|
Delitos de lesa cultura
Helen
Umaña
Agencia Latinoamericana de
Información
Desde el punto de vista
antropológico, el término
cultura se refiere a todas las
manifestaciones de la vida
material (sembrar maíz, por
ejemplo) y espiritual (escribir
un poema, elaborar una teoría
científica o trazar un grafiti
contestatario) de una
determinada comunidad. Vivimos y
respiramos, pues, dentro de una
cultura específica y singular
que marca nuestra manera de
proceder: gusto por determinados
alimentos; parámetros para
valorar una película o una
canción; manera de vestirse;
preferencia por determinados
deportes, etc. Ella nos
proporciona, pues, una especie
de sello o divisa que nos
identifica o individualiza
frente a los demás. Para el caso
de Honduras, inclusive, tenemos
que hablar de una realidad
multicultural.
Pero hablando en términos
generales, la cultura se liga
indefectiblemente al concepto de
identidad nacional. Esto, no
como una condición cerrada o
acabada, sino como proceso: algo
que siempre se enriquece o se
renueva. Inclusive, que se
deteriora o destruye (la
conquista española aniquiló,
mutiló o cambió la cultura de
los pueblos indígenas: los
lencas, por ejemplo, perdieron
su lengua y, con ella, aspectos
vitales de su visión del mundo).
Cae de su propio peso, pues, la
importancia que la Secretaría de
Cultura tiene en la vida de una
nación. Justamente, de sus
políticas depende la formulación
y puesta en práctica de
programas destinados a conservar
y enriquecer la riqueza
espiritual del país. Sólo los
políticos torpes desestiman la
función de argamasa intelectual
y afectiva que, en el pueblo,
representan las manifestaciones
artísticas, literarias, etc. Por
esta razón, cuando se nombra un
gabinete de gobierno, colocan,
para ?dirigirlo?, a personas con
las cuales tienen que cumplir
algún compromiso político o
personal pero que, del fenómeno
cultural, ignoran sus aspectos
más elementales.
El régimen de facto, además del
gran traspié con el nombramiento
de su primer canciller (el de
las célebres frases, perlas de
la diplomacia catracha, como la
frase racista dirigida a Obama),
está dando otra muestra del
nivel intelectual de sus
funcionarios. En reciente
comparecencia, Mirna Castro,
flamante ministra de ?cultura?
?de ignorado curriculum en
materia científica, artística o
literaria?, ante las cámaras
televisivas del mundo, evidenció
que nunca en su vida ha abierto
un libro: condenó como
subversivas obras fundamentales
del acervo literario del país.
Probablemente, como lo hicieron
Juan de Zumárraga y Diego de
Landa cuando quemaron
invaluables códices indígenas,
pronto organizará una gran pira
con obras de ?indoctrinamiento?,
como las siguientes: Memorias y
apuntes de viaje, Todos los
cuentos y Anecdotario hondureño
de Froylán Turcios; Soy
extranjero y ando de paso de
José Roy Castro; Estampas de
Honduras de Doris Stone (hija de
Samuel Zemurray, magnate de las
bananeras); Honduras de Luis
Mariñas Otero; La inconformidad
del hombre de Alfonso Guillén
Zelaya; La heredad de Marcos
Carías Reyes (sobrino y
secretario del general Tiburcio
Carías Andino); Mundo de cubos
de Nelson Merren; Obra poética
escogida de sus manuscritos de
José Antonio Domínguez; Panorama
de la poesía hondureña de Óscar
Castañeda Batres; Soñaba el abad
de San Pedro soñaba y yo también
sé soñar de José Cecilio del
Valle; Sueños de Merce de
Mercedes Agurcia Membreño y
otros muchos títulos de similar
prosapia y de reciente
publicación. Quizá el
diccionario de autores
hondureños de José González la
puede ilustrar respecto de
quiénes fueron esos
?peligrosísimos? autores que,
con toda seguridad, deleitaron a
muchos de nuestros padres o
abuelos.
Lo anterior, en el fondo, es
risible y equivale a las
célebres frases del Dr. Enrique
Ortez Colindres. Si destruye o
confisca esos libros, todos se
pueden reponer en futuras
ediciones. Lo más grave radica
en otras decisiones que
afectarán directamente al
patrimonio histórico del país.
Así, el Centro Documental de
Investigaciones Históricas de
Honduras (en donde se guardan
periódicos y documentos
fundamentales para el
investigador científico y para
el público en general interesado
en el tema) piensa asignarlo a
los Militares Reservistas para
que monten un centro de
operación militar. Si no se
actúa con celeridad (y un
llamado a UNESCO es perentorio),
pronto, la Hemeroteca y el
Archivo Nacional pueden ser
víctimas de un saqueo y
destrucción sin precedentes.
Para miembros (visibles o
invisibles) del gobierno de
facto es urgente ?borrar?
pruebas irrefutables de un
reciente pasado nada limpio. No
es casual que uno de los
primeros actos de la Sra. Castro
fue el despido de la
historiadora Natalie Roque
Sandoval, celosa guardadora de
ese patrimonio cultural.
Asimismo, dentro de esa ominosa
política de arrasar con la
cultura hondureña, se inscribe
la reciente destitución de la
Directora del Libro y del
Documento, la Lic. Rebeca
Becerra, una de las poetas con
mayor fuerza expresiva en la
actual poesía latinoamericana.
Ella realizó una labor editorial
destacada y es la responsable de
la publicación de libros como
los mencionados. El ?¡Muera la
inteligencia!?, grito de guerra
de todos los fascistas que en el
mundo han sido, empieza a
resonar en los pasillos de casa
de gobierno.
Nubes negras se ciernen,
también, contra las casas de la
cultura, acusadas, por la
desinformada ministra, de ser
centros que dañan al país porque
sobre ellos planea la nefasta
sombra de Hugo Chávez.
Afortunadamente, se localizan en
ciudades del interior del país y
cada comunidad sabe qué actos se
han llevado a cabo bajo su alero
protector (presentaciones de
libros; talleres de pintura;
sesiones de cine; clubes de
lectura?). En otras palabras,
sabrán detectar la magnitud de
la mentira oficial.
Con pesadumbre, constatamos que
Honduras ha entrado a una etapa
oscurantista cuyos precedentes
se remontan a la década
oprobiosa del ochenta. El
gobierno de facto, en materia
cultural, ha tirado por la borda
los progresos alcanzados durante
las dos gestiones del Dr.
Rodolfo Pastor Fasquelle al
frente de la Secretaría de
Cultura. Al respecto, baste
citar el trabajo encomiable,
aplaudido internacionalmente,
del Instituto de Antropología e
Historia, dirigido por el Dr.
Darío Euraque. No nos engañemos.
Signos nefastos como los
apuntados indican que estamos en
el umbral de una auténtica
inquisición cultural.
Fuente
http://alainet.org/active/31926
http://www.libros.com.sv/
http://www.libros.com.sv/nueva/detalles.php?id=777
Gentileza:: Canillita
[canillita_feliz@yahoo.com]
paginadigital |