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50 libros de poesía y uno más
Revista
Confabulación, Colombia
En el Salón José Asunción
Silva de la Feria Internacional
del Libro de Bogotá, se lanzó el
colosal proyecto editorial de
Caza de Libros que dirige Pablo
Pardo, con la presentación de 50
antologías personales de varios
de los poetas más destacados de
Colombia, además de una
selección complementaria que
incluye cinco decenas de autores
no incluidos en las antologías
previas. El gigantesco evento
terminará a las 8 pm. Entrada
Libre.
LAS 50 ANTOLOGÍAS PERSONALES
Cántico de la piedra de Giovanni
Quessep, Ecos de un vigía de
Jaime García Maffla, Antología
arbitraria de Jotamario Arbeláez,
Restauración de la palabra de
Eduardo Gómez, Tiempo de la
memoria de Maruja Vieira, La
mañana del tiempo de Víctor
Gaviria, El legado del fuego de
Gonzalo Márquez Cristo, En
flotación de Fernando Rendón,
Estación profética de Amparo
Osorio, Diván del recalcitrante
de Eduardo Escobar, Las horas
olvidadas de Federico
Díaz-Granados, Consumaciones de
Julio César Arciniegas,
Fragmentos del silencio de Jorge
Cadavid, Peldaños de agua de
Orietta Lozano, Adhesión íntima
del fuego de Olga Malaver, Ataúd
tallado a mano de Flóbert
Zapata, Antología poética de
Carlos Fajardo Fajardo, Peldaños
para escalar la noche de
Esperanza Carvajal, Ab Imo
Pectore de Carlos Castillo
Quintero, Cuando papá perdió la
guerra de Juan Gustavo Cobo
Borda, Postal de la memoria de
Luz Helena Cordero, Puertas
entornadas de Rafael Del
Castillo, La fiesta perpetua de
José Luis Díaz-Granados,
Sensaciones de Gloria Stella
Díaz Salom, La tierra memorable
Gabriel Jaime Franco, Diario
vivir de Luz Mary Giraldo, Nubes
verdes para una ciudad gris de
Julio Cesar Goyes, Tríptico de
la luz de Hernando Guerra Tovar,
El poema es nuestro viaje de
Samuel Jaramillo, Transitar de
Myriam Jiménez Quenguan, Cuarto
creciente de Pedro Licona, Desde
el fondo del espejo de Félix
Ramiro Losada, Libro de las
abluciones de Carlos Alberto
Castrillón, Los párpados
cerrados de Gonzalo Mallarino
Flórez, Ocultos incidentes de
Yezid Morales Ramírez, El espejo
de Andrómaca de Lydia Inés
Muñoz, Algunas prosas y otros
poemas de Santiago Mutis,
Palabras migratorias de Jorge
Eliécer Ordóñez, Por el portón
salen los ausentes de Celedonio
Orjuela, En el trance de una ida
de Enrique Rodríguez Pérez,
Poemas del cuarto de Gustavo
Rubio, Noticias del tercer mundo
de Juan Carlos Acevedo, Cantos
para anunciar la luz de Conrado
Alzate Valencia, Tiempo rojo de
Luz Ángela Caldas, Dominios
cruzados de Eugenia Sánchez
Nieto, Presencia del amor de
Fernando Soto Aparicio, Todas
las formas del mundo Gustavo
Tatis Guerra, Rutas sin
recompensa de José Antonio
Vergel, La piel del agua y otros
poemas de Mariela Zuluaga,
Travesía del instante de John
Fitzgerald Torres
LA ANTOLOGÍA COLECTIVA
Luis Fernando Afanador, Albeiro
Arias, Iván Beltrán Castillo,
Winston Morales, Ramón Cote
Baraibar, Juan Felipe Robledo,
Antonio Correa Losada, René
Arrieta, Betsy Barros Nuñez,
Germán Villamizar, Juan Carlos
Bayona, Myriam Castilo, Patricia
Castillo, Ana Patricia Collazos,
Fadir Delgado, Andrés Francel,
Gustavo Adolfo Garcés, Liliana
Gastelbondo, Leonardo Gil,
Giovanny Gómez, Catalina Gil
González, Aldemar González
González, María Clara González,
Irina Henríquez, Jaime Londoño,
Jairo Alberto López, Edgar
Emilio Lozano, Omar Martínez,
Felipe Martínez Pinzón, Robert
Max Steenkist, Julio César
Medina, Argemiro Menco Mendoza,
Elías Mejía, Emiro A Merlano,
Álvaro Miranda, Omar Ortiz
Forero, Hellman Pardo, Carlos
Patiño Millán, Jairo Polanco
Bolaños, Elkin Restrepo, Armando
Rodríguez Ballesteros, Cecilia
Rojas, Armando Romero, Nelson
Romero, Mery Yolanda Sánchez,
Edgard Sandino, Hernando
Socarras, Lindantonella Solano,
Patricia Suárez Nicolás Suescún,
Jorge Torres Medina, Miguel
Torres Pereira, Marcelino Triana,
Beatriz Vanegas, Nicanor Vélez,
Ana Mercedes Vivas, José Zuleta
Ortiz.
