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Autómatas de la cultura del
miedo
David
Rodríguez Seoane
¿Es realmente tan peligrosa
esta gripe? ¿A quién beneficia
el brote de un virus de estas
características? ¿Qué intereses
se ocultan detrás de este velo
de incertidumbre? Quizás todas
estas cuestiones empiecen a
esclarecerse si tenemos en
cuenta que desde hace más de dos
años la industria farmacéutica
tiene graves problemas
financieros por causa de un
notable descenso en la venta de
medicamentos.
Se hizo necesario recurrir a la
llamada "doctrina del shock",
que plantea Naomi Klein en su
último libro, para que el
"capitalismo del desastre"
siguiese su curso. La
insistencia narcótica de los
medios adocenó a millones de
ciudadanos temerosos de un
posible contagio y en algunos
casos incluso los convenció de
no volver a comer cerdo. El
reclamo para un consumo masivo
de antivirales estaba servido.
Fue a partir de entonces cuando
el gigante suizo Roche y
GlaxoSmithKline, dos de las
grandes multinacionales del
sector, vieron la oportunidad,
como únicos proveedores, de
servir medicamentos bajo marcas
como Tamiflu o Relenza, capaces
de combatir o prevenir la
infección. En el capitalismo
exacerbado que gobierna el mundo
también de la desgracia se
obtiene rentabilidad. Ambas
compañías han visto en los
últimos días como se
revalorizaban sus acciones en
bolsa.
A través de la creación de
necesidades ficticias en los
consumidores muchas empresas
aseguran la salida de sus
productos. En la historia
algunas guerras se libraron en
favor de la industria
armamentística, porque ahora una
enfermedad no puede ser
utilizada para auspiciar la
economía mundial en un sistema
que se retroalimenta a base de
mentiras.
Los medios de comunicación
funcionan como auténticos gurús
de la cultura del miedo. La
pandemia de gripe porcina que se
originó hace unas semanas en
México es una muestra más de
cómo el miedo y la ansiedad se
propagan más rápido que la
propia enfermedad viral.
Mientras la sociedad se contagia
de hipocondría, el mal de muchos
se ha convertido en un negocio
capaz de reportar pingües
beneficios para algunas
farmacéuticas.
El impacto social de la gripe A
(H1N1) ha encendido la alarma en
todo el mundo y ha desatado una
"psicosis colectiva" que los
grandes medios han avivado desde
que se conocieron los primeros
casos. Las crónicas
apocalípticas que relataban la
amenaza y las evoluciones de la
enfermedad, contra la que no
existía remedio conocido, se
reprodujeron una y otra vez para
recomendar el uso de mascarillas
en las zonas públicas y
prudencia para evitar males
mayores.
Según el último informe de la
OMS, hay más de 5.000 afectados
en 33 países diferentes, y ya se
contabiliza la muerte de 61
personas, de las cuales 56
tenían nacionalidad mexicana.
Las consecuencias son reales, no
cabe la menor duda.
Mientras tanto, lejos de los
focos y de la mirada de la
comunidad internacional se
extiende una epidemia mucho más
grave que se ha cobrado 1.900
vidas y en la que ya han sido
declarados 56.000 casos. África
Occidental sufre, desde hace
unos meses, uno de los peores
brotes de meningitis de su
historia y, como de costumbre,
la repercusión mediática que ha
promovido ha sido muy reducida e
incluso inexistente en algunos
países. La vieja e inapropiada
distinción entre mundos de
primera y de tercera sigue
siendo extrapolable a las
víctimas. Después de más de 60
años de la Declaración Universal
de los Derechos Humanos la vida
de una persona, en función de su
pasaporte, tiene un valor de
cambio distinto en el mercado
libre de la información.
Construida con una
intencionalidad premeditada o
no, la cultura del miedo forma
parte, a todas luces, de las
nuevas tendencias sociales del
siglo XXI. La sociedad de este
siglo está tan atemorizada que
permanece adormecida, sin
actitud crítica y conmocionada
por la desconfianza en casi
todo. Los individuos, por su
parte, obedientes y esclavizados
por los mandatos del poder
establecido sólo encuentran
alivio en un consumismo
compulsivo que les permita
comprar la seguridad que las
instituciones y las
informaciones de los noticieros
ponen en duda.
La deshumanización del mundo ha
hecho que las personas sean
sustituidas por autómatas y que
el miedo se haya convertido en
el verdadero opio del pueblo.
David
Rodríguez Seoane
Periodista
ccs@solidarios.org.es
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Solidarias (CCS)
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