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Pterosaurios en San Luis
Bruno
Geller
Agencia CyTA - Instituto Leloir.
El reptil volador
Un mes antes de que
investigadores chinos anunciaran
años atrás que habían
descubierto un embrión de
pterosaurio, una investigadora
argentina, la doctora Laura
Codorniú, presentaba un hallazgo
similar –no registrado antes en
la historia de la paleontología-
en una jornada científica. Desde
entonces, la experta en
paleontología continua
analizando cientos de fósiles
hallados en la provincia de San
Luis que revelan información
novedosa sobre la vida de los
reptiles alados más grandes que
hayan dominado los cielos hace
millones de años en la era
mesozoica.
Wellnhofer, 1991. En el siglo
XVII, en Solnhofen, Alemania, se
hallaron fósiles de una criatura
desconocida, no era ni ave ni
murciélago. Fue recién en 1801
cuando el naturalista francés,
el Barón Cuvier reconoció que se
trataba de un reptil que podía
volar.
“Presentaba una membrana alar la
cual se disponía a lo largo de
un solo dedo muy alargado.
Debido a esta característica tan
particular llamó a la criatura
Pterodactylus que significa dedo
alado. Desde aquellos tiempos
las generaciones de
paleontólogos y zoólogos han
tratado de descifrar cómo eran
los pterosaurios, dónde y cómo
vivían, cómo se desplazaban,
cómo volaban, cómo se
alimentaban y cómo se
reproducían, es decir, si los
pterosaurios ponían huevos o si
las crías nacían vivas”, explica
la doctora Laura Codorniú,
investigadora de Conicet y
docente de la Cátedra de
Paleontología de la Universidad
Nacional de San Luis.
En la era mesozoica, entre 251 y
65 millones de años atrás, los
pterosaurios dominaban los
cielos de la Tierra. Se trataba
de un grupo de animales
voladores que desarrolló los
tamaños corporales más grandes
en la historia de los
vertebrados. Eran reptiles
voladores, y algunos de ellos,
como el Quetzalcoatlus, medían
alrededor de 8 metros de largo,
de ala a ala alcanzaban una
longitud de 12 a 15 metros y se
calcula que llegaron a pesar
entre 80 y 100 kilogramos.
Según explica Codorniú, en
Sudamérica los descubrimientos
de fósiles de pterosaurios han
sido escasos. La mayor cantidad
de fósiles se han hallado en
Araripe, Brasil, y en la
provincia de San Luis,
Argentina.
“En la década del 70, se
realizaron algunas campañas
paleontológicas en los
afloramientos de la formación
Lagarcito del Parque Nacional
Sierra de Las Quijadas, en el
sitio conocido como ‘Loma del
Pterodaustro’, en la cuenca de
San Luis. Durante la década de
los 90, se realizaron tres
excavaciones y como resultado de
las mismas, se reunieron 920
fósiles; los que están
depositados en la Universidad de
San Luis. Cerca de 170
corresponden a plantas, peces,
ostrácodos y trazas, y los 750
especimenes restantes
corresponden probablemente a
pterosaurios”, indica la experta
cuya tesis doctoral se centró en
el análisis de 288 especímenes
fósiles de pterosaurios bien
conservados.
Esta colección de pterosaurios
en el país sería la más completa
y abundante, asegura Codorniú. Y
agrega: “Todos los reptiles de
la “Loma del Pterodaustro” han
sido atribuidos a la especie
Pterodaustro guinazui.
Corresponden al cretácico
inferior (entre 145 hasta 97
millones de años).
El elevado número de dientes
mandibulares (cerca de 1000 en
total) combinado con el espesor
milimétrico, su disposición
paralela y el estrecho contacto
entre cada diente, formaban un
“aparato filtrador”, similar a
la barbas de las ballenas. Este
aparato le permitía a este
pterosaurio filtrar organismos
muy pequeños en un lago somero.
Argentina y China
Desde el primer fósil de
pterosaurio descubierto hace más
de 200 años, se encontraron
numerosos ejemplares, pero hasta
el siglo XXI, nunca se había
hallado algún resto de huevo
fosilizado o embriones, que
evidenciaran el modo de
reproducción de estos reptiles.
Sucedió que en 2004, surgieron
historias paralelas de
paleontólogos de la Argentina y
de China que dieron a conocer al
mundo los primeros embriones de
pterosaurio. En junio de ese
año, la revista Nature anunció
que investigadores chinos habían
descubierto en su país embriones
de pterosaurios. Un mes antes,
Codorniu había presentado en las
Jornadas Argentinas de
Paleontologia de Vertebrados, el
primer hallazgo de embrión de
pterosaurio en el mundo.
“A fines del 2003, año en el que
todavía no había bibliografía
alguna que diera pistas de un
embrión de pterosaurio,
revisando y registrando todos
los materiales fósiles para
incluirlos en mi tesis de
doctorado, fue cuando encontré
en una de las repisas un pequeño
ejemplar, conservado de forma
oval, que me llamó mucho la
atención”, cuenta la
paleontóloga.
“Se trataba de un embrión
fosilizado de pterosaurio casi
completo y con la mayoría de los
huesos articulados. Dicho
esqueleto se encuentra contenido
dentro de una pequeña superficie
oval de alrededor de 12 cm2 (2,5
cm x 4,5 cm aproximadamente). La
zona correspondiente al cráneo
recibió daños por lo que los
restos craneales son escasos y
algo desarticulados, sin
embargo, parte del premaxilar,
maxilar y de la mandíbula
presentan una mejor
conservación; e incluso en uno
de estos huesos, se conservaron
tres extremos proximales de los
típicos dientes filiformes
(finos y alargados) que
caracterizan a esta especie. El
esqueleto se dispone de una
forma similar a la posición
fetal de las aves”, indica
Codorniú.
Un material carbonático liso de
origen biológico cubre algunas
porciones del espécimen, “lo que
correspondería a la cáscara”,
señala la especialista.
La morfología de la cáscara del
huevo de pterosaurios hasta ese
momento era totalmente
desconocida. Los análisis fueron
obtenidos mediante el empleo de
microscopia electrónica y los
resultados fueron publicados en
la revista científica Nature, en
diciembre del 2004.
“Los tres embriones conocidos
hasta ahora en el mundo
pertenecientes a distintas
especies (uno argentino y dos
chinos), son la primera
evidencia de que los
pterosaurios se reproducían
poniendo huevos, es decir que
eran ovíparos”, subraya Codorniú.
Comparando el tamaño de fósiles
de recién nacidos de
Pterodaustro guinazui con el
embrión, Codorniú y sus colegas
dedujeron que el embrión estaba
probablemente disfrutando de sus
últimos días en el huevo antes
de nacer y caminar en la tierra
cretácica.
Otro trabajo de Codorniú y
colegas, publicado en 2008, en
la revista científica Biology
Letters, revela que
Pteurodaustro alcanzaban el 53
por ciento de su masa corporal a
los dos años de vida, momento en
el que llegaban a su madurez
sexual, y que continuaban
creciendo hasta los 3 o 4 años
de edad.
En la actualidad, Codorniú
continúa analizando en forma
minuciosa los 288 especímenes
fósiles de pterosaurios bien
conservados –depositados en la
Universidad de San Luis- como si
fueran un libro abierto. “Hay
mucho material y mucho más por
descubrir”, concluye la
investigadora.
Bruno Geller / Agencia CyTA -
Instituto Leloir.
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Gentileza:: ead / El Arca
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