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Cuando la austeridad arruina
el patrimonio cultural
John
Hooper
The Guardian, Londres
El Arca Digital
Europa y su economía con
recortes
Se avecina lluvia sobre el
enclave arqueológico de Pompeya,
cerca de Nápoles, donde una
serie de ruinas romanas se han
hundido recientemente. Con los
ministerios de cultura forzados
a recortar sus gastos, una de
las víctimas de los presupuestos
paneuropeos de austeridad es el
patrimonio cultural del
continente. Pero si se quiere
salvar a Pompeya y otros
enclaves y monumentos, la
política de patrimonio y la
forma en que se invierte el
dinero podrían necesitar un
cambio, señala el articulista.
Pompeya castigada por las
lluvias sufre serios daños en
sus edificaciones.
La entrada arqueada del siglo
XII es prácticamente lo único
que queda intacto de la iglesia
de San Pedro en Becerril del
Campo, en la provincia central
española de Palencia. La mayor
parte del techo ha desaparecido.
El agua inunda la iglesia, que
está además llena de basura. "El
deterioro de su nave aumenta a
diario, prácticamente todo el
artesonado y la bóveda barroca
se han perdido ya", comenta el
grupo de conservación Hispania
Nostra.
Al otro lado del Mediterráneo,
en la isla griega de Kea a
principios de este año, una
torre del siglo IV a.C. que
había sido objeto de varias
advertencias por parte del
servicio arqueológico residente,
se derrumbó parcialmente ante la
mirada de los habitantes
locales.
Esta semana, la desintegración
de tres paredes más en Pompeya
ha sido noticia en todo el
mundo. Pero la iglesia
castellana y la torre del Egeo
nos recuerdan que no son los
únicos lugares en Europa del sur
en los que están en riesgo
tesoros arqueológicos,
culturales e históricos.
La crisis amenaza el patrimonio
del sur de Europa
Tradicionalmente, la falta de
mantenimiento era resultado del
desequilibrio entre el vasto
patrimonio cultural del sur de
Europa y los recursos
comparativamente limitados a
disposición de sus gobiernos.
Italia es el país que posee más
lugares que son parte del
patrimonio mundial de la Unesco
y España es la siguiente de la
lista.
Pero ahora, tras varias décadas
de prosperidad relativa y de una
mayor financiación, este ámbito
se enfrenta a una nueva amenaza:
todos los gobiernos, desde el
Atlántico hasta el Egeo, están
recortando los presupuestos de
los ministerios encargados de la
cultura y el patrimonio, en su
lucha por restablecer sus
finanzas públicas y contener sus
deudas.
Las estadísticas en esta área
tienen fama de estar
enmarañadas: el gasto en
patrimonio a menudo se combina
con la financiación de las artes
y en España en concreto, la
financiación de la conservación
se reparte entre varios niveles
del gobierno. Pero podemos
hacernos una idea de la escala
de los recortes en Portugal,
donde este aspecto se encuentra
más centralizado y donde la
semana pasada se aprobó un
presupuesto de austeridad para
2011 que recorta el gasto
nacional en cultura un 9%.
Grecia acudirá a Bruselas por
financiación.
En España, los grupos defensores
del patrimonio afirman que la
financiación de la cultura en
algunas regiones ya se ha
reducido un tercio. Al mismo
tiempo, el estallido de la
burbuja inmobiliaria del país ha
arrebatado una importante fuente
de dinero para la conservación
de edificios antiguos, con las
cuotas pagadas por los
promotores que querían alzar
nuevos edificios. "Si no entra
ese dinero, el gobierno local
alega que debe gastarse en
personas, no en edificios",
comenta el arquitecto y defensor
del patrimonio Javier Ruiz.
El mes pasado, los museos, las
galerías de arte y los lugares
de patrimonio en Italia
organizaron una huelga de un día
y cerraron para protestar contra
los planes del gobierno de
recortar 280 millones de euros
del presupuesto cultural del
gobierno central en los próximos
tres años. La presidenta del
grupo defensor del patrimonio
Italia Nostra, Alessandra
Mottola Molfino, califica estos
recortes de "un golpe mortal
para nuestro patrimonio". ¿Tiene
que ser necesariamente así?
En Grecia, en medio de la crisis
de deuda europea, el Ministerio
de Cultura afirmó esta semana
que iba a recurrir a Bruselas
para compensar el déficit y
solicitar 540 millones de euros
con los que restaurar lugares
arqueológicos y monumentos y
renovar museos, muchos de los
cuales se han visto obligados a
cerrar por la crisis.
¿Involucrar al sector privado?
Por otro lado, se piensa que la
crisis podría actuar como
estímulo para conseguir una
mayor eficiencia por parte de
las autoridades y una
implicación más constructiva del
sector privado. "No se trata de
dinero", comenta Roger Abravanel,
escritor que reside en Milán y
defensor del mercado libre. "Los
conservadores profesionales,
personas que no sólo saben de
cultura sino que también saben
cómo hacerla accesible al
público, aquí no existen. En
Italia, tenemos un modelo
totalmente distinto en el que
las autoridades subcontratan a
empresas que organizan las
exposiciones".
Un conservacionista que pidió
que no se le citara afirmó que
en Pompeya no falta
financiación. "Desde 1997, la
[agencia gubernamental central
que gestiona el lugar] ha
recibido mucho dinero porque se
queda con el dinero de las
entradas. Pero no cuenta con
sistemas de gestión con
suficiente capacidad de
respuesta. El personal lo
controla directamente el
ministerio en Roma y es muy
rígido. En 20 años, no ha habido
ninguna regeneración, con lo que
tenemos funcionarios trabajando
aquí según las pautas de
conservación de los años
setenta".
La crisis también ha llamado la
atención sobre la relación a
menudo complicada entre el
gobierno y las empresas en el
sur de Europa. Pero hacer
partícipes a las empresas ha
demostrado ser una tarea
difícil. Durante años se asumía
que era debido a que Italia no
ofrecía las generosas
deducciones fiscales que sí
disfrutaban los patrocinadores
en países angloparlantes.
El Coliseo, en peligro
Mottola Molfino afirma que las
nuevas normas introducidas en
los últimos diez años
necesitarían más simplificación.
Pero, al igual que muchas
personas del sur de Europa, no
se fía de los movimientos del
Estado para transferir a las
empresas la responsabilidad de
la conservación del patrimonio
cultural de la nación.
"Debería ser un deber y un
honor", afirma. La idea de que
la conservación del patrimonio
es fundamentalmente una cuestión
del gobierno también parecería
estar arraigada entre los
líderes empresariales, que de
todos modos también han visto
cómo se reducían sus beneficios
por la crisis económica global.
Probablemente no haya un
monumento más famoso en el sur
de Europa que el Coliseo. Pero,
al igual que otros edificios
romanos antiguos, necesita
urgentemente una restauración.
El pasado verano, el Ministerio
de Cultura italiano, anticipando
los recortes que se avecinaban,
anunció que iba a buscar ofertas
para patrocinar parcialmente un
programa de obras de 25 millones
de euros. Diego Della Valle,
director de la empresa de
artículos de marroquinería Tod's,
fue el primer magnate en
ofrecerse. El jueves resultó que
fue el único. Della Valle
anunció con valor que su empresa
correría con todos los gastos.
De lo contrario, afirmaba,
Italia corría el riesgo de
sufrir "otra Pompeya".
John
Hooper / Escritor y periodista (The
Guardian, Londres)
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Gentileza:: ead / El Arca
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