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Crisis y Cultura
Tito
Alvarado
A fines del año 2008 se ha
hecho visible un proceso que
venía de antes, el quiebre, que
puede ser definitivo, del
sistema. Cuando son ellos los
que pierden se le llama crisis,
pero cuando son millones los
pobres aumentando en número y en
pobreza, esas cifras de seres
humanos en la constante
frustración y única preocupación
de pasar el día, no cuentan.
Esta crisis se prolongará por
todo el año 2009 y nadie nos
puede decir que no seguirá
creciendo en el 2010. Las cifras
en contra y sus nefastas
consecuencias irán aumentando
con los sacrificios y dramas que
ello significa para varios miles
de millones de seres humanos y
también para la naturaleza en
todo el planeta.
En este periodo, entre muchas
malas noticias, tendremos tres
constantes:
una, la política de políticos
fuera de la realidad con
soluciones de parche en sus
intentos desesperados por
mantener el control y los
privilegios. Surgirán otras
visiones aportando soluciones de
fondo, nada indica que vayan a
ser escuchadas o que tengan la
audacia de encontrar la fórmula
que permita sumar caudales de
cambio; dos, la efervescencia
social, desde los esfuerzos
individuales por sobrevivir
hasta la lucha organizada en
pequeños grupos o en grandes
frentes. Los primeros recurrirán
a vender todo lo que les sea
posible vender, incluido su
propio cuerpo, o trabajar en
oficios "inusuales", por decir
algo que se aproxime, y hasta
trabajar por lo justo para
sobrevivir. Se perderán los
sueños y la vergüenza. Los que
vean en la organización entre
iguales su tabla de salvación,
deberán recurrir a la
imaginación y a la presión para
no retroceder en dignidad y
mantener la esperanza y la
solidaridad: ollas comunes,
manifestaciones y protestas. Si
lograran avanzar y convertirse
en una fuerza que amenace el
sistema, el poder echará mano a
sus aparatos armados para
acallarlos; tres, la violencia,
un factor de desequilibrio que
estará presente en todas sus
formas, grados y niveles
sociales. Quizá la principal sea
la delincuencia común expresada
en robos menores, asaltos,
secuestros y muertes por unos
pocos pesos, pero también estará
presente el asesinato de
familias completas, luego el
suicidio del asesino y la
policía reprimiendo a quienes
manifiestan su descontento. En
menos medida podrá darse que
exista un incremento de las
bandas, los paramilitares y
hasta la posibilidad de
rebeliones armadas.
Hasta la fecha, mucho del drama
actual, es el producto de
decisiones nefastas tomadas en
oficinas y aceptadas por el
fatalismo de que cada uno se
siente casi nada ante el poder
de quienes deciden. Esto ha
cambiado y seguirá cambiando. La
crisis del sistema se produce
por una serie de diversos
factores acumulados, hasta que
el sistema financiero, económico
y de dominio llega a un callejón
sin salida, sumado a los otros
callejones sin salida que son
los cambios climáticos, la
crisis alimentaria y la crisis
energética, producirá un cambio
en la cultura. La crisis
desterrará muchos falsos
valores, que han sido los
cimientos del sistema.
Toda crisis es un momento de
quiebre en que conviven las
señales de muerte de lo viejo y
las señales incipientes de lo
nuevo, sin que necesariamente
signifique que de toda crisis
surge algo completamente nuevo,
pues los seres humanos en su
lucha y unidad, su necesidad del
otro y a la vez rechazo, actúan
por intereses: unos para no
perderlos, otros para
obtenerlos. De esta lucha y
unidad de contrarios que se
necesitan a veces surge la
ilusión de que avanzamos, que
algo profundo ha cambiado para
que luego todo vuelva a lo mismo
en escala superior. Salvo que en
esta crisis hay factores nuevos,
y por lo mismo, posibilidades de
que todo caiga y que de esos
escombros se levante algo
radicalmente distinto. En
realidad lo de hoy es una crisis
de civilización, un dilema en
que o asumimos el cambio y
salvamos la vida en el planeta o
el no cambio terminará
matándonos a todos.
Reafirmando la idea anterior
puedo decir que esta crisis nos
habla con estruendo del derrumbe
de lo que se tenía por seguro,
con desesperación de lo no
funciona, pero no acaba de
morir, de lo que podría venir,
pero no acaba de nacer. En
tiempos de crisis conviven dos
visiones fundamentales: una que
se esfuerza
por salvar lo que está en crisis
y otra que propicia una ruptura
total, el comienzo de algo
nuevo. Por lo tanto veamos a
toda crisis como una oportunidad
de avanzar hacia nuevas
fronteras, una oportunidad para
implementar cambios.
La crisis, en tanto quiebre y
apertura, redimensiona los
espacios públicos y privados.
Cada ser humano se verá
confrontado a su esencia y está
se manifestará de acuerdo a las
leyes internas que mueven su
ser. Su interacción con otros en
los mismos apuros dará como
resultado una situación que
podemos denominar: crisis
cultural.
Entiendo que hay una ley
universal que mueve a los seres
humanos: la ley del menor
esfuerzo, como también existe
una fatalidad que me atrevo a
llamar de efecto retardado;
tenemos en la cabeza imágenes de
las diversas realidades
generadas en un ayer y en base a
ellas respondemos a las
situaciones presentadas en un
hoy, por lo tanto algunas
respuestas aparecen desfasadas
en el tiempo. Cambia la realidad
mucho más rápido que nuestra
capacidad de responder ante lo
nuevo.
