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Concepto de vanguardia y escritura testimonial en los programas estético-políticos de Rodolfo Walsh y Francisco Urondo (ii/ii), Fabiana Grasselli. -
 

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Concepto de vanguardia y escritura testimonial en los programas estético-políticos de Rodolfo Walsh y Francisco Urondo (ii/ii), Fabiana Grasselli. -


 


Concepto de vanguardia y escritura testimonial en los programas estético-políticos de Rodolfo Walsh y Francisco Urondo (ii/ii)

Fabiana Grasselli
INCIHUSA (Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales)
CONICET (Mendoza, Argentina)

...

Cuando se refiere a las producciones de la poesía surrealista, ocupándose fundamentalmente de los poetas que confluyen en la revista Poesía Buenos Aires, Urondo reconoce en ellos su filiación dadaísta en el anhelo de hacer de "la poesía una manera de vida y no una mera corriente o escuela literaria", carácter que juzga positivo pero ingenuo, ya que si bien coincide en que la poesía debe pretender cambiar la vida, también asevera que dicha transformación no se posible producirla únicamente desde el terreno de la literatura. En esta crítica al "candor de las afirmaciones de los surrealistas", Urondo plantea un tópico de su propio programa estético-político: "las palabras no bastan para producir ese cambio, aunque pueden propiciarlo y abastecerlo". Sin embargo, no se observa en ninguna de sus apreciaciones una impugnación a este grupo de poetas, más bien hay un reconocimiento en ellos de una potencialidad que, en su apertura a establecer una dialéctica con los acontecimientos de la vida política y social del país, irá impregnando el hacer poético de una voluntad transformadora de la vida. El artista describe en su análisis de la evolución de los grupos invencionistas y surrealistas una trayectoria marcada por un progresivo proceso de profundización de contradicciones que tendrá momentos importantes frente a la Revolución Libertadora y al Frondizismo y que "los irá colocando frente a la dicotomía reformismo o revolución". Es interesante señalar que el "no ser cómplices de la vida que se vive y que resulta inaceptable" es para Urondo la actitud que los aleja del escapismo y que, en algún punto, es un modo de enfrentamiento.

Hay en Urondo una confianza en las contradicciones que funcionan como motor de los desplazamientos y redefiniciones estéticas a partir de los espacios de tensión que se van inaugurando por el involucramiento de los escritores en los procesos más generales de la sociedad. Observa una progresión, un pasaje "de una ideología a otra, de una clase a otra, de una actitud política a otra", que en una primera etapa, está dado por las pugnas que sostienen con el oficialismo cultural, es decir, la elite que controla la universidad y la institución literaria. En un momento posterior, la frustración frente a los límites del reformismo traslada las preocupaciones principales del ámbito artístico hacia "la experiencia creadora", entendida como una zona que involucra, en una trama compleja, las opciones vitales y las prácticas estéticas. Palabra y acción comienzan a ser dominios de límites difusos y, en este sentido, la tarea del poeta se inscribe en un vector de identificación con "el agredido", en búsqueda de una forma de expresión social y artísticamente legítima y de participación en las acciones que buscan modificar la situación de injusticia "dentro de un proceso más general de conformación de una conciencia transformadora".

Así aparecen contradicciones, idealizaciones frente a algunos cambios como la Revolución Libertadora, o el frondizismo, a menudo la prescindencia política, el miedo. Es que el pasaje de una ideología a otra, de una clase a otra, de una actitud política a otra, los irá colocando frente a la dicotomía reformismo o revolución, que para el caso también podría ser enunciada como frustración e injusticia -con su consecuente mala conciencia-, o revolución. Los cambios y los riesgos, incluso personales, que esto supone, demoran el pasaje, incluso la toma de conciencia -aún inconclusa- que es penosa y lenta (Urondo 2009:54)

Así, en el terreno artístico, el énfasis no se coloca en la belleza, sino en la experiencia creadora, como en el terreno de la conducta, de la voluntad de elección de vida y de poesía vertebrados dentro de orden más amplio que responde a la concepción que rechaza como lo señala la interpretación del mundo y procura su modificación; que cada vez tolera menos el compadecimiento a distancia y se inclina por la participación en las desgracias de este mundo que vivimos; no con intenciones expiatorias sino con el propósito de hacerse cargo, de solucionar esas desgracias; de empezar a "correr la suerte del agredido".(Urondo 2009:58)

Quiere ver y señalar, que es una manera de procurar una conciencia, de aspirar a un cambio".

