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La Hora Bicentenaria
por
Fernando Ramón Bossi
La Insurrección de
Chuquisaca de 1809
Este 25 de mayo se cumplen 200
años del levantamiento popular
contra las autoridades
coloniales en la ciudad de
Chuquisaca (hoy Sucre), conocido
también como "El Primer Grito de
Libertad". Con esta fecha,
comienzan los festejos del
Bicentenario en toda Nuestra
América, aunque creemos que
hubieran tenido que comenzar
bastante antes, teniendo en
cuenta, la independencia de
Haití en 1804, pero ese es un
tema de otra discusión.
No hay dudas que el estallido
revolucionario de Chuquisaca
tuvo alcance en toda la región
del sur de Sudamérica, como
asimismo dejó sentada las bases
del espíritu independentista que
coronó en triunfo el 9 de
diciembre de 1824 en la Pampa de
Ayacucho; mas es necesario
aclarar que las circunstancias
que llevaron al levantamiento
contra las autoridades
coloniales en Chuquisaca
responden a una acumulación de
hechos que se fueron sucediendo
tanto en nuestra América como en
el resto del mundo.
El correcto afirmar que la
resistencia a la conquista
europea comenzó simultáneamente
con los atropellos que impuso el
colonizador a nuestros pueblos
originarios. Tanto el
colonialismo español como el
portugués, francés, holandés e
inglés fueron sometidos a
constante presión por los
indígenas americanos. Ignorar la
gesta heroica de los pueblos
indígenas a la hora de hablar de
la independencia de nuestra
América es un acto de injusticia
y de poco rigor histórico.
En 1809, cuando Chuquisaca
inicia su alzamiento contra las
autoridades españolas, todavía
no habían pasado 30 años del
levantamiento aymara de Tomás
Katari. El recuerdo de la guerra
de liberación indígena, como
también de la tremenda represión
desatada, dejaba grabada en la
mente de los pobladores de la
región la imagen de los miles de
indios sublevados que habían
echo tambalear el poder
colonial. Tomás Katari, Nicolás
y Dámaso Katari, Tupac Amaru y
Micaela Bastidas, Tupac Katari y
Bartolina Sisa serían los
conductores de la más grande
insurrección libertaria y
antiesclavista de la época.
Desde el sur de la actual
Colombia, hasta el norte de las
actuales Argentina y Chile se
extendió el levantamiento
anticolonialista. Algunos
blancos y no pocos mestizos se
sumaron a la gesta emancipadora.
Tomás Katari fue asesinado junto
a su asistente, Isidro Serrano,
blanco y español. Los pueblos
originarios, habían levantado su
voz y sus reclamos, de ahí en
más fue imposible ignorar su
presencia.
"Allende los mares", la España
peninsular también era
territorio de convulsionadas
luchas. La nobleza peninsular,
consolidada en el siglo XVI tras
aplastar a sangre y fuego a las
hermandades de Valencia y a las
Comunidades de Castilla, y pese
a la reforma de los Borbones,
había impedido el desarrollo de
esa nueva clase burguesa que
emergía en otros países de
Europa sobre las ruinas del
poder feudal. Mientras en
Francia, Inglaterra, y Holanda
se expandía la producción
manufacturera y la máquina a
vapor revolucionaba la
producción, en España, las
riquezas saqueadas de la América
colonial iban a parar en manos
de los grandes banqueros y
prestamistas extranjeros, así
como para sostener la casta de
parásitos que constituían la
corte del rey, los
terratenientes feudales y l a
Iglesia. La plata y el oro de
América impulsaron el
capitalismo europeo y aceleraron
las contradicciones entre las
noblezas feudales y la burguesía
naciente, pero no en España.
En 1808 Napoleón invade la
península para someter a
Portugal, aliada de Inglaterra.
Las tropas francesas deponen al
rey y coronan a José I, hermano
del "Gran Corzo". La nobleza
española, aunque temerosa de las
"ideas revolucionarias"
importadas de Francia, se alía
inmediatamente a los invasores.
El pueblo español,
fundamentalmente los sectores
más pobres de la población,
inicia una tenaz resistencia al
ejército francés. La heroica
guerra popular, testimoniadas
magistralmente por los grabados
de Goya, impulsará,
conjuntamente con la guerra de
liberación, las demandas
democráticas liberales que tanto
reclamara el pueblo y que hasta
el momento les habían sido
negadas. Los liberales
españoles, al luchar contra las
tropas napoleónicas luchaban
también contra los abusos y
atropellos de las clases
dominantes españolas. El pueblo
español creyón que con Fernando
VII, "El Deseado", se abría la
posibilidad de desterrar la
"España Negra" de monjes,
terratenientes y cortesanos, y
avanzar hacia una España más
democrática y acorde a los
tiempos revolucionarios que
vivía el resto de Europa. Pero
sabemos que esto no pasó, y que
una vez expulsado el invasor
francés, Fernando VII y la
nobleza española desecharon la
Constitución liberal de 1812,
reprimieron a las fuerzas
populares de tendencia
liberal-democrática y
restauraron el orden
contrarrevolucionario. Todos
estos acontecimientos
repercutieron enormemente en
América.
Es en este contexto en que se
produce el levantamiento de
Chuquisaca de
1809. Ni Carlos IV, ni Fernando
VII gobernaban España. Estando
ambos presos â€"si bien en
"cárcel de oro"-, se esgrime el
argumento de que las colonias
americanas no pertenecen a
España, sino al Rey de España, y
estando éste imposibilitado de
gobernar, quedaba roto el
vínculo de dependencia, y con
ello los americanos quedaban
libres de elegir su propio
gobierno. Este fue el argumento,
conocido luego como el
"Silogismo Altoperuano de
Charcas". Las ideas de la
Revolución Francesa, llegaban a
la América española.