Para hablar de crisis basta ver
las cifras de cientos de miles
de personas que pierden sus
empleos y los estragos que esta
situación produce. Otros querrán
que veamos las grandes compañías
declarando la bancarrota y/o
cerrando definitivamente. Yo no
me ocuparé de ellas, pues éstas
han estado siempre en guerra
unas contra otras, en guerra
contra sus trabajadores, en
guerra por los mercados, que
pierdan ahora unas cuantas no me
dice otra cosa que no sea una
aceleración del descalabro que a
diario crean. Ahora les toca a
algunas más, eso es todo. En eso
no hay drama, el drama es la
gente que pierde su modo de
vida, su esperanza y se queda
con la única certeza de que ya
no tiene futuro.
La cultura como palabra acepta
muchos significados, por ello es
imprescindible que nosotros
fijemos cual significado le
damos y facilitar con ello el
entendimiento. Cultura es la
acumulación y lucha de valores
morales, ideas, representaciones
y resultados materiales de un
conjunto humano determinado, en
un espacio y un tiempo
determinados.
En tiempos de crisis la cultura
toda está en crisis, pues los
valores morales, las ideas, las
representaciones, los resultados
materiales han perdido su base
de sustentación. Salvo que
primero ocurren los hechos,
luego, como en cámara lenta, los
seres humanos procesamos
internamente, para luego
exteriorizar los hechos que
produjeron la crisis y los
hechos que la crisis produce. Se
da un tiempo en que cada cual
sigue estando en el tiempo que
ya no existe mientras la
descomposición avanza. En este
espacio tiempo vital, es cuando
algunas mentes ven más lejos y
nos entregan sus luces, poco
importa que no todos tengamos
las capacidades para
escucharlos. Es también en este
tiempo que quienes nos ocupamos
de hacer un trabajo cultural nos
enfrentamos al dilema: sucumbir
a la desesperación, al juego
fácil de entretener o asumir el
desafío de ser crítica mortal,
de señalar un camino haciéndolo
florecer en las mentes, de
proyectar los mejores valores
humanos, que siempre están más
allá de toda religión o de todo
pequeño interés político. Es en
este periodo en que podemos dar
saltos de calidad en nuestro
trabajo afirmándonos en la
realidad para apoyar la
conciencia humana, para alentar
la sobreviviencia, para
proyectarnos como humanidad
toda.
Tres asaltos a la realidad Hemos
definido el sentido que le damos
a la palabra cultura, definición
que puede ser compartida,
discutida o hasta negada, sin
embargo eso no quita que aquí
reafirme esa definición para
aplicarla a la comprensión de lo
que es el momento actual y lo
que la crisis significa para el
trabajo cultural.
En tiempos normales hay una
cultura general, al interior de
la cual sobreviven y luchan
varias subculturas. En tiempos
de crisis hay dos culturas en
lucha: la que está en crisis y
la que se anuncia más las otras
subculturas que también tienen
el mismo dilema, pero en forma
ampliada. Todas ellas conforman
una sola.
Por razones de espacio
hablaremos de la cultura
dominante, desde tres asaltos:
Primer asalto: crisis en la
cultura En estos momentos, a
nueve años del inicio del tercer
milenio, la crisis financiera
afecta los súper bancos y la
bolsa, esto produce una crisis
en la economía que afecta las
grandes compañías y esta se
refleja en el estado, la comuna,
la familia y las personas. Lo
primero que se pierde es la
confianza, luego vienen los
estragos de la pérdida de
empleos y la paulatina
alteración de la "normalidad".
Las condiciones para la crisis
venían creándose lentamente
desde mucho antes en una forma
imperceptible. Es el mismo
sistema el que crea los
monstruos de su propia
destrucción. Para existir, el
estado de cosas en que unos
pocos imponen reglas en su
propio beneficio, necesita de la
ilusión.
Son varios cientos de millones
los seres humanos que no saben
leer, son varios miles de
millones los que sabiendo leer,
no leen. Somos varios millones
de escritores intentando
acaparar un público sin un plan
coordinado para impulsar la
lectura. Somos una especie en
vías de extinción. Nosotros
intentamos poner ideas en
circulación, abrir puertas a
diversas posibilidades, ampliar
el horizonte de expectativas,
mostrar distintas realidades. El
sistema, por medio de sus
aparatos de dominación
ideológica, proyecta una
justificación de cada uno de sus
actos dando "moralidad y
aceptabilidad" a lo inmoral
desde el punto de vista de las
necesidades y potencialidades de
la sociedad humana. Es inmoral
el hambre, la desnutrición, la
falta de educación, la
indigencia, la pobreza, la
explotación irracional de los
recursos del planeta, la
extinción de especies, la
contaminación ambiental, pero
mucho más inmoral e irritante es
la desmesurada riqueza en manos
de unos pocos mientras los
muchos viven en condiciones
infrahumanas.