La nueva poesía que crece entre nosotros, dentro de un proceso más general de conformación de una conciencia transformadora (…). (Urondo 2009:58-59)

En 1971, la revista Panorama publica una nota de Marcelo Pichón Rivière sobre la producción literaria de Urondo en esos años, que incluye una pequeña entrevista al autor en la cual se refiere a la novela que está escribiendo, Los pasos previos, y arroja algunas planteos acerca de los principios estéticos presentes en el proyecto narrativo que desarrollará durante los setenta.

Los pasos previos cuenta o intenta contar la historia de algunos héroes anónimos de esa etapa revolucionaria que comienza un poco antes de 1966 y que culmina con el Cordobazo, en el 69. Los personajes son algunos periodistas, que representan el papel de apóstoles, de difusores. Un poco el papel de ellos es el de la novela. Es posible que en ella (...) inserte entrevistas a algunos militantes del peronismo. (...) Probablemente no escribiré más ficción; me interesa ahora hacer libros testimoniales, porque la realidad que vivimos me parece tan dinámica que la prefiero a toda ficción. Y seguiré escribiendo poemas: una especie de fatalidad (Urondo 1971:38).

Como se desprende de esta afirmación, Urondo apuesta por el testimonio como una nueva forma de asunción de "lo real", pues incorpora a la literatura lo documental como una configuración discursiva capaz de comunicar el devenir y la complejidad del acontecer histórico. Su novela es caracterizada como un texto "difusor" que asume la tarea de contar la historia silenciada de los militantes revolucionarios anónimos. Frente a la ficción, presentada como un modo de relato insuficiente a la hora de dar cuenta del proceso de transformación social, aparece lo testimonial como una salida a la crisis de la narrativa y a la necesidad de constituir un arte político. La inclusión de los testimonios articula un modo de construcción del relato que coloca lo comunicacional como un vector que atraviesa la producción artística dando lugar a un "género impuro" el cual pone en contacto géneros canonizados con formatos marginales. De este modo, queda cuestionado el lugar del texto institucionalizado como literario y queda planteada una propuesta de redefinición de la literatura a partir del siguiente criterio central: el texto se inserta en el ámbito de la literatura en tanto exprese las condiciones históricas del sector de la sociedad que se percibe como agente del proceso emancipador: los sectores populares.

Tanto Rodolfo Walsh como Francisco Urondo son concientes del signo de la época: la política se impone como única fuerza dadora de sentido en el ámbito estético y cultural, sin embargo no plantean el abandono del quehacer artístico sino que se proponen aportar a la construcción de una vanguardia cultural capaz de radicalizar la práctica artística desde el interior de la práctica misma. Esto es, frente al desafío de dar respuestas para una literatura necesaria, se la legitima en cuanto práctica estético-política. La producción de estos escritores se configura en un territorio de tensiones constitutivas. De ahí que los discursos remitan a las acciones y los hechos legitimen discursos en una dialéctica donde los objetivos, los circuitos y los dispositivos de la literatura y la política se superponen en mutuas apropiaciones. Su apuesta es por la innovación en las formas del discurso literario, por utilizar las formas narrativas de las que dispone la institución literaria y también las que provienen de otros registros como la investigación, la crónica, el documento, el testimonio, con el objetivo de "revolucionarlas" de modo que acompañen y den cuenta del el proceso histórico en el que surgen.



