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El drama de las elecciones
iraquíes
Abdul Ilah
Albayaty y Hana Al Bayaty
Tribunal Brussells
REBELION
Traducción para Rebelión de
Loles Oliván
La escenificación por etapas
de las elecciones iraquíes,
considerándolas como un momento
decisivo para el futuro de Iraq,
es un plan de la propaganda
estadounidense contra la
resistencia iraquí y las fuerzas
anti-ocupación que no participan
en la presentación de candidatos
para estas elecciones. El
Gobierno de Obama, comprometido
-por razones económicas y
militares- con su plan de
retirada y de devolución de Iraq
a su pueblo, ha hecho frente a
la realidad de que el pueblo
iraquí, en los días y meses
previos al proceso electoral, ha
comenzado a desarrollar un
estado de ánimo de incredulidad
hacia el proceso político, como
lo demuestra el débil registro
de votantes.
El proceso político produjo una
situación trágica para los
iraquíes: la corrupción
generalizada en la que
participaron sin sanción
ministros, diputados e
instituciones gubernamentales;
decenas de miles de prisioneros
torturados, violados, condenados
sin juicio justo; cinco millones
de refugiados sin derechos ni
protección, sin estar siquiera
reconocidos como refugiados por
el gobierno; el abuso
generalizado de los derechos
humanos; la falta de servicios
elementales, como la
purificación del agua, la
electricidad o un sistema de
alcantarillado; el desempleo,
que alcanza hasta el 50% de la
población junto con la falta de
ingresos decentes; la falta de
acceso a la salud o a la
educación; la pérdida de
derechos de los trabajadores y
de los funcionarios del Estado;
el miedo constante a morir, a
ser detenidos, secuestrados o
desplazados, entre otros.
Durante los cuatro años de este
gobierno y este parlamento no se
ha escrito ninguna ley ni se ha
tomado ninguna decisión que
asegure al pueblo de Iraq que el
futuro del proceso político
sería diferente.
Si el Gobierno de Obama tiene
que salvar lo que pueda de la
legitimidad del proceso político
ante los ojos del pueblo
estadounidense mediante la
organización de las elecciones,
sus propios aliados locales las
vieron como un peligro porque
perderían el poder. La prueba es
que ninguna de las fuerzas
aliadas de EE.UU. quería que se
permitiera votar a los
refugiados -a quienes
desplazaron a la fuerza- en las
elecciones. Entre otras pruebas,
se halla su decisión de retrasar
hasta el último minuto la ley
electoral, que regula las
elecciones, para dramatizar los
comicios. Fue EE.UU. quien
presionó a sus aliados en el
parlamento actual para que
permitan la participación de los
refugiados en la votación, al
tiempo que se aseguró de que su
votación, por diferentes medios,
sea impracticable.
Durante siete años de ocupación,
EE.UU. ha utilizado en varias
ocasiones este patrón político
que consiste en presionar a
favor o permanecer en silencio
ante los ataques realizados por
sus aliados contra la
resistencia iraquí y sus
partidarios o presuntos
partidarios, mientras que al
mismo tiempo, critica con
palabras -pero no con hechos-
esos mismos ataques a fin de
ganar los corazones de sus
víctimas, tratando de hacerles
creer que EE.UU. les protegerá
contra sus propios aliados.
EE.UU. está usando nuevamente
este patrón en estas elecciones.
Aunque declara de vez en cuando
que las elecciones deben ser
transparentes, EE.UU. no ha
hecho nada contra la secuencia
incesante de detenciones
masivas, deportaciones,
ejecuciones, asesinatos,
acusaciones, intimidaciones,
falsificaciones, y en general
contra los actos ilegales
llevados a cabo por sus aliados.
Estas elecciones están
falsificadas de antemano. La
falsificación de las elecciones
no necesariamente ocurre el día
en que tienen lugar. Cuando no
hay registros fiables de
votantes, ya sea dentro o fuera
de Iraq, cuando se practica el
terror contra los opositores y
las minorías, cuando no existen
procedimientos ni normas justas
relativas a las entidades
políticas, a sus mecanismos de
financiación, a sus campañas
electorales y a la regulación de
la igualdad de derechos de los
candidatos rivales, cuando el
gobierno puede utilizar el
aparato estatal y las
instituciones en contra de sus
propios rivales, es evidente que
las elecciones serán falsas y no
reflejarán la verdadera voluntad
del pueblo iraquí.
Muchos gobiernos, instituciones
internacionales y asociaciones
han declarado que quieren que
las elecciones sean libres,
justas y transparentes. Si no
son seguidas por otros hechos
sobre el terreno, estas buenas
intenciones serán consideradas
como un respaldo silencioso de
los resultados falsificados.
Recordamos que en la Resolución
1.546 de las Naciones Unidas se
estipulan las obligaciones de
las fuerzas de ocupación, pero
la ONU desde su emisión ha
permanecido en silencio ante las
violaciones por parte de la
ocupación de estas mismas
obligaciones, dando con ello a
EE.UU. la libertad de hacer lo
que quiera en Iraq como si fuera
legal. En este contexto, es
evidente que el próximo
parlamento será de nuevo un
producto de EE.UU. integrado por
aliados de EE.UU. con diferentes
rostros pero sin verdaderos
representantes iraquíes.
La resistencia iraquí y las
fuerzas anti-ocupación, la
primera fuerza política en Iraq,
son conscientes de la
utilización de este patrón
repetido de la política de EE.UU.
Por lo tanto, no pueden
considerar y no considerarán
estas elecciones como legítimas
y democráticas. La antítesis
entre la ocupación y la
resistencia y las fuerzas de
ocupación se restablecerá
inmediatamente después de las
elecciones como principal
conflicto de la política iraquí.
