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¿A quién pertenece la Tierra?
Leonardo
Boff
En Brasil se discute mucho
la cuestión de la
internacionalización de la
Amazonia, o a quién pertenece
esta rica porción del planeta
Tierra. Sin querer entrar en
esta discusión que un día
retomaré, percibo que ella
remite a otra todavía más
fundamental: ¿a quién pertenece
la Tierra?
Muchas son las respuestas
posibles, algunas verdaderas,
otras insuficientes o incluso
falsas. Con cierta naturalidad
podríamos responder: la Tierra
pertenece a los humanos.
Apelamos a la palabra de las
Escrituras que nos dicen: «os lo
entrego todo... extendeos por la
Tierra y dominadla» (Gn 9,3.7).
Extrañamente, los humanos
irrumpieron en el escenario de
la evolución cuando el 99,98% de
la Tierra estaba listo. Ellos no
asistieron a su nacimiento ni
ella los necesitó para organizar
su complejidad y biodiversidad.
¿Cómo puede pertenecerles? Sólo
la ignorancia, unida a la
arrogancia, les have pretender
la posesión de la Tierra.
También podríamos responder: la
Tierra pertenece a los seres más
numerosos que la habitan.
Entonces ella pertenecerá a los
microorganismos —bacterias,
hongos, virus— pues constituyen
el 95% de todos los seres vivos.
Según el considerado biólogo E.
Wilson un gramo de tierra
contiene cerca de 10.000
millones de bacterias de seis
mil especies diferentes.
Imaginemos los quintillones de
quintillones de microorganismos
que habitan la totalidad de los
suelos terrestres. Todos ellos
tienen más derecho de posesión
de la Tierra que nosotros, bien
por su ancestralidad, por su
número, o por la función de
garantizar la vitalidad del
planeta.
O pertenece a la totalidad de
los ecosistemas que sirven a la
comunidad de vida, regulando los
climas y la composición
físico-química del planeta. Esta
respuesta es buena pero
insuficiente porque olvida las
relaciones que la Tierra
mantiene con las energías y los
elementos del universo.
Así, la Tierra pertenece al
sistema solar que, a su vez,
pertenece a nuestra galaxia, la
Vía Láctea, la cual, finalmente,
pertenece al cosmos. Ella es un
momento de un proceso evolutivo
de 13.700 millones de años.
Pero esta respuesta no nos
satisface, pues remite a una
pregunta ulterior: ¿y el cosmos
a quién pertenece? Pertenece a
esa Energía de fondo, al Vacío
Cuántico, al Abismo alimentador
de todos los seres, a la Fuente
originaria de todo. Ésta es la
respuesta que los astrofísicos y
cosmólogos acostumbran dar. Y es
correcta. Pero todavía no es
última.
Cabe una pregunta final: ¿a
quién pertenece la Energía de
fondo del universo? Alguien
podría simplemente responder: no
pertenece a nadie, pues
pertenece a sí misma. Esta
respuesta es simplemente una
no-respuesta porque nos coloca
ante un muro. Nos remite a la
teología, a Dios.
Cambiando de registro y bajando
a nuestra realidad cotidiana y
brutal de los negocios: ¿a quién
pertenece la Tierra? En verdad,
pertenece a los que detentan el
poder, a los que controlan los
mercados, a los que venden y
compran su suelo, sus bienes y
servicios, agua, genes,
semillas, órganos humanos,
personas -hechas también
mercancía-. Éstos pretenden ser
los dueños de la Tierra y
disponen de ella como les viene
en gana.
Pero son dueños ridículos, pues
olvidan que no son dueños de sí
mismos, ni de su origen ni de su
muerte.
¿A quién pertenece la Tierra? Me
quedo con la respuesta más
sensata y satisfactoria de las
religiones, bien representadas
por la judeocristiana. En ésta
Dios dice: «Mía es la Tierra y
todo lo que hay en ella;
vosotros sois mis huéspedes e
inquilinos» (Lv 25,23). Sólo
Dios es señor de la Tierra y no
ha dado escritura de posesión a
nadie. Nosotros somos huéspedes
temporales y simples cuidadores
con la misión de hacer de ella
lo que un día fue: el Jardín del
Edén.
Gentileza::
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