4. Consideraciones finales

Los setenta en Latinoamérica y particularmente en Argentina, luego del momento de inflexión que significó el Cordobazo, se convirtieron en el tiempo de las "letras de emergencia" (Gilman 2003), en el cual las propuestas revolucionarias exigían un arte trabajado por los acontecimientos que pudiera alentar la moral del pueblo, insistiendo en los aspectos comunicativos de los textos. Por ello, como parte de este proceso, entre 1968 y 1970 se expande entre los escritores más radicalizados, una voluntad de exploración e innovación respecto de nuevos formatos y géneros literarios como el testimonio, que se proponía sustituir a la novela, un género considerado agotado como instrumento de conocimiento de lo social. En este contexto Walsh y Urondo expresan cabalmente una voluntad escritural orientada a la práctica de los valores estético-políticos considerados legítimos para la literatura comprometida con un proceso socio-político avizorado como revolucionario. En ambos existe un contacto con técnicas o discursos provenientes de los medios de comunicación que se constituye en el encuentro entre el material "real" y los procedimientos narrativos, de montaje y de disposición de los registros documentales.

En este sentido, el testimonio aparece en algunas de sus obras como el entrecruzamiento de lo ficcional y lo fáctico, o bien, como la composición del relato de lo ocurrido; un fenómeno surgido en un momento de crisis, cuando los acontecimientos exceden la capacidad de comprensión y el desgaste de las formas realistas no puede contener su incorporación al discurso literario (Cfr. Amar Sánchez 1992 y Gilman 2003) En este marco, para dichos escritores la literatura documental emerge como una posibilidad para superar la tradición narrativa del siglo XIX. Proponen así una poética enclavada en una literatura "de hechos" que recurre al uso de reportajes, informes y crónicas periodísticas como una marca fundamental de la disolución de la novela tradicional propia de la literatura burguesa y de la superación de la verosimilitud del realismo. En este punto sus programas estético-políticos proponen transformar las prácticas artísticas desde el interior de las mismas, lo cual implica en el caso de estos escritores, por una parte, inscribir la producción literaria en una dialéctica de reterritorialización mutua entre palabra y acción, y por otra parte, preservarla como herramienta política para las luchas de emancipatorias.

Finalmente, Francisco Urondo y Rodolfo Walsh ponen de manifiesto con gran claridad que, en un momento de crisis histórica, en el que los criterios de legitimidad social y política de las producciones culturales son puestos en cuestión y reformulados en constante tensión, sin duda se ponen en juego los límites del discurso literario mismo. Así sus programas estético-políticos se van configurando al calor de grandes cambios sociales, políticos y culturales. Se encuentran atravesados por la convicción de que una vanguardia artística debe explorar y utilizar nuevos modos de producción y de circulación de los textos literarios en función de ser un elocuente y veraz documento de la experiencia histórica popular, revolucionando las prácticas político- escriturales.



Notas

[1] Cabe aclarar que tomamos la categoría de escritor-intelectual a partir de considerar que en los años sesenta y setenta los escritores politizados asumen una voluntad de politización cultural que se manifiesta en su notable participación en los asuntos públicos; de modo tal que escritor e intelectual se configuran como nociones que pueden pensarse de forma equivalente (Gilman 2003).

[2] Oscar Terán utiliza la nomenclatura de "fracción crítica", "contestataria" o "denuncialista" para referirse al conjunto de intelectuales que conformaron un núcleo ideológico dentro del campo intelectual argentino en torno a los cuales se forma la nueva izquierda intelectual. (Terán 1993: 11).

