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Los cien años de Miguel
Hernández
Luz Marina
López Espinosa
" Yo se que en estos
sitios tiritará mañana mi
corazón helado en varios tomos."
"¿Qué hice para que pusieran en
mi vida tanta cárcel?"
Cien años se cumplen este
2010 del nacimiento del humilde
pastor de Orihuela, el muchacho
que de cuidador de ovejas, cruza
como una exhalación el
firmamento de España primero
combinando su dulce oficio con
el de poeta, y después, con el
de soldado del V. Regimiento
fundiéndose así con lo mejor del
alma española para defender a su
pueblo del fascismo. Ese que con
el golpe militar de julio de
1936 y la ayuda de Hitler y
Mussolini, sometió a España a
una tiranía que "duró muchos
siglos" y dejó un millón de
muertos.
Todo ese ciclo en el breve
término de 32 años, como que "el
poeta del pueblo" –así se le
llamó-, murió de fatigas,
sufrimientos y enfermedad en la
prisión de Alicante el 28 de
marzo de 1942. El hecho de ser
joven pobre, campesino y
autodidacta, no fue óbice para
que con la pasión que lo
inflamaba, dejara una vasta obra
poética, ensayística,
periodística y de crónicas de
guerra, que además de testimonio
de una vida signada por el
heroísmo y el desprendimiento,
produjo la admiración de grandes
como García Lorca, Vicente
Alexandre y Pablo Neruda.
Y quien esto escribe tuvo el
enorme privilegio de hacer una
extensa entrevista a un testigo
-¿el último?- de esa vida
iluminada y excepcional que fue
Miguel Hernández. Se trata nada
menos que del también poeta
MARCOS ANA hoy ícono en la
España democrática, su compañero
en el legendario V. Regimiento y
después en las prisiones de
Franco donde estuvo 23 años.
Unos pocos de estos –Miguel ya
estaba sentenciado por la
tuberculosis y el dolor de su
España vencida-, al lado del
gran poeta, con quien a pesar de
todos los obstáculos, hicieron
de la cárcel otra trinchera: con
poesía, periódicos, proclamas,
lúdica y mucha concientización
de los presos, rompieron los
barrotes de las infames
prisiones y llevaron a su patria
y al mundo la voz de los
vencidos victoriosos, el grito
de que la verdadera España, la
de la historia, la de Don
Quijote, Sancho, Federico, el
Cid y aún la de Don Pablos, era
la de quienes yacían en las
tumbas anónimas y las prisiones
de horror. Nunca, la de los
verdugos.
Y hoy, en este 2010, la historia
así lo sentencia, quién lo
creyera, cuando la nación
ibérica es convulsionada por el
reclamo de ese millón de muertos
que se ha levantado y dicho
¡basta! y exigen un nombre, un
epitafio distinto a "la
sangrante luna" de Quevedo y el
reconocimiento de la alta causa
que los sacrificó, todo ello en
la forma de derogatoria de ese a
la manera de decreto de olvido
que los quiso desparecer de la
historia y oprobio mayor, borrar
de ella la circunstancia en que
esas tumbas fueron abiertas.
Fernando Macarro Castillo, el
histórico republicano, camarada
y compañero de trinchera de
Miguel quien asumiera el nombre
de Marcos Ana en memoria de sus
padres muertos mientras
permanecía en prisión, en su
visita a Colombia mostró una
profunda solidaridad al tiempo
que indignación al saber de
nuestras cárceles llenas de
presos políticos, y enterarse de
las historias de tortura, muerte
y desarraigo que generalmente
las preceden. "Como en la España
franquista" dijo con desazón.
Y al repasar los nombres de
tantos, tantísimos colombianos
arrojados a la prisión, unos por
ser auténticos insurgentes, los
más, verdaderos prisioneros de
conciencia, unos y otros
marcados con el Inri de
peligrosos criminales comunes
–"como en la España franquista"
volvió a repetir con desazón-,
quiso hacerles un
reconocimiento. Y ante la
imposibilidad de mencionar los
nombres de miles del listado que
tenía en sus manos, terminó la
entrevista dedicándoles un
saludo y una estrofa de Miguel
Hernández a algunos
representativos de todos por sus
historias de luchas y prisiones.
Mencionó a Yeisson Murillo,
Alvaro Géner López, Yesid
Esparza, Luarny Oviedo, Angelo
Rojas, María Janeth García, José
Alberto Olaya, Horacio Castro,
Davier Hernando Narváez, Jairo
Alfonso Lesmes.
"Un hombre aguarda dentro de un
pozo sin remedio, Tenso,
conmocionado, con la oreja
aplicada.
Porque un pueblo ha gritado
¡libertad!, vuela el cielo.
Y las cárceles vuelan."
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