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Narro: críticas y sensatez
Editorial
de LA JORNADA
En el contexto de la
clausura de la Semana de la
Ciencia y la Innovación 2009, el
rector de la Universidad
Nacional Autónoma de México
(UNAM), José Narro Robles,
pronunció un discurso enérgico y
elocuente en el que criticó la
miopía política y el majestuoso
dogmatismo en torno a un modelo
desvencijado y contraproducente,
al tiempo que fustigó el
distanciamiento enfermizo (de
las autoridades) respecto de los
problemas y carencias de la
mayoría, el cual, dijo, mantiene
al país sumido en la ignorancia
de la historia, la cortedad de
metas hacia el futuro y la
amenaza de la inestabilidad
social.
Adicionalmente, el rector de la
máxima casa de estudios señaló
que es indispensable un debate
sobre las prioridades nacionales
y las mejores vías y estrategias
para atenderlas, enfatizó la
pertinencia y la necesidad de
dirigir el gasto público a
rubros como la educación y el
desarrollo científico y
tecnológico, para acabar su
discurso con que dejar de
apoyar, de impulsar, de dar
presupuesto en estas áreas es,
simple y llanamente, hipotecar
el futuro del país.
En el momento presente, cuando
prevalece una actitud indolente
y sorda por parte de las
autoridades ante los reclamos de
la ciudadanía, y cuando las
medidas con que se pretende
hacer frente a las problemáticas
económicas y sociales por las
que atraviesa el país no hacen
sino confirmar una lamentable
falta de altura de miras y de
proyecto de nación en el grupo
gobernante, es de saludar que
haya, en el ámbito de la vida
pública, funcionarios dispuestos
a llamar a las cosas por su
nombre, a recuperar la capacidad
de indignación y a plantear la
necesidad de un viraje en los
distintos ámbitos del quehacer
gubernamental.
Narro atinó a señalar, en unas
cuantas líneas, lo que los
encargados del manejo político y
financiero no han podido o no
han querido reconocer durante
los meses que ha durado la
crisis mundial: la inviabilidad
del modelo económico vigente,
sus nefastas implicaciones en el
terreno social y el lastre que
implica para generar los cambios
que el país requiere con
urgencia para alcanzar un
desarrollo efectivo y sostenido.
En ese sentido, resulta
inevitable contrastar las
declaraciones del rector con las
realizadas ayer mismo por el
titular de Hacienda y Crédito
Público, Agustín Carstens, quien
–en la reunión del Grupo de los
20 que se realiza en Pittsburgh–
señaló que la recesión actual ya
tocó fondo y ya estamos en el
rebote. Este desbordado
optimismo oficial es
improcedente no sólo porque
choca con los numerosos
pronósticos que señalan que los
efectos de la presente recesión
se seguirán padeciendo durante
buena parte del año entrante,
sino también porque soslaya el
sentir generalizado de zozobra e
incertidumbre entre la gente
como consecuencia de la
profundización de los efectos de
la crisis.
En lo que concierne a la
petición de dignificar el
presupuesto educativo y
científico, cabe señalar, como
hizo el propio Narro, que la
inversión en esos rubros
constituye una medida
imprescindible para potenciar el
desarrollo en lo económico,
reactivar la movilidad social y
atenuar las escandalosas
desigualdades que afectan al
país. Por si fuera poco, la
inclusión de este propósito en
la agenda de gobierno podría
incluso resultar conveniente
para la actual administración,
pues le ayudaría a obtener el
respaldo y el consenso político
y social que tanto requiere y
que no ha podido ni podrá
granjearse con propuestas de
corte antipopular, como las
contenidas en su actual paquete
económico.
En suma, el discurso pronunciado
por el rector de la UNAM aporta
elementos sensatos y valiosos
para enfrentar la presente
coyuntura y sería lamentable que
las autoridades federales no
acusaran recibo de los mismos.
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Gentileza:: Guillermo C. Cohen-DeGovia
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