[3] Nos interesa poner en juego esta perspectiva planteada por Claudia Gilman, ya que la consideramos particularmente productiva y significativa. "Cualquier abordaje que pretenda dar cuenta de cómo escritores y críticos conceptualizaron el impulso estético fuertemente orientado hacia lo nuevo, característico de la época, debe consignar el horizonte de problemas, tradiciones e incluso traumas que contribuyeron a conformar artefactos verbales para nombrar en qué consistió esa novedad" (Gilman 2003: 312)

[4] El texto que nutre las afirmaciones de Fernández Retamar es Arte, Revolución y Decadencia de José Carlos Mariátegui. Inicialmente fue publicado en el número 3 de la revista Amauta, en Lima, en noviembre de 1926. El texto comienza con los siguientes párrafos:

"Conviene apresurar la liquidación de un equívoco que desorienta a algunos artistas jóvenes.

Hace falta establecer, rectificando ciertas definiciones presurosas, que no todo el arte nuevo es revolucionario, ni es tampoco verdaderamente nuevo. En el mundo contemporáneo coexisten dos almas, las de la revolución y la decadencia. Sólo la presencia de la primera confiere a un poema o un cuadro valor de arte nuevo.

No podemos aceptar como nuevo un arte que no nos trae sino una nueva técnica. Eso sería recrearse en el más falaz de los espejismos actuales. Ninguna estética puede rebajar el trabajo artístico a una cuestión de técnica. La técnica nueva debe corresponder a un espíritu nuevo también. Si no, lo único que cambia es el paramento, el decorado. Y una revolución artística no se contenta de conquistas formales."

[5] Cfr. Rama, Ángel y otros (1995): "Conversación en torno al testimonio" (Transcripción del diálogo desarrollado entre los jurados y organizadores del Premio Casa de las Américas en febrero de 1969: Ángel Rama, Isadora Aguirre, Hanz Magnus Enzensberger, Manuel Galich, Noé Jitrik, Haydee Santamaría) Casa de las Américas, julio-septiembre de 1995, Año XXXVI, Nro. 200, p. 122-125.

[6] Cfr. "Hoy es imposible hacer literatura desvinculada de la política. Reportaje de Ricardo Piglia a Rodolfo Walsh. Marzo 1970". En: Baschetti, Roberto (1994): Rodolfo Walsh, vivo. Ediciones De la Flor, Buenos Aires, p. 62-64.

[7] "A fines de marzo de 1968, el Congreso Normalizador de la CGT "Amado Olmos" consagró como secretario general de la luego denominada CGT de los Argentinos (CGTA) al dirigente gráfico Raimundo Ongaro, representante de los sectores combativos del sindicalismo peronista. Al mismo tiempo, allí cristalizó una nueva división en el movimiento obrero producto del alejamiento de los gremios adheridos al vandorismo, que conformaron la CGT Azopardo, y a la corriente participacionista, más cercana al régimen militar de Juan Carlos Onganía, instaurado en 1966.

Un mes después del Congreso Normalizador aparecería el Semanario CGT, órgano oficial de la central obrera. Realizado por un grupo de periodistas nucleado en torno a Rodolfo Walsh, acompañó la experiencia político-sindical en los años sucesivos, difundiendo los ejes de su Programa, muchos de los cuales poco después se generalizarían en consignas obreras y populares en el período de "lucha de calles" abierto por el Cordobazo, de mayo de 1969. Un período de confrontación que venía gestándose desde algunos años antes con la constitución de un tejido social y lazos de solidaridad que le dieron sustento, y que la CGTA también contribuyó a desarrollar." (Mestman 1997).

"La CGTA sostiene un programa de oposición frontal al régimen militar. Pluralista y frentista, de carácter anticapitalista y antiimperialista, está integrada por figuras notables de la resistencia peronista, al mismo tiempo que se abre -aún con limitaciones- a otras entidades de la izquierda. Estos rasgos son los que permiten a la CGTA entrar en contacto con fenómenos como la radicalización de franjas medias y sectores juveniles. Aparece como un espacio de intervención por parte de sectores de la izquierda tradicional y la nueva izquierda o incluso grupos minoritarios del partido radical, de jóvenes universitarios o de sectores eclesiales de base, opuestos a la Iglesia como institución y que se nuclear en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, también surgido en mayo de 1968.

