|
Estudiar en casa
Froilán
Parra Suárez
(Cuba).-
El panorama dejado por el
huracán Ike desanimaba al más
ecuánime de los mortales. No es
de extrañar, por eso, que José,
Rafelito y Eduardito esa mañana
anduvieran serios, con el rostro
compungido: Ike los había dejado
sin escuela también.
"Ni un solo día hemos perdido
las clases. Adornamos el "aula"
con los cuadritos y los murales
que teníamos en el centro",
afirman los estudiantes del
sexto grado, del Centro Escolar
Atanagildo Cajigal, de Gibara
¿Y ahora, dónde damos clases?
Indagaban. Mas la preocupación
de los niños encontró rápida
respuesta en la solidaridad de
los vecinos, unas 600 familias
holguineras brindaron, de
inmediato, parte de sus
viviendas para abrir las aulas y
reiniciar nuevamente el curso,
recién estrenado días antes, con
más de 200 000 estudiantes y
1593 escuelas abiertas.
A pesar del "esfuerzo"
destructor de Ike, la afectación
de 757 instalaciones escolares,
de ellas 73 totales de techo y
539 parciales, 40 derrumbes
totales y 105 parciales, no
constituyó en modo alguno
impedimento para que niños y
niñas, de los distintos niveles
educacionales recibieran sus
clases.
Nueve meses después del fatídico
encuentro de los cubanos con el
destructor meteoro, la situación
ha variado bastante, pero el
altruismo de muchos hombres y
mujeres anónimos del pueblo,
mantiene en las improvisadas
aulas a 1074 estudiantes de
primaria en la provincia, de
unas 61 escuelas que continúan
con afectaciones de diferentes
magnitudes y que impiden el
retorno de los educandos a sus
predios.
—Solamente en Gibara, afirma
Gisbert Tejas Martínez, director
municipal de Educación, 231
estudiantes reciben la docencia
de esta forma. El huracán
ocasionó daños a 101 escuelas en
el territorio. De ellas ya 75
están recuperadas completamente,
aunque aún funcionan dos centros
de evacuados en instalaciones
nuestras: el centro escolar
Atanagildo Cajigal y la Escuela
de Oficios.
Un cuarto de la casa de Lisette
Galván Cansino, convertido en
escuela, permite a los niños y
niñas recibir sus clases con
calidad
Así encontramos, en una soleada
mañana, a la experimentada
maestra Tomasa Morales Almaguer,
del Centro Escolar Atanagildo
Cajigal Torres, en pleno proceso
docente en un local convertido
en peculiar escuela.
—Desde mediados de septiembre,
apenas unos días de pasado el
huracán, con el apoyo de los
vecinos y el Consejo Popular, se
acondicionó este local, donde
ahora reciben clases 15 alumnos
de sexto grado, en la mañana, y
11 en la tarde con otro
profesor, explica Tomasa.
Unos 231 alumnos de la enseñanza
primaria gibareña, 1074 en la
provincia, reciben clases en
locales alternativos como este
— En la escuela funciona un
centro de evacuados, personas
que perdieron sus viviendas y
aún no ha sido posible reubicar
– expresa Tomasa –, por eso los
vecinos prestaron esta
habitación y aquí se imparten
las clases, sin mermar la
calidad de las mismas
—Ni un solo día hemos perdido
las clases. Adornamos el "aula"
con los cuadritos y los murales
que teníamos en el centro.
Recibimos las clases, damos los
matutinos y todas las
actividades, afirma Liuba María
González Mendosa, espabilada
alumna de sexto grado que
confiesa interesarle la
Informática, "aunque la medicina
también me atrae".
De igual modo reciben las clases
de computación, en casa de la
profesora María Velásquez, quien
convirtió parte de su vivienda
personal en laboratorio, en
tanto, Yainier, el instructor de
arte, les enseña los primeros
pasos en el mundo de las artes
plásticas en las pintorescas
áreas del "Cuartelón", restos
coloniales de la presencia
española en la región.
—Lo importante es que los niños
no se queden sin estudiar, dice
Lisette Galván Cansino,
propietaria de la habitación
convertida en escuela, nosotros
ya nos acomodamos, ellos pueden
utilizar este lugar el tiempo
que necesiten, hasta que la
escuela los pueda recibir
nuevamente.
NUESTRA AMÉRICA
nuestramerica-subscribe@yahoogroups.com
Gentileza:: Guillermo C. Cohen-DeGovia
[allelon@operamail.com]
paginadigital |