Esto señala una crisis en la
acumulación y lucha de valores
morales, ideas, representaciones
y resultados materiales de un
conjunto humano determinado en
un espacio y un tiempo
determinados, es decir una
crisis en la cultura, y se
expresa de muchas formas, una de
ellas es el elitismo, el
escapismo, la puesta en marcha
de mafias, la masificación de la
chabacanería, etc. La mayor
crisis de la cultura es que los
seres humanos ya no pueden vivir
como vivían, pero no asumen la
audacia del cambio.
Segundo asalto, cultura de la
crisis La crisis de la cultura
crea una cultura de la crisis,
una forma en que cada uno de
nosotros se enfrenta a la
mortificante realidad. Por mucho
que esta no nos afecte en la
misma medida que a quien tenía
un trabajo y hoy no lo tiene ni
tiene esperanza de tenerlo a
corto plazo. Analizar como
funcionan las respuestas es
imposible sin que vayamos a lo
más general. Puede haber tantas
respuestas como individuos, pero
invariablemente hay dos caminos
en la interacción de los seres
humanos en sociedad: o se
encierran en un progresivo
aislamiento, autosensura,
mutismo, evasión, locura, etc.;
o se abren a respuestas
colectivas, movilizaciones,
protestas, sindicatos, grupos de
presión, etc. Estas respuestas
generales podemos ponerlas bajo
la lupa de cuatro constantes;
a) la sobrevivencia En tiempos
"normales" los estragos del
sistema están ahí, ya sea en
estado latente o en resultados
palpables, como también están
presentes los mecanismos
ideológicos que nos empañan la
visión o vuelven invisible lo
obvio. En esos tiempos hay
espacio para soñar, pero no hay
los apremios de hacer posible
esos sueños, la ideología nos
dice que todos los sueños pueden
ser, pero no hay apuro. En estos
tiempos de crisis hay una
necesidad imperiosa de soñar, en
el entendido de que el sueño es
vislumbrar aquello que está más
allá y que nos alienta en la
vida, pero no hay tiempo para
hacerlo realidad. La lucha por
la sobrevivencia abarca todo
nuestro espectro de
preocupaciones. De vivir con una
meta, un horizonte para un
mañana, pasamos a vivir el
momento sin otras preocupaciones
que resolver las urgencias de
sobrevivir.
Sobrevivir es la corrupción de
la vida, es la menos vida, que
nos deshumaniza y destruye la
capacidad de vernos en otra
realidad. Esta deshumanización
destruye nuestras capacidades de
respuesta y nos adentra en los
torbellinos de vivir al día
ocupados de nosotros mismos;
b) la evasión Ante la realidad
que ha cambiado tan abruptamente
y tan en contra, cada ser humano
tiene mecanismos que le permiten
remontar las aguas torrentosas,
en unos puede ser la evasión, en
otros, los menos, la creación.
Todos necesitamos un momento de
alejamiento, de soledad, de
ensimismamiento, de disfrute de
aquello que nos eleva en la
ensoñación, de instantes sin
preocupaciones. La diferencia
está en que para cada uno, estas
necesidades de descanso y carga
espiritual son distintas,
absolutamente individuales y
dependen en mucho de lo que cada
cual ya tiene en su interior.
Quien tiene menos vida interior
tiene menos mecanismos de
defensa para enfrentar con
integridad la crisis y en
general será presa facíl de
quienes convertirán estas
necesidades en negocio: el
esparcimiento sin contenido, la
banalidad como un valor, el
ocultamiento de la realidad, la
cosificación del cuerpo humano,
la drogadicción, el alcoholismo,
el juego y otros "escapes";
c) el imaginario La realidad a
diario nos muestra su
superioridad en relación a la
ficción. El imaginario, en su
proyección interna, en su
manifestación personal; en su
proyección social, en su
manifestación abierta hacia lo
público, depende de la realidad.
La realidad es tanto lo que hay
en un momento dado como la suma
de lo que hubo y sobre todo lo
que cada cual percibe como
realidad. La realidad es también
el hecho de que alguien la asuma
como tal. Por lo mismo pueden
convivir en un tiempo y espacio
dado múltiples realidades no
asumidas y realidades asumidas
que no son tal. Por otra parte
tomamos como realidad imágenes
que vemos ya sea de presencia
propia o por medio de
informantes, que no muestran
todo, que manipulan, que
dosifican lo real de acuerdo a
necesidades e intereses
externos. Este cuadro de
realidades parcialmente vistas,
parcialmente asumidas,
parcialmente creídas,
parcialmente negadas son nuestra
realidad y es tan aplastante,
tan invasiva, tan superior a la
pequeñez de cada uno, que es
asumida como superior a la
imaginación.
Un estudio más profundo nos dirá
que la superioridad de la
realidad es menos cierto de lo
que parece, en parte depende de
una incapacidad humana: no
podemos describir algo que no
hayamos visto. Este detalle de
fuerza mayor nos deja en la
imposibilidad de que nuestro
imaginario sea superior a la
realidad, pues cuanto imaginemos
o asumimos como ficción será
siempre una suma de pequeñas
piezas de la realidad,
hábilmente unidas para que
parezcan como más allá de las
realidades que la generaron.