La resistencia y la lucha contra
las fuerzas de ocupación se
oponen al SOFA [Acuerdo de
seguridad], a los contratos de
petróleo, a la división de Iraq,
a la destrucción de la identidad
árabe y musulmana, y al régimen
religioso fascista que Irán
-aliado de los EE.UU. en Iraq-
quiere establecer, y se oponen a
todos los resultados de la
ocupación y a su proceso
político ilegal. Tienen el apoyo
del pueblo iraquí, que no estará
representado ni reflejado en
estas elecciones.
Estas fuerzas saben que las
tácticas empleadas en las
elecciones son utilizadas por la
ocupación para dividirles sobre
la cuestión de si participar o
no en los comicios. Por esta
razón, como se desprende de sus
escritos y de su posición, no
van a tratar de impedir que sus
partidarios emitan su voto en
apoyo de un candidato u otro al
que consideren menos horrible, o
si él o ella defienden sus
preocupaciones inmediatas y
locales, como ocurrirá en muchas
provincias, especialmente en
Kirkuk, Mosul y Bagdad. De esta
manera, dejan que la gente se dé
cuenta por su propia experiencia
de que estas elecciones no
cambiarán nada en sus vidas. Al
asegurar la libertad de voto a
sus partidarios se impedirá que
la ocupación utilice estas
elecciones como una forma de
aislar a la resistencia del
pueblo iraquí. Por el contrario,
la falsificación de las
elecciones y el patrón hipócrita
utilizados por EE.UU. motivará
que algunas fuerzas que creen en
el proceso político lo abandonen
y se unan al movimiento contra
la ocupación.
Esas tácticas que se han
convertido en un patrón repetido
utilizado por EE.UU., nos
recuerdan a aquellas otras -"la
agitación"- utilizadas en los
asesinatos sectarios de
2006-2007. Esos asesinatos
sectarios se practicaron bajo la
mirada de, en medio del silencio
de -y algunos dicen que con la
participación activa de- la
ocupación. Sólo cuando los
asesinatos produjeron los
efectos deseados -cientos de
miles de muertos y millones de
refugiados- EE.UU. pretendió
proteger a las víctimas
encarcelando las regiones que
habitan con muros a fin de
controlarlas. Nadie ha sido
castigado por los asesinatos, ni
nada se ha hecho para facilitar
el retorno de los refugiados. Lo
mismo está ocurriendo en el
contexto de estas elecciones.
Mientras que EE.UU. pretende que
quiere elecciones transparentes,
las detenciones, el
desplazamiento, el abuso
generalizado de los derechos
humanos de los individuos y las
comunidades, las
falsificaciones, las
ejecuciones, la prohibición de
los candidatos, continúan sin
cesar sobre el terreno, sin
llevar a cabo acción alguna para
detenerlos.
Esta vez EE.UU. está jugando con
fuego. Sus tácticas aumentan las
divisiones entre los aliados
locales de EE.UU., cuyas
víctimas son el pueblo iraquí.
Pueden conducir, tras las
elecciones, no sólo al conflicto
civil interno sino también a una
guerra regional. El proceso
político ha fracasado y nadie
quiere repetirlo durante otros
cuatro sangrientos años más. La
esencia del proyecto de EE.UU. y
de sus aliados durante siete
años llenos de terror es la
partición de Iraq. Su
continuación en cualquier forma
dará lugar a una guerra civil.
¿Está utilizando EE.UU. las
elecciones y la agudización de
los conflictos como una
oportunidad para imponer el
proyecto de Biden de la
partición como un hecho
consumado? Si EE.UU. a través de
las elecciones negocia el futuro
de Iraq y el alcance de esta
partición sólo con Irán y los
dirigentes kurdos -sus
principales aliados-, otras
fuerzas políticas iraquíes no
soportarán que el pueblo de Iraq
sea víctima de estas
maquinaciones y reforzarán su
resistencia militar, política y
civil.
Uno de los peligros de la
intensificación de los
conflictos existentes en las
elecciones es que los aliados de
EE.UU., los dirigentes
pro-iraníes y los dirigentes
kurdos, no aceptarán unas
elecciones transparentes para
realizar su proyecto. Ellos se
han servido y volverán a
servirse de nuevo de la fuerza
-con o sin ayuda de EE.UU.- para
imponer su plan sobre el pueblo
iraquí. Su plan no sólo es un
peligro para Iraq y su pueblo
sino también para los países
vecinos de Iraq. Toda renovación
de la guerra civil implicaría
una guerra regional. ¿Trata
EE.UU., a pesar del esfuerzo de
toda su propaganda, de revivir
su proyecto fallido del Nuevo
Oriente Próximo a través de una
guerra regional? Es hora de
darse cuenta de que la única
forma de tener paz, estabilidad
y democracia en Iraq pasa por
una retirada incondicional de
todas las fuerzas de EE.UU., el
establecimiento de un gobierno
de transición respaldado por la
resistencia, y la organización
de unas elecciones libres,
justas, transparentes y
democráticas que devuelvan Iraq
a su pueblo. Sin una ruptura con
el proceso político y con sus
grupos, Iraq se hundirá cada vez
más en la tragedia.
Abdul Ilah
al-Bayaty, iraquí, es analista
político. Hana al-Bayaty,
iraquí, es coordinadora de la
Iniciativa Internacional Iraquí
sobre Refugiados
www.3iii.org
y miembro del Comité Ejecutivo del Tribunal BRussells
www.brusselstribunal.org
Fuente:
www.brusselstribunal.org
EL CARRASCLET
http://www.usuaris.tinet.org/medicuba
Gentileza:: Revista El
Carrasclet
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