|
Clement Greenberg y su teoría
de la cultura de masas
ead/elarcadigital
La “guerra fría” con el arte
como mejor proyectil
Hace un par de años la británica
Frances Stonor Saunders escribió
una investigación titulada La
CIA y la guerra fría cultural
(Editorial Debate-2007) donde
desmontaba un espectacular
andamiaje internacional, a
través de fundaciones, galerías,
escritores, congresos,
periodistas, etc. para enfrentar
al adversario soviético,
dominado por el llamado
“realismo socialista”. Es
interesante, para el caso, el
“giro” dado por uno de los
críticos artísticos más
connotados, Clement Greenberg,
con su libro Modernist Painting
escrito a la medida de esos
requerimientos y, curiosamente,
en contra de su clásica e
histórica visión del arte. Es
obvio que aquella “guerra fría”
llegó a abarcar todas las áreas
del quehacer humano. En estos
días se cumplen precisamente
cincuenta años –marzo de 1960--
del lanzamiento de este misil-biblia
para las “artes plásticas
libres”
Polloch que alcanzó récord de
venta. Greenberg fue un gran
admirador de su obra. En 1960
Clement Greenberg escribió su
ensayo Modernist Paíntíng, un
texto devorado por las
contradicciones. No es menor que
un escrito del enemigo máximo de
la cultura de masas, se
difundiera por primera vez a
través de un medio como la
radio. En efecto, Modernist
Painting fue emitido en la
primavera de 1960 por la emisora
"Volee of America", que tampoco
puede ser considerada como una
radio cualquiera: se trataba de
una emisora del Gobierno
americano usada como instrumento
de propaganda de la política
exterior estadounidense. Y pese
a que, con posterioridad, el
texto sería publicado en
revistas tan minoritarias y
exquisitas como "Art and
Literature", lo cierto es que en
su primera difusión contó con
una audiencia estimada de entre
trece y quince millones de
radioyentes repartidos por todo
el mundo.
Llama la atención que el autor
de aquel texto, reconocido
defensor de las tendencias más
avanzadas del Arte
Contemporáneo, se hubiera
convertido en "casi" portavoz en
temas artísticos de un gobierno
que si por algo pasó a la
Historia no fue precisamente por
su talante liberal y progresista
(administración Eisenhower-Nixon).
Pero la sorpresa es menor si
tenemos en cuenta el contexto en
el que evolucionó Greenberg (y
tantos otros intelectuales
americanos, especialmente
neoyorquinos). Partiendo de
posiciones políticas críticas
con el sistema, a finales de los
años 30 el famoso crítico de "The
Nation" trazó un esquema de
interpretación cultural de las
sociedades capitalistas
avanzadas, basado en la
contraposición de dos mundos
enfrentados: por una parte, las
diversas formas de la cultura de
masas (cine, tebeos, música
popular, etcétera, lo que él
denominó el kitsch), analizadas
como formas de explotación del
tiempo libre por parte de las
industrias del ocio; por otra,
las manifestaciones de la
vanguardia -bajo sus diversos
aspectos: arte, literatura,
música- que constituían la forma
más pura y elevada de cultura
crítica frente a ese sistema.
Pero, si inicialmente Greenberg
contemplaba el arte avanzado (lo
que él denominaba el Modernism)
como algo que formaba parte del
sistema y al mismo tiempo,
paradójicamente, se presentaba
bajo la forma de un instrumento
de desafío a ese sistema, con el
tiempo fue modificando su
posición inicial. A comienzos de
los años 50 -y coincidiendo con
los inicios de la Guerra Fría-
el redactor de la Partsan Review
dio un importante golpe de timón
a su planteamiento, que quedó
modificado así: gracias a la
democracia y al capitalismo
avanzado existentes en los
Estados Unidos, las nuevas capas
medias urbanas -cada vez más
mayoritarias- conseguirán un
nivel cultural superior al que
históricamente les hubiera
correspondido, asumiendo así los
postulados de las formas más
avanzadas del arte, de manera
que la "alta cultura" se acabará
convirtiendo en "cultura de
masas". Greenberg pensaba que el
enriquecimiento cultural de las
clases medias las dotaría de
capacidad para resistir la
adulteración y e doblegamiento,
provocado por la cultura
industrial al tiempo que las
convertiría en sujeto de un
nuevo proyecto cultural "emancipatorio"
basado en las reglas de la
vanguardia
La lectura efectuada por
Greenberg de la realidad
cultural de aquellos años fue
acompañada por una progresiva
radicalización de su formalismo
(siempre presente en sus
análisis críticos). Si Modernist
Painting es un texto tan
importante en la historia de la
teoría artística de la segunda
mitad del siglo XX es porque
expone ese momento con enorme
claridad: los antiguos análisis
político-culturales han sido
sustituidos por la voluntad de
reducir la pintura a la
esencialidad de su medio: la
superficie plana de la tela, los
límites de esas telas y la
materialidad de los pigmentos; y
aún, de estos tres aspectos
esencial, sólo lo plano (flatness)
del cuadro resulta en última
instancia decisivo. Esa búsqueda
de la especificidad a partir de
la cual debe trabajar el artista
para ocultarla (los grandes
maestros del pasado) o para
hacerla evidente (los
vanguardistas) se combina con
una lección de Historia que
busca el origen del paradigma
moderno en Manet y los
impresionistas (los primeros en
partir de la "visualidad" para
construir superficies planas).
http://www.elarcadigital.com.ar/
http://www.elarcadigital.com.ar/modules/revistadigital/articulo.php?id=1571
Gentileza:: ead / El Arca
Digital
[lectores@elarcadigital.com.ar]
paginadigital |