En una crisis la deshumanización
se amplifica. La realidad se
torna mucho más invasiva hasta
hacerse insoportable. En parte
se pierde la capacidad de
sorprenderse. En la medida de
que ya no distinguimos
claramente lo real, el
imaginario se atrofia. El
accionar deshumanizado de los
seres humanos, produce una mayor
deshumanización y desnaturaliza
completamente al ser humano,
incluidos los espacios para
imaginar algo distinto y las
capacidades para ponerlo en
práctica;
d) la proyección Solamente los
locos, entre los que podemos
distinguir a políticos audaces,
aves raras cuya existencia a
diario se pone en duda; a
creadores fuera de serie, que no
siempre son los que más venden o
los más populares o bien
considerados por la crítica; a
personas justas, solidarias, de
alma pura, pueden ver hacia
adelante y mencionar lo que
nadie se ateve a decir pues se
lo impiden los
convencionalismos. Estos locos
no son los que podemos encontrar
en los centros de "salud mental"
o a la cabeza de grandes
empresas, bancos, partidos
políticos o estados. Hablo de
quienes proyectan lo que viene,
lo que puede ser, sin pedirnos
nada a cambio ni mucho menos
aplastarnos con sus decisiones.
Son los adelantados que nadie
escucha hasta que el mercado los
hace vendibles o las terribles
urgencias y necesidades humanas
los imponen con sus soluciones.
Se da la paradoja de que la
proyección, la capacidad de ver
y presentar alternativas hacia
otras posibilidades, hacia otras
soluciones, hacia otras
realidades, siendo lo más
necesario, se hace un bien
escaso y cuando aparece nadie le
presta la debida atención, pues
estamos ocupados en salvar lo
poco que nos queda.
En este espacio tiempo en que
todo, absolutamente todo, está
en duda, no son los políticos,
los banqueros, los "hombres de
negocio", los guías espirituales
ni los técnicos ni los
burócratas quienes nos sacarán
del marasmo. Miles de seres
humanos haciendo política en sus
urgencias, intentado cambiar su
destino y los creadores
mostrando lo que está más allá
de la realidad serán los
encargados de apoyar este
despertar. La proyección es un
camino de liberación y una labor
cultural titánica
imprescindible.
Tercer asalto, la cultura en la
crisis Ya hemos visto que en una
crisis es la cultura la llamada
a jugar un papel más allá del
ego o de las leyes del mercado.
Para que ese rol le sea posible
ha de hacerse un trabajo
cultural que a la vez sea
crítica mortal y proyecte un
mundo distinto, alcanzable
poniendo en tensión las
capacidades humanas para romper
el miedo atávico hacia lo
desconocido. Estamos hablando de
un trabajo cultural que libere y
posibilite la participación de
todos en su propio destino.
Toda crisis es un momento de
tensión en donde o se amplifica
más de lo mismo o se cambia de
raíz lo probado y podrido.
Estamos hablando de una cultura
de, y para el cambio. Entendemos
que este momento es una
oportunidad irrepetible, nos
encontramos en la cuerda floja
de: o cambiamos la vida y
avanzamos o nos cambia la vida y
retrocedemos hacia el
primitivismo e incluso hacia la
desaparición de la civilización
humana. En el universo conocido,
tanto micro, como macro
universal, no existe nada,
absolutamente nada al margen del
movimiento. Esta verdad que
debiera ser la primera verdad a
aceptar por todos, no lo es pues
una gran mayoría percibe como lo
mismo el hecho de moverse y el
de avanzar. Moverse no es
avanzar, aunque para avanzar hay
que moverse. Avanzar no siempre
es, en lo inmediato, hacia un
estadio superior y sin embargo
todo movimiento es una
superación.
Estas leyes que más tienen que
ver con la física que con la
filosofía poco nos dicen a
quienes trabajamos en lo
cultural. Nuestros límites son
conocidos: un breve periodo de
productividad, un estrecho campo
de acción, unos escasos medios
para la difusión nos impiden
vernos en la continuidad,
proyectarnos en lo que está por
venir. Son las limitantes contra
las cuales debemos batallar para
superar la cultura de la crisis
y estabilizarnos en una cultura
de seres humanos que tenga como
meta la humanización de la
naturaleza, la naturalización de
la humanidad.
Pasado, presente y futuro Toda
cultura resume aportes
anteriores, la suma en el tiempo
del accionar de muchos que nos
dan como resultado un ahora, un
presente, ese periodo
infinitesimal que vivimos ya y
se nos acumula en la memoria,
esa tenue línea entre lo que fue
y lo que será.
El futuro, que en mucho depende
de ese pasado y este presente,
es continuidad y salto,
proyección de utopías, espacio
hecho posible con los actos que
sumamos cada día, también es el
fatalismo del menor esfuerzo,
del dejar a otros hacer lo suyo
o que las soluciones nos caigan
del cielo. Las respuestas de hoy
tienen mucho de la cultura a la
cual pertenecemos y lo que en el
marco de esa cultura entendemos
como lo realizable en este
momento, que en muchos casos es
una simple justificación para
continuar en lo mismo.
Nada de lo que ocurrió ayer deja
de tener incidencia en el hoy,
nada de lo que ocurre hoy deja
incólume el mañana. El detalle
es que los hechos, primero
ocurren, luego viene alguien y
nos relata lo ocurrido. Quienes
los hacemos posibles somos
todos, quienes los relatan son
unos pocos y estos los acomodan
a los parámetros de la ideología
dominante. En este trasvasije
mucho se pierde y gran parte de
lo que se recupera se
distorsiona, esto que se pierde
y esto que se distorsiona incide
en que proyectemos hacia
adelante un mundo sin
continuidad, un mundo que va de
tumbo en tumbo, desechando
valores, costumbres,
tradiciones. Está pérdida nos
dificulta el trabajo a quienes
estamos en el quehacer cultural.
