
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