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Emiliano Zapata: 90 años
cabalgando
Francisco
López Bárcenas
La Jornada
"Arroyito revoltoso,
/¿qué te dijo aquel clavel?/
Dice que no ha muerto el Jefe,/
que Zapata ha de volver."
El corrido es eminentemente
rural, pero su esencia
originaria se refuerza cuando se
canta a Emiliano Zapata Salazar,
general del Ejército Libertador
del Sur, más aún si para hacerlo
se recurre a un diálogo entre
elementos naturales, del campo.
Esto no es historia pasada, sino
realidad viva que cotidianamente
se recrea en los pueblos y se
fortalece en fechas importantes;
como este 10 de abril, cuando se
cumple el 90 aniversario del
asesinato de El caudillo del
sur, perpetrado por fuerzas
gubernamentales, "a traición,
porque no podían de frente",
como recuerda otro corrido.
La clase política y los
herederos de los antiguos
hacendados, en contra de quienes
lucharon los zapatistas, no
pueden librarse de su fantasma y
buscan exorcizarlo con montajes
a modo, supuestamente para
recordar su vida y sus actos,
aunque su práctica diaria
demuestra que lo que más
quisieran es librarse de él y
sus ideales.
Pero hay otros que sí lo
recuerdan y mucho: los
campesinos, los verdaderos, los
que trabajan y viven del campo,
los mismos que defienden sus
tierras como Emiliano les
enseñara. Por muchas partes del
país el general Emiliano Zapata
sigue cabalgando junto a ellos
porque, como cuando él vivía y
luchaba a su lado, siguen siendo
despojados de sus tierras.
Los ejemplos pueden ser muchos,
aunque sólo algunos han roto el
aislamiento y se han posesionado
en la opinión pública.
Sobresalen los proyectos
hidroeléctricos de Temacapulín,
Jalisco, y Paso de la Reina,
Oaxaca, cuyos habitantes se
oponen a la construcción de la
presa El Zapotillo y Paso de la
Reina, porque inundarían sus
tierras, dejándolos sin forma de
producir sus alimentos,
destruirían el tejido social que
los une y eso aumentaría la
migración y la pobreza.
Pero no son los únicos. Los
habitantes de San Jerónimo
Taviche, Ocotlán, Oaxaca, luchan
contra las mineras canadienses
porque se llevan sus riquezas,
mientras ellos se quedan más
pobres; la comunidad rarámuri de
Coloradas de la Virgen,
municipio de Guadalupe y Calvo,
Chihuahua, se opone a ser
despojada de su territorio y la
explotación de sus recursos
naturales por unos cuantos
talamontes a quienes las
autoridades agrarias dan derecho
contra toda evidencia; los
pueblos originarios del Distrito
Federal luchan contra la
privatización de sus tierras
para la ampliación del Metro, y
los de San Pedro Yosotatu, en la
mixteca oaxaqueña, quieren que
les devuelvan sus tierras que el
gobierno federal pretendió
vender a unos invasores.
Hace dos o tres décadas, cuando
el gobierno declaró que ya no
había tierra que repartir y
ofreció recursos económicos para
que los campesinos se pusieran a
producir las que tenían, muchas
organizaciones campesinas
cayeron en el juego, abandonaron
la lucha por la tierra y con
ella los ideales zapatistas,
dando lugar a un nuevo
corporativismo. Los resultados
están a la vista, ahora esas
organizaciones o sus herederas
dependen para su existencia de
los financiamientos públicos; de
los pocos que quedan, porque ya
está demostrado que la mayoría
de ellos no se dirigen a los
campesinos de escasos recursos,
sino a los grandes que se
dedican a la exportación. Este
cambio de rumbo tuvo fuertes
efectos negativos en la lucha
por la tierra, y no sólo se
presentó un abandono por
obtenerla, sino se dejó el campo
abierto para el despojo.
Claro, ahora adquiere otras
formas. Ya no es sólo la tierra
lo que interesa, sino los
recursos naturales en ella
existentes, y entre éstos no
nada más los forestales y
mineros, como fue por mucho
tiempo. Ahora lo que más les
importa es el agua y la
biodiversidad, los recursos
genéticos y los conocimientos
indígenas asociados a ellos. Por
eso este 10 de abril, cuando los
campesinos recuerdan el 90
aniversario del asesinato de su
general, es necesario que
también hagan un balance de lo
que han sido estas nueve décadas
de lucha, así como de los nuevos
escenarios y las formas que
habrán de tomar las nuevas
luchas que, dada la situación,
requieren plantearse como
resistencia y emancipación al
mismo tiempo. Sólo de esa manera
puede sostenerse la veracidad
del corrido: Emiliano Zapata no
ha muerto y ha de volver.
CUEVA REBELDE ITZCUINTLI
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Gentileza:: Red Latina sin
fronteras
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