Uno de los aspectos más novedosos de la experiencia de la CGTA fue que, a partir de su convocatoria explícita, se acercan a colaborar con ese ámbito cantidad de grupos estudiantiles, políticos, profesionales y culturales"( Longoni 1998:30).

[8] "Tucumán arde" fue una muestra concebida como una obra colectiva planificada y realizada por un grupo de artistas de vanguardia porteños y rosarinos. Su gestación implicó un acelerado proceso artístico y político (entre agosto y noviembre de 1968) que tuvo lugar en las sedes de la CGTA de Rosario y Buenos Aires. La denuncia de la situación en Tucumán fue el material para la obra colectiva, por una parte, porque se trataba de uno de los ejes sobre el cual la CGTA venía haciendo campaña insistentemente y, por otra parte, porque la profundidad que asumía en esos días la crisis de Tucumán estaba asociada a la política económica del Onganiato.

Desde la perspectiva de los artistas, el régimen había montado una campaña pública que intentaba ocultar los efectos sociales de la crisis y por ello,"asumiendo su responsabilidad de artistas comprometidos con la realidad social", los plásticos respondían con su obra buscando erigirse como un discurso de contrainformación. "Tucumán arde" constituyó un proceso que atravesaba sucesivas etapas:1) recopilación y estudio del material documental sobre la realidad social y cultural de Tucumán; 2) realización de encuestas, entrevistas, reportajes, grabaciones y filmaciones, etc. que serían utilizados posteriormente en el montaje de la muestra; 3) las muestras-denuncia que se realizan en colaboración con la CGTA, en las regionales respectivas de Rosario, Buenos Aires y Santa Fe; 4)cierre del circuito de sobreinformación con una síntesis, evaluación y difusión de la experiencia (está última etapa no pudo cumplirse ya que el levantamiento forzado de la muestra en Buenos Aires dejó trunco el desarrollo de la obra. ( Cfr. Longoni y Mestman 2000: 146-195).

[9] "Hemos denominado a esta secuencia, concentrada entre abril y noviembre de 1968, el itinerario del '68, nombre que por cierto no alude solamente a la cronología, sino, por supuesto, al clima de la época que se condensa y se simboliza, por ejemplo, en las revueltas estudiantiles y populares que conmovieron en mayo a Francia y entre agosto y octubre a México, en cuyo seno se originan radicales experiencias de pensamiento y acción. Este itinerario puede congelarse en una serie de escenas que muestran la crisis y la ruptura de los plásticos con los ámbitos artísticos en los que venían interviniendo hatsa entonces, y muestran paralelamente, la progresiva disolución de las fronteras entre acción artística y acción política." (Longoni y Mestman 2000: 79-80).

[10] En lo que respecta a esta idea de la peligrosidad del arte, la carta que enviara el artista Pablo Suárez a Romero Brest (director del Instituto Di Tella) como obra, fechada el 13 de mayo de 1968, constituye un ejemplo singular de la fuerza que tenía en algunos artistas este concepto. En su carta dice Pablo Suárez: "Si yo realizara la obra en el Instituto, ésta tendría un público muy limitado de gente que presume de intelectualidad [...] Si a mí se me ocurriera escribir VIVA LA REVOLUCIÓN POPULAR en castellano, inglés o chino sería absolutamente lo mismo. Todo es arte. Esas cuatro paredes encierran el secreto de transformar todo lo que esta dentro de ellas en arte, y el arte no es peligroso. (la culpa es nuestra). / Entonces?" (Carta de Pablo Suárez a Jorge Romero Brest, en "Experiencias 1968" fechada el 13 de mayo de 1968 en Buenos Aires).

