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Antonio Machado (1875-1939)
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Ante todo "un hombre bueno"
Hace 71 años moría Antonio
Machado. Fue uno de los miembros
más representativos de la
denominada Generación del 98,
quienes produjeron una fuerte
crítica social y política a la
España de aquel momento. Entre
1937 y 1939, publica sus
artículos en La Vanguardia,
órgano de prensa del gobierno de
la República y donde
participaban importantes
intelectuales que apoyaron la
causa republicana. Con el
triunfo de Francisco Franco y
los insurrectos se dirigió al
exilio, en Francia, donde murió.
Antonio y Leonor, una breve
historia de amor. Vinculado a la
llamada generación del 98 por
sus inquietudes y su actitud
crítica ante la realidad
nacional, Antonio Machado marcó
con su acendrado humanismo buena
parte de la literatura española
del siglo XX. Sus creaciones son
el vivo reflejo de esa España en
decadencia cultural y política
que tanto preocupó a los
intelectuales de su tiempo.
Nació en Sevilla el 26 de julio
de 1875 y falleció en Collioure,
Francia, el 22 de febrero de
1939.
Su padre, Antonio Machado
Álvarez "Demófilo", amigo de
Joaquín Costa y de Francisco
Giner de los Ríos, publicó
numerosos estudios sobre el
folclore andaluz y gallego. Su
abuelo, Antonio Machado Núñez,
era médico y profesor de
Ciencias Naturales, cuando fue
nombrado en 1883 profesor de la
Universidad Central de Madrid y
toda la familia se traslada a
dicha ciudad donde Antonio
completa su formación en la
célebre Institución Libre de
Enseñanza, fundada por Francisco
Giner de los Ríos.
En 1899, Antonio Machado viaja a
París, donde vive su hermano el
poeta Manuel, con quien en lo
sucesivo emprenderá una carrera
conjunta de autores dramáticos y
trabaja de traductor para la
Editorial Garnier. Allí entra en
contacto con Oscar Wilde y Pío
Baroja, entre otros escritores y
asiste a las clases del filósofo
Henri Bergson, que le
impresionan profundamente.
Vuelve a España y trabaja de
actor mientras alcanza el título
de bachiller. En 1902 vuelve a
París y conoce a Rubén Darío. De
vuelta a Madrid entabla amistad
con Juan Ramón Jiménez y publica
Soledades (1903).
Elige la vacante del instituto
de Soria, donde conoce a Leonor
Izquierdo, con la que se casará
dos años después teniendo ella
15 años y él, 34. En 1911
viajaran a París al conseguir
Antonio una beca para ampliar
sus estudios. En esa ciudad,
Leonor cae enferma de
tuberculosis y muere en 1912, lo
que sume a Machado en una gran
depresión y solicita su traslado
a Baeza (Jaén), donde vivirá con
su madre dedicado a la enseñanza
y al estudio.
En 1936 publicó su auténtico
testamento literario, la
colección de textos en prosa
Juan de Mairena, imaginario
alter ego del autor en cuya boca
ponía éste su pensamiento cívico
y humanista.
Con el estallido de la Guerra
Civil Española marcha a
Valencia. En 1937 publica La
guerra. Entre 1937 y 1939,
Machado publica un total de 26
artículos en La Vanguardia (que
en aquella época era el órgano
de expresión del gobierno de la
República y recogía firmas de
los más destacados intelectuales
y escritores que apoyaron la
causa republicana).
Al término de la contienda se
dirigió al exilio en Francia
donde muere en Collioure en
febrero del 39. Quiso que se le
recordara ante todo como “un
hombre bueno”.
Joan Manuel Serrat y la difusión
de la obra machadiana
Treinta años después, cuando
Machado, estoicamente, era “solo
belleza escrita”, se convirtió
con el cantautor Joan Manuel
Serrat -una de las figuras más
destacadas de la canción moderna
tanto en lengua española como
catalana- en un alborozado
recuerdo de bellos versos
cantados. Serrat le dedica un
monográfico completo en 1969:
Dedicado a Antonio Machado,
poeta, constó de 12 canciones
que popularizaron la figura y la
obra del poeta.
Sus poemas
Cantares
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.
Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...
Nunca perseguí la gloria.
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...
Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten
de espinos
se oyó la voz de un poeta
gritar:
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso...
Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país
vecino.
Al alejarse le vieron llorar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso...
Cuando el jilguero no puede
cantar,
cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
«Caminante no hay camino,
se hace camino al andar...»
golpe a golpe, verso a verso.
Retrato
Mi infancia son recuerdos de un
patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura
el limonero;
mi juventud, veinte años en
tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos de
recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un
Bradomín he sido
–ya conocéis mi torpe aliño
indumentario–,
mas recibí la flecha que me
asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener
de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre
jacobina,
pero mi verso brota de manantial
sereno;
y más que un hombre al uso que
sabe su doctrina
soy, en el buen sentido de la
palabra, bueno.
Desdeño las romanzas de los
tenores huecos
y el coro de los grillos que
cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces
de los ecos,
y escucho solamente, entre las
voces, una.
Converso con el hombre que
siempre va conmigo
–quien habla solo espera hablar
a Dios un día–
mi soliloquio es plática con
este buen amigo
que me enseñó el secreto de la
filantropía.
Y al cabo, nada os debo; me
debéis cuanto escribo,
a mi trabajo acudo, con mi
dinero pago
el traje que me cubre y la
mansión que habito,
el pan que me alimenta y el
lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del
último viaje,
y esté al partir la nave que
nunca ha de tornar
me encontraréis a bordo ligero
de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de
la mar.
Las moscas
Vosotras las familiares,
inevitables, golosas,
vosotras moscas vulgares
me evocáis todas las cosas.
¡Oh viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!
Moscas de todas las horas,
de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada,
de esta segunda inocencia
que da en no creer en nada,
en nada.
Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras noches de estío
en que yo empecé a soñar.
Y en la aborrecida escuela
raudas moscas divertidas,
perseguidas, perseguidas,
por amor de lo que vuela.
Yo sé que os habéis posado
sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.
Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas
ni brilláis cual mariposas,
pequeñitas, revoltosas,
vosotras amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.
He andado muchos caminos
He andado muchos caminos
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.
En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra.
Y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.
Mala gente que camina
y va apestando la tierra...
Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan a donde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja.
Y no conocen la prisa
ni aún en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino,
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos,
descansan bajo la tierra.
Españolito
Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza.
Entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
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