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El dominio del agua
Ileana
Almeida *
La historia de opresión a
los pueblos indígenas es la
historia del despojo de sus
aguas. Las reducciones, los
repartos, las haciendas, las
ciudades, las industrias
nacionales, las empresas
transnacionales y, ahora, la
pretendida Ley de Agua no son
sino formas de despojo del
líquido vital a los indígenas.
Para la economía colonial el
agua era de importancia
definitiva. Necesitaban tener
agua cercana para las minas, los
obrajes, las haciendas. Los
valles de los ríos se
reemplazaron por calles. Las
aglomeraciones urbanas
absorbieron el agua del campo.
El agua de los páramos está cada
vez más amenazada por las
transnacionales del agua. Ahora
vuelve a ser indispensable para
la extracción minera. La falta
de agua ya ha provocado que las
antiguas tierras fértiles
ocupadas por los indígenas se
conviertan en polvo que lo lleva
el viento. Las lomas desérticas
avanzan en la Sierra. Para
muchos indígenas la única
esperanza de agua es la lluvia.
Nadie piensa que de ellos
depende, en gran medida, la
seguridad alimentaria del
Ecuador.
En la región amazónica, los ríos
están contaminados con residuos
químicos que producen las
extracciones mineras y
petroleras, y se han convertido
en una amenaza mortal. La
población indígena está enferma,
es altísimo entre ella el índice
de cáncer, de gastritis, de
enfermedades respiratorias.
Pronto la maravillosa fauna y
flora de la Amazonia solo las
podremos ver en vitrinas y
jaulas Los migrantes abandonan
el campo pensando que en la
ciudad ya no sufrirán por la
amargura y la desesperación que
produce la falta de agua o la
carencia de agua pura.
Al despojo del líquido, a menudo
de manera abusiva y violenta,
los comuneros, han respondido
con protestas colectivas
tratando de negociar con el
hacendado o con la empresa. Han
tratado de defender su agua
apelando a la justicia mishu
que, bien se sabe, es
manipulable y muchas veces ciega
y sorda a sus reclamos. Hay
juicios de años por agua en
contra de hacendados que roban y
la escatiman a los comuneros, y
que nunca son resueltos. Es el
caso, entre muchos otros más, de
la comunidad Salasaca y la de
San Isidro.
Frente a la diaria catástrofe
ecológica, los expertos
reconocen las ventajas del
manejo del agua por parte de los
indígenas, fieles guardianes de
sus fuentes y prudentes
consumidores de sus flujos. El
agua en las comunidades siempre
ha tenido un papel protagónico.
Prueba de ello son las
constantes mingas que se hacen
para encausarlas y prevenirlas
de la contaminación y el uso
excesivo. La mayoría de las
veces se lo hace sin contar con
recursos gubernamental. Solo con
la voluntad colectiva se encarga
de construir acequias, canales,
diques, terrazas de cultivo para
garantizar los cultivos en las
tierras comunales y en las
parcelas familiares.
Los pueblos indígenas son
esencialmente agricultores y,
por eso, dependientes
directamente del agua, sus
culturas indígenas solo pueden
ser entendidas a través de la
perspectiva del agua y de la
fertilidad. Hasta ahora las
creencias y las prácticas más
arraigadas en su conciencia se
relacionan con el líquido de
vida. Desde la perspectiva del
Estado lo que cuenta es el
crecimiento económico, que por
supuesto no llega a las
comunidades ancestrales. En la
práctica, para el Estado el del
agua no es un problema cultural
y ecológico prioritario. El uso
y la distribución del agua están
unidos a intereses y estructuras
de poder político. Y el afán
manifiesto, es en definitiva,
dominar la naturaleza para
extraerle beneficios fines
económicos, sin pensar mucho en
el futuro.
Una esperanza surgió entre los
indígenas con la nueva
Constitución. Por fin se
aceptaba que el Estado debía ser
plurinacional si quería reflejar
la realidad del país; parecía
que por fin se abrirían espacios
en el Estado y en el Derecho
para los pueblos ancestrales,
que se propondrían acuerdos y
compromisos con las
organizaciones indígenas, que
indígenas y no indígenas con sus
propias visiones culturales
estarían en plano de igualdad,
respondiendo a una búsqueda por
comprenderse mutuamente. Pero en
el gobierno se reproducen los
temores y el menosprecio de
siempre a los indígenas.
Que los indígenas mantengan
autonomía en el manejo del
elemento clave para la vida no
solo es una garantía de
sustentabilidad para ellos,
puesto que su actitud es una
forma visible y palpable de
cuidado de la naturaleza.
Además, también sería un acuerdo
para comprender otras maneras de
vivir y otra forma de aceptar
derechos civiles fundamentales.
El levantamiento indígena por
los derechos al agua manifiesta
el deseo de decir que sus
intereses deben ser atendidos
con políticas correctas, que sus
derechos deben ser acogidos no
con suposiciones de igualdad
sino con una verdadera búsqueda
de cohesión social y política.
Gentileza:: Info Accion
Ecologica
[info@accionecologica.org]
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