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Niños sobrecargados de tareas
"Yo conocí, siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta."
Antonio Machado.
LA SALUD DE LOS NIÑOS ESTÁ
EN JUEGO
El estrés por exceso de trabajo
y la falta de tiempo para el
ocio es un síntoma que se asocia
de inmediato con la vida adulta.
Sin embargo, cada vez son más
los niños que sufren a sus
cortas edades las consecuencias
de una sobrecarga de tareas. Ya
no sólo tienen que sacar
adelante sus estudios
ordinarios, las clases
extraescolares a las que muchos
de ellos acuden se han
convertido en una nueva
obligación.
El niño mucha veces se ve
forzado a acudir y, además, a un
gran número de clases
extraescolares lo que puede
producir una sobrecarga de
tareas para la que los chavales
no siempre están preparados. Las
consecuencias de este exceso son
muy variadas y en todo caso
siempre negativas, desde falta
de descanso, nerviosismo o
depresiones al descenso en el
rendimiento escolar normal, los
niños ya no sólo tienen que
enfrentarse a los deberes
habituales, también tienen la
tarde ocupada con el ballet, la
música, el inglés o la
informática.
Elegir de una forma adecuada y
dosificada las clases
extraescolares es, el primer
paso, cuidando siempre no
saturar al niño y el dejarle el
tiempo libre para el ocio y las
relaciones con padres y amigos.
No debiera olvidarse que siempre
hay tiempo para el aprendizaje
formal de ciertas disciplinas
académicas, pero no para las
relaciones propias de una
determinada edad.
Seleccionar las clases, por otra
parte, debe hacerse también
teniendo en cuenta las aptitudes
del niño, ya que de otra forma
se corre el riesgo de iniciarle
en una actividad para la que no
puede estar preparado. Existen
niños a los que el colegio ya
les queda largo de por sí y no
pueden con el trabajo adicional
que supone una clase
extraescolar. Por otro lado,
ocurre muchas veces que los
padres piensan que sus hijos son
maravillosos y los introducen en
un montón de actividades que los
críos no pueden cumplir y acaban
angustiándose porque no
satisfacen las expectativas que
habían generado sus padres.
Pero al margen de que las clases
sean seleccionadas y adecuadas
al niño, es fundamental que éste
acuda a ellas de forma
voluntaria, ya que si no en vez
de clases pueden convertirse en
verdaderas "torturas
extraescolares". Si el niño
acude motivado, las actividades
extraescolares han de orientarse
hacia la distracción,
constituyendo una alternativa
paralela a las labores
educacionales y no una
prolongación del colegio.
Este es el punto en el que hay
una generalizada coincidencia,
la posibilidad de buscar
actividades extraescolares que
no tengan necesariamente la
forma de clase.
En definitiva, las clases
extraescolares de los hijos son
un asunto que los padres han de
plantearse muy seriamente no
olvidando una serie de
principios elementales que
pueden hacer de ellas una
verdadera ayuda para los niños.
Así, hay que asegurarse de que
el niño quiera ir, elegirlas en
función de sus capacidades y
necesidades, no agobiarles nunca
con estas actividades, no
utilizarlas como una forma de
librarse de ellos. Finalmente no
hay que olvidar que hay tiempo
de sobra y que todas las cosas
tienen su tiempo. A cierta edad
es necesario el ocio
desestructurado y aburrirse
puede ser muy bonito.
Francisco Arias Solís
Portal de Internautas por la Paz
y la Libertad y de Foro Libre.
www.internautasporlapaz.org
Gentileza:: Francisco Arias
[aarias@arrakis.es]
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