[11] La Declaración final de los participantes en "Experiencias 1968" fechada el 23 de mayo de 1968 en Buenos Aires, plantea las siguientes definiciones:

"Esta es la tercera vez que en menos de un año la policía suplanta las armas de la crítica por la crítica de las armas, atribuyéndose un papel que no le corresponde: el de ejercer la censura estética.

Por lo visto no sólo tratan de imponer su punto de vista en la moda y en los gustos, con absurdos cortes de pelo y detenciones arbitrarias de artistas y jóvenes en general, sino que también lo hacen con la obra de esos artistas.

Pero los artistas e intelectuales no han sido los participes perseguidos: la represión también se dirige contra el movimiento obrero y estudiantil; una vez logrado esto, pretende acallar toda conciencia libre en nuestro país."

[12] Cfr. Longoni, Ana y Mariano Mestman (2000): Del DiTella a"Tucumán Arde". El cielo por asalto, Buenos Aires.

[13] Tucumán Arde, declaración en la muestra de Rosario, firmada por M. T. Gramuglio y Nicolás Rosa, fechada en noviembre de 1968 en Rosario.

[14] Sobre la importancia del año 1968 en los procesos de reconfiguración del campo intelectual argentino y la gravitación de la CGTA en dichos procesos, Mariano Mestman considera que: "Nuestro interés por destacar ese momento se centra en su representatividad respecto de diversos sujetos y formaciones intelectuales. Como señalamos en otros trabajos, si bien el Cordobazo de mayo de 1969 puede considerarse una suerte de hito que reorienta o generaliza la mirada y la intervención de intelectuales y productores culturales hacia una articulación práctica con el movimiento obrero o la protesta social, en el año previo a dicho levantamiento popular periodistas, artistas plásticos de vanguardia, cineastas, poetas o profesionales de distintas disciplinas encontraron un espacio -más o menos sistemático según los casos y no sin tensiones- de confluencia en torno a la CGTA." (Mestman 1997).

[15] Al respecto son elocuentes los siguientes documentos:

"El reconocimiento de esta nueva concepción llevó a un grupo de artistas a postular la creación estética como una acción colectiva y violenta destruyendo el mito burgués de la individualidad del artista y del carácter pasivo tradicionalmente adjudicado al arte. Violentar es poseer y destruir las viejas formas de un arte asentado sobre la base de la propiedad individual y el goce personal de la obra única. La violencia es, ahora, una acción creadora de nuevos contenidos: destruye el sistema de la cultura oficial, oponiéndole una cultura subversiva que integra el proceso modificador, creando un arte verdaderamente revolucionario" Tucumán Arde, declaración en la muestra de Rosario, firmada por M. T. Gramuglio y Nicolás Rosa, fechada en noviembre de 1968 en Rosario.

"Nosotros queremos restituir las palabras, las acciones dramáticas, las imágenes a los lugares donde puedan cumplir un papel revolucionario, donde sean útiles, donde se conviertan en "armas para la lucha".

Arte es todo lo que moviliza y agita. Arte es lo que niega radicalmente este modo de vida y dice hagamos algo para cambiarlo." Tucumán Arde, declaración de Buenos Aires, firmada por Plásticos de vanguardia de la Comisión Artística de la CGT de los Argentinos, fechada en noviembre de 1968 en Buenos Aires.

"Y a ese fenómeno llamado boom del libro argentino lo caracterizaría como una trampa cultural. Como la época de la sacralización de la escritura. Una trampa que esteriliza. El sistema te tiene muy bien a vos ahí. No sos peligroso realmente, o en mínimo grado. O peor: estás haciendo de ganso del Capitolio. Claro la trampa fue fugaz, duró pocos años. Afortunadamente, luego vino ese gran cimbronazo, luego del 68. Para mí, ahí no había dudas: entre seguir escribiendo cuentos -en los que yo ponía esfuerzo y cariño- y pasar a la realidad candente, impetuosa, entre escribir la novela y vivir la novela con el pueblo, no había elección posible." Cfr. "Testimonios de Rodolfo Walsh y Miguel Briante".Entrevista realizada por Carlos Tarsitano, publicada el domingo 11 de junio de 1972 en La Opinión cultural (página 6) En: Walsh, Rodolfo (2007): Ese hombre y otros papeles personales. Ediciones de la Flor, Buenos Aires.