A continuación una breve muestra
de los poetas seleccionados
GIOVANNI QUESSEP
DIAMANTE
Si pudiera yo darte
la luz que no se ve
en un azul profundo
de peces. Si pudiera
darte una manzana
sin el edén perdido,
un girasol sin pétalos
ni brújula de luz
que se elevara, ebrio,
al cielo de la tarde;
y esta página en blanco
que pudieras leer
como se lee el más claro
jeroglífico. Si
pudiera darte, como
se canta en bellos versos,
unas «alas sin pájaro»,
siempre «un vuelo sin alas»,
mi escritura sería,
quizá como el diamante,
piedra de luz sin llama,
paraíso perpetuo.
MARUJA VIEIRA
OTRA vez tú me tiendes
tu lento cerco de diamantes.
Contigo estaba escrito
el nombre del amor sobre la
tierra;
contigo, lluvia de la
medianoche,
tierna raíz de astros.
Y caes y me envuelves.
Eres música,
estás ciñéndome los pasos
y el mundo se me pierde,
porque lo borras tú,
con la mano invisible
con que cierras jazmines
y entreabres luciérnagas.
Yo te siento caer
sobre el sueño de agosto,
lluvia de otra ciudad
y este mismo recuerdo.
EDUARDO GÓMEZ
AMANECER
Mi soledad huele a húmeda sombra
La noche de la brujas se esconde
en los tupidos bosques
Bajo las alfombras agonizan los
gnomos
Mis brazos están todavía
curvados por tu cuerpo
Recomienza la vigilia y renace
la muerte.
Alguien camina sin rumbo soñando
con un pan
Anochece el día de las bombillas
rojas en los sótanos
El crepúsculo perpetuo de las
grandes fábricas se torna sonoro
como un río
Un niño desnudo contempla los
frutos del huerto
El día galopa como un caballo
blanco
La luz implacable persigue tu
recuerdo hasta aplastarlo
Contra los rascacielos
deslumbrantes reclinados contra
el cielo.
JAIME GARCÍA MAFFLA
XXV
Un icono o el marco
Oro o talla, de un rostro cuyos
rasgos
Han, por fin y ley,
desaparecido;
Están el marco y la
contemplación:
Para los ojos del contemplador
la imagen sigue exacta.
SANTIAGO MUTIS
CAMPOSANTO
Puedo ver las lunas de los
animales
La blanca materia de una llama
Las mutaciones fulgurantes sin
memoria
El tambor de la noche
Las lluvias de la muerte y sus
semillas
Y puedo verla a Ella la más
profunda
máscara
bajo la piel
El hombre –privilegio de la
visión–
creado por el relámpago
mitad pájaro, mitad planta, casi
sin alma
Campos de caña que son flautas
–de hueso
En la noche la luz de la savia
echa sus hojas al aire como
criaturas de vuelo
entre frutos temerosos
Nadie gobierna. El tiempo avanza
–y oculta–
Arqueros sepultados en la luz de
los desiertos
lanzan sus flechas de sal
La noche linaje de lucientes
bestias
arrastra sus lanzas en el aire
de los bosques
como pájaros funerarios
Breves constelaciones luces
vegetales
pájaros de hueso en la lumbre de
los muertos
Puedo oír los silencios poblados
de la sangre
Atiendo sus ecos sin asombro
Escucho el dombo curvado de la
brillante oscuridad
Lunas afiladas, pechos altivos,
silbos del aire
Hojas de la Luna, que son tan
solo una mujer:
las formas reunidas se la
naturaleza
para Wifredo Lam
HERNANDO GUERRA TOVAR
DISTANCIA
Si tu piel se resquebraja y
huye,
no la busques, no la llames.
como el poema eres imagen,
verso que cambia.
Como en la poesía
el camino es largo
y no hay puerto
ni puente,
sólo distancia,
eterno movimiento,
río que fluye,
que pasa.
JORGE CADAVID
AL COMENZAR EL DÍA
Un niño en brazos
de un viejo
mira con enormes ojos
las hojas mudarse de árbol
El viejo que fue niño
también las ve caer
en el tiempo cansadas
Algún día, quizá
el niño será viejo
notará cómo retornan
las hojas a las ramas
en un viaje inexorable
No olvidará que tuvo otra vida
aceptará lo transitorio
pero sólo el árbol lo recordará.
VICTOR GAVIRIA
LOS DÍAS DEL OLVIDADIZO
Mi locura es ante todo el
desorden de las cosas que
acumulan los años:
me hacen bajar los brazos de
desánimo verdadero,
y no sé qué está primero,
si el día de ayer o el de
mañana, si este pensamiento
minúsculo
como el polvo de oro de la tarde
envasado en la penumbra del
cajón,
o las cartas de amor que
prometí…
¿Quién está primero o último?
Necesito el costal del indigente
donde guarda sus
cosas primordiales,
todas en orden cualquiera sea el
lugar,
o el costal del ladrón antiguo
que saltaba los patios
y que desconoce el tesoro que
reunió en la oscuridad.
Necesito una mesa tan grande
como la arboleda de
mi primer colegio,
una mesa de fiebre que no tiene
bordes,
para que estén todas las
cosas-novias
de mis días de olvidadizo, unas
junto a las otras
como un herbario sin clasificar,
como un rastrojo saludable,
donde mis cosas estén bajo la
misma dulce mirada
del Dios de los reblujos,
que iguale el valor de la cosas
dispares
como si se tratara de hombres.
Gentileza:: Con-Fabulación
Periódico Virtual
[confabulacion29@gmail.com]
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