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La
evolución de la novela social en
España: Desde Blasco Ibáñez
hasta la generación del Nuevo
Romanticismo
Dr.
Mohamed Ben Slama
Universidad Complutense de
Madrid
Resumen: Antes del
estallido de la Guerra Civil se
dio a conocer en España un
movimiento literario,
especialmente novelesco, que dio
nacimiento a toda una generación
llama por muchos críticos la
generación del “nuevo
romanticismo”. Los miembros de
esta generación cultivaron una
literatura comprometida que
llegó a llamarse “La novela
social de la preguerra”
coincidiendo cronológicamente
con los últimos años de la
dictadura de Primo de Rivera y
con la Segunda República. Pero
para llegar a publicar novelas
de esta índole hubo que pasar
por varias etapas, y quizá una
de estas primeras etapas la
encontramos en la figura del
escritor Valenciano Vicente
Blasco Ibáñez. En este artículo
vamos a intentar estudiar cómo
fue la evolución de esta
literatura que nos dio como
fruto “La novela social de la
preguerra”.
Vicente Blasco Ibáñez es una
figura clave para entender la
evolución de la literatura de
corte social en España a
principios del siglo XX. Podemos
decir que es uno de los
precursores de este tipo de
literatura en el siglo XX,
aunque su interés por la novela
social empezó a finales del
siglo XIX con su novela La
barraca (1898). Su condición de
diputado republicano le ayudó a
expresar de una manera más
directa sus inquietudes
sociales. A través de sus
novelas, trataba de una manera
explícita el problema del
proletariado al abordar “graves
tensiones reales de la sociedad
española coetánea” [1]. Sus
obras se caracterizan por la
expresión de su sentimiento
revolucionario y tienen en común
la lucha de clases en un marco
de opresión reaccionaria y se
caracterizan por el excesivo
anticlericalismo. La catedral
(1903) se caracteriza por la
crítica de la religión haciendo
hincapié en la ignorancia y
avaricia del clero y mostrando
las riquezas del tesoro
catedralicio frente a la miseria
del resto de los habitantes y
también por el carácter
revolucionario a través de la
exposición de las ideas
anarquistas a lo largo de la
narración; El intruso (1904)
critica la iglesia y describe
las penalidades que sufren los
obreros en un pueblo minero. A
través de esta novela, Blasco
Ibáñez expresa sus ideas de
justicia social y progreso. La
bodega (1904-1905) es la más
rigurosa de las novelas
sociales, refleja la lucha de
clases, la clase dominante está
vinculada a la religión: para
Blasco Ibáñez, todo opresor es
religioso. En su novela, La
horda (1905) abundan las escenas
naturalistas para describir la
miseria.
Manuel Ciges Aparicio
(1873-1936) es considerado un
auténtico precursor de la
literatura social de principios
del siglo XX. Su tratamiento al
tema social se aleja de las
fórmulas típicas de este
movimiento superando de esta
manera el popularismo de Blasco
Ibáñez. En sus libros
encontramos muchos recursos que
más tarde caracterizarán a los
novelistas sociales, y en
especial Andrés Carranque de
Ríos, sobre el cual ejerció una
gran influencia. También su
crítica político-social y
económica se caracteriza por ser
concreta a diferencia de la
crítica abstracta de Azorín,
Baroja o Unamuno. Dice de él
Víctor Fuentes:
Ninguno de aquellos escritores
llevó su obra el tema de la
preocupación de España con
actitud tan comprometida y
arriesgada como la de Ciges
Aparicio [2].
Ciges Aparicio escribió una
serie titulada Las luchas de
nuestros días con dos títulos:
Los vencedores y Los vencidos.
El tema de esta serie está
basado en las relaciones
capital-trabajo en las minas.
