|
Arte y revolución
por Luis
Britto García
Verdad es belleza
“Belleza es verdad, y verdad es
belleza, es todo cuanto sabes y
todo cuanto necesitas saber”,
afirma un provocativo verso de
Keats. Como el axioma de Platón
que asimila el conocimiento al
bien, resulta atractivo; como
éste, se presta a desengaños.
Una traducción o una obra de
arte falaces pueden ser
hermosas; un poema veraz puede
ser deplorable. El talento no
depende de la ideología. La
veracidad del arte es distinta
del rigor documental. La verdad
de una obra depende de su
concordancia de forma y de fondo
con la verdad social de la época
en la cual es creada. Cuando el
arte expresa y anticipa una
sociedad nueva en trance de
afirmación, es un arte veraz, y
por tanto bello, y por tanto
revolucionario.
Transformación radical
Revolución es transformación
radical de los medios de
producción, de la propiedad
sobre éstos y de las relaciones
sociales que se crean para
asegurar los procesos
productivos. Cada transformación
en la infraestructura económica
tiende a la larga a provocar una
transformación en la
superestructura ideológica que
la consolida y expresa.
Expresión sensorial de la
infraestructura
La superestructura comprende el
conjunto de instituciones
ideológicas que mantienen
estables las relaciones de
producción constitutivas de un
determinado modo de producción:
religión, filosofía, ciencia,
técnica, derecho, arte. Los
componentes de la
superestructura están
estrechamente interrelacionados
y expresan una determinada
concepción del mundo, por lo
cual el arte tiende a expresar
sensorialmente tanto en el fondo
como en la forma la
infraestructura económica que le
sirve de base, con sus fuerzas
productivas, sus medios de
producción, sus relaciones de
producción. Un arte que expresa
una nueva sociedad que surge de
la aniquilación de otra caduca
es un arte revolucionario.
Arte de las revoluciones
burguesas
El arte surgido de las
revoluciones burguesas, la
inglesa, la francesa, la
estadounidense, fue
revolucionario para su época. Su
fondo exaltó el logro individual
contra el abolengo heredado; su
forma utilizó el realismo en
lugar de la idealización; sus
medios incorporaron la imprenta
como vehículo de la novela, y
posteriormente la fotografía, el
fonógrafo, la radio, el
cinematógrafo y el cómic como
medios de nuevas formas de
integración de las artes para
consumo masivo.
Arte de las revoluciones
sociales
Inevitablemente, las
revoluciones socialistas crearon
un nuevo arte revolucionario. La
mexicana aplicó el muralismo, la
novela y el cine como vehículos
de una prédica nacionalista e
igualadora. La soviética formuló
el lenguaje del cine como forma
artística; inventó el arte
abstracto mediante el
constructivismo y subvirtió el
lenguaje de la música, para
luego retrogradar con el
realismo socialista hacia una
técnica ya desarrollada por la
burguesía. Los dadaístas y los
surrealistas, movimientos
estéticos de inspiración
radical, propusieron efectos
derivados de la ruptura de la
racionalidad dominante.
Arte, relativismo e
indeterminación
Desde fines del siglo XIX, una
nueva concepción del mundo
basada en la subjetividad, la
relatividad y el principio de
indeterminación permeaba las
ciencias y servía a las
academias burguesas para negar
que las sociedades debieran en
definitiva orientarse hacia el
socialismo y el comunismo. Así,
el arte de finales del siglo XX
expresa la concepción del mundo
dominante: la de que el universo
es un conjunto de partículas
cuyos movimientos a nivel
subatómico dependen del azar. La
consecuencia filosófica de esta
concepción física sería que no
hay propósito para dicho
universo, y su distorsión
ideológica consiste en la
afirmación de que tampoco lo
tienen ni la sociedad ni sus
integrantes. Para la
postmodernidad académica, la
sociedad es un conjunto de
átomos competitivos regulados
por la oferta y la demanda.
Supremo rector que provoca la
defunción de la Historia, de la
Filosofía, de la Ética y de la
Política, el mercado termina
fungiendo de paradigma de la
estética. Por consiguiente, el
arte recupera signos y temas de
épocas pasadas reconocibles y
aceptables para el consumidor,
integrándolos en el Pop, en el
“Retro” o en el pastiche de la
transvanguardia. Se produce a
sabiendas un arte para las masas
bajo las formas de la
publicidad, exaltación casi
religiosa del consumo, y de las
industrias culturales, que
aplican al producto cultural
todas las técnicas de
financiamiento, producción,
promoción y distribución de la
mercancía. A través de una
concepción de lo “Light” y una
estética de la banalización,
dicho arte pretende estar
desprovisto de ideología, al
mismo tiempo que implanta y
predica la idolatría del consumo
como reforzadora de la
estratificación social y objeto
último de la existencia.
Crisis del capitalismo y de su
ideología
Esa concepción del mundo y esa
ideología acaban de caducar
ostensiblemente con el estallido
de la crisis que ha
deslegitimado el capitalismo
financiero. Las ruinas
materiales y espirituales del
viejo modo de producción hacen
inevitable advertir que surge un
modo de producción nuevo, el
cual abre un provocativo abanico
de posibilidades.
Nuevas infraestructuras,
superestructuras nuevas
Hay ante todo una revolución en
los medios de producción: desde
mediados del siglo pasado se
impone en todos los procesos
económicos la la máquina
inteligente, lo cual trae
consigo un universo de
consecuencias. En lo que
respecta a las relaciones de
producción, la potencial
liberación del trabajo
repetitivo y mecánico. Es
posible prever desde ya la
automatización de todas las
tareas que no sean creativas.
Ello determina que deje de ser
necesaria la concentración
física de los operadores en
fábricas y en ciudades. La
inmensa mayoría de las tareas
del sector servicios, el
determinante en las economías
desarrolladas, puede ser
ejecutada por operadores
físicamente aislados frente a
sus ordenadores. En lo atinente
a la mercancía, la posibilidad
de la duplicación ilimitada del
producto mediante la
reproducción digital. En lo
relativo a la distribución, la
posibilidad de que el producto
informático se transmita de
forma instantánea y gratuita a
todos los potenciales
consumidores, sin otro límite
que sus necesidades. Será casi
imposible evitar que en el
futuro inmediato todos
participen de manera libre en la
creación, la distribución y el
consumo ilimitado y gratuito de
la principal riqueza de la
contemporaneidad, que es la
información.
Economía y estética
informatizadas
Los potenciales resultados
culturales y estéticos de esta
revolución apenas se insinúan
desde hace algunas décadas. Por
una parte, en la decadencia de
los medios impresos como el
libro, las revistas y los
periódicos ante los medios
audiovisuales como el cine y la
televisión. Por otra parte, en
la indetenible irrupción en
éstos de materiales creados
digitalmente: efectos
especiales, animaciones de
computadora, mundos virtuales,
eventos que ocurren más allá del
nivel de captación de la
conciencia. Ello impone la
repetitiva temática de los
mundos ilusorios creados por
sistemas de información
indistinguibles de la realidad.
La velocidad casi instantánea en
el procesamiento de la
información, la infinita
manipulabilidad de los
materiales, la maleabilidad de
lo real, la simultaneidad de
planos y de flujos de
información son otras tantas
potencialidades para el inicio
de una nueva estética y de una
nueva Revolución.
Fuente:
http://luisbrittogarcia.blogspot.com
Gentileza:: jimmy calla colana
[locojimmy57@yahoo.es]
paginadigital |