Se pierden puentes de
comunicación entre generaciones,
se pierden puntos de contacto
entre culturas, se pierde
sentido y se termina creyendo
que todo ocurre sin conexión,
vemos el mundo como si este
fuera un acumular de fotos
dispersas en tiempo y espacio.
Lo ineludible en cuatro cuadros
En cada instante estamos
enfrentados a lo ineludible: la
vida, la muerte, el amor, el
odio. En una crisis estos
ineludibles adquieren una
dimensión distinta, como
desdibujados en la bruma de los
problemas o en el peor de los
casos se inclinan peligrosamente
hacia el fin de lo hermoso,
hacia la menos luz, hacia las
terribles consecuencias del
salvaje egoísmo.
La vida Por tal entendemos lo
que se mueve con energía propia
y ésta la encontramos en
millones de formas. Una
característica de la crisis
actual es que la vida está
amenazada. Los cambios
climáticos son el producto de la
irracionalidad humana, que agota
los recursos sin prever para las
generaciones futuras. La amenaza
de extinción de miles de
especies se agrava por la
aceleración de los cambios
climáticos.
La muerte Es una etapa en los
procesos naturales. En todo ser
vivo tenemos como punto final
una muerte y con esta se inicia
un proceso que genera nueva vida
en otros muchas formas, hasta la
recomposición total de lo
esencial contenido,
materialmente hablando, en esa
vida que ha llegado a su punto
de muerte.
Lo terrible es que los seres
"racionales", los que podemos
observar, conocer y admirarnos
de lo hermoso que es vivir,
somos los culpables de la mayor
amenaza contra la vida de toda
la historia natural. Ya no se
trata de la continuación de un
proceso como parte de lo que
entendemos por vida, la acción
humana ha roto el equilibrio del
medio ambiente en el que se han
desarrollado múltiples formas de
vida, en dependencia y
reciprocidad de unas con otras,
la extinción de unas acelera la
extinción de otras. Hay
conciencia de lo terrible que se
avecina, pero no hay acciones al
nivel de la envergadura del
problema. El resultado será
desastroso para la economía y no
está descartado que lo sea para
la sociedad humana y para la
vida misma.
El amor Es más que la unión de
dos cuerpos en un acto, es la
constante de energía positiva
que posibilita la continuidad de
las especies. Sin oxígeno e
hidrógeno en sus formas puras y
en sus formas de unidad y carga
positiva, es decir: sin aire y
sin agua, no hay vida. Sin amor
la vida no tiene ningún sentido.
Dice una canción de Violeta
Parra que "al malo sólo el
cariño lo vuelve puro y
sincero", es una verdad que no
siempre logra imponerse. La
sociedad humana tiene
perversiones legales, velos
ideológicos que justifican lo
moralmente injustificable, que
permiten a unos detentar y
usufructuar del poder, a otros
aceptarlo como un mal necesario
y a los más les permite mirar
para otro lado como si nada malo
estuviera ocurriendo ante sus
ojos.
Perversiones y velos ideológicos
que nos condicionan a la no
expresión del cariño y a estar
en permanente disposición contra
nuestros semejantes. Pese a esos
condicionamientos y contra esas
perversiones y autoengaños es
que debemos imponernos, desde el
trabajo cultural, la vía de
salvación por y hacia el amor,
en sus expresiones sociales de
convivencia fraterna y
desarrollo de todo el potencial
de crecimiento humano. Los
esotéricos le llaman a esto
energía crítica, nosotros
podemos llamarla energía pura.
El odio Es la fuerza que nos
adelanta el momento final, es
también el resultado del miedo a
lo desconocido. Odiamos por
miedo a perder la seguridad de
lo que tenemos, odiamos por
haberlo perdido, odiamos por
defender algo que creemos nos
pertenece. El odio ha sido la
característica mayor de la
especie humana, ahí está la
historia llena de los actos de
odio cubriendo los espacios
públicos, y estos, con ser
terribles, no logran despertar
un rechazo que los deseche como
práctica humana.
Cuanto hemos logrado como
civilización ha sido posible
sobre lo que han dejado y
permitido las violentas
manifestaciones de odio, en sus
formas de asesinatos, reyertas,
golpes de estado, invasiones,
guerras, opresiones,
violaciones, esclavitud, etc. y
otras muchas no tan violentas,
pero igualmente funestas.
Imaginemos cuánto más hubiéramos
podido lograr si todos nuestros
actos estuvieran guiados por
amor.
Diez piezas para para rearmar el
rompecabezas del trabajo
cultural
Uno, hacia o desde o mejor hacia
y desde Independiente de los
méritos, el reconocimiento y el
nivel alcanzado por los artistas
y su arte, una gran mayoría
trabaja desde un pedestal y
entrega su aporte hacia un
público del que sabe poco, casi
nada. La ideología dominante les
ha encasillado en una forma de
hacer cultura que siempre es de
un yo creador, semi dios, hacia
una masa receptora. Otros, los
menos, proponen, y muchas veces
lo logran, hacer su trabajo
desde una masa con rostro
generalizado. Pagan el precio de
ser ignorados por los aparatos
del sistema. En este empeño de
hacer su trabajo desde
receptores con rostro genérico
se desdibujan y no avanzan en
que este quehacer deje huellas
profundas y marque rumbos.
