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Las guerras por los recursos
naturales
por
Vandana Shiva
NUEVA DELHI, (Tierramérica).
El petróleo, el agua y la
tierra están en el centro de
conflictos en todo el mundo.
Guerras por el petróleo, guerras
por el agua, guerras por
tierras, guerras atmosféricas:
esta es la cara verdadera de la
globalización económica, cuyo
apetito de recursos naturales
supera los límites de la
sostenibilidad y la justicia.
Donde hay petróleo hay
conflictos. No importa en qué
medida la apariencia de una
guerra de culturas aparezca
vinculada a las invasiones a
Afganistán e Iraq (y a la
amenaza de una acción similar en
Irán), porque la realidad era y
es que se trata de guerras por
el crudo.
También el agua se está
convirtiendo en una fuente de
guerras en la medida en que es
privatizada y se ha convertido
en mercancía. Grandes represas
desvían el agua de los sistemas
naturales de drenaje de los
ríos. Alterar el flujo de un río
también modifica la distribución
del agua, especialmente si eso
implica las transferencias de
agua entre varias cuencas. Estos
cambios provocan a menudo
disputas entre estados o
provincias que rápidamente
degeneran en conflictos entre
gobiernos centrales y naciones.
Cada río en la India es motivo
de importantes e insolubles
problemas sobre la propiedad del
agua y su distribución. En el
continente americano, el
conflicto entre Estados Unidos y
México por el agua del río
Colorado se ha intensificado en
años recientes. Las aguas de los
ríos Tigris y Eufrates, que han
sostenido a la agricultura
durante miles de años en
Turquía, Siria e Iraq, han sido
la causa de varios importantes
choques entre esos tres países.
Ambos ríos nacen en Turquía,
cuya posición oficial es "El
agua es tan nuestra como el
petróleo de Iraq es de Iraq".
La guerra entre israelíes y
palestinos es en cierta medida
una guerra por el agua. El
motivo de contienda es el río
Jordán, usado por Israel,
Jordania, Siria, Líbano y
Cisjordania. La agricultura a
escala industrial de Israel
requiere agua de ese río así
como de las aguas subterráneas
de Cisjordania.
Aunque sólo tres por ciento de
la cuenca del río Jordán está en
territorio israelí, proporciona
60 por ciento de las necesidades
de agua de Israel. La guerra de
1967 fue, en efecto, una guerra
por el agua de las Alturas del
Golán, del Mar de Galilea, del
río Jordán y de Cisjordania.
Los financiamientos del Banco
Mundial y del Banco de
Desarrollo de Asia están también
desencadenando guerras por el
agua entre estados y ciudadanos.
Por ejemplo, cuando una represa
fue construida en el río Banas,
en el estado indio de Rajastán,
para desviar agua hacia las
ciudades de Jaipur y Ajmer,
cinco aldeanos que efectuaban
una protesta pacífica contra esa
obra fueron baleados a muerte
por la policía en agosto de
2005.
En lugar de reconocer que la
pisada ecológica de la
globalización está aplastando a
tierras y a pueblos, la nueva
élite desarraigada cultural e
intelectualmente sostiene que
hay exceso de población. Y se
llega a hablar de los recursos
naturales como una desventaja
comparativa.
Sin embargo, es precisamente la
liberalización del comercio la
que está permitiendo a las
corporaciones invadir el espacio
ecológico de las comunidades
locales, lo que desencadena
conflictos. Para las comunidades
locales los recursos naturales
como la tierra y el agua tienen
claramente valor. Negar valor a
las fuentes de esos recursos es
negar derechos fundamentales y
los usos prioritarios de las
tierras y el agua.
El problema no son los recursos
naturales sino el libre comercio
y la globalización. El problema
no es la gente sino la codicia
de las corporaciones
empresariales y las asociaciones
entre éstas y los estados con el
fin de usurpar los recursos del
pueblo y violar sus derechos
fundamentales.
Si la globalización es empujada
implacablemente para apoderarse
de esos recursos, aumentarán las
guerras y la globalización se
hará más lenta hasta detenerse a
causa de las catástrofes
ecológicas y de los conflictos
por los recursos naturales.
Si, por el contrario, los
movimientos a favor de la
sustentabilidad ecológica y de
la justicia social tienen éxito
en resistir a las
extralimitaciones de la
globalización, podremos vivir
con alegría en nuestro planeta y
compartir equitativamente sus
recursos vitales.
*
Escritora y militante en
campañas por los derechos de la
mujer y por el ambiente.
Derechos reservados IPS.
Gentileza:: alfaro melina
[cybermelinaalfaro@bandalibre.com]
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