[16] En relación al tópico de los discursos subversivos, son paradigmáticas las siguientes declaraciones de Walsh: "De todos modos no es tarea para un solo tipo, es una tarea para muchos tipos, para una generación o para media generación volver a convertir la novela en un vehículo subversivo, si es que alguna vez lo fue. Desde los comienzos de la burguesía, la literatura de ficción desempeñó un importante papel subversivo que hoy no lo está desempeñando, pero tienen que existir muchas maneras de que vuelva a desempeñarlo y encontrarlas. Entonces, en ese caso, habrá una justificación para el novelista en la medida en que se demuestre que sus libros mueven, subvierten. Por otro lado, mientras uno está fuera de todo contacto con la acción política, ya sea directa o por el medio que te rodea, uno está alienado en el concepto burgués de la literatura. Sos un inocente en realidad, vos estás en realidad compitiendo con estos tipitos a ver quién hace mejor el dibujito cuando en realidad te importa un carajo, porque vas a estar compitiendo con estos tipos... hasta que te das cuenta de que tenés un arma: la máquina de escribir. Según cómo la manejás es un abanico o es una pistola y podés utilizar la máquina de escribir para producir resultados tangibles, y no me refiero a los resultados espectaculares, como es el caso de Rosendo, porque es una cosa muy rara que nadie se la puede proponer como meta, ni yo me lo propuse, pero con cada máquina de escribir y un papel podés mover a la gente en grado incalculable. No tengo la menor duda." Cfr. "Hoy es imposible hacer literatura desvinculada de la política. Reportaje de Ricardo Piglia a Rodolfo Walsh. Marzo 1970". En: Baschetti, Roberto (1994): Rodolfo Walsh, vivo. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, p. 73-74.

[17] En una entrevista publicada en la revista Siete días en 1969 Rodolfo Walsh manifiesta lo siguiente:"En este momento vivo un movimiento oscilante entre el periodismo de acción, que me exige estar en la calle, escribir con apuros y terminar, tal vez, un capítulo o dos en un día y el repliegue para escribir ficción (…) Yo creo que sí puedo escribir una novela, pero lo que está en crisis, al menos en lo que a mí atañe, es el concepto mismo de la novela"(Walsh 2007:143).

[18] Cfr. "Hoy es imposible hacer literatura desvinculada de la política. Reportaje de Ricardo Piglia a Rodolfo Walsh. Marzo 1970". En: Baschetti, Roberto (1994): Rodolfo Walsh, vivo. Ediciones De la Flor, Buenos Aires, p. 68.

[18] La siguiente declaración se puede considerar una síntesis de esta idea: "Yo creo que esa concepción es típicamente burguesa, ¿y por qué? Porque evidentemente la denuncia traducida al arte de la novela se vuelve inofensiva, no molesta para nada, es decir, se sacraliza como arte". Cf. "Hoy es imposible hacer literatura desvinculada de la política. Reportaje de Ricardo Piglia a Rodolfo Walsh. Marzo 1970" En: Baschetti, Roberto (1994): Rodolfo Walsh, vivo. Ediciones De la Flor, Buenos Aires, p. 68.



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Fabiana Grasselli
Becaria de Posgrado (CONICET), Doctoranda de la Universidad de Buenos Aires en Ciencias Sociales.
INCIHUSA (Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales)/CONICET (Mendoza, Argentina) fhebeg@hotmail.com
© Fabiana Grasselli 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios.
Universidad Complutense de Madrid
http://www.ucm.es/info/especulo/numero45/walsuron.html



 

Gentileza:: Melina Alfaro [cybermelinaalfaro@bandalibre.com]

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