Vale decir, que la sublevación
de Chuquisaca parte de una
premisa demoliberal de
reivindicación política:
caducado el poder del rey la
soberanía vuelve al pueblo y es
él quien decide su gobierno.
Desde la Universidad Mayor Real
y Pontificia de San Francisco
Javier, las doctrinas
revolucionarias de la época se
expanden a través de los jóvenes
criollos liberales, como así
también de algunos peninsulares
adherentes al pensamiento
progresista.
Entre los insurrectos circulaban
diferentes documentos, algunos
más conservadores y otras más
radicales. Tal vez uno de
aquellos que más impactaron fue
el redactado por el tucumano
Bernardo Monteagudo, "Diálogo
entre Atahualpa y Fernando VII
en los Campos Elíseos". En su
texto se lee: "Habitantes del
Perú: si desnaturalizados e
insensibles habéis mirado hasta
el día con semblante tranquilo y
sereno la desolación e
infortunio de vuestra
desgraciada patria, despertad ya
del penoso letargo en que habéis
estado sumergidos. Desaparezca
la penosa y funesta noche de la
usurpación, y amanezca luminoso
y claro el día de la libertad.
Quebrantad las terribles cadenas
de la esclavitud y empezad a
disfrutar de los deliciosos
encantos de la independencia.
Vuestra causa es justa ,
equitativos vuestros designios.
Reuníos, pues, corred a dar
ripio a la grande obra de vivir
independientes.". Monteagudo fue
uno de los revolucionarios que
comenzó sus primeras luchas allí
en Chuquisaca, acompañando en
sus años de labor patriótica
tanto a San Martín como al
Libertador Bolívar. En este
fragmento se deja en claro que,
si bien los insurrectos
comenzaron jurando fidelidad a
Fernando VII, en el fragor de la
lucha se tornarán
independentistas,
anticolonialistas y
demoliberales, con profundas
convicciones sociales. El
"mulato" Monteagudo, como los
"chapetones" lo llamaban, era
hijo de labriegos y uno de los
representantes más genuinos del
jacobinismo criollo.
La sublevación de Chuquisaca fue
llevada adelante por criollos y
mestizos fundamentalmente; pero
la impronta de reivindicación
indígena aparece de diferentes
maneras. El texto del "Diálogo",
es precisamente entre Atahualpa,
representante de la raza
aborigen y el rey español,
representante de los opresores.
Tanto el bajo clero, como los
jóvenes estudiantes y egresados
de la Universidad, los artesanos
y pequeños comerciantes, los
agricultores y un sector de
militares apoyaron la
insurrección desde un primer
momento. Depuesta la autoridad
colonial, los revolucionarios
enviaron delegados a las
diferentes localidades de la
región para expandir la lucha. A
los pocos días estalla la
insurrección en La Paz, se
conforma la Junta Tuitiva y se
declara roto el vínculo con
España.
Muchos fueron los héroes y
heroínas en las jornadas
chuquisaquenses:
Jaime y Manuel Zudáñez, Bernardo
Monteagudo, Juan Manuel y José
Joaquín Lemoine, Mariano Michel,
Juan Manuel Mercado, José
Sibilat, José Patricio Malavia,
entre tantos otros. Pero fue el
pueblo el principal
protagonista, quien salión a las
calles e impuso su razón ante
los cabildeos de aquellos que se
debatían entre la monarquía en
manos de José I, Fernando VII o
su hermana Carlota. El mensaje
de los patriotas era claro: la
soberanía reside en el pueblo y
es él quien gobierna.
Lamentablemente ni la
insurrección de Chuquisaca ni la
de La Paz prosperaron. Los
colonialistas prontamente
reprimieron ambos hechos con sus
habituales métodos: pena capital
para los cabecillas, cárcel y
destierro para el resto. No
obstante, como lo señaló Pedro
Domingo Murillo, líder de la
insurrección en La Paz, antes de
ser ahorcado:
"La tea que dejo encendida,
nadie la apagará ¡viva la
libertad!".
La guerra por la independencia
de nuestra América se expandió
por todo el continente. Del
Altoperú saltará a Quito, luego
a Caracas, después a Buenos
Aires; a Santiago, a Bogotá;
Hidalgo y Morelos levantarán a
los indios y campesinos de
México, los hijos de la
Universidad de Chuquisaca
elaborarán el Plan de
Operaciones en el Río de la
Plata, la guerra de guerrillas
escribirá con sangre la lucha
heroica de los mestizos e indios
altoperuanos, se elevarán las
figuras de San Martín, Bolívar,
Sucre
Seguramente el levantamiento de
Chuquisaca no fue el "Primer
Grito de Libertad", como la
historia oficial, aquella
escrita por las oligarquías
criollas, nos enseñaron. Pero
esa gesta anticolonialista y
popular no debe quedar en el
olvido, como tampoco la
resistencia indígena o las
luchas antiesclavistas y
libertarias de los
afrodescendientes americanos. No
es cuestión de discutir cuál es
primera o segunda, dónde
comienza y cuáles son
simplemente "antecedentes". Lo
que se trata es de saber que en
Nuestra América hay un pueblo
que ha luchado y lucha
permanentemente por su
liberación y que esta lucha
siempre ha alcanzado sus
momentos más brillantes cuando
ha sabido unir las banderas
independentistas con las
banderas de la justicia social y
la democracia popular. En esta
línea se inscribe la
insurrección de Chuquisaca.
Nada mejor para homenajear a los
héroes y heroínas de esas luchas
que, en esta Hora Bicentenaria,
comenzar a escribir la verdadera
historia de los pueblos de
Nuestra América.
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Gentileza:: Guillermo C. Cohen-DeGovia
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