Es hora de intentar la audacia
de realizar un trabajo cultural
sin las trampas del sistema y en
una continua retroalimentación
hacia y desde públicos
definidos, incorporándolos a la
labor de creación.
Dos, espectadores o actores o
mejor simplemente actores Cada
día, vemos, vivimos y sufrimos
los efectos de decisiones
tomadas desde las fuentes del
poder, al amparo de sus leyes y
sus gobiernos. Nosotros, el
pueblo, somos la continuidad de
esas decisiones en cifras:
consumidores, contribuyentes,
electores y otras muchas
definiciones que caben todas en
la categoría de espectadores,
entes pasivos ante al drama de
nuestra propia vida, sin otro
poder que la capacidad de sobre
vivir. Todo es espectáculo, nos
movemos alrededor de un gran
escenario, donde ocurren las
cosas y nosotros siempre estamos
en la sala de espectadores. La
solución normal en tiempos
normales sería pasar a ser
actores.
La caída del modelo, lo que
vemos y continuaremos viendo nos
impone el único camino:
simplemente ser actores. Esto,
dicho más como una categoría
política, pues políticos son
todos nuestros actos sociales o
que afectan a otros integrantes
de la sociedad. En tanto el
medio de expresión y desarrollo
de nuestro talento es el trabajo
cultural somos actores, lo que
se requiere hoy es que lo sean
todos los seres humanos y que
esta transformación se exprese
en un accionar más cultural que
político.
Tres, ego sobredimensionado o
fuerza pura El arte es
representación, comunicación e
intento de comunión. El artista
busca producir un impacto, una
conmoción en quien recibe su
arte. Hasta aquí todo iría bien
sino fuera por que en un sistema
de libre mercado impera la
lógica del libre mercado. Las
obras y los artistas no escapan
a esta lógica, que a la larga
deshumaniza el arte y lo vuelve
simple mercancía, Esta misma
lógica sobredimensiona al
artista elevando su ego y
asignándole el papel de aval del
sistema.
El verdadero arte trasciende su
tiempo, pues logra expresar
humanidad que trasciende el
tiempo y los valores negativos
en los que se basa el sistema.
A este verdadero arte se llega
intentado expresarse con fuerza
pura. Partir de un yo para
llegar a un otro yo que nos
trasciende. Partir de un yo
fuera de las reglas del brillo
individual para expresar los
otros yo que sufren, que viven y
mueren buscando un espacio de
felicidad bajo el sol. Es la
vida misma que clama hoy por un
verdadero arte, expresión de la
fuerza pura que anima a los
verdaderos artistas.
Cuatro, burocratización o
democratización de la cultura
Los países "desarrollados" miden
la cultura con recursos en
funcionarios, en bibliotecas, en
salas de espectáculos, etc. Todo
está regulado y previsto, se
cuenta con los edificios, las
oficinas y las personas para
asegurar la administración de
algo que se administra con leyes
de mercado. En los países
emergentes los recursos son
menores y el quehacer cultural
queda en manos los propios
artistas, pero sin ninguna
facilidad para el desarrollo de
lo suyo. En los países que están
más abajo en la escala de
recursos disponibles, todo está
por hacerse.
Sin embargo la existencia de
recursos no indica que allí se
produzcan más obras, sino que
estas son más conocidas. La
producción de obras artísticas
no depende de los funcionarios
ni de las salas de cultura ni de
los computadores ni de las
facilidades que se le dé al
artista, depende de quienes
estamos en el trabajo.
En España las bibliotecas
públicas no aceptan un libro de
regalo, son los funcionarios los
que deciden qué se compra. En
suecia lo aceptan y luego envían
el cheque por correo. En Canadá,
depende de cada provincia, en
todas lo aceptan, en unas dan
las gracias en forma verbal, en
otras envían una carta, en las
menos envían una carta dando las
gracias y el respectivo cheque.
Sin embargo lo que caracteriza
todos estos ejemplos es que
existen funcionarios, no son
creadores, casi nunca son
creativos y siempre están para
seguir un padrón de conducta que
no tiene mucho que ver con una
disposición de facilitar el
acercamiento entre el creador y
un público. De todas maneras hay
una concepción de obras
culturales más de museo que
atesora cosas inertes, que de
centro para mostrar los latidos
de la sociedad.
Se valora en todos estos
ejemplos la democracia como algo
poco menos que sagrado, salvo
que esta palabra con todo su
significado acumulado no alcanza
a rozar los bordes del trabajo
cultural. Si nadie nos conoce
seguimos siendo parias o
dependiendo de un amigo o de las
veleidades de un funcionario.
Para ser conocidos debemos estar
en el mercado con sus reglas y
valores, es decir haciendo
cultura para entretener, poco
importa cual sea nuestra
definición en términos de
política partidista.
Distinto sería si
democratizáramos la gestión
cultural.
Cinco, al fatalismo de chocar
con la misma piedra, la
habilidad de asumir lo nuevo Se
ha repetido muchas veces que
somos los únicos animales
capaces de tropezar dos o más
veces con la misma piedra. Quizá
esta nada envidiable
característica tenga mucho que
ver con la ley del menor
esfuerzo y, en parte, con el
fatalismo de creernos el cuento
de que nada podemos contra lo
establecido.
Esta piedra es movil, etérea y
la podemos encontrar en todas
partes, aunque la mayor de las
veces se encuentra en nuestras
propias habilidades para ver y
sortear los peligros, peligros
que en periodos de crisis se
amplifican y se diversifican. Ya
poco importará que estemos
frente al mismo problema, pues
parecerá otro y sin duda habrá
más piedras con las cuales
chocar.
El miedo a lo desconocido se
vuelve contra nosotros y nos
inclina a caminar por senderos
ya recorridos. La única forma de
no volver a chocar pasa por el
desarrollo de nuestras
habilidades, que en este caso
nos debieran conducir a aceptar
lo nuevo sin miedo y asumirnos
nosotros en la capacidad de
modificar creadoramente el
entorno, nuestro accionar y sus
resultados.
Seis, el arma de la imaginación
La mente humana continúa siendo
un amplio campo en exploración.
Sabemos bastante, poco, casi
nada en relación a lo que falta
por saber de como funciona. La
mente es un maravilloso
computador mal conocido y peor
aprovechado.
Alguna gente, que forma parte
del consorcio de los iluminados,
cree y pregona que ellos son la
solución. No quieren entender
que todos somos únicos ni que
desde esta unicidad todos
tenemos algo que aportar a las
soluciones. Pero el asunto no es
de individuos, el drama actual
es de la supervivencia de la
civilización humana. En un punto
en que todas las vías comienzan
a cerrarse, solamente la
imaginación puede aportarnos la
o las claves para continuar la
vida. Por lo mismo, la
imaginación se vuelve un arma
imprescindible a ser usada para
encontrar soluciones.
Siete, ver la hierba crecer
Cuántas cosas existen, están ahí
y no las vemos, cuántos gestos
de amor llenan nuestra vida sin
que los hayamos apreciado en su
justo valor, cuántos momentos de
comunión y nosotros sin darnos
cuenta, cuántas personas han
necesitado nuestra ayuda y
nosotros sordos y ciegos a sus
necesidades, cuántas situaciones
han cambiado ante nuestros ojos
y hemos permanecido ciegos.
La hierba crece lentamente, las
urgencias nos impiden ver su
crecimiento, esto que es una
realidad, es a la vez una
imagen, para ilustrar el penoso
hecho de que por las urgencias
no atendemos lo importante. No
vemos la hierba crecer, no vemos
el instante en que la flor se
abre, el instante en que se
producen los cambios. Asistimos
a la maravilla sin haber sido
testigos de como se produjo.
Asistimos al cambio sin darnos
cuenta que se ha producido.
Nuestra responsabilidad para con
nuestro arte, para con nosotros
mismos en tanto personas
dedicadas a atrapar y expresar
la sensibilidad humana es ver la
hierba crecer, es captar y
mostrar el instante supremo, es
mostrar la maravilla de lo
nuevo, es deleitar y deleitarnos
con lo que está naciendo y es a
la vez una responsabilidad de
supervivencia de la humanidad
toda, el contribuir desde el
arte a establecer una cultura de
sensibilidad y acción.
Ocho, naturalización de la
sociedad humana Ya sea en un
breve análisis o en un estudio
profundo del devenir de la
sociedad humana en todos los
tiempos, encontramos como
característica la ausencia de
humanidad, estendida esta como
valores de convivencia armónica
entre todos. La historia siempre
la cuentan los vencedores. En
ella vemos la crueldad, las
guerras innecesarias, los
atropellos, las injusticias, el
robo presentados como algo
normal inevitable y en esta
normalidad atrofiada hemos
crecido y creído.
A tal punto estas historias son
un velo que aún hoy, cuando
disponemos de los medios para
estar medianamente informados,
seguimos prisioneros de la
aceptación de un modo de vida en
sociedad deshumanizado, un modo
de vida que nos mata. Es el
dominio de la desnaturalización,
alejamiento de la naturaleza y
de lo natural al ser humano, ser
hermano de todos.
No habrá solución real a la
crisis sin la naturalización de
la sociedad.
Nueve, humanización de la
naturaleza La larga lucha del
ser humano por la libertad, es
la larga historia de equívocos
al creer que la libertad es
hacer lo que dictan nuestros
deseos, sin tener en cuenta los
factores del medio ambiente que
lo impiden ni los factores
económicos o físicos.
Lejos estamos aún de conseguir
la libertad sino emprendemos la
audacia de humanizar la
naturaleza, es decir conocer sus
leyes de funcionamiento y
dominarlas según las necesidades
sociales. Recién en esta etapa
estaremos más cerca de la
libertad, aquella que habla del
desarrollo sin restricciones de
todas nuestras potencialidades,
aquella que habla de nuestro
accionar teniendo presente al
otro que comparte nuestro
espacio y nuestro tiempo, pues
mi libertad termina donde
comienza la del otro.
Diez, al cambio de las reglas
del juego, el juego y el fuego
del cambio de las reglas Toda
sociedad para asegurar su
continuidad, tiene normas
regulatorias de las relaciones
sociales que sus miembros
establecen entre si e ideas que
las justifiquen. Estas pueden
estar escritas en forma de leyes
o reglamentos o no estar
escritas en la forma de códigos
de conducta, costumbres,
tradiciones. Estas normas a
diario se trasgreden.
Desde el punto de vista del
trasgresor, transgredir una
norma no es tan grave sino se
descubre y prueba
su trasgresión, a veces es hasta
justificable y socialmente
aceptable. Que determinadas
normas estén establecidas no
significa que sean justas o que
sean necesarias ni que sea
imposible cambiarlas. Su mayor
significado es que responden a
la ideología de los sectores
dominantes al momento de
establecerse legalmente o como
costumbre.
Toda crisis, por ser un momento
de intensa lucha entre ruptura y
continuidad, es una oportunidad
para el cambio de reglas, reglas
que no responden a las
necesidades de toda la sociedad.
Este momento de cambio en que
todo está en duda, en que todos
los caminos tienden a cerrarse,
en que las amenazas son globales
y en muchos casos finales, se
impone con desesperación la
urgente necesidad de cambiar las
reglas de juego, la necesidad de
establecer el fuego de discutir
unas nuevas reglas, para que lo
sean deben responder a las ideas
e intereses de la mayoría.
Socialmente hablando, primero es
el cambio luego es la ley,
primero es la norma de hecho,
luego es de derecho. Sin embargo
nadie puede asegurar que esto,
que es consecuencia, sea una
manera de establecer y afianzar
lo nuevo. Las necesidades
humanas han estado y están ahí,
pero las leyes no responden a
esas necesidades, pues las ideas
dominantes imponen su dominio
justificándose como ideas de la
mayoría. El ser que es no tiene
conciencia de su ser, es la
alienación de la cultura.
Cultura de cambio, cultura de
ver, analizar y expresar el ser
que somos, cultura como una
poderosa herramienta liberadora.
Conclusión abierta o preguntas
para conversar con la almohada
¿Perdidos en el espacio?
Quizá si, quizá no. Lo que
afecta la sociedad hasta sus
cimientos, afecta la vida de
cada una de las personas que
vive en ese espacio tiempo. Las
formas en que esos efectos se
manifiestan, nos hablan de ante
que personas estamos y como
estas siguen su marcha.
Según sea como los efectos de la
crisis se manifiestan en
nosotros, tendremos un espectro
de respuestas que van desde los
que es más de lo mismo, los que
no ven nunca el dolor ajeno, los
que crecen en valor, los que se
aislan, los que redoblan la
lucha, los que son hoja al
viento, los que cambian y se
venden, los que adquieren la
dignidad de muchos, los que
iluminan con sus actos, los que
renuncian a la vida. Cada cual
tiene sus razones. Todos en
mayor o menor medida están
perdidos en el espacio, poco
importa el tiempo en que andan
perdidos. Algunos se
reencuentran rápidamente, otros
se pierden en forma definitiva,
son los menos. En este periodo
incierto la única certeza es que
hay un quiebre. Nadie puede
decir con certeza que vendrá más
tarde, aunque todos temamos lo
peor.
Este es un momento irrepetible,
en el que quienes trabajan desde
y hacia la cultura somos los
primeros sacrificados y
paradojalmente cuando menos
recursos, cuando menos público
tenemos, cuando más circo pone
en circulación el sistema,
cuando ya muchos han perdido las
esperanzas, somos más necesarios
en los deberes de ser luz,
proyecto, esperanza, aportar
imaginación y sobre todo vernos
en la posibilidad irrepetible
del cambio, necesario, urgente,
importante.
Singular plural Generalmente
hablamos de Cultura a secas,
como si su significado fuese
compartido por todos, con ello
pretendemos ahorrarnos
explicaciones y manifestamos el
hecho de verla como un todo. La
realidad muestra ser diversa,
cambiante y por lo tanto
multifacética. Aceptar esto
debiera permitirnos hablar no de
cultura sino de culturas y
asumirlas en coexistencia y
lucha, desde una relación
simbiótica hasta una callada o
estridente lucha de ideas.
El sistema se apoya en la
individualidad y lo resalta como
un valor que lo acerca al más
puro egoísmo. Cada uno de
nosotros tiene la magia de ser
único, pero esta unicidad no
impide que nos reconozcamos en
otros que reconocemos como
iguales, ya sea por
circunstancias, por intereses,
por objetivos, por valores, por
idioma, por conocimientos, por
gustos, etc. Esta semejanza de
individualidades forman lo que
podemos llamar los intereses
colectivos, es aquí donde muchas
veces el individuo se pierde,
como también se pierde el
individuo en la cotidianeidad de
los avatares de la vida: el
trabajo o su búsqueda, la
seguridad, la comida, etc.
En nuestro caso es tremendamente
fácil creer que somos mejores
que los demás. A diario los
mensajes del sistema te dicen
que eres alguien si eres
conocido, si vendes, si recibes
premios, si se habla de ti.
También a diario la realidad nos
asalta con mensajes de seres
humanos en los infiernos del
hambre, de la falta de trabajo,
de la insalubridad, de las
guerras, de la violencia.
Adelantar el mundo que queremos
Cada uno de nuestros actos
puede, debe ser un adelanto del
mundo que queremos
Aportemos arte en todas sus
manifestacion.
Gentileza:: Tito Alvarado
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