Para esta temática y esta
ideología, Ciges Aparicio
utiliza una forma narrativa
próxima al reportaje
periodístico, el narrador ya no
es protagonista sino testigo a
través de su conversación con
los distintos personajes. En La
ciudad doliente, Ciges Aparicio
nos sigue dando detalles sobre
las duras condiciones de vida de
los mineros. El tercer libro
reportaje, Entre dos guerras, es
una denuncia contra la política
de España en Marruecos. Todos
estos libros se caracterizan por
un mayor compromiso. En Las
luchas de nuestros días, se
puede percibir la influencia de
Joaquín Costa que veía las
relaciones capital-trabajo como
una nueva forma de feudalismo.
Este libro puede ser considerado
como precedente de la literatura
de reportaje o documental, que
adquirió mucha importancia en
los años de la Segunda República
y también como precedente de los
reportajes novelados del
realismo social con un tono
diferente.
José López Pinillos, conocido
por su pseudónimo “Parmeno”, es,
hoy día, un novelista poco
recordado. Su obra literaria
tiene mucho que ver con la
narrativa noventayochista,
“hereda de ellos un repertorio
de preocupaciones ideológicas
que por una parte -como luego
Noel- trivializa y estrecha,
pero que también en algunos
aspectos robustece, al
orientarse hacia un
“popularismo” vigoroso y al
insistir, no sólo en el
contenido moral, sino en
resonancia de la literatura”[3].
Las dos novelas más importantes
de López Pinillos son: La sangre
de Cristo (1907) y Doña Mesalina
(1910). Generalmente, en estas
novelas, nos encontramos ante
“una España verídica, extremada
y torturada, negra y roja, que a
pesar de la mano algo torpe
excesivamente cargada sobre los
temas del autor, y a pesar del
tiempo transcurrido, sigue
confesándose y acusándonos, y
refiriéndose, con más frecuencia
y justicia de la que
quisiéramos, a la más palpitante
actualidad” [4].
Eugenio Noel es considerado por
muchos críticos, entre ellos
Rafael Cansinos-Asséns, un
legítimo cultivador de
regeneracionismo coincidente con
los llamados noventayochistas,
sobre todo por algunos aspectos
como su autodidactismo, su
rebeldía y su mezcla de artista
y de “hombre político”, de
escritor y “propagandista a la
americana” [5]. Noel tiene una
gran obsesión que es remediar el
mal de España, eso hizo que
fuese considerado un
noventayochista típico. Su obra
narrativa es extensa y
considerable, y a través de sus
novelas que trataban problemas
nacionales, consiguió dar el
impulso momentáneo y necesario
para este tipo de literatura de
tendencias regeneradoras.
Durante los años 20, un sector
de novelistas españoles, los más
jóvenes e intelectuales, dirigen
grandes esfuerzos hacia la
producción de obras literarias
en prosa, definidas cada vez más
frecuentemente novelas
“deshumanizadas” o de
vanguardia. En la novelística
española, esta nueva tendencia
tiene sus orígenes en la figura
del pensador más prominente de
la época: José Ortega y Gasset.
Éste intenta explicar el nuevo
propósito de “rechazar la
realidad” en la Deshumanización
del arte, una serie de artículos
aparecidos en El Sol en 1923 y
publicados unos años más tarde
junto con Ideas sobre la novela
(1925). El ensayo de Ortega y
Gasset representa el manifiesto
estético del grupo de novelistas
vanguardistas o
“deshumanizados”, que están
intentando definir el arte en la
sociedad de aquel período. En
este texto crítico, Ortega
quiere aclarar el concepto del
arte nuevo y lo califica de anti-popular.
El crítico explica de esta
manera el asunto:
...
Dr. Mohamed Ben Slama
Doctor por la Universidad
Complutense de Madrid
Hammesp2007@yahoo.es
© Mohamed Ben Slama 2010
Espéculo. Revista de estudios
literarios.
Universidad Complutense de
Madrid
http://www.ucm.es/info/especulo/numero45/evonove.html
Gentileza:: Melina Alfaro
[cybermelinaalfaro